Los Indígenas Como Animales de Carga


En la provincia uno recordaba las palabras de un inglés que decía: "en Colombia el régimen es democrático, el gobierno es despótico, pero el pueblo es libre como en ninguna parte. Aquí claramente se manifiesta la verdadera democracia de la raza española y se borra superficialmente las diferencias entre las clases". Sin embargo, los contrastes en la capital son extremadamente marcados. Del mismo modo son excesivas las diferencias entre la capital y sus alrededores.

La población indígena local, que representa a los antepasados de los anteriormente ricos y poderosos Chibchas y Muiscas, es trabajadora, poco emotiva, religiosa hasta la idolatría y la superstición. Un indígena quiere mucho a su terruño y a su tierra natal. Toda su fuerza está en las piernas, la espalda y el cuello. Es un admirable trabajador de carga y su resistencia es sorprendente, especialmente cuando camina con su paso mesurado durante horas sin descanso ni tregua llevando una carga de hasta 150 kilogramos en su espalda. Esta carga se sujeta a la espalda con una ancha correa sostenida en la frente. El indígena mantiene sus fuerzas con escasa comida pero consume chicha en abundancia. Se dice de él que es un soldado admirable, pero carece de iniciativa y no es capaz de realizar una hazaña. Jamás retrocede y está dispuesto a morir defendiendo su puesto en tiempos de victoria o sufriendo la derrota.


El Lago de la Leyenda


Cerca de Bogotá están situados los famosos lagos sagrados de los dueños anteriores del país Chibchas. Aquí surgió la leyenda de El Dorado. Uno de los cronistas españoles contó una interesante versión de esta leyenda. Esta tribu tenía la costumbre de preparar el heredero del trono de una manera especial. El elegido siempre era un sobrino del soberano. Durante seis años pasaba sus días en un sótano del que podía salir únicamente a la luz de la luna y las estrellas, y regresar antes de la salida del sol. No podía ver a las mujeres ni hablar con ellas, ni comer carne o pimienta ni otros productos prohibidos.

Después de este prolongado ayuno, subía al trono y su primera acción era dirigirse al lago y ofrecer un sacrificio a los dioses. Una balsa especialmente construida y adornada para la ocasión, y que llevaba cuatro fogones donde ardían inciensos de mezclas de diferentes resinas aromáticas, esperaba al soberano. Ante los ojos de miles de personas vestidos con ropas de vivos colores y adornadas con plumas y oro, se lo desnudaba, luego se lo untaba con arcilla y se lo cubría con polvo de oro. A las orillas del lago se encendían muchas hogueras cuyo humo tapaba el sol. El hombre cubierto de oro entraba en la balsa llena de oro y esmeraldas y se dirigía hacia el centro del lago seguido por una comitiva suntuosamente vestida. Desde la balsa se hacía una señal con una bandera blanca para imponer el silencio, mientras el monarca lanzaba a las frías aguas la preciosa carga. Después de esto él regresaba a la orilla al son de la música. Los aventureros, inclusive en los últimos tiempos trataron de sacar las legendarias riquezas del fondo del lago. Hubo casos en que se organizaron campañas para dragar el fondo y como resultado de estas búsquedas se hicieron hallazgos arqueológicos interesantes pero se encontraron pocas joyas. Los gastos de las exploraciones no pudieron ser cubiertos por los descubrimientos.


El Tequendama Entre Capillas


Otro lugar interesante en las afueras de la ciudad es el Salto de Tequendama, que se precipita desde una altura de casi 130 metros, unas tres veces más alto que las cataratas del Niágara. Las aguas caen sobre la roca donde han formado una inmensa hondonada. Las aguas de las cataratas al caer se desvanecen en diminutas gotas y se evaporan. La ciudad de Bogotá se extiende al pie de dos montañas en cada una de las cuales hay una capilla. Las calles son rectas y están enumeradas en lugar de tener nombres. Estas calles son longitudinales y las carreras son transversales. La numeración de las calles fue introducida recientemente y es en cierto modo un tributo a los Estados Unidos.

En la capital hay una universidad con las siguientes facultades: derecho, medicina e ingeniería. Entre los profesores hay varios extranjeros principalmente suizos. A pesar de que las riquezas del país están en la agricultura y la minería, no existen establecimientos de enseñanza superior en estas ramas.

Es interesante mencionar una completa indiferencia hacia las ciencias naturales. En cambio un instituto teológico fundado en 1654 prospera y hasta el presente es fiel a sus tradiciones filosóficas. En general la influencia clerical en cuestiones de la educación pública es excesivamente fuerte. Todos los colegios misioneros están en manos del clero, sobre todo en los supuestos territorios indígenas. De las cerca de cuatro mil escuelas primarias, la mayoría está bajo su dominio. El instituto de La Salle, que es un liceo católico dirigido por hermanos cristianos franceses, es la escuela secundaria más aristocrática de la ciudad. Es más, es el único establecimiento donde se interesan por las ciencias naturales y que además posee un buen museo de la flora y fauna locales aquí existe incluso la sociedad científica de las ciencias naturales, única en el país y que edita su propio periódico.
 

Entre los Libros y el Dólar


En la biblioteca pública se encuentran muchas valiosas y antiguas ediciones en historia y teología. En cambio las ciencias naturales están representadas escasamente. La educación artística, en especial el conservatorio, está bien organizada. Los colombianos son amantes de la música y ellos conocen y aprecian a nuestros compositores tales como Scriabin, Glazunov y Stravinski. Desafortunadamente el teatro es sustituido por el cine casi por completo. Recientemente fue cerrado el teatro de la opera francesa. El buen gusto musical disminuye por la influencia de la música mecánica de la pianola, que desde los Estados Unidos inunda a la América Latina.

Desde luego casi todos los productos son de origen norteamericano, excepto la cerveza bebida preferida de los Colombianos, que se fabrica por las empresas locales. A pesar de la fuerte influencia de los Estados Unidos sobre el país, ellos conquistan sólo por el poder del dólar. La población culta siente simpatía por la vieja Europa, con la cual mantiene vínculos espirituales y culturales. Allí estudia la juventud colombiana que no encuentra satisfacción en la educación escolástica del clero. Raramente un hombre educado no habla el francés. El interés hacia nuestro país se manifiesta en grado considerable. En todas las librerías se consigue no solamente las traducciones de nuestros clásicos de la literatura sino también de muchos escritores de la revolución. Se pueden conseguir las obras completas de Vladimir Lenin. La clase trabajadora, al igual que los indígenas se encuentra atraída por la doctrina comunista. Poco antes de nuestra llegada a Colombia el gobierno expulsó a un hombre ruso que era sospechoso de hacer propaganda comunista. Los trabajadores de Girardot lo aclamaron con una gigantesca manifestación que provocó una gran alarma entre los gobernantes.

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