FAMILIA AFROCOLOMBIANA Y CONSTRUCCION TERRITORIAL EN EL PACÍFICO SUR, SIGLO XVIII




Mario Diego Romero

Profesor Universidad del Valle.

INTRODUCCIÓN

Hasta hace pocos años, y a pesar de algunas investigaciones, por lo menos de las dos investigaciones pioneras sobre familia afrocolombiana del pacífico, las de Virginia Gutiérrez de Pineda 1 y de Nina S. de Friedemann,2 algunas investigaciones en Colombia sobre la familia veían la formación de familias y parentescos de los afrocolomhianos a partir de la abolición de la esclavitud. Parecía como si un proceso jurídico le hubiera dado sentido y estructura a una organización de parientes 3 que antes habían estado atomizados y sirviendo como simples instrumentos de trabajo. En ocasiones no se distinguía la formación de familias afrocolombianas del Pacífico en los estudios de familia colombiana, pues parecía como si la Historia de las familias sólo hiciera referencia a aquellas de una sociedad mestiza y criolla, es decir parecía un olvido, quizás voluntario, de las familias afrocolombianas 4. Detrás de esos olvidos parece que prevalecía un concepto de que las de los afrocolombianos del pacífico aún no alcanzaban status de familia en el período colonial, por su condición de esclavos, lo cual les ponía en condición de "inestables y sin organización definida". Entre los mineros de Guelmambí, Nina S. de Friedemann hizo planteamientos radicalmente contrarios. Señaló que la organización familiar de estos mineros tenían sus orígenes no solo en las primeras generaciones de mineros que en condición de esclavos fueron introducidos allí, sino que además tenían fuertes nexos con características de estructura familiar africana. En condiciones de control esclavista y en territorios americanos de la selva húmeda tropical y con vínculos con la producción minera artesanal, los mineros de Guelmambí reconstruyeron y produjeron familias a partir de lo que la autora denominó proceso de adaptación étnica, lo que produjo los troncos de descendencia y ramajes de parentesco.

En frente a la condición de esclavos y a una estructura esclavista que intenta negar toda posibilidad de reconocimiento de parientes y de arraigo a los territorios, en un trabajo intenté delinear los perfiles de poblamiento en la Costa Pacífica de tal manera que se encontró con que tal poblamiento estaba definido por la formación de familias desde el mismo momento de vinculación de esclavos a las actividades mineras.5 Los esclavos se hicieron parientes más allá de la simple reproducción biológica del grupo, siendo lo más definitivo los reconocimientos sociales de los integrantes de un grupo de trabajo como integrantes de una comunidad. Así el parentesco sobre las crías se definió no por el reconocimiento del padre biológico, sino por la responsabilidad e identidad con el nuevo integrante como comunidad. Si bien una madre biológica define su línea sanguínea con la cría, cuando las crías hembras llegan a edades de reproductoras, serán co-madres con respecto al grupo de la comunidad. Al rededor de las co-madres, se establece un círculo de co-padres, siendo el principal referente obviamente los hijos.

Estos procesos son complejos de esclarecer y de comprender si no se está provisto de cierto conocimiento de las condiciones que tanto el proceso esclavista comenzó a generar para sostener un control y ejercicio social y económico sobre sus esclavos, como también las reacciones y creaciones que de parte de estos se gestaron no solo para enfrentar la esclavitud, sino y sobre todo para desarrollarse como pueblos, como comunidades y darse su propia organización, diferente eso sí, al resto de comunidades del territorio. Reconocer esa verdad cuesta despojarse del ropaje occidental y adentrarse en ropajes del otro, aunque no los conozcamos.

