a. Los mitos folclóricos.

 

 

a. Los mitos folclóricos.

 

Un estudio sobre los Mitos folclóricos nos presenta un conjunto de creencias brotadas del fondo emocional, las cuales se expresan en un juego de imágenes y de símbolos y se manifiestan como una fuerza operante en la sociedad. El conocimiento de los mitos equivale en algunos pueblos a llegar al secreto de origen de las cosas y a la adquisición de un poder mágico sobre ellas, gracias al cual se logra dominarlas, multiplicarlas o reproducirlas a voluntad. El mito se presenta como una realidad viviente de la que se cree, acaeció en los tiempos originarios, e influye continuamente en el mundo y el destino de los hombres.

Los mitos boyacenses han sido transmitidos por tradición y aparecen en nuestro presente como supervivencias del pasado. Algunos son chibchas, con raíces milenarias muy profundas en pueblos asiáticos y oceánicos. Otros son españoles, con profundas raigambres europeas, traídos a estas tierras en los siglos del coloniaje.

Uno de los aspectos que relaciona los mitos boyacenses con los colombianos y latinoamericanos, es el sentido general en la relación de los dioses tutelares o personificaciones de las fuerzas naturales que gobiernan la vida de los pueblos y los campos. Todo objeto extraordinario en la naturaleza es supuesto como poseedor de un núcleo o una esencia espiritual, la cual desempeña un papel activo en la existencia de lo que rodea y comprende a los hombres. Los dioses tutelares o mitos populares se pueden presentar como enemigos temibles o grandes amigos de las gentes.

Los campesinos boyacenses respetan profundamente los lagos, las montañas y las rocas; ninguno habla de nadar en dichos lagos, y ni siquiera de lavar allí sus ropas. Consideran que los "espíritus" o los "encantos" están vinculados a los fenómenos físicos, los ríos, las montañas y las lagunas; inclusive cuando pasan cerca de ésta, hacen la señal de la cruz. Algunos campesinos boyacenses creen que los espíritus del agua no solo viajan bajo la tierra, sino también toman fuerza humana y caminan de un lugar a otro; piensan que los espíritus de la montaña son más feroces en las horas nocturnas y mucho más los viernes de semana santa.

Según los campesinos mestizos de las cercanías de la laguna de Fúquene, el dios tutelar Fú se opuso a la construcción del ferrocarril que el gobierno hizo entre Zipaquirá y Chiquinquirá. Cuentan los campesinos que cuando la obra llegó a bordear la laguna, los trabajadores tuvieron muchos problemas, pues de un día para otro la obra aparecía destruída sistemáticamente. Pero como la constancia de los trabajadores era Infatigable, cuentan los campesinos, que un día con su paciencia ya agotada, el mito del agua apareció ante los hombres en forma humana y. les dijo: "Ustedes están invadiendo mi palacio", y en forma amenazante desapareció: No sobra decir que los aterrados trabajadores decidieron prudentemente trasladar el terraplén del ferrocarril a otro lugar. (43)

Cuando en abril de 1972 se desbordó la "Laguna Negra" o del Carrizal, en el río Arcabuco cerca de Tunja, y fué la causa de una gran inundación en toda la región, muchos campesinos boyacenses creyeron en la ira de los espíritus de la Laguna negra. Los campesinos creen que la laguna es un ser sobrenatural cuyas dormidas pasiones suelen estallar súbitamente con fuerza incontrastable: la laguna se lamenta, se encoleriza, se envenena y toma venganza agitando con violencia sus aguas y suscitando tremendas tempestades, o bien dejando salir de su seno monstruos o "espíritus" malignos. Esta supervivencia mítica tiene profundas raíces chibchas y está relacionada con el "Mito de Bachué", madre del linaje humano, quien emergió de la laguna de Iguaque, se casó con su hijo, pobló la tierra y volvió a la laguna. Por ello, los chibchas fueron adoradores del agua, en un mito que se transmitió a los campesinos boyacenses.

Otros mitos chibchas del Altiplano cundiboyacense son dignos de mencionar: el mito sobre la creación del sol y la luna; los mitos de Nemqueteba y Bochica; el mito del origen del Salto de Tequendama, el mito de Chiminigagua o creador y otros.

