a. Las Romerías boyacenses.

 

Una de las manifestaciones folclóricas más típicas de Boyacá, tanto por su carácter socio-religioso, como etnográfico, son las ROMERÍAS o peregrinaciones religiosas que se hacen por devoción aun santuario, y las fiestas populares que con expresión folclórica se celebran en la víspera y el día de la festividad religiosa. En ellas, el pueblo boyacense expresa sus sentimientos y actitudes de profunda religiosidad, en algunos casos diferentes a los de otras regiones de Colombia.

La Romería es la expresión colectiva de las manifestaciones religiosas; en ellas, los "romeros" o "peregrinos" hacen la peregrinación al santuario, después de hacer el voto o promesa, que se presenta como garantía de los fieles para con Dios, si se obtiene el feliz suceso en alguna "gracia" que se pide.

Las romerías boyacenses tienen sus antecedentes en las romerías españolas y en las peregrinaciones religiosas de los chibchas; principalmente en las primeras. En la Edad Media Europea se conocía con el nombre de "romería" a la peregrinación que hacían los cristianos a Roma; y "romeros" a los peregrinos que iban a la ciudad santa. Estos términos fueron utilizados por los españoles para las peregrinaciones a los santuarios cristianos en la península y en las colonias españolas.

Los indios chibchas del Altiplano Boyacense hacían peregrinaciones religiosas al Templo del Sol en Sogamoso, lugar de residencia de Suamox el gran sacerdote chibcha. Según los cronistas Aguado y Fray Pedro Simón, este templo estaba dedicado al dios chibcha Reinichinchagagua. El cronista Piedrahita indica que iban miles de indios sin que la hostilidad de la guerra impidiese o maltratase a quien llevara salvoconducto de esa peregrinación.

Los chibchas también hacían peregrinaciones a las casas sagradas dedicadas a la diosa Bachué y su esposo, los padres legendarios del pueblo chibcha y la humanidad, las cuales estaban en el pueblo de Iguaque, cerca a la laguna de Bachué. En la laguna de Fuquene, según el cronista P. Zamora, "había un templo de gran veneración y donde de ordinario había gran romeraje y concurso de peregrinos y donde había siempre cien sacerdotes para el culto de aquel santuario" (22) Asimismo, existieron peregrinaciones en secreto al santuario de la Furatena, en las dos montañas sagradas situadas en el territorio de los indios Muzos, sus encarnizados enemigos. Otra peregrinación chibcha la encontramos en Iza en donde las indias preñadas iban a la piedra cercana al puebla en la cual se veían las huellas de los pies, que se atribuían a Sadigua el dios civilizador de los tunjanos; las indias iban a raspar aquella roca, para diluírla en agua y beberla con el fin de tener un buen parto. (23)

Una referencia a la costumbre de los indios chibchas del Altiplano para hacer peregrinaciones a los santuarios, nos la refiere el historiador Joaquín Acosta en un testimonio que obtuvo del Padre Moya, cura de Chitaraque cuando hizo en dicho pueblo una capilla en devoción a la Virgen de Chiquinquirá. Cuando trató de persuadir a los indios para que no hicieran el viaje agotador hasta Chiquinquirá a más de veinte leguas, ellos le respondieron: "Es cierto, mi señor Cura, mas siempre iremos de cuando en cuando a Chiquinquirá, porque estamos acostumbrados desde tiempos de nuestros padres a ir bien lejos a nuestras devociones''. (24)

Entre los españoles de los siglos XV y XVI también se presentaban las ROMERIAS a los innumerables santuarios dedicados a Cristo, la Vírgen María y los Santos. En ellas se dedicaba una parte a la festividad religiosa y otra a las diversiones profanas, en donde abundaban las tiendas o toldos con variados objetos; se tomaba el vino abundantemente y no faltaba la alegría de la música, las danzas y los juegos populares. Las vísperas de las romerías españolas eran de gran regocijo, especialmente cuando diversos grupos de cuerdas y danzantes salían por las calles y llenaban la animación de los romeros o peregrinos.

