a. Danzas, cantos y ritmos chibchas y españoles.

 

El folclor musical de Boyacá presenta supervivencias de la música española y chibcha, cuyos elementos constitutivos, principalmente de la española, se han transmitido por tradición, de generación en generación.

Al estudiar la música de los indios chibchas del Altiplano boyacense, encontramos en ella un significado mágico-religioso. La música chibcha se interpreta o canta, para obtener efectos mágicos determinados; ella unía a los indígenas con el sol, la luna y demás divinidades; asimismo, imprimía esperanzas de triunfo guerrero y consuelo de la muerte.

Los cantos, chibchas según los cronistas españoles, eran tristes y monótonos: Así expresa Juan de Castellanos:

"El modo de cantar es algo frío
y del mismo jaez todos los bailes;
mas van con el compás tan regulados,
que no discrepa en tan solo coma
en todos sus viajes y meneos." (6)

Los cantos tenían especial interés en los preparativos para la guerra; en aquellas ceremonias que eran imprescindibles para obtener la voluntad de los dioses. Los indios de Tunja duraban una luna o un mes cantando al sol, con explicaciones sobre las causas de la guerra y ruegos por la victoria. Al terminar las guerras, los chibchas hacían ritos con cantos y danzas. El ritmo era utilizado hasta en los trabajos colectivos; con compás y ritmo, los chibchas roturaban el terreno para la siembra, removían y trasladaban las grandes piedras o barrancos que lograban desplazar a grandes distancias, no obstante su peso.

Las danzas y los cantos eran imprescindibles en todas las fiestas religiosas y sociales: en los sacrificios de los moxas al sol, en las fiestas de la cosecha y regocijos públicos. En las fiestas de varios Caciques y pueblos, acostumbraban las parcialidades llevar sus propias danzas con estilos diversos y mucha plumería, flautas, fotutos y tamboriles. En las procesiones chibchas en las épocas de siembras y cosechas, representaban en sus danzas las figuras de osos, leones, tigres y animales diversos. Las danzas chibchas servían también para festejar la terminación de la construcción de los cercados de los caciques, o cuando llegaban a la terminación de una calzada.

Los chibchas fabricaron y utilizaron diversos instrumentos músicales: entre los aerófonos, destacamos las flautas, trompetas de caracol de diversos tamaños y las ocarinas. Entre los autófonos destacamos las maracas, sonajeros y las conchas utilizadas en las ceremonias religiosas; se conocieron también los tambores, atabales y las cajas. Algunas trompetas eran revestidas de oro y utilizadas para convocar a la tribu para actos importantes y para alentar a los guerreros. Las ocarinas chibchas presentan figuras zoomorfas representadas con significativos símbolos; una de ellas presenta la forma de un ave con las alas abiertas y cara humana y sobre la cabeza un agujero pequeño para soplarla. (7)

Uno de los aportes de mayor influencia en el folclor musical boyacense sin duda alguna es el ESPAÑOL que penetró en el Altiplano en los siglos XVI, XVII y XVIII. Los españoles en su proceso de expansión colonizadora y difusión cultural, transmitieron sus cantos, danzas e instrumentos musicales, los cuales se conocieron en sus colonias de ultramar. En las tertulias y fiestas de la aristocracia colonial, en las veladas de las huestes conquistadoras, en las fiestas de diversión popular, en las haciendas y en las nacientes urbes coloniales, se conocieron los aires musicales españoles. Una música con mezcla de alegría flamenca y andaluza, con la melancolía y cadencia castellanas, y el misterio sonoro de la arábiga.

Una gran variedad de temas encontramos en los cantos españoles del siglo XVI que penetraron en el Altiplano boyacense: canciones caballerescas, políticas, picarescas, religiosas, amatorias, pastorales y bailables, interpretadas a tres o cuatro voces.

Los cantos españoles reflejan gran variedad y sentido regional. En algunos lugares de Castilla, Aragón, Valencia y Navarra, aparece la jota, con acompañamiento de guitarras, guitarricos y bandurrias. En Andalucía eran populares los cante jondo y flamenco, las playeras, seguidillas gitanas, la debla, la caña, la serrana, la malagueña, la granadina y otros. Avanzado el siglo XVI fué característica de España la canción acompañada en la Vihuela y la guitarra, la canción de origen medieval y autores desconocidos.