En Boyacá encontramos gran diversidad en los mitos folclóricos, la mayoría de los cuales son comunes en Colombia y en otras áreas de Hispanoamérica. Entre ellos destacamos los siguientes: La Llorona, es un mito de los pueblos y los campos boyacenses que se distingue por sus macabros plañidos, y según los campesinos aparece como una mujer con largas vestiduras y rostro de calavera, llevando en sus brazos un niño muerto.

El Cucacuy, es un mito del Valle de Tenza que se presenta como un hombre fabuloso que sale desnudo por las noches a calentarse en las parrillas. Lleva siempre en la mano un largo bordón en cuya extremidad pende un calabazo que encierra varios demonios. Silba de un modo especial en la uña del pulgar, para que tal efecto se deje crecer; las gentes creen que se trata de un varón no bautizado y que tiene pacto con el diablo.

Otros mitos campesinos se han registrado en Boyacá, como en otras regiones de Colombia: El Jigura o patas, La Mancarita, el gritón, el sombrerón, el patetarro, la patasola, el hojarasquín del monte, la madremonte y otros seres míticos que recorren los campos boyacenses, caminos, poblados y veredas. Algunos son el temor de los caminantes en noches de oscuridad; vengativos, chanceros y madrugadores; sobresaltan las doncellas, despistan los cazadores, asustan a los campesinos que regresan a sus casas después de los velorios y de los alumbrados. Los campesinos boyacenses creen en sus mitos y en los lugares de los encantos; las gentes creen en ellos "porque los hay, los hay".

Los mitos, en las ciudades están relacionados con los ESPANTOS. Tunja ciudad colonial presenta diversos espantos mitológicos que han llenado el terror de los tunjanos en muchos años. Señalamos entre ellos: el farol de las Nieves, el espanto del Panóptico, el perro de San Francisco, el espanto de la Fuente, el toque de las ánimas y los espantos de dominicos y franciscanos en diversas casas coloniales de la ciudad. (44)

EL FAROL DE LAS NIEVES. Se trata de un espanto legendario que aparece como un "farol" o bomba luminosa que sale de la iglesia de las Nieves, a una altura de unos diez metros, suspendido en el aire, con rumbo caprichoso, pero en dirección de la plaza principal. Se detenía en algunas casas cercanas a la catedral. Este espanto tiene relación con la famosa "emparedada", una joven que recibió el castigo de su padre por buscar un matrimonio a disgusto y a escondidas. Conocedor el padre de este problema, salió con un farol en busca de su hija por la calle que va a la catedral, y al no poder convencerla, determinó emparedarla en una alacena que existía en una de las piezas de la habitación. Con el tiempo surgió el farol de luz amarillenta que recorría la ciudad y sus contornos.

EL ESPANTO DEL PANOPTICO es un espanto de la antigua Penitenciaría de Tunja, en el antiguo convento de los Agustinos, hoy en ruinas. Aparecía en los viernes santos y el 2 de noviembre de los difuntos; las gentes veían salir de la antigua sacristía de la iglesia, la extraña figura de un monje que se dirigía a lo largo del corredor. Si alguien se interponía al monje, éste se le avalanzaba y lo arrojaba al patio con violencia. Veían un fraile vestido de negro con capucha y mangas anchas, con un cordón o cinto al lado; al verlo encontraban una calavera bajo la capucha.

EL PERRO DE SAN FRANCISCO, se trata del espanto del perro de piedra que existía en el antiguo convento de San Francisco, el cual pasó posteriormente al Batallón Bolívar. Este perro era de gran tamaño y se presenta sentado mirando hacia el muro oriental. Los tunjanos creían que en horas avanzadas de la noche, se sentía un extraordinario terror cerca del perro: escuchaban sus aullidos, el arrastre de cadenas, ladridos terribles y ojos con fuertes luces.

EL ESPANTO DE LA FUENTE, se trata de los quejidos y cantos de lavanderas que los tunjanos escuchan en la Fuente Grande.

EL TOQUE DE LAS ANIMAS en la iglesia de San Francisco, aparece en la segunda mitad del siglo XIX después de regresar los religiosos a sus conventos abandonados en los años de la Radicalización. En dicho templo, cuando uno de los monjes iba a hacer el "Toque de las Animas"al pasar por la iglesia encontraba iluminado el altar y un sacerdote con casulla roja dirigiéndose al altar y llevando en sus manos un vaso sagrado; daba la sensación que esperaba un ayudante. Durante muchos años los legos no iban al Toque de las Animas por miedo al espanto, hasta cuando uno de ellos se atrevió a ir al altar y ayudarle al padre, quien era un alma en pena y solicitaba de la comunidad franciscana comulgara una vez por mes por su redención. Desde entonces se volvió a escuchar el repicar de las campanas en el toque de las Animas en San Francisco.