En la mayor parte de los pueblos españoles, las romerías mayores se presentaban en las fiestas anuales conmemorativas del descubrimiento de la imagen que se venera, la cual generalmente tiene una leyenda milagrosa. Dice la tradición española que durante la era visigótica se le rendía homenaje a una gran cantidad de imágenes, las cuales fueron escondidas en cuevas, desfiladeros, montañas y lejos de los caminos, cuando se intensificó la lucha contra los moros. Estas imágenes estuvieron escondidas durante cientos de años y descubiertas por pastores y gentes humildes, cuando la Reconquista hizo retroceder a los moros al sur de España. (25)

En los descubrimientos de las imágenes aparecieron diferentes leyendas: en unos casos, aparece la imagen en una cueva, en un desfiladero o en un montículo a una persona que lleva el mensaje al pueblo; en otros, aparece la imagen flotando en los ríos y son recogidas por fieles que llevan la grata nueva. En algunos casos se hace la "renovación del cuadro" y en otros, las imágenes irradian popularidad por los múltiples milagros. Las leyendas y tradiciones religiosas se dispersaron en España e Hispanoamérica: su deseo de permanecer en determinados lugares, en los cuales se hacían los santuarios; su pesadez en determinados momentos, a pesar de ser llevada por muchos fieles; el llanto de la imagen en determinados días; la aparición de barro como indicativo que ha viajado sola por algunos lugares, etc.

Históricamente la romería más importante de España es la de SANTIAGO el santo patrono de España, la cual se realiza en Compostela el 25 de julio. En esta fiesta los romeros vienen de diversos lugares de España y países vecinos; a su alrededor surgieron muchos pueblos y se hizo toda una organización profano-religiosa. Mencionamos asimismo, las romerías a San Isidro Labrador en Madrid; Santa Eulalia en Barcelona; San Fermín en Pamplona; Santa Justa y Rufina en Sevilla y otros.

La mayor devoción en las romerías españolas, se encuentra desde hace muchos siglos, en los innumerables santuarios marianos, cuyos orígenes estaban asociados con leyendas o sucesos milagrosos: La Virgen del Pilar en la catedral de Zaragoza; la Virgen de Guadalupe en el Monasterio de los Jerónimos en Extremadura; la Virgen de Atocha en Madrid; la Virgen de Montserrat en Barcelona; la Virgen de las Maravillas en Pamplona; Nuestra Señora del Consejo en Valencia; la Virgen de la Macarena en el barrio de Triana en Sevilla; Nuestra Señora del Rocío en Almonte (Huelva); la Virgen de los Dolores, la Virgen de los Remedios, la Virgen de la Soledad y otros.

 

La Romería - Virgen del Campo - Torres Méndez.

 

La devoción a la Virgen María, una de las manifestaciones más representativas de la proyección del Catolicismo en Hispanoamérica, encuentra en Boyacá una de las regiones más importantes de Colombia. Es por ello que la proyección de las romerías españolas se encuentra con gran sentido religioso y folclórico en los santuarios marianos de Boyacá; destacamos las siguientes: La romería a la Virgen de Chiquinquirá entre el 22 y el 30 de diciembre; asimismo el 9 de julio; es tradicional desde finales del siglo XVI. La romería a Nuestra Señora de Monguí, patrona de Boyacá, data del siglo XVI, cuando el cacique de Monguí viajó a España y recibió de Felipe II el regalo de la imagen de la Virgen. La romería a la Virgen Morena de Güicán se realiza entre el 3 y 6 de febrero; su culto data desde el siglo XVIII. La romería a la Virgen de Chinavita, la patrona del Valle de Tenza, se hace del lo. al 3 de enero. La romería a la Virgen del Milagro en el santuario del Topo, la patrona de Tunja, es tradicional desde el siglo XVII. (26) La romería a la Virgen del Carmen en Villa de Leyva, la cual se celebra con gran pompa el 16 de julio; allí mismo en esta ciudad se hace la romería a "Mamá Linda" o la "Renovada de Leyva" (Nuestra Señora de Chiquinquirá). La romería a la Virgen de Tutasá se celebra el primer domingo de octubre. La romería a Santa María la Antigua el tercer domingo de enero en Nuevo Colón. La romería a la Virgen de la Candelaria, cerca de Ráquira, en el convento de los Agustinos . La romería a "Nuestra Señora de la O" en Morcá, vereda cerca de Sogamoso. La romería a la Virgen del Rosario en Tutazá llamada por Bolívar "La Virgen de los Tiestecitos". Las romerías a la Virgen de Boavita, a Nuestra Señora de Belencito; Nuestra Señora de las Aguas en Motavita; la Virgen de Tibasosa y otras. Destacamos asimismo, la romería del Señor de la Columna en Tunja y la Romería de San Lázaro en la misma ciudad, en el mes de septiembre; la romería al Cristo de los Milagros en Sativa Sur el 17 de enero; y otras en cada uno de los pueblos y aldeas de Boyacá.

