La Cerbatana Mortífera
Los Correguajos viven en pequeños clanes. En la aldea de Jetucha
hay solamente nueve chozas. Las viviendas son solamente de una
planta de doble techo hechos hábilmente de hojas de la palma enana.
Dentro de las casas se cuelgan de un poste al otro las hamacas
donde descansan de día y duermen de noche. Aquí mismo se colocan
modestos objetos de uso doméstico.
Los hombres principalmente son cazadores de presas pequeñas y de
peces. Las armas consisten de una cerbatanas, lanzas y arcos. Hoy
en día usan también machetes traídos de Alemania. La cerbatana es
un tubo de hasta tres metros de largo hueco en su interior que se
hace del tronco de una palma. En un extremo hay una superficie de
boquilla, en el otro está la mira. Una delgada flecha se introduce
del lado de la boquilla, un extremo de la cual se envuelve con
fibra de un árbol. Los labios aprietan la boquilla, la cerbatana se
orienta hacia el blanco y con un rápido y corto soplo la flecha se
expulsa. Esta flecha parece ser inofensiva pero lleva la muerte
consigo ya que su extremo está untado de un veneno mortal llamado
curare. No todas las tribus saben preparar dicho veneno, por
ejemplo los Coreguajos que lo adquieren a otras tribus. Inclusive
en estas tribus el proceso de la elaboración del veneno es un arte
secreto conocido sólo por unos pocos. Uno de los componentes
importantes es el jugo de una planta cercana a aquélla de la cual
se extrae la estricnina. Se le agregan otros ingredientes como por
ejemplo el ají picante, los colmillos de las serpientes, etc.
Muchos de estos ingredientes tienen más bien un significado ritual
en la ceremonia religiosa a la cual pertenece la elaboración de
curare.
Los indígenas prefieren la cerbatana para la caza menor ya que esta
es silenciosa. Al encontrar un grupo de monos o una banda de
guacamayas el cazador puede conseguir varias presas sin asustar a
los otros. Es importante anotar que ningún indígena dispararía a un
hombre o a un animal si este no está destinado para la comida.
Según las creencias el arma perdería la fuerza de cazar. Para cazar
grandes animales tales como jaguares, tapires, pecaríes o cerdos
salvajes las flechas de la cerbatana no llevan suficiente veneno
como para matarlos y se usan lanzas. El cuerpo de la lanza se
elabora de bambú ligero y la punta se hace del mismo bambú y de la
madera de otros árboles. En los arroyos y los ríos hay abundancia
de peces. Los nativos van de pesca con una lanza o, con más
frecuencia, con un arco. La punta de la flecha se une con el asta
con una larga y resistente cuerda que se enrolla en él. Cuando la
flecha da en el blanco la cuerda inmediatamente se desenrolla del
eje de la lanza y el pez se saca con facilidad. Nos obsequiaban
diferentes tipos de pescado conseguidos de esta manera.
Frutas, Semillas, Raíces y Mujeres
La comida de origen animal es relativamente escasa entre los
indígenas. Los productos vegetales ocupan un lugar considerable en
su menú. Una parte de ellos, como diversos frutos, semillas
comestibles y raíces, se consiguen directamente en el bosque.
Algunos alimentos son cultivados tales como el maíz, la pina, la
yuca y el ají picante. La caña de azúcar fue adoptada en los
últimos tiempos de los blancos.
La agricultura está muy mal desarrollada. El cultivo de plantas
está distribuido entre hombres y mujeres. Según las creencias
religiosas de los indígenas, las plantas igual que los animales
poseen alma. Además, unos tienen un alma masculina o femenina. A
los hombres les corresponde la preparación del terreno, la tala y
la quema de árboles. En cambio las mujeres cuidan ciertos cultivos
como el banano, que según ellos tiene alma femenina. Los hombres se
encargan de otras plantas a las que pertenecen los estupefacientes
como la coca, el yagé, etc.
La mujer indígena lleva todo el peso de las labores domésticas.
Ella trae el plátano y la yuca de las plantaciones, habitualmente
alejados de la aldea. Con la ayuda de sus hijos prepara el casave.
Los Correguajos lo preparan de un modo distinto que los Huitotos.
Los tubérculos remojados se trituran en una tabla plana con la
ayuda de un mazo hecho de barro. La masa triturada se coloca en
unas trenzas tejidas de la corteza de una planta llamada guarumo.
Estas tienen forma de cilindro y a medida que se van llenando
empiezan a alargarse gracias a su elasticidad. Un extremo de la
prensa se cuelga a una viga. En la otra punta se ajusta un palo.
Dos o más personas se sientan en los dos extremos del palo y con el
peso de sus cuerpos exprimen el líquido. La masa exprimida se seca,
se amasa y de ella se hacen unas tortillas bastante gruesas que se
asan en unas planchas de barro. Si comparamos el casave de los
Huitotos y los Correguajos podríamos hacer un parangón con el
lavash del Cáucaso y con el churek de los tártaros.
Las mujeres se dedican al oficio de alfarería y a la elaboración de
unas finas y resistentes hamacas tejidas de fibra de la palma
cumare. Las hamacas se tejen utilizando un método muy original: sin
hacer nudos y por eso son extraordinariamente elásticas y muy
cómodas.
La ropa es una camisa relativamente corta con un gran escote y
mangas cortas. Esta vestimenta lleva el nombre de cusma y se cose a
mano. Probablemente no está lejos aquél momento en que aquí llegue
la famosa "Singer". Nosotros ya hemos visto a un
representante de esta firma en Florencia.
Basados en la literatura existente se cree que los Correguajos
pertenecen a las tribus más salvajes y crueles. Esto es inaplicable
a los que conocimos en la aldea Jetucha. Por el contrario, son
amistosos, serviciales pero algo reservados, yo diría que estaban
prevenidos contra los blancos. Al leer el "libro rojo
sobre Perú" que causó tanta sensación en cierta época y
que fue el resultado de una investigación internacional de las
crueldades cometidas contra los indígenas y colonos en las zonas
caucheras del alto Amazonas por las bandas de los cómplices del
senador peruano Arana, comprendemos esta desconfianza. Las páginas
sangrientas de este libro narran sobre los recolectores de caucho
quienes hasta los últimos tiempos se encontraban bajo una cruel y
perpetua esclavitud de los mandatarios del monopolista de la
industria cauchera, que había recibido del gobierno peruano como
privilegio ilimitados espacios de los bosques amazónicos.