LOS ESPANTOS DE DOMINICOS Y FRANCISCANOS. En algunas casonas coloniales de Tunja existen las consejas sobre las apariciones de monjes. Ven monjes corriendo las piezas y corredores; se detienen en determinados sitios y dan golpes, con gran terror para quienes los escuchan. En algunos casos los tunjanos veían monjes asomados en las ventanas; en otras insistiendo para que los sacaran de penas y descubrieran los tesoros ocultos.

LOS DUENDES. Un mito muy generalizado en Boyacá como en muchos lugares de Latinoamérica es el de los Duendes. Son seres míticos traviesos que aparecen en los campos, en los pueblos y hasta en las ciudades, y son considerados como seres míticos traviesos. En las minas los duendes aparecen entre los trabajadores en formas de enanos con vistosos y llamativos trajes; arrojan lluvias de piedras sobre los techos de las casas en donde quieren cebarse; en los campos persiguen las mozas casaderas; se roban las provisiones; abren las corralejas de los terneros, se ríen en los cielos rasos y esconden las escobas. Los duendes gustan de las casas viejas, correr baúles para asustar a los habitantes, etc.

Otros mitos que han sido estudiados son: la dama peluda, el currucucú, el jinete negro, el ánima sola, la cabellona, la viudita, la mula de tres patas, etc.

Como hemos podido apreciar, en los campos y poblados de Boyacá existen infinidad de "Mitos", que conforman una mentalidad mítica colombiana. La imaginación primitiva, desde hace milenios de años, creó una serie de deidades y les dió forma corpórea visible y viviente, para explicarse así el origen de las cosas y de los hombres. Así el hombre se siente parte de la naturaleza y afirma su fraternidad con las especies animales y sus relaciones con los astros, las plantas, etc.

Un aspecto que está relacionado con la mentalidad mítica del boyacense es la importancia que da a la manifestación de la fuerza en los fenómenos naturales, humanos y animales. Las gentes piensan que cualquier cosa que manifieste fuerza o relación con lo trascendente es sacro y por consiguiente puede ser venerado. Los astros, los mares, los ríos, los lagos, las montañas, animales, plantas y fenómenos naturales, y aún los mismos hombres, pueden ser mitificados, en cuanto revelan la fuerza o el espíritu que los anima.

 

 

 

b. Las leyendas populares en Boyacá.

 

Las leyendas populares se presentan como narraciones que tienen un recuerdo histórico básico, complementado con la fantasía y misterio de las gentes.

Algunas leyendas son chibchas, a través de las cuales se han tejido muchas consejas que superviven. Mencionamos entre ellas: la leyenda de Hunzahúa, el fundador de Tunja indígena; la leyenda de Goranchacha, los Cojínes del Zaque, la leyenda de Aquimín, y otras. (45)

La Leyenda de Hunzahúa, está alrededor del fundador de la legendaria Hunza. El Zaque Hunzahúa se enamoró de su hermana Noncetá, y según las leyendas chibchas el incesto era prohibido. Al tener conocimiento la cacica madre Faravita, quiso castigar a su hija con la misma pala para revolver la chicha, pero la niña daba vueltas en torno a la vasija con gran agilidad. En un arranque de ira, Faravita lanzó la pala y rompió la olla; la chicha empezó a regarse y de la misma tierra brotó agua aumentando así el líquido amarillento, conformándose un gran pozo, que es el que hoy se llama en Tunja Pozo de Donato. Cuando Hunzahúa bajó de los cojínes del zaque de la ceremonia al sol, encontró en su cercado la triste realidad de su pecado y en los alrededores una muchedumbre que protestaba contra el incestuoso. Esto decidió la fuga de los dos hermanos y la "maldición" que desde el alto conocido hoy como "San Lázaro", hiciera Hunzahúa a su ciudad: "Serás estéril; nunca más flores ni árboles verán tu suelo; tu tierra será desnuda y barrancos ay no tendrás más compañero que el viento y el frío". Los hermanos siguieron su viaje; tuvieron una cueva en Susa en donde nació Bochica en el Salto del Tequendama; allí fueron convertidos en las piedras al borde del abismo.