LA NEGACIÓN DEL OTRO

Mucho tiempo después de que fuera abolida la esclavitud clásica antigua de Grecia y de Roma, en el continente americano ocurrieron proceses esclavistas caracterizados por las plantaciones en Estados Unidos, Brasil, el Caribe y las explotaciones mineras y agropecuarias de Centro y Sur América. En la historiografía sobre esta temática es bastante común que al hacer referencia a la esclavitud en América se considere con rigor como tal aquellas de las plantaciones en Norteamérica, el Caribe y el Brasil, mientras que aquella hispanoamericana sobre territorio continental latinoamericano aparece como una explotación de esclavos sin pasar las pruebas del rigor clásico o fundamental del dominio soberano, individual, de conversión absoluta de la fuerza de trabajo en mercancía y de negación relativa de la condición social del esclavo. Un especialista en estudios de la esclavitud, Moses Finley, escribió así de los tipos de esclavitud en Europa y en América:
Aunque la explotación de esclavos ha existido en casi todas las sociedades hasta donde tenemos noticias, sólo ha habido cinco sociedades auténticamente esclavistas, dos de ellas en la Antigüedad: la Grecia y la Italia clásicas. ... En el curso de los últimos veinticinco años, el estudio de la esclavitud en los Estados Unidos, el Caribe y Brasil ha alcanzado una intensidad sin precedentes. El motivo es evidente: la esclavitud moderna era esclavitud negra y, por consiguiente, no puede analizarse con seriedad sin afectar a las tensiones raciales de la actualidad.6

El anterior postulado sirve de referencia para intentar interpretar la sociedad, la cultura y la economía de las comunidades afrocolombianas. Es decir que es útil preguntarse por el marco económico, institucional y social en el que se produjeron asentamientos, poblados, familias, comunidades, economías mineras y agropecuarias, y obviamente culturas, entre los afrocolombianos que de alguna manera fueron sometidos a relaciones esclavista durante el período colonial. Fue realmente un sistema esclavista, en términos estrictos, el que funcionó en Colombia en el período colonial y parte del republicano?

No es el objetivo de responder a esta pregunta aquí en rigor, pues requeriría de estudios económicos muy finos de la economía colonial para lo cual no hay un espacio en este corto ensayo, ni tampoco el autor es un especialista que defina esa economía. Sin embargo, algunas pistas sobre el desarrollo social de las poblaciones afrocolombianas sí pueden poner en crisis una explicación facilista de un sistema esclavista en rigor, por el hecho de que hubieran existido esclavos y hubiera sido un soporte importante para la economía colonial colombiana. La misma documentación de archivo constata la adquisición y puesta en labores de esclavos por parte de comerciantes y empresarios coloniales en Colombia, sin embargo, el tipo de esclavitud que aquí se gesté parece no estar muy claro.

El término "esclavitud" en cambio sí ha servido para apuntalar dominios y marginalidades sobre las comunidades afrocolombianas sobre cuyo color se asignan legados de un pasado que voluntariamente no se quiere matar por parte de una sociedad que mantiene como principios de relaciones con éstas la discriminación y la marginalidad. Matar un pasado no constituye empero, el olvido de un proceso para que se vuelva a repetir en generaciones venideras; por el contrario debe constituir el conocimiento de tal pasado para interpretar las condiciones en que se gesté y prevenir de sus intentos de repetir o simplemente de su mantenimiento en sociedades en donde atraviesan procesos de liquidación del los principios ideológicos esclavistas y sus aplicaciones en el marco de lo económico y político.

LA TRATA PREPARA PARA LA ESCLAVITUD, DESARRAIGA Y NIEGA LA FAMILIA

En el siglo XVI cuando los europeos intensificaron la captura de africanos para su traslado a América y su puesta en condición de esclavos, lo hicieron no exactamente sobre los principios económicos específicos de la esclavitud clásica antigua, es decir que no fueron trasladados hacia el territorio de los esclavistas (Europa) ni obedecieron a un desarrollo de las fuerzas productivas de los europeos que para incrementar su producción hubiesen requerido excedente de fuerza de trabajo. Lo hicieron para suplir las necesidades de fuerza de trabajo que no alcanzaron a obtener o que aniquilaron de los indígenas americanos. Tampoco obedeció al desarrollo de la agricultura destinada para el sustento de donde se pudiera generar un plusproducto para vincular al mercado.

Aunque las plantaciones de caña, algodón, índigo, café y otros géneros agrícolas surtieron mercados europeos y generaron excedentes para el desarrollo del capitalismo, no surgió de las necesidades de la agricultura y manufactura europea, sino de las necesidades del comercio europeo y de las condiciones económicas que ofrecian los recursos y la fuerza de trabajo indígena americana, sobre la cual se aplicaron estrategias de control esclavista. En otras palabras la esclavitud en América fue el producto de las necesidades europeas para su comercio y manufacturas, y de las condiciones americanas de linos recursos y una fuerza de trabajo relativamente abundante a la cual se sometió de manera soberana y autónoma por empresarios privados que compartían el plusproducto con un Estado ávido de metálico para resolver crisis de comercio y de abastecimientos.

