Situación Crítica
La situación se ponía crítica. Las reservas de las provisiones se
agotaban paulatinamente. De las 16 vacas sólo quedaba una que a
duras penas se mantenía de pie y que fue trasladada a la orilla
para pastar. Pero después del ayuno que había durado dos semanas el
animal no tenía fuerzas para arrancar la hierba la vaca la olió,
respiró y cayó al suelo. La degollaron apresuradamente, pero
ninguno de nosotros tocó el asado hecho de su carne la gente decía
que la carne era dura como el cuero. Nos abastecimos de nuevo con
la ayuda de una lancha motora que pasaba río abajo y que estuvo
devuelta dos días más tarde. Se pagaron grandes sumas de dinero y
la lancha con algunos de nuestros compañeros de viaje se dirigió
hacia Puerto Berrío, la primera estación de ferrocarril de
Antioquia.
Se suspendió el funcionamiento de los hornos a la espera que el
nivel del agua subiera y pudiéramos continuar el viaje. Como
resultado de esto, fuimos privados de la electricidad, los
ventiladores y el hielo. Se incrementó el número de mosquitos por
la tarde y el calor sofocante de la noche tropical se hizo
insoportable.
Tratábamos de pasar el tiempo realizando excursiones al bosque
cercano recorriéndolo en todas las direcciones en un radio que
permitía regresar a la parada el mismo día. No nos arriesgábamos a
ausentarnos por mucho tiempo, porque el nivel del agua podía subir
durante la noche y el barco podría continuar su marcha.
De vez en cuando algunos pasajeros abordaban una lancha motora que
transitaba y subían río arriba, pero el nivel del río descendió
tanto que las lanchas también encallaban. Por fin el río empezó a
crecer lentamente. Un día un barco paso sin detenerse, esquivando
con éxito el banco de arena que nos cerraba el paso y desapareció.
Nosotros también hicimos un intento, pero fracasamos y tuvimos que
devolvernos al mismo lugar. Cuando el agua subió lo suficiente el
río recobro la vida. A nuestro alrededor una docena de barcos que
estaban encallados un poco más arriba que nosotros empezaron a
bajar. Nuestro barco también emprendió la marcha, pero no fue por
mucho tiempo, dentro de dos días se atascó nuevamente por tres
días. Después de haber salido de Barranquilla hacía un mes, por fin
llegamos a Puerto Berrío.
Esta pequeña ciudad surgió hace poco, cuando desde aquí hasta la
capital del Departamento de Antioquia, Medellín, fue construida la
vía férrea. Un lujoso hotel que estaba situado en una montaña, se
elevaba sobre toda la localidad. El hotel pertenecía a un alemán y
ofrecía un confort de primera clase. Algunos de los aburridos
pasajeros se trasladaron allí mientras el barco permanecía
parado.
Veinticuatro Hermanos de Sangre
La ciudad consistía de una plaza y tres calles, dos de las cuales
eran habitadas por prostitutas. Los
comerciantes de las tiendas que resultaron ser unos sirios y a los
cuales se les llamaba "turcos" se
asemejaban por su aspecto oriental a nuestros hombres caucásicos.
Las calles eran sucias y
polvorientas, las edificaciones eran unas miserables chozas. Pero a
esta ciudad se le auguraba un
espléndido futuro. El Departamento de Antioquia es uno de los más
prósperos del país, y compite
económicamente con el centro. Incluso sueña con quitarle el poder
político a la capital. A los
antioqueños se les conoce como la población más emprendedora y
trabajadora en Colombia. Aquí
prosperan la agricultura, el cultivo del café, la minaría, la
industria y el comercio. Las facciones de la
gente son hermosas, del tipo judío. La población se caracteriza por
eficiencia, lo que no se puede
decir sobre los descendientes de los colonizadores españoles. Las
familias son numerosas, con diez o
doce hijos. Un inglés me contó que en una ocasión le prestaron
veinticuatro hermanos de sangre. En
el Departamento abundan los nombres geográficos de origen bíblico
lo que lleva a la divulgada
versión de que los primeros blancos que poblaron estas tierras
fueron los judíos expulsados de
España y convertidos al cristianismo. No se sabe si eso es cierto o
no pero la población de Antioquia
está en la vanguardia según la opinión de los que la conocen bien y
todas las esperanzas se ponen en
ella en el sentido de la salvación del país del letargo y la
crisis.
El Carácter Caucano
Los habitantes del vecino Departamento del Cauca son de carácter
totalmente distinto. La clase baja trabajadora, principalmente los
negros, son muy laboriosos y bastante inteligentes. La clase alta
está representada por los descendientes de los españoles de linaje
bastante noble. Los caucanos son de carácter despierto, entusiasta,
noble, pero están privados de perseverancia y espíritu práctico.
Los caucanos le dieron a Colombia muchos hombres distinguidos:
políticos, escritores y científicos, pero la agricultura, la
industria y el comercio están en las manos de los
antioqueños.
Los habitantes del Tolima, río Magdalena más arriba, son otro tipo
de gente bastante particular. El tolimense lleva en sí mucha sangre
indígena; él es fuerte, resistente, magnífico jinete, audaz
ganadero pero no es un práctico hombre de negocios. Aquí al
comercio, y en general todo lo que exige iniciativa y eficiencia,
está en manos del hombre antioqueño.
En Puerto Berrío se está construyendo una extensa ciudadela
petrolera. Las bodegas del desembarcadero estaban abarrotadas de
mercancías y en todo se percibía una febril actividad de un futuro
y vivo despertar del país, se levantaba de su letargo y de la
rutina.
El Reinado de las Frutas
Después de haber pasado varios días aquí, alcanzamos sin demora la
Dorada. Río arriba la navegación se suspendía debido a los rápidos
del Beltrán. En esta parte del camino tuvimos que continuar por vía
férrea en estrechos vagones repletos de gente. El paisaje aquí
cambiaba bruscamente. El río Magdalena corría por un estrecho
desfiladero mientras nuestro ten se elevaba por una meseta
montañosa cubierta de una árida sabana.
A nuestro alrededor se extendían unos extensos y verdes espacios
mezclados con grupos de árboles y arbustos de clima árido.
Solamente a lo largo de los ríos había una vegetación exuberante, y
en lugares aislados se "veían hermosas palmas pinatífidas.
De los frutos de esta palma se extrae un excelente aceite, y de los
brotes frescos e inflorescencias se prepara vino de palma.
En las estaciones había abundancia de frutas: pinas, grandes y
jugosas naranjas, papayas, zapotes y muchas más. Muchachos morenos
y avispados corrían por los vagones ofreciendo cerveza y refrescos
que estaban tibios y que nos provocaron náuseas. El calor era
insoportable y solamente las naranjas calmaban un poco la sed. En
el país reinaba la sequía y nuestro tren levantaba nubes de polvo
al pasar. Esta polvareda tornaba nuestros trajes claros en
grises.
Llegamos a Beltrán al anochecer. La estación no estaba alumbrada y
estábamos sentados en plena oscuridad, mientras uno de nuestros
compañeros buscaba un refugio para pasar la noche. Esta vez nuestro
"hotel" era una pobre choza con piso de tierra y
paredes de bambú. Ocupamos dos cuartos y después de este día tan
agitado nos dormimos profundamente en camas de lienzo.
Un día más de viaje en barco y por fin nos encontramos a las
puertas de la capital, en un pueblo llamado Girardot. Nos esperaba
una subida de ocho horas en ferrocarril hasta una altura de 2000
metros.
Aquí en un hotel relativamente confortable pudimos quitarnos el
polvo, cambiarnos la sucia vestimenta y variar el menú.