Entre las danzas españolas típicas de los siglos XVI y XVII, encontramos el Saltarello o Alta Danza, la cual consistía en una danza de salto, ligera y expansiva; asimismo existió la calata y la danza del Ballo, muy parecidas al baile del tres del Altiplano boyacense. Eran típicas asimismo la morisca de influencia musulmana, la folia de los estudiantes andariegos, el villancico, la seguidilla y la serranilla, con acompañamiento de pandero. (8)

A finales del siglo XVI en la época de los Austrias, se hicieron famosas las danzas de pavana, la zarabanda, la chacona, el pasacalle, la folia y la sevillana; parece sinembargo que la zarabanda y la chacona fueron danzás que surgieron en América Central y fueron transplantadas a Andalucía. El pueblo español bailaba asimismo la jácara, la mojiganga y el entremés; asimismo el zambapalo, la marina, el pollo, el colorían colorado, el hermano bartolo, el polvillo, las cosquillas de la capona y otras.

Los españoles acostumbraban danzas para las fiestas religiosas o conmemoraciones de algunos hechos importantes. Eran interpretadas por determinados "gremios", quienes enviaban grupos de danzantes profesionales o aficionados. Una de ellas fué la "Danza de los palillos" la cual consistía en entrelazar palillos prendidos con cintas de colores, durante cuya ejecución describían caprichosos círculos al son de ritmos y cantos. Esta danza presenta supervivencia en Boyacá en la Danza de la Trenza, de las Cintas o de la "Clizneja".

A finales del siglo XVI y XVII se popularizaron las danzas españolas de grupo, principalmente en las festividades religiosas de las nacientes ciudades coloniales. En ellas se presentaban simulacros de elementos alegóricos pastoriles a la usanza de España. Eran organizadas generalmente por cofradías, asociaciones piadosas de laicos y otros grupos que se presentaban con trajes especiales para dar solemnidad y brillo a las ceremonias públicas. En el Acta de Cabildo de Tunja del 11 de junio de 1590 aparece la organización de las danzas que se debían interpretar en la fiesta de Corpus Christi; así mandó:

"Que se notifique a los tratantes de la calle real y oficiales, sastres, zapateros, zurradores y silleteros, que cada uno saque una hacha de cera blanca alumbrando al Santísimo Sacramento y que los tratantes de la calle real saquen una danza buena que vaya danzando delante del Santísimo Sacramento y procesión y los zapateros otra danza y los satres otra danza y los silleteros y zurradores otra danza y los herreros otra danza y cada uno una hacha y los arrieros y esto se les notifique so pena de diez pesos de oro corriente para gastos de la fiesta de Corpus en que dan por condenado a quien no lo cumpliere..." (9)

Entre otras danzas que introdujeron los españoles mencionamos las siguientes: La danza del venado, la danza del oso, la danza de la vaca, la danza de los seises, la danza del Corpus Christi, la danza de las espadas, la danza de los santiagueros, la danza de moros y cristianos y otras.

Al iniciar el siglo XVIII se fueron perfilando en estos territorios los bailes criollos, con interrupciones de los danzantes para dejar escuchar las coplas. Se hicieron populares el torbellino, la manta, el moño, la bretaña, el paspié, la amable, contradanza y otras.

Los españoles introdujeron sus instrumentos musicales típicos: la guitarra, la bandola, el requinto, el tiple y demás variantes instrumentales de cuerda. Asimismo introdujeron la chirimía, una especie de oboe, muy común en las procesiones y coros de los templos. Los chirimeros eran a manera de heraldos que encabezan los cortejos procesionales y las fiestas pueblerinas. En 1663 el Corregidor de Tunja ordenó a los caciques e Indios de los pueblos de Chivatá, Toca, Siachoque, Viracachá y otros para que llevaran sus pendones, cajas, pífanos, trompetas y chirimías a la procesión que se proyectaba para el 29 de enero en acción de gracias por el nacimiento del príncipe Carlos José. (10)

(6) Juan de Castellanos, "HISTORIA DEL NUEVO REINO DE GRANADA" Madrid, Edición Paz y Melía, 1886, T. 1, 55.
(7) Ocampo López, Javier, "EL FOLCLOR Y SU MANIFESTAClON EN LAS SUPERVIVENCIAS MUSICALES EN COLOMBIA", Tunja, U. P. T. C., 1970. Véase el estudio sobre la "MUSICA CHIBCHA".
(8) Véase los estudios de Ludwig Pfandl, "CULTURA Y COSTUMBRES DEL PUEBLO ESPAÑOL DE LOS SIGLOS XVI y XVII", Barcelona, Editorial Araluce, 1929, PP. 246 - 247. Asimismo la obra de Adolfo Salazar, "LA MUSICA EN LA SOCIEDAD EUROPEA", México, El Colegio de México, 1942.
(9) Archivo Histórico de Tunja, "Acta del Cabildo", 11 de junio de 1590.
(10) Ulises Rojas, "CORREGIDORES Y JUSTICIAS MAYORES", op. cit., p. 401.
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