Simultáneamente, hay que considerar las diferencias de las características que tuvieron las formas esclavistas américanas. En Estados Unidos el Caribe y Brasil se erigió sobre las plantaciones de azúcar y algodón, principalmente: fueron portugueses los que esclavizaron al Brasil; ingleses con africanos sobre territorio norteamericano; ingleses y españoles sobre el Caribe; mientras que para el interior del continente en Sur América las condiciones de la esclavitud que practicaron los españoles tuvo hondas diferencias con aquellas otras americanas.

En un principio, los esclavistas de plantaciones no penetraron el interior de Norteamérica ni del Brasil, sino que colonizaron las zonas de litoral, en donde cercanamente a los puertos pudiesen de manera rapida exportar los productos agrícolas hacia Europa; mientras que la colonización hispana sobre América Latina buscó el oro mas allá de las playas de la costas, al interior del continente. En ese proceso se encontró con situaciones absolutamente diferentes a las de plantación, tuvo que sortear situaciones inclusive en contra de su voluntad, puesto que la colonización, es decir la empresa de búsqueda del recurso, tuvo que hacerlo con quienes llevaba de esclavos, es decir no era el sencillo hecho de «colocarlos» en un sitio de producción, era también encontrarlo y construirlo, con los esclavos.

La esclavitud antigua, en general, se erigió sobre el principio de que un grupo humano que había adquirido un desarrollo significativo de sus fuerzas productivas que le habían permitido una acumulación de productos y con ello una concentración de poderes en una mínima parte del grupo o una persona, llegaron a requerir de fuerza de trabajo externa para mantener niveles de crecimiento productivo, tal como lo señala Moses Finley,
La necesidad de movilizar fuerza de trabajo para llevar a cabo empresas que superan la capacidad del individuo o la familia se remonta a la prehistoria. Tal necesidad estuvo presente siempre que una sociedad alcanzaba una etapa de acumulación suficiente de recursos y poder en unas cuantas manos (ya fuera el Rey, el templo, la tribu dominante o la aristocracia).Y la fuerza de trabajo necesaria se obtenía por la fuerza -por la fuerza de las armas o por la fuerza de la ley y la costumbre- generalmente por ambas de consumo- para toda clase de finalidad (o interés) no susceptible de cooperación sincera: en la agricultura, la minería, las obras públicas o la manufactura bélica.7

Generalmente fue, con la captura, a través de la guerra como se obtuvieron los requerimientos de fuerza de trabajo. La guerra y la captura generaron a su vez un mercado de fuerza de trabajo, sobre el cual se aplicaron estrategias de control social y dominación absoluta de tal manera que hicieren del capturado un objeto de mercado. Dado que la captura se hizo para ser puesto al capturado en otro lugar al de su espacio original, ocurrió un procesb de desarraigo y de traslado, es decir de "Trata" para la esclavitud, sin ser aún esclavo. El primer impacto de la «Trata» o traslado del capturado fue la conversión del humano en mercancía, y con ello la despersonalización 8. En el proceso de la Trata para la esclavitud, se intentó despersonalizar al capturado es decir se le intentó negar su condición humana, y se reforzó la categoría de mercado que adquirió en la captura, por ello el mercader le asignó un número al capturado. A su vez, el trauma de la Trata preparó la mercancía para su aplicación en la producción, en condición de esclavo.