La Leyenda de Goranchacha el profeta. Goranchacha era hijo del sol y de una doncella de Guachetá; al cumplir 24 años pasó a Ramiriquí y Sogamoso en donde fué recibido como hijo del sol. Recorrió las tierras chibchas recordando las enseñanzas de Bochica, la obligación de adorar a los dioses, venerar a los caciques, guardar la paz, etc. Cuando tuvo conocimiento del castigo brutal que hizo el cacique de Ramiriquí a uno de sus súbditos, le dió muerte, se apoderó del cacicazgo y se radicó en Hunza en donde ejerció el primer gobierno dictatorial. Hizo edificar un templo al sol con grandes piedras traídas de diversas regiones; este templo se hizo en el lugar que hoy ocupa la Universidad en Tunja. Según la tradición, Goranchacha profetizó la venida de una raza extraña, la cual esclavizaría al pueblo chibcha por haber olvidado las enseñanzas de Bochica.

Otras leyendas indígenas encontramos en Boyacá: La leyenda de Furatena en el territorio de los Muzos y las esmeraldas, alrededor de los cerros que fueron adoratorio de los chibchas. La leyenda de Huán en el templo de Iraca; la leyenda de Azay, la leyenda de la princesa Anachué, la leyenda de Tomaghata o el cacique Rabón, la leyenda de Idacansás en Sogamoso; las leyendas de los Laches y de los Boches hacia el norte de Boyacá y otras.

Otras leyendas populares de Boyacá surgieron en los siglos de la Colonia alrededor de narraciones extraordinarias e históricas en la antigua provincia de Tunja. Unas se presentan como proyección de leyendas universales como es el caso del Judío Errante; otras surgieron de acontecimientos históricos que hicieron impacto en el Nuevo Reino, como fué el caso de la famosa Calle del Arbol alrededor de los crímenes de Doña Inés de Hinojosa.

La Leyenda del Judío Errante en Tunja aparece desde finales del siglo XVI. Se trata de la visita que hizo Ahseverús el judío de los tiempos de Jesucristo, quién según la leyenda universal que se ha ubicado en muchos lugares del mundo, gritó a Jesús en el camino del Calvario "anda", cuando el nazareno quiso sentarse en una piedra. El Maestro le dijo "Anda tú, anda hasta cuando yo vuelva, hasta el fin de los tiempos". Y desde entonces anda por todo el mundo, representando en su imagen la figura andante del pueblo judío.

En Tunja la leyenda del judío errante está en relación con la escultura del judío de la Iglesia de Santo Domingo que sale en las procesiones de Semana Santa; una escultura esculpida con la del Nazareno en los mediados del siglo XVI en Tunja. Creían los novicios del convento que el judío salía en las noches a hurtadillas de su celda y recorría los claustros del convento y robaba alimentos; creían asimismo que la estatua volvía repentinamente la cabeza y clavaba miradas tenebrosas e infernales; asimismo que lo encontraban sentado y llorando escondiendo la frente entre los brazos. Cuenta la leyenda colonial que un viernes santo el Padre Luis recibió la visita de un viajero, quien le preguntó por la estatua del judío de Santo Domingo. El viajero y la estatua vestían de la misma manera y entablaron un diálogo de reconocimiento en el cual el viajero resultó ser Ahseverús el judío errante, quién siguió su camino con paso lento y cansado hasta la consumación de los siglos. (46)

La Leyenda de Doña Inés de Hinojosa (O Manrique), aparece desde 1571 en la presidencia del Nuevo Reino realizada por Andrés Díaz Venero de Leiva. Doña Inés de Hinojosa era una venezolana ardiente y apasionada que está envuelta en el uxoricidio de sus dos esposos. El primero don Pedro de Avila fué asesinado en Carora (Venezuela) en confabulación con su amante Jorge Voto, profesor de música y baile. Los amantes se localizaron definitivamente en Tunja, en donde de nuevo la apasionada Doña Inés se prendó de don Pedro Bravo de Rivera, con quien planeó el asesinato de su segundo esposo.

