c. Las danzas folclóricas de Boyacá.

 

Teniendo como base la música de TORBELLINO principalmente y además de guabinas, bambucos y pasillos, el folclor boyacense presenta una gran variedad en sus danzas folclóricas. La Danza se nos presento como el conjunto de movimientos cadenciosos del cuerpo, marcando ciertos pasos, mudazas y actitudes, y sometido a las leyes del ritmo. Las danzas folclóricas son bailes que necesitan cierta preparación y organización y se someten a reglas casi fijas; están interpretadas por personas adiestrada para ello. () Entre las danzas folclóricas más representativas de Boyacá, señalamos las siguientes: (15)

LA DANZA DEL TRES: Se baila en Boyacá con música y ritmo de torbellino; es semejante al "Ballo" español y al baile del "Palito" en Argentina. Se lleva a cabo entre tres personas, un hombre y dos mujeres, o una mujer y dos hombres, quienes rivalizan por la atención del bailarín o la bailarina. Mientras que una pareja quieta marca el paso de rutina, la tercera persona con paso menudo, se entrecruza entre ellas. Una copla boyacense refleja el espíritu de esta danza:

"En el nombre sia de Dios
y mi padre San Andrés
que no me vaya a turbar
en este baile del TRES".

Una variedad del TRES en Boyacá es el llamado "Tres de los Escribanos" que se encuentra en el Valle de Tenza, y en el cual las parejas simulan escribir en el suelo. Tres personas, generalmente dos mujeres y un hombre o viceversa, bailan sueltos al son de torbellino u otros aires del Altiplano. Cuando uno de los bailarines "corta", es decir, pasa entre sus dos compañeros, ha de cantar una copla de cuatro versos rimados. Cuando el bailarín vuelve en su ruta para trazar el ocho siguiente, ya ha terminado de cantar y le corresponde el turno a los otros.

LA DANZA DEL SEIS: aparece también en el folclor boyacense, con influencia de los Llanos; se presenta como una danza del tres doble; generalmente son 4 hombres y dos mujeres o 4 mujeres y dos hombres. Inicialmente los danzantes bailan separados; luego se juntan y entremezclan.

LA DANZA DE LA TRENZA O DE LA CLIZNEJA: aparece en el folclor boyacense como una supervivencia española de la antigua "danza de los palillos". Aparece también con los nombres de "Danza de las Cintas" y "Danza del Cordón", bailadas con ritmo de torbellino. Esta danza describe un movimiento característico de la forma de entrelazar o entretejer, interpretado por algunos antropólogos como aquella que supravalora la técnica del telar como símbolo de la potencialidad de la naturaleza.

La danza de la Trenza se bailaba en España en los siglos XVI y XVII con 16 danzantes al rededor de un árbol adornado con guirnaldas y flores llevado por un individuo, del cual pendían 16 cintas de diversos colores. Cuando comenzaba la copla:

Las cintos están tejidas
volvamos a destejer.

Comenzaban los danzantes a deshacer el tejido, pero sin perder el ritmo ni el compás de los movimientos.

La danza de la Trenza se interpreto en Boyacá con el ritmo de Torbellino y es muy común en las fiestas del Corpus Christi, fiestas patronales y en especial en Navidad. En el norte de Boyacá se conoce como la "Danza de la Clizneja" y se acostumbra en las fiestas reales que se celebran el 2 de Febrero de la "Morenita de Güicán" o fiesta de la Candelaria. La comparsa se compone de un pabellón con un palo central y un manojo de cintas que se colocan en la parte superior del palo con un moño bien arreglado; generalmente son bastantes cintas, las cuales son cortadas y entregadas a cada persona, conservando siempre el estilo de las parejas. La danza se realiza a son de torbellino; en ella cada pareja va entrelazando rítmicamente su cinta en el palo, en tal forma que se va tejiendo de arriba hacia abajo; desde el moño hacia abajo; luego van destejiendo la trenza también rítmicamente y así hasta cuando termina el desfile de comparsas. Esta danza se registra en Güicán, la Uvita, Soatá, Socha y otros pueblos de Boyacá y es muy típica en las representaciones campesinas de comparsas en el Aguinaldo Boyacense.