Desde las costas de África, al salir los «embarques negreros» se hacían cuidadosos exámenes médicos a los capturados, se seleccionó por edades, condición física y sexo, le que imprimía el valor monetario en el mercado. Ya en los barcos en condiciones inhumanas, de mercancía como le fue tratado, se organizó en estrechísimos compartimentos a los capturados con rigurosas medidas de seguridad, encadenados y para que llegaran en condiciones aceptables para el mercado, apenas le alimentó, permitió algunos baños con agua salada y procuró controlar epidemias, aunque con muy poco éxito. Fue común que no menos del 10% de «la mercancía» muriera en el viaje a causa de enfermedades y hambre mientras que no menos de otro tanto resolvía tirarse al mar, prefiriendo suicidarse siendo bocado de tiburones y no sufrir la condición de mercancía, y de esclavos que muchos de ellos conocían era la condición que les esperaba. Apenas zarpaba el barco hacia el Atlántico, los africanos capturados emprendieron acciones para liberarse y regresar a África.

El momento más peligroso para los comerciantes europeos era cuando el navío perdía definitivamente de vista la costa de África. En ese momento se producía para el esclavo el salto a lo desconocido. Sentía que todo estaba perdido.. ..Poco después de haberse alejado del litoral se urdía un complot a lo largo de la noche. Algunos cautivos conseguían desembarazarse de sus cadenas.9

LA RECUPERACIÓN DE LA INDIVIDUALIDAD

En América, puestos los capturados en los principales puertos de mercado de comercio negrero, Cartagena, Portobelo (Panamá), Santo Domingo, Cuba, éstos sufrieron una extraña transformación: Aunque mantenían la condición de mercancía que le había imprimido la Trata, sin embargo la negación de lo humano y la despersonalización a que fue sometido, comenzó a recuperar algo que la travesía le había quitado. Recuperó el nombre del grupo étnico al que había pertenecido. Parecía increíble que al asignarle un valor en el mercado en américa, el africano recuperara parte de la individualidad, es decir de la pertenencia del individuo a un grupo humano y a un territorio. Con la designación de sus grupos étnicos de erigen, Lucumies, Carabalies, Mandingas, Viáfaras, Ararás, Popes, Matambas, Angolas, etc. recuperaron en Cartagena su lazo de procedencia; es decir, el mercado pasaba del número utilizado en la trata transatlántica al nombre en el mercado americano y comienzo de la trata interna. Quizás elle no significaba mucho para los esclavistas, o la referencia era absolutamente económica en el sentido de que eran apetecidos algunos capturados por las referencias de agricultores y ganaderos que tenían desde sus sitios de origen; sin embargo, para los africanos significaba un referente de la comunidad y del territorio de donde provenían.

Pero el mercado que implicaba la negación absoluta de la persona y la conversión del hombre en mercancía se hacía en marcos culturales de dominio y de control sobre humanos, es decir implicaba un trato sobre mercancías que a la vez que negaban la cultura del sometido, tenían que imprimir nuevos códigos culturales para el sometimiento. En otras palabras se tenía que reconocer la condición social, aunque fuera en el marco de lo negativo social del europeo, hacia el africano. De tal manera que lo negativo de la cultura para el europeo se fue configurando en el refugio de una contracultura o de una subcultura del africano. Así la cultura del conocimiento de médicos, sabios y maestros de los africanos fue convertida por los europeos de un solo zarpazo en diablos, satanás, espantos, hechiceros, y brujos. Allí la mercancía asumía características sociales a las cuales se les tenía que imprimir un mecanismo de control. Se hizo entonces desde el mecanismo de la fuerza y, paradógicamente, desde la cultura, la cultura del europeo, la cultura del cristianismo y el catolicismo. Por ello, para estirpar "abominables creencias, rituales y hechicerías" y convertir todo lo malo en cristiano, se hubo de "bautizar" al africano.

LA RECUPERACIÓN DE LA COMUNIDAD

Con la venta de los africanos en los puertos de América, hay continuidad en la Trata, puesto que todavía son mercancías y no han asumido funciones de esclavos, es decir no han sido puestos en producción. Sin embargo, es una Trata interna con características diferentes a aquellas de los barcos negreros. En Colombia fue a partir de Cartagena desde donde comenzó una Trata interna con "mercaderes de la carrera de indias" que llevaban mercancias hasta el Perú. En el mismo Cartagena antes de emprender la Trata interna, los así llamados "piezas de esclavos" por los comerciantes y por las instituciones, principalmente la Iglesia, estos sufrían una "bendición de esclavitud"; eran bautizados y marcados en sus pechos con hierro candente como preámbulo para la esclavitud. Por una parte la Iglesia intentaba imprimirles un alma, o como lo señalaron los apóstoles de la iglesia «estirpar abominables males y creencias en el diablo», mientras que por parte de los dueños intentaban asegurar la identificación de la propiedad, a través de la marca, ante las posibilidades de «extravío» o fuga, para acudir a su recuperacion.