Entre las innumerables romerías que realiza el pueblo boyacense, destacamos por su popularidad y atracción folclórica las romerías de Chiquinquirá, Chinavita, Güicán; y en Tunja: San Lázaro, el Topo y el Señor de la Columna.

 

Las ROMERIAS A LA VIRGEN DE CHIQUINQUIRA se iniciaron en los finales del siglo XVI, cuando se desarrolló el culto bajo esta advocación. El lienzo de la Virgen fué pintado en Tunja por el pintor Alonso de Narváez, a petición del encomendero de Sutamerchán Antonio de Santana. Esta imagen estuvo rodando de casa en casa, e inclusive sirvió para secar el trigo al sol en la casa del encomendero Santana, hasta cuando la encontró María Ramos en Chiquinquirá. El lienzo se renovó en la navidad de 1586, fecha desde cuando aparece la romería en Chiquinquirá. En la guerra de Independencia fué patrona del ejército patriota y es en el período nacional, la patrona de Colombia.

En los siglos del coloniaje, las romerías a Chiquinquirá rompieron las barreras locales, e hicieron que los indios peregrinos, en vez de tomar la vía a Guatavita o Sogamoso a adorar sus propios dioses, expresaran su fé cristiana en Chiquinquirá.

En la romería de diciembre, Chiquinquirá recibe la visita de los promeseros de Boyacá y otros departamentos, quienes llegan a rendirle a la Virgen Milagrosa su homenaje de gratitud y fé. Grupos típicos de promeseros se concentraban en las calles y plazas, y he allí al pueblo en la expresión de su auténtico folclor: tiples y guitarras, torbellinos, coplas y alegría de fiesta.

Sobre esta Romería conocemos ingenuas y sencillas coplas como éstas:

Tengo un dolor en el alma
quién me lo podrá quitar?
Pos la Virgen del Rosario
llegando a Chiquinquirá.
Compañero de promesa,
no nos vamos en ayunas:
mientras yo pelo las papas
componga vusté las yucas.
Si vas a la romería
y encuentras a mi Señor
decíle que su María
se tá muriendo de amor.
De Chiquinquirá venimos
con el alma atravesada
nos tocó lo qui a la Virgen
que no le dieron posada.

Es importante destacar el significado que tiene la romería para un campesino boyacense: es la meta de esperanza para la solución de sus problemas, de allí la "promesa" o "manda"; es la oportunidad de manifestar sus sentimientos y actitudes religiosas con su familia, amigos y vecinos. En las romerías se hacen muchos matrimonios campesinos, bautizos, confirmaciones y primeras comuniones; se inician los noviazgos campesinos; se arreglan los asuntos con los compadres y vecinos y se perfilan muchos negocios entre los campesinos. Es la oportunidad para estrenar los nuevos vestidos y hacer las compras de adornos personales para las mujeres y para las casas; es la oportunidad de llevarlas comidas especiales y compartirlas en la unión familiar y con los amigos; asimismo es la oportunidad de tocar el tiple, la guitarra o el requinto, echar las coplas y danzar alegremente.

El campesino boyacense ahorra con mucho tiempo para gastar en la romería a sus anchas. Las mujeres se preparan para la fiesta que es emoción en todos los aspectos de la vida popular: vestidos regionales, comida típica, bailes folclóricos, coplas y en síntesis, toda la alegría del pueblo boyacense. Allí los tiples, las guitarras y los requintos interpretan el torbellino de incomparable ritmo melancólico, bambucos, pasillos y guabinas y los sencillos cantos y aires festivos de los músicos campesinos.

Lo primero que hacen los romeros que llegan a Chiquinquirá es cumplir la promesa de rigor, postrados al pie de la sagrada imagen. Luego compran en la procuraduría del convento las indispensables reliquias y consignan allí mismo el valor de las salves, misas o novenas, y ya con la conciencia tranquila, animan y embellecen el ambiente con su alegría desbordante. Las familias de los promeseros forman grupos típicos en las calles y plazas, y allí se dedican a reír, comer y cantar la música vernácula, y a empinar el codo una que otra vez. Compran en las toldas los recuerdos típicos y los dulces para llevar al hogar; y en síntesis, celebran la fiesta con verdadero ardor. Nos dice Quiñones Pardo que eran muy típicos en Chiquinquirá los ruedos a los cantoras de las coplas. Un coplero rasgaba el tiple, carraspeaba ruidosamente e iniciaba el reto:

Si es tan gallo pa las coplas
y si es guapo de verdá,
echemos un desafío
con las coplas por mitá.

