a. El Traje típico del boyacense

 

La indumentaria popular es uno de los elementos folclóricos en donde podemos analizar las supervivencias de larga duración en el pueblo boyacense, y las diversas influencias sociales, históricas, económicas y geográficas.

El origen del traje típico del Altiplano boyacense lo remontamos a la época inicial de la transculturación hispano-chibcha, con las innovaciones que posteriormente se le hicieron.

El español encontró en el Altiplano boyacense un habitante que acostumbraba un vestido adaptado al frío de la meseta cundiboyacense, y con caracteres que reflejaban posición social y diferenciación de sexo. Los Chibchas cubrían el cuerpo con faldas de telas de algodón listado y de muchos colores, las cuales ajustaban a la cintura con el "chumbe o cinturón tejido en lanas y algodón de vistosos colores; esta especie de aruaco lo usaban los hombres hasta la rodilla y las mujeres hasta el tobillo.

Las mujeres chibchas usaban una manta cuadrada llamada "chircate", ceñida a la cintura con la faja "chumbe" y sobre los hombros una pequeña manta llamada "líquira" prendida en los pechos con un alfiler grande de oro o plata, que tenía en la cabeza un cascabel que llamaban "topo". En la cabeza llevaban las mujeres la Llilla o mantilla rectangular que replegaban sobre la nuca y ajustaban con el "topo" o largo alfiler. Los hombres chibchas llevaban un largo poncho de lana que les llegaba hasta las corvas, para protegerse del frío.

La mayoría de la población chibcha del Altiplano lucía los pies descalzos; sin embargo los caciques y gentes de mayor rango social calzaban la "hushuta" o suela de cuero fijada al calcañar por cordones también de cuero, los cuales pasaban por entre los dedos.

Los conquistadores españoles que penetraron a Boyacá en el siglo XVI trajeron cotas de malla y corazas. Los soldados de la hueste indiana vestían las llamadas "normandas" o túnicas de cuero o gamuza, acolchonadas y reforzadas con grandes cabezas de clavos. En el siglo XVII los tunjanos usaban juboncillo ajustado, pantalón corto de seda o terciopelo oscuro con acuchillados blancos, y medias de seda o lana, capucha con borla y gorra, hecha de la misma tela que el vestido. Las mujeres españolas utilizaban amplias sayas, faldas de vuelo completo, a menudo con pliegues, enaguas y refajos; usaban los delantales, jubón o corpiño de encajes y los chales; se cubrían la cabeza con mantones de lana para protegerse del frío, o también las mantillas de encaje.

Los vestidos españoles y chibchas de los siglos del coloniaje, con las influencias de las modas francesas introducidas en la época de los Borbones (Siglo XVIII) y otras influencias europeas en el siglo XIX, fueron conformando un traje típico boyacense que se popularizó, y es el que hoy conocemos generalmente en el campesino boyacense.

¿Qué viste el hombre campesino boyacense?. Pantalón de dril, camisa de tela de algodón, alpargates, sombrero de tapia pisada y ruana de lana; en algunos casos la montera de lana.

El pantalón fué adaptado a los descendientes chibchas desde el siglo XVII, pues hasta dicho siglo parece que usaron los chircates. En el siglo XIX los campesinos boyacenses aparecen con pantalones anchos y sueltos, con un largo variable de la rodilla al tobillo; fué solo a mediados del siglo XIX cuando los pantalones de nuestro campesino se volvieron largos y estrechos, casi pegados a la piel. A finales del siglo XIX aparecen los pantalones masculinos en forma de campana, con la boca del pantalón más ancha que la manga. En la primera mitad del siglo XX, el pantalón del boyacense de "manta Samacá" era angosto y ajustado a la pierna, e iba generalmente un poco arriba del tobillo. Los campesinos de mayor recurso, utilizaban el "pañete" con un tejido más fino de algodón delgado y con dibujos parecidos a los del paño extranjero. Para las fiestas los campesinos ricos usaban saco o chaqueta de pañete o de manta "samacá".

La camisa del campesino boyacense es generalmente de tela de algodón. En la primera mitad del siglo XX era generalmente de género, al cual llamaban "diagonal", producido también en Samacá. Acostumbraban una camisa sin cuello, o lo que hoy podría llamarse "estilo Mao"; algunos utilizaban un pañuelo en el cuello, el cual llevaba las puntas en equis, tomado de los extremos generalmente con un resorte que pasaba por la espalda; este pañuelo era de mediana distinción, y asimismo una especie de adorno.