Se les dirá que aquella agua no se le echa para lavarles las cabezas de alguna suciedad, o refrescárselas, o para quitarles el cabello, sino que es agua de Dios, una cosa grande ordenada por Jesucristo para que con ella se renovase el Hombre perfectamente, dándole la gracia de Dios, su amistad y grandes bienes con él; por la cual de esclavos del demonio se vuelven hijos de Dios, ...y que con ella quedan cristianos como los blancos y reciben la ley de Jesucristo...10

La Trata interna tuvo que soportar las fugas y formación de Palenques en los territorios por donde se intentaban introducir esclavos hacia las minas y haciendas. En la Costa Atlántica ocurrieron las primeras reacciones de africanos formando Palenques en los montes de María, formaron San Basilio de Palenque y otros tantos en ese territorio.11 Así, la consecución temprana de la libertad por la vía de la acción representó para los africanos la posibilidad de recuperar por lo menos partes de las comunidades que tenía establecida en África. Aunque no contó con los instrumentos materiales africanos ni con las instituciones políticas de las comunidades africanas, acudió a sus formas culturales más cercanas y aprendidas en las memorias de los esclavos. En el Palenque de San Basilio se incorporaron los lenguajes ki kongo de los cimarrones que huyeron de los comerciantes negreros en Cartagena. Allí estructuraron sus comunidades con estrategias sociales de orígenes africanos como lo son los «Cuagros» o sistemas de parentescos fundamentados en las asociaciones de grupos familiares con matrimonios sucesivos que se congregan alrededor de los ego genitores la gran madre y el padre. Lo que resulta es pues, una gran familia extendida que se identifica con pertenencia al resto de familias, tanto en lo referente al padre como a la madre y las abuelas.

En la costa pacífica, aunque no existieron intensivas fugas de cimarrones que hubieran producido Palenques, fueron importantes los intentos exitosos de palenques en El Castigo, en Nariño,12 y el famoso caso de la comunidad de negros y zambos de Esmeraldas, al sur de Tumaco en la costa ecuatoriana, quienes al naufragar el barco que los transportaba a esas cestas para su vinculación como esclavos en las explotaciones mineras, aprovecharon para fugarse y constituir poblados independientes. 13

LA FORMACIÓN DE LOS PARIENTES

En el interior del territorio con la fusión de la mercancía con el esclavo, es decir de su valor como fuerza de trabajo mercancía y fuerza de trabajo aplicada, el segundo impacto que sufre el capturado para la esclavitud, después de la Trata que lo intenta despersonalizar, es su «colocación» en un espacio de producción. Allí asume una condición de sometido individual y de manera soberana por parte del dueño. Allí le es asignada la condición de esclavo, que equivale a un extranjero entre los que lo dominan, y entre otros dominados; en el caso colombiano entre los europeos y entre los indígenas. Extranjero y extraño es sinónimo de no nacido entre la sociedad receptora de esclavos, y por ende sin parientes, puesto que su ralación con el esclavista es individual y no como grupo o comunidad.

Por la captura y la Trata, el cautivo está involucrado en un proceso de extraneidad que lo prepara para su estado de extraño absoluto en la sociedad a la que será entregado.14 Sin embargo, las actividades de trabajo minero y las condiciones para el sometimiento en grupos de trabajo y centros habitacionales o Reales de Minas, requirieron de la fuerza de trabajo en conjuntos, en grupos, y sobre todo con determinados patrones uniformes de control social lingüísticos, culturales y religiosos para grupos, no para individuos. En primera instancia, ello es una contradicción con las pretensiones de controles individuales hacia los esclavos, puesto que se estaba trabajando con grupos que simultáneamente aplicaban fuerza de trabajo a las explotaciones mineras; a no ser que se aplicara una estructura carcelaria con controles individuales a esfuerzos comunes, lo que implicaba también de varios capataces o una fuerza de policía relativamente numerosa, con lo que no se disponía en la costa pacífica.