El asesinato de Jorge Voto fué un escándalo general en el Nuevo Reino, el cual hizo trasladar a Tunja al Presidente Venero de Leiva. Los autores del asesinato surgieron en la investigación: uno intelectual, Doña Inés y tres de hecho, Pedro Bravo de Rivera, Hernán Bravo y Pedro de Hungría. Doña Inés fué ahorcada pendiente de un frondoso arrayán, en la que desde entonces se llamó en Tunja la "Calle del Arbol"; Pedro de Rivera y Hernán Bravo fueron, degollado el primero, y ahorcado en la picota él segundo. Esta narración fue relacionada por el cronista Juan Rodríguez Freyle en su obra "El Carnero", y aparece como leyenda en Tunja en la famosa "Calle del Arbol". (47)

 

 

 

c. Las Creencias y supersticiones populares en Boyacá.

 

Las creencias populares nos indican las actitudes de compromiso de las gentes ante determinados hechos concretos que se consideran dignos de una aceptación verdadera. Las creencias crean una actitud mental que sirven de base a la acción voluntaria y lleva a los individuos a una actuación enérgica. No importa tanto la imagen externa que se percibe, sino la convicción en la veracidad de determinados hechos concretos, los cuales son alimentados por mediquillos, curanderos, parteras, brujos y gentes en general que colaboran en hacer supervivientes aquellas expresiones del pasado que se presentan como "creencias populares" legadas de los antepasados.

Los Chibchas de Boyacá eran sumamente supersticiosos; en la misma forma que los españoles. El Oidor Juan de Valcárcel en un informe que envió al Rey de España Felipe IV expresó sus conceptos sobre las gentes de la provincia de Tunja:

 

 

"Si por la mañana oyen cantar la guacamaya o papagayo,
se pronostican adversidades aquel día. Si arrulla la
tórtola encima de alguna casa, toman indicio de muerte
de alguna de ella. Si de noche ven u oyen alguna zorra,
anuncian mortalidad de muchos. Si canta el pájaro
valdivia donde hay enfermo, los indios tunjanos tienen por
infalible su muerte. Si entra culebra en alguna casa,
da por muerte al dueño de ella".

Comentó asimismo Valcárcel que en Tunja en la Noche de San Juan los campesinos barrían la casa, quemaban la basura y con ceniza ensuciaban al niño más pequeño; al amanecer lo llevan a lavaren la fuente o quebrada más cercana. (48)

Los brujos en Boyacá tenían el nombre de cucacuyes en la colonia. Muchos campesinos boyacenses acudían en sus necesidades de enfermedad, muerte o hambre al jeque o brujo, quien ayunaba rigurosamente, comiendo únicamente un poco de ají y tomando por las narices la hoja o fruto de un árbol que llamaban "yopa", con el cual se desvanecían y respondían como oráculo a lo que se les preguntaba. En Oicatá los indios guardaban ídolos de piedra para sus ceremonias religiosas. En Onzaga cuentan los españoles que los campesinos adoraban un hueso de un mohán, debajo del cual colocaban en Santo Crucifijo. Creían los campesinos que adorando el hueso y el Santo Cristo tendrían salud y buena cosecha.

En el municipio de Chita cuentan que los campesinos, descendientes de los indios laches acostumbraban un juego llamado "moma", en el cual los indios salían desnudos, cubriendo solo el sexo. Antes de ir al juego, los indios ayunaban y hacían sacrificios a sus ídolos incensándolos con una fruta de fuerte olor llamada "moche" y ofrecían plumas de guacamayos y otros pájaros. En el juego los indios peleaban sin armas y con la mano solamente hiriéndose fuertemente procurando rendir uno al otro. Después de este juego ceremonial, consultaban al jeque, quién en premio al vencedor daba la mujer del vencido.

Venero inagotable de supersticiones y creencias nos trajeron los españoles, a pesar de sus quemaderos de la "Santa Inquisición". Ellos trajeron a Boyacá las creencias en las "brujas", profesión muy socorrida y muy frecuente en la colonia; recordamos la célebre bruja Juana García, que parece ser la antoñona de las brujas colombianas; de ella tomaron ejemplo las que surgieron en Tunja, Cartagena, Popayán, Santafé y otras ciudades. Desde un principio las brujas conformaron su profesión de muy variada forma: Unas se dedicaron a los maleficios, como el mal del ojo; otras a los enyerbamientos, y a dar la "dulce toma" y la "tonga", aun superviviente en algunas veredas boyacenses. Otras se dedicaron al negocio del amor, al manipuleo de las cartas y al "quereme" de las bebidas con unturas y soplos. Otras se dedicaron a la venta de oraciones para triunfar sobre el amor y sobre los enemigos; oraciones para encontrar tesoros ocultos; contra maleficios, enyerbamientos o tomas; para quienes salen de viaje; para "maliar" a los cristianos poniendoles coto, carate, alimañas en el estómago de sus víctimas, etc.