Otro elemento fundamental en el traje típico boyacense es la ruana. Tiene ascendencia en los largos ponchos chibchas y en el capote español. Según el cronista Antonio Herrera, el rasgado de la manta para colocarla al cuello, era considerada por los chibchas como gran infamia. Parece que la ruana como la usa el campesino boyacense es una imitación del "poncho" que introdujeron los yanaconas durante el coloniaje español en las tierras de la provincia de Tunja, y muy semejante a los ponchos de los indígenas mapuche-huilliche de Chile. El historiador colonial Basilio Vicente de Oviedo nos dice que en siglo XVIII, la elaboración de ruanas constituyó una fuente industrial muy rica en la provincia de Tunja; ruanas en general hechas en tonos oscuros y relativamente pequeñas. El Virrey Espeleta prohibió a los artesanos del Nuevo Reino, usar las ruanas, por considerarlas concentradoras de suciedad personal; sin embargo se siguieron utilizando hasta convertirse en uno de los elementos indispensables en el traje típico regional boyacense.

El sombrero del campesino boyacense es de tapia pisada hecho de trencilla de "palmiche" y fibras de palma de ramo o fique. También se acostumbra en algunos lugares del Centro y Valle de Tenza el sombrero de caña. En los primeros años del siglo XX, el campesino rico utilizó el sombrero jipa, traído del occidente y sur del país; era el que lucía en las romerías y días festivos; el jipa lo cambió posteriormente por el sombrero de fieltro, el cual se ha generalizado mucho en el campesino actual.

Las alpargatas que usaban los campesinos boyacenses fueron introducidas por los españoles y en sus raigambres históricas parecen que son de origen árabe, con amplio uso en Valencia en la época medieval (La voz arábiga "albargat" dió origen a la palabra albarca y alpargata); también aparece con los nombres de cotiza, quimba y ojota. Las primeras mujeres españolas que llegaron al Altiplano utilizaron las alpargatas, inicialmente hechas de algodón y luego de fique; el campesino boyacense fué muy lento en adoptar las alpargatas españolas; los indígenas y en general los campesinos durante muchos siglos fueron descalzos como sus ascendientes chibchas. El alpargate que usa el campesino actualmente es de fique con capellada de algodón; va atado del talón hacia adelante con un cordón de lana, de preferencia negra. (3)

El complemento del traje típico del campesino boyacense era el "bordón" o un "bolillo" de ayuelo o guayacán, que generalmente terminaba en "recatón" con una punta de hierro. Generalmente utilizaba el bordón como arma de defensa, pues el machete casi nunca se usaba, aun cuando sí lo era el cuchillo.

¿Y cuál es el traje típico de la mujer boyacense?. La mujer boyacense de los campos viste una falda de tela de algodón, con amplios vuelos y adornada en la parte inferior con dibujos y aplicaciones de variados colores; blusa de algodón con bordados, pañolón o mantellina, sombrero de caña o tapia pisada; alpargates blancos, atados con galón negro. La campesina Boyacense acomodada acostumbraba una indumentaria con gran calidad en las telas y finos adornos: paño de Castilla, Cachemira o frisa.

Las españolas que llegaron en el siglo XVI usaban faldas que caían hasta los tobillos; las mujeres chibchas que usaban los chircates, se fueron acostumbrando al traje de las faldas. Esta supervivencia española no ha sufrido muchos cambios; así las faldas de las campesinas boyacenses, recuerdan las españolas del siglo XVIII. La falda de la campesina es generalmente de frisa o de tela ordinaria, que hasta hace poco tiempo era fabricado por las mismas campesinas en telares antiguos caseros, y las teñían con añil. La falda generalmente es negra y va casi hasta el tobillo; en la jareta que va en la cintura, hasta hace poco tiempo colocaban un cordón, hecho generalmente de cabello, el cual iba dentro de la jareta y con él ataban fuertemente la cintura. En la parte baja de la falda llevaban cintas con colores vistosos; generalmente eran extravagantes colores y pliegues gruesos para las campesinas quinceañeras. Las campesinas elegantes utilizaban paño muy fino o terciopelo para sus faldas, las cuales son bordadas generalmente a mano y son sumamente costosas y elegantes; algunas son de seda muy brillante.

Hasta hace algunos años las campesinas gustaban dejar ver los bordados que penden de su falda interior, para lo cual la enrollan en la cintura de tal modo que a trechos desiguales queden unas partes más largas que la falda exterior y luzcan así, coquetones los blancos encajes que en partes se ocultan afanosos para luego volver asomarse tímida y disimuladamente. Una serie de enaguas blancas y rojas llevaban las campesinas, las cuales mostraban cuando se agachaban. El número de enaguas daba la posición social de la campesina boyacense; era un verdadero lujo utilizar hasta ocho y diez enaguas.