Como mineros aplicando fuerza de trabajo de manera simultánea y en grupo, comenzaron los esclavos un proceso de construcción y de identificación de afinidades étnicas de procedencia y de relaciones consanguíneas. Las figuras de una madre y de un líder en el grupo de trabajo fueron centro de identificación primaria para construir redes de parentesco. En un trabajo anterior 15 he identificado este proceso con el reconocimiento del papel de la mujer en un grupo de proporción mayoritaria en hombres, en donde aquella es pretendida por algún o algunos integrantes del grupo de trabajo, de tal manera que al procrear se constituye una comunidad con identidades biológicas y sociales de la siguiente manera: La madre obviamente adquiere un sentido de creadora de la consanguinidad y el tronco de identificación biológica de la descendencia. Los hombres adquieren un sentido de padres sociales, puesto que no se requiere, en un primer momento de una identificación biológica-del padre, pues la desproporción sexual del grupo (mayoría hombres y mínima participación de mujeres) y las posibilidades de acceso de varios hombres hacia una misma mujer hace difícil identificar al padre biológico.

 

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Padre e hijo


Pero la identificación del padre biológico no aparece entre las preocupaciones del grupo. Los hombres asumen la responsabilidad y paternidad hacia los niños que nazcan, mientras tanto, quizás en corto tiempo, y por presiones del mismo grupo de trabajo, ocurrirán vinculaciones de más mujeres al grupo, o por crecimiento vegetativo se permite disponer de niñas que desde tempranas edades -10 y 12 años- puedan ser pretendidas por los hombres. El grupo de trabajo adquiere entonces una dimensión nueva. Alrededor de los nacidos se consideran parientes entre sí y serán tíos y padres de los nacidos, dando lugar a un vinculado, y potenciales esposos de la madre, a quien renuevan constantemente -cada año o más- su facultad de procreadora.


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1. Gutiérrez de Pineda, Virginia. Famila y Cultura en Colombia. Instituto Colombiano de Cultura. Bogotá 1975.

2. Friedemann, Nina S. de Mineria, Decendencia y Orfebreria Artesanal. Litoral Pacífico Colombia.Universidad Nacional Bogotá 1974

3. Perea Bertha Ines. "La familia atrocolombiana del Pacífico". En Seminario Internacional La Participación del Negro en la Fomacion de las Sociedades Latinoamericanas. Compilador Alexander Cifuentes Instituto Colombiano de Antropologia. Bogotá 1986

4. Rodrigez, Pablo. Seduccion, Amancebamiento y Abandono en la Colonia. Fundación Simón y Lola Guberek. Colección Historia No.2. Bogotá 1992.

5. Romero, Mario Diego. Poblamiento y Sociedad en el Pacífico Colombiano, Siglos XVI al XVIII. Editorial Facultad de Humanidades. Universidad del Valle. Cali 1995

6. Finley Moses. Esclavitud Antigua e Ideología Moderna. Editorial Crítica. Barcelona 1982.

7. Finley, Moses. Op. cit. pág. 85.

8. Meillassoux, Jean Claude. Antropología de la Esclavitud. El vientre de Hierro y dinero. Editorial Siglo XXI, México 1990. pág. 122v ss.

9. Meyer, Jean. Esclavos y Negreros. Ediciones Aguilar. Madrid 1989. pág. 68

10. Sandoval Alonso De Instauranda Aethiopum Salute. El mundo de la esclavitud negra en América. 1627. Reeditado Biblioteca de la Presidencia de la República. Bogotá 1958. pág. 389.

11. Friedemann, Nina S. de. Ma Ngombe. Guerreros y ganaderos en Palenque. Carlos Valencia editores. Bogotá 1979.

12 Zuluaga, Francisco. Guerrilla y Sociedad en el Patia. Editorial Facultad de Humanidades Universidad del Valle. Cali 1993.

13. Rueda, Rocio. Zambaje en la Provincia de Esmeraldas, Ecuador. Tesis de Maestría en Historia Andina. Universidad del Valle, Cali 1990.

14. Meillassoux, Jean Claude. Op. cit pág. 77.

15 Romero, Mario Diego. Op. cit. 1995

 

 

 

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