El adversario contestando el reto, lo acepta con la siguiente copla:

No te las vengas a dar
de sabio y de valiente
pedíte antes de empezar
una tanda de aguardiente.

Quiñones Pardo relata un duelo de ingenio en una plaza de Chiquinquirá entre una campesina de Moniquirá y un campesino boyacense, en una típica romería a Chiquinquirá:

El indio:

La boca de mí mujer
tiene colorcito a fresa,
y se pone colorada
cuando mi boca la besa.

La india:

Si tu boca me besara
tenía que ser al descuido;
que a las buenas no me besa
ni el bruto de mi marido.

El indio:

La mujercita que quiero
tiene labios de coral
y entre los labios guardado
la miel del mejor panal.

La india:

Lástima que miel tan dulce
se pierda tan malamente;
beso que caiga en tu boca,
se emborracha de aguardiente. (27)

Duelos de copleros como los antes mencionados son muy frecuentes en las romerías de Chiquinquirá, aun cuando a veces culminan en completas peleas cuando los atacantes mezclan coplas picarescas o de completo sabor político.

En la romería de Chiquinquirá todo es devoción y alegría; sencillez y espontaneidad; el indio ríe y llora sobre las cuerdas del tiple. La jornada, la promesa postrados al pie de la sagrada imagen, la procesión con la Virgen, la fiesta popular, la compra de los objetos típicos y los dulces, presentan un sentido de la autenticidad popular que se recuerda allá en el rancho.

Otra de las romerías típicas de Boyacá es la que celebran los campesinos del Valle de Tenza, y en general de Boyacá, Cundinamarca y Santanderes a la Virgen del Amparo de Chinavita en los primeros días de enero. La imagen fué encontrada dentro de una guadua y constituída en patrona de Chinavita desde 1822. Multitud de peregrinos van en romería a rendirle a la Virgen del Amparo su homenaje de gratitud y fé. En esta típica romería encontramos coplas como las siguientes:

"Mi Señora del Amparo
la que vive en Chinavita
cuando va´ hacer sus milagros
se pone coloradita"
"Yo me voy pa "Chinavita"
a cumplir una promesa;
si tá Dios que me case
pu´ ahí tará mi sinvergüenza".

En Monguí hacen los boyacenses la romería a la patrona de Boyacá, Nuestra Señora de Monguí. Sobre su origen existen los siguientes datos: Los caciques de Sogamoso y Monguí hicieron regalos al rey de España Felipe II en 1558, por los cuales el monarca les envió la imagen de la Virgen y la Sagrada Familia para Sogamoso y la Imagen de San Martín para Monguí. Una equivocación con los cajones hizo que la Virgen fuera a Monguí y San Martín a Sogamoso, lo cual fué aceptado como decisión celestial por ambas ciudades. Así expresan las coplas populares de Sogamoso y Monguí:

"Llevaron a Sogamoso"
a la Virgen de Monguí
Pero al descuido se vino
y ya no sale de aquí".
Al San Martín de nosotros
lo llevaron pa Monguí
Allá se cansó y se vino
A vivir mejor aquí".

La romería decembrina de Monguí es de gran peregrinación y de gran animación. Guillermo Plazas Olarte encontró en Monguí una típica copla en la romería:

"Cuando el diablo está de gusto
se va a fiestas a Monguí,
A bailar con las doncellas
y a comer con harto ají".
En el otro lado del río
más allá de más acá,
me dijo una señorita,
Mijito venga y verá...! (28)

En la vereda de Morcá a ocho kilómetros de Sogamoso acuden con frecuencia los devotos de Nuestra Señora de la O, cuya devoción aparece desde el siglo XVIII; por la comparación entre el cuadro y los retratos que se conocen de la reina Isabel de Castilla, se presume que el pintor se inspiró en la reina para el cuadro de la Virgen.

Las romerías a los Santos Patronos de los pueblos son también expresión auténtica del sentimiento religioso de las gentes de Boyacá. Son muy populares entre otras: La romería de San Lázaro en Tunja; la fiesta de San Blas en Saboyá; la fiesta de San Roque en Guateque; la fiesta de San Martín en Ráquira; la fiesta de San Juan en Miraflores; la fiesta de San Pedro en Ramiriquí; la fiesta de San Ramón en el Espino. Revisten ellas la autenticidad y profundidad religiosa que ofrece la romería más importante del Norte de Boyacá, como es la que se lleva a cabo en Güicán a la "Virgen Morena", en las llamadas también "Fiestas reales".