Estas creencias y supersticiones que trajeron los españoles se mezclaron con las chibchas y las encontramos entre los actuales campesinos boyacenses. Las enfermedades son atribuídas por lo general a brujerías y maleficios; el enflaquecimiento lo atribuyen los campesinos boyacenses a la bebida que sin duda alguna les dieron, mezclada con tierra del cementerio o pedazos molidos de un difunto disecado o parte de huesos de difunto.

Algunos campesinos creen en el maleficio para las personas rezándole a un muñeco con el nombre de quién deba enfermar. Utilizan el credo al revés y numerosas oraciones que se han transmitido por tradición; toman un puñal y hieren repetidas veces al muñeco, el cual generalmente está hecho con los tallos de plátano. En algunas ocasiones, cuando se conoce la bruja que hizo el maleficio, le pagan fuertes sumas para que deshaga el hechizo. Esto es lo que se llama generalmente "rezar a una persona" y "hacerle malejicio". Algunos creen que con los maleficios se introducen gatos en el estómago, u otros animales como el sapo.

Las curanderas hacen el diagnóstico de las enfermedades y determinan si presentan maleficios. En algunos casos lo fuman con tabaco arrojando el humo sobre la cabeza del paciente y aplican tabaco masticado en diversas partes del cuerpo, acompañando todo esto con sus rezos. Una curandera de Soracá dicen los campesinos, curó una niña ciega echándole en los ojos tabaco masticado, con zumo de yerbabuena y tres pepitas de salvia.

Numerosas creencias encontramos entre los campesinos boyacenses que influyen en muchos aspectos de su vida. La luna tiene para el campesino grandes poderes sobrenaturales, tanto sobre los seres humanos, como animales y plantas; la locura y el reumatismo empeoran en la luna nueva; los bueyes recientemente castrados son colocados bajo techo de noche, pues de lo contrario los rayos de la luna infectarán sus heridas.

Para el campesino boyacense el "canto de la mirla" es presagio de lluvia inminente; mientras que el canto y el vuelo del copetón es signo de que la lluvia va a cesar. Cuando las plantas de papa y arveja tienden a cerrar sus hojas, y a señalar hacia arriba, también se interpreta como señal de que la lluvia viene.

Entre los campesinos boyacenses existe la creencia en las cabañuelas, una costumbre muy europea, según las cuales los doce primeros días de enero son indicaciones sobre el clima en los doce meses venideros. Así, si llueve en el segundo día de enero, se espera que febrero sea un mes de lluvias, y sucesivamente los demás días representan en orden sus respectivos meses.

Las fases de la luna reciben también especial importancia para la siembra de ciertas semillas y para la cosecha de otras. En algunos campos colocan cruces para asegurarse que tendrán buenas cosechas, en especial en mayo en la fiesta de la Santa Cruz.

Entre los campesinos boyacenses existen las "contras" o talismanes para el "mal de ojo". Pueden ser monedas antiguas o perforadas, pulseras de alambre o cobre, corales, azabaches, ópalos, piedras de río, etc.

Los campesinos hablan con frecuencia de los entierros; muchos creen que las almas que escondieron sus joyas y dinero aparecen de vez en cuando como luces verdosas encendidas con esperanza de revelar el lugar del entierro. Se cree que tales espíritus no descansan en paz mientras sus tesoros no sean descubiertos. Creen también que cuando encuentran los entierros, el aire encerrado que se escapa cuando los cofres son desenterrados, mata a los seres humanos; así dicen "lo flechó la plata".

Algunas creencias folclóricas encontramos en la vida familiar de nuestros campesinos. En el embarazo, los antojos de la mujer deber ser complacidos si no se quiere que el niño tenga defectos cuando nazca; las comadronas o parteras son las que ayudan generalmente en el parto.