LAS DANZAS DE CORPUS: fueron muy populares en la provincia de Tunja desde la época colonial. Eran representadas por indios descendientes de los chibchas, acompañados por tamborines y flautas; iban con gorros de vistosas plumas y llevaban asimismo plumas en las muñecas, en las gargantas y en los pies y un carcax lleno de flechas sobre la espalda. Los indios iban pintados el cuerpo de muchos colores y algunos cubrían la cara y la cabeza con una especie de máscara hecha con cintas de varios colores. Formaban hileras danzando en avances y retrocesos y haciendo círculos que desbarataban luego en un completísimo antagonismo gimnástico, golpeando simultáneamente unos pequeños garrotes, mientras que los movimientos de los pies eran ejecutados al son de tamborcillos y flautas. En las fiestas coloniales llegaban a Tunja los pueblos de indios circunvecinos con sus propias danzas y disfraces al son de chirimías, caxas, trompetas y pífanos; se encendían luminarias en las puertas de las casas tunjanas y se arrojaban los cohetes para la alegría de la ciudad.

LA MANTA: es otra de las danzas típicas del Altiplano boyacense con profundas raíces coloniales. Aparece en dos modalidades: la manta redonda y la manta jilada.

La Manta redonda: es muy acostumbrada en los matrimonios campesinos; se baila con ritmo de torbellino y en forma separada; los hombres con ruana y las mujeres con mantilla puesta. En ella los danzantes no se tocan; no hay tacto ni de manos, ni de cintura; las indias bailaban esto danza sin alzar casi los pies de la tierra; a veces el hombre se arrodilla y la mujer da vueltas a su alrededor tres o cuatro veces y luego siguen danzando. Se llama manta redonda por la redondilla o círculo que se hacía en un momento determinado a la mujer.

La Manta jilada: es otra de las variedades de la Manto que se encuentra en Boyacá; en ella encontramos la representación de un baile en donde se imita el oficio de hilar una manta. La mujer lleva en la mano un vellón de lana y el huso con tortero y los elementos básicos para hilar. El baile se inicia con el saludo y con paso de rutina del torbellino; la mujer hace un ademán imitativo para esquilar la oveja; el hombre mientras tonto enmadeja, ovilla y amaga a ratos a cogerle el hilo a ella. El baile se va haciendo a medida que se envuelve la madeja de lana; en un momento determinado la mujer lanza el ovillo al techo, con un gesto como si le saliera del corazón. En esta danza se imita el montaje del telar, el envío de las lanzaderas y la manta terminada.

EL MOÑO: es otro de los bailes típicos del Altiplano boyacense. Es una de las manifestaciones de las danzas criollas del siglo XVIII cuando se empezó la costumbre de interrumpir la danza en un momento determinado, para dejar escuchar las coplas. En el Moño se suspendía la danza con un toque especial de la música, para dejar el ambiente a un hombre que decía la copla: inmediatamente seguía la música con ritmo generalmente de Torbellino y se suspendía para dar el campo a la mujer para exponer su copla. En el Moño se establecía una multo si el hombre o la mujer no cogían la copla; en caso de perder, continuaba otra pareja en el baile del Moño.

LA CAÑA: aparece como una danza y canto de los moledores del Valle de Tenza; en ella se hace un simulacro de todos los pasos de la molienda de la caña: cortada, transportada y triturada entre dos cilindros; los pasos de la danza representan cada uno de los movimientos del trapiche y toda la fuerza de la molienda. Los bailarines en número de cinco o seis parejas, danzan, cantan y se acompañan con coplas alusivas a la molienda. Generalmente los cantos de la Caña son tristes y profundos.

Una de las variantes de la Caña es la que aparece en el siglo XIX con el nombre de MEDIA CAÑA que se conoce tanto en Boyacá como en algunas provincias de Argentina, Paraguay y Chile. Según la tradición boyacense, para la danza de la Media Caña se utilizaban dos mujeres y dos hombres. Una pareja servía de estantillos o sea que permanecía quieto, como vigilante en la danza de la otra pareja. En esta danza se conocen las figuras del saludo, el cual se hacía muy respetuosamente con e1 sombrero; posteriormente venía la segunda figura que consistía en un saludo con la mano; en la tercera figura los danzantes se amenazaban; en la cuarta pegaban un palmoteo; luego tomaban el centro de la pisto, cerca de los estantillos y se cogían para el baile, dando vueltas muy curiosas, después de las cuales se abrían. Después de que esto pareja bailaba, continuaban los estantillos, quienes hacían ahora de pareja, regresando la anterior a los puestos de éstos.