La blusa de la campesina boyacense generalmente es blanca. Las señoras utilizan colores serios y pocos adornos; pero las muchachas utilizan una pechera bordada con "abalorios", canutillos de vidrio, lentejuelas, pepitas, perlitas y otros, formando diversas figuras. La quinceañera lleva blusas con muchos adornos y colores entremezclados con gran diversidad de telas y tramas que se agolpan sobre hombros, puños y mangas. Sobre la blusa, llevan los collares, que generalmente son negros de azabache para las señoras y con abalorios para las muchachas; en el Valle de Tenza utilizaban collares tejidos con cerda de colores.

El pañolón que usa la campesina boyacense esotra de las proyecciones del traje español femenino, la mantilla; aun cuando las mujeres chibchas estaban acostumbradas a la "líquira", especie de pieza pequeña de algodón que se echaban alrededor del cuello y sobre los hombros, asegurándola con un alfiler o topo. En la época colonial, las mantillas de colores, solamente eran permitidas para las mujeres españolas o criollas; las mantillas negras se fueron acostumbrando para los sectores inferiores. Las "mantellinas" o mantos grandes que daban hasta más abajo de la cintura, y generalmente negras se usaron hasta mediados del siglo XX; para andar en la calle, la mantellina iba desde el cuello, y en la iglesia desde la cabeza; esto era lo que llamaban, estar "cobijada". En la década de los Treinta aparece con generalidad "el pañolón" de color negro con bordados característicos y flecos distribuidos. En el pañolón existen diferencias de acuerdo con la posición social: el de la campesina pobre es de paño con flecos largos de seda; las campesinas ricas usan el pañolón negro de seda y finamente bordados. Son dignos de mención los pañolones bordados a mano que hacen las campesinas de Guayatá, Jericó y Sativanorte, muy popularizados en Boyacá.

La campesina boyacense utiliza también el sombrero de caña, de tapia pisada, de jipa o de fieltro últimamente. El sombrero de caña se ha utilizado con "barbuquejo" que es una cinta que ata el sombrero desde la parte superior, baja las mejillas y se ata en el mentón; en las muchachas era de cinta de color y en las señoras, cinta negra. Utilizan zarcillos muy vistosos; las muchachas con diversas figuras y las señoras en forma de candado. Utilizan él cabello trenzado, y en el extremo de las trenzas, van las cintas rojas generalmente, o de otros colores.

Las mujeres utilizaban también las alpargatas, las cuales eran muy lujosas para las campesinas ricas. Eran los llamados "alpargates Soatá" de fique con suela en trenza muy delgada y con capellada embotada y dibujada en el tejido; generalmente son muy elegantes. Las campesinas en general utilizan alpargates blancos, atados con cintas negras de lana tejida que llaman "galones". Encima se hacen unos nudos a veces muy grandes de diversas vueltas, imitando una rosa que hace un adorno sobre el pie.

En algunas zonas de intenso frío, como en la laguna de Tota, los campesinos acostumbran "Las monteras", unos gorros de lana que bajan hasta el cuello. Las campesinas acostumbran llevar un canasto pequeño bajo del brazo; es un adorno y un elemento vital para llevar sus compras y elementos personales.

Con el traje folclórico que hemos descrito, podemos ver grupos de campesinos en los mercados de los pueblos boyacenses, romerías, fiestas patronales, fiestas veredales, etc. Es muy típico ver en los mercados boyacenses las bellas campesinas con el folclórico pañolón y faldas generalmente de tonos oscuros y sombreros; en la misma forma, campesinos viejos y jóvenes con sus pantalones largos de pañete, con saco del mismo material la ruana, el sombrero y las alpargatas. Es muy general que no se presente distinción en el traje folclórico entre los campesinos viejos y jóvenes.

(3)   Sobre los trajes típicos merece complementar la investigación en los siguientes estudios: Orlando Fals Borda, "NOTAS SOBRE LA EVOLUCION DEL VESTIDO CAMPESINO EN LA COLOMBIA CENTRAL" En: "Revista Colombiana de Folclor" (Bogotá) Segunda época, No. 2 (Junio 1953). Luis Duque Gómez, "NOTAS SOBRE LA HISTORIA DEL TRAJE TIPICO NACIONAL". En: "Revista Colombiana de Folclor", No. 6 (1961). Corporación Ballet de Colombia, "TRAJES REGIONALES DE COLOMBIA".

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