Las creencias sobre la MEDICINA POPULAR y la herbología son la base fundamental para las curaciones. Los campesinos boyacenses creen con fervor en los yerbateros, curanderos y mediquillos. Un tipo popular es la "medicina mágica" con la cual se busca el origen de la enfermedad y se señalan lugares que transmiten enfermedades; en Boyacá los nacimientos de agua y las lagunas pueden llevar graves enfermedades; otras enfermedades surgen de los hechizos o maleficios; otras como hidropesía, surgen de algunos animales cuyas secreciones constituyen el agua que se extrae del individuo enfermo. El asma se atribuye al pelo de los gatos; la lepra se origina cuando se toma un baño mientras se está sudando; la fiebre es siempre señal de enfermedad caliente. (49)

La medicina popular tradicional presenta una gran difusión en Boyacá; se relaciona con el curanderismo y el yerbaterismo que tienen hondas raigambres indígenas y españolas. Algunas plantas fueron utilizadas por los chibchas para sus enfermedades señalando entre ellas: el yantén para las afecciones del riñón y el mal de ojo; el limoncillo como vomitivo; el guaco para las enfermedades femeninas; la albahaca para matar gusanos producidos por las moscas en cualquier parte del cuerpo; el sen como sudorífico, etc.

Las coplas populares de Boyacá nos indican las costumbres medicinales de los campesinos. Para las enfermedades del hígado las gentes creen en el sen, llantén y la chireta, como así nos lo expresa esta copla boyacense:

 

 

"El hígado es una vaina
si te soba, dáles "sen";
y si te sigue sobando,
dále "chireta" y "llantén".

Contra la bronquitis y la tos los boyacenses acostumbran "el malvisco" en bebidas calientes; asimismo es importante la flor de cerezo. Dice la copla:

 

 

"Malvisco y flor de cerezo
es lo güeno pa la tos;
al pecho se entra el "malvisco"
y a los pulmones la flor".

Para los enfriamientos los campesinos acostumbran el sudor de "toronjil", así dice la copla:

 

 

"Si tás malita y te mojan
estas llovisnas de abril,
que te den entre la cama,
un sudor con toronjil".

Para los dolores de muelas acostumbran la "chicoria", leche, linaza y limón, como dice la copla:

 

 

"Cuando te duelan las muelas
y te pongas cachetón,
hacé buches de "chicoria"
leche, linaza y limón".

Para los dolores de estómago acostumbran la raíz de manzanilla y las hojas de yerbabuena; para la fiebre, usan la verbena; para los cálculos en el hígado las almendras de níspero.

Las llagas son cubiertas con pedazos de calabazo o "totuma" que aseguran con fique en la pierna enferma; aconsejan el zumo del zaúco. Para el corazón recomiendan la mata de perejil; para los riñones el agua de la cerraja; para la indigestión el ají chiquito y el tabaco, y así para cada una de las enfermedades.

Estas muchas creencias, supersticiones y formas diversas de la medicina popular encontramos entre los campesinos boyacenses; unas de origen chibcha y otras de origen español, modificadas muchas de ellas de acuerdo con el tiempo y las circunstancias.

(43) Orlando Fals Borda, "CAMPESINOS DE LOS ANDES", op. cit. P. 234 - 235.
(44) Ramón C. Correa, "HISTORIA DE TUNJA", Tomo II, op. cit.
(45) Sobre las leyendas en Boyacá, consúltense las siguientes obras: Julio Roberto Galindo, "BOYACÁ EN LA LEYENDA INDIGENA "(Tunja), Impr. Departamental, 1965; Jesús A rango Cano, "MITOS, LEYENDAS Y DIOSES CHIBCHAS'; Bogotá, Plaza y Janés, 1976; Max López Guevara, "LEYENDAS INDIGENAS", Tunja, U.P. T. C. Elvira Sarmiento de Quiñones, "LEYENDAS DE LOS BOCHES", Tunja, Imprenta Dptal, 1939.
(46) Rosa María Otálora de Corsi, "AMBIENTE TUNJANO". op. cit.
(47) Rubio y Briceño "TUNJA DESDE SU FUNDAClON HASTA NUESTROS DIAS", op. cit., p. 103.
(48) Ulises Rojas, "COSTUMBRES, RITOS Y AGUEROS DE LOS INDIOS DE LA PROVINCIA DE TUNJA" En: "Repertorio Boyacense" (Tunja), Nos. 227 - 228 (1963), P. 227- 228.
(49) Sobre la medicina popular en Boyacá, consúltense los estudios: Octavio Quiñones Pardo, "BOTIQUIN FOLCLORICO DE BOYACA" En: "Revista de Folklore" (Bogotá), No. 2 (1947), p. 147 - 151. Virginia Gutiérrez de Pineda, "LA MEDICINA POPULAR EN COLOMBIA" Bogotá, Univ. Nacional, 1961.

 

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