EL BAILE DE LA COPA O DEL CUATRO: es conocido en algunas regiones de Boyacá; en este baile las personas danzan alrededor de un sombrero ubicado en la mitad del sitio del baile; presenta la variedad de que la pareja que baje la copa o sombrero debe hacer el gasto y el agasajo.

EL BAILE DE LA PERDIZ: es un baile que se ha registrado en diversos lugares de Boyacá, entre ellos los pueblos aledaños a la Laguna de Tota. En este baile se imita la perdiz en un trigal y sus intentos de defensa del cazador; hombres y mujeres hacen un círculo para rodear a la mujer que hace de perdiz y quien remeda los veloces movimientos de esta ave. La perdiz busca afanosamente la salida de la maraña por un punto débil que le permita escapar. Cuando ella sale del matorral aparece un mozo que le da alcance y entonces ella simula rodar sin vida por el suelo.

En otros casos la danza de la Perdiz la bailan 6 parejas; los hombres silban para llamar la perdiz y las mujeres, atendiendo el silbido los siguen y son atraídas en un juego con el pañuelo. La mujer va detrás del hombre; a veces se cruzan y entrecruzan continuamente y cada danzante va por turno echando una copla.

En Boyacá existen además otras danzas supervivientes de los siglos XVIII y XIX, destacando entre ellas las siguientes: El Baile del Pañuelo en el cual cada danzador va sacando a su pareja e invitándola a bailar con una canta o copla que es a su vez contestada por su compañera. El Baile del Vaso en donde los danzantes hacen pruebas acrobáticas sobre un vaso y al son del torbellino. El Baile del Alcahuete con figuras discretas y artísticas muy propias del boyacense. El Baile de la Contradanza muy típico en el siglo XIX en las fiestas de Sutatenza, con sus variables: obligadas o dobles, de cambio y sencillas. El Guatecano un tipo de torbellino del Valle de Tenza. El Galerón típico de los Llanos y confundido en algunos casos con el torbellino boyacense. Los Camarones otra danza y tonada boyacense, muy típica de Valle de Tenza; así expresa una de las cantas valletenzanas:

"Muchacho barre tu casa
bárrela hasta los rincones
que viene el Señor Alcalde
a bailar los Camarones. (16)

En los campos boyacenses existen también los bailes sainetes de animales en los cuales se presenta un simulacro de ataque y defensa, y en donde los campesinos gozan alegremente en sus fiestas. Entre ellos mencionamos los investigados por la folcloróloga Lilia Montaña de Silva Célis en los pueblos aledaños al lago de Tota : "La gallina y el Zorro", "El gato y el ratón", "La palomita y el gavilán", "El pollito y la comadreja", etc.;los campesinos desarrollan estos bailes sainetes con prodigiosa fantasía, mezclando sus hechos simples de la vida, con los aconteceres de los animales que los acompañan. Uno de los más representativos es el Baile del Conejo, en el cual un campesino ágil hace el papel de conejo, otro campesino las veces de cazador y otros el papel de los perros de caza. En medio del círculo el cazador persigue al conejo que esquiva ágilmente; cuando logra salir del círculo se encuentra con los perros que lo acosan por uno y otro lado; llega el momento del rodeo total, cuando el cazador apunta con su escopeta de madera y deja al animalito tendido en el suelo. (17)

(15) Perdomo Escobar, José Ignacio, "HISTORIA DE LA MUSICA EN COLOMBIA'; Bogotá, Edit. A. B. C., 1963. Véase asimismo los estudios de Joaquín Piñeros Corpas, "EL CANCIONERO NOBLE DE COLOMBIA" (Con grabaciones).
(16) Joaquín R. Medina y José Vargas Tamayo, "CANTAS DEL VALLE DE TENZA'; Bogotá, Ministerio de Educación, 1949. Véase la Canta 228 sobre el Baile de los Camarones.
(17) Lilia Montaña de Silva Célis, "MITOS, LEYENDAS, TRADICIONES Y FOLCLOR DEL LAGO DE TOTA". Tunja, U. P. T. C., 1970, pags. 423 - 427.
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