Pero indudablemente, una de las romerías boyacenses esencialmente folclórica es la de San Lázaro, en el alto del mismo nombre, al pie del cual se encuentra la ciudad de Tunja. La Romería al Alto de San Lázaro se celebra el primer domingo de septiembre y además en el mes de diciembre. La ermita que allí se erigió como recuerdo de la segunda visita a Tunja de Nuestra Señora de Chiquinquirá, se construyó bajo la advocación de San Lázaro. Con motivo de la peste de viruelas que diezmó la población tunjana en 1587, fué traído el lienzo de la Virgen de Chiquinquirá, a pesar de la resistencia del D. Alonso Indio, cacique de Chiquinquirá y sus vecinos. 45 años después volvió la Virgen de Chiquinquirá por segunda vez a Tunja, cuando volvió a plagarse de la peste grande. En memoria de este acontecimiento se construyó en el Alto, la capilla de la Virgen del Rosario y bajo la advocación de San Lázaro, el santo milagroso de las pestes.

Los promeseros que van a San Lázaro pasan en crecidas caravanas por Tunja y ascienden la colina de la "Loma de los Ahorcados" o Alto de San Lázaro. Allí pagan sus mandas a San Lázaro y a la Virgen de Chiquinquirá, consistentes en salves y misas; allí reciben las patentes del Santo y la Virgen y un pedazo de cera como reliquia de San Lázaro. Nos dice Ramón C. Correa en su "Historia de Tunja" que tradicionalmente en un momento determinado, los romeros entraban en "mata" o aglomeración a la ermita. Se santiguan, derraman agua bendita al pie de las pilas para que tengan alivio las almas del purgatorio, y de manera especial las de sus familiares más allegados. Luego se dirigen al presbiterio; encienden las espermas, ceras y velas al pie de San Lázaro y reunidos se arrodillan y rezan en conjunto algunas oraciones con especial fervor. Después el Sacristán les regala "barro" que saca de un aljibe que se halla al lado del evangelio y se lo untan en forma de cruz en la cara y piernas donde tienen granos o llagas. (29)

Terminada la promesa, los campesinos salen de la ermita de San Lázaro y se encaminan a los toldos a tomar chicha y a comerse los sabrosos "piquetes". Se inicia así la "fiesta popular de la romería" que se hace en el campo inmediato al santuario. Los campesinos continúan la fiesta todo el día, amenizados por conjuntos musicales, cantas o tonadas y la bebeta de chicha y además licores. En las horas de la tarde, descienden del alto y emigran a sus ranchos; es costumbre de los tunjanos, el decir que cuando los indios bajan de San Lázaro, "se llevan el frío en los pies", lo cual significa que a partir de esa época, se inicia en Tunja una moderación en la temperatura rígida que azota los meses de julio y agosto en el crudo invierno. Hay que tener en cuenta, que en el mes de septiembre los indios chibchas de Tunja celebraban la "fiesta de la cosecha" y hacían la ceremonía propiciatoria y el sacrificio de los moxas en las famosas piedras de Tras del Alto por la vía de la Loma de los Ahorcados o Alto de San Lázaro.

Como podemos apreciar el sentimiento religioso presenta un gran aporte en las supervivencias folclóricas de Boyacá. Encontramos un pueblo que manifiesta una profunda "RELIGIOSIDAD" señalada como uno de los mayores aportes de España en esta región del Altiplano boyacense, por esencia frío. Un pueblo introvertido, un tanto reposado y especulativo como el boyacense, presenta gran tendencia a la meditación, el recogimiento y la expresión espontánea de sus sentimientos.

(22) José Pérez de Barradas, "LOS MUISCAS ANTES DE LA CONQUISTA", Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1951, p. 484 - 485.
(23) IBIDEM, p. 450.
(24) IBIDEM, p . 484.
(25) George M. Foster, "CULTURA Y CONQUISTA: LA HERENCIA ESPAÑOLA DE AMERICA", Xálapa, Universidad Veracruzana, 1962, Pgs. 359 - 388.
(26) Ernesto Reyes (Pbro.) "LOS SANTUARIOS MARIANOS BOYA CENSES" En: "Repertorio Boyacense" (Tunja), Nos. 177 - 178 (1954).
(27) Octavio Quiñones Pardo, "CANTARES DE BOYACA"; op. cit.
(28) Guillermo Plazas Olarte, "DE MI TIERRA Y OTRAS COSAS", op. cit.
(29) Ramón C. Corres, "HISTORIA DE TUNJA", Tunja, 1948, Tomo Hl. pgs. 291 - 292.
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