SAN BASILIO EN EL UNIVERSO KILOMBO-África Y PALENQUE-AMERICA

 

 

Nina S. de Friedemann
Expedición Humana, Pontificia Universidad Javeriana.
Bogotá, Colombia

MA NGOMBE

En la lengua criolla de Palenque de San Basilio, MaNgombe quiere decir el ganado, las vacas, los toros y los terneros que manejan los hombres en los corrales de ordeño en el monte, o que empujan los niños y los jóvenes por los potreros, por las trochas, o a lo largo y ancho de las calles polvorientas del poblado. El ganado es tan vital culturalmente para los hombres y la comunidad, como ha sido nguba, el maní que las mujeres han cultivado y cosechado en sus rozas al ritmo de sus cantos de trabajo (Friedemann 1979).

MaNgombe y Nguba vocablos de origen Ki- Kongo, una lengua de la familia Bantú dan cuenta del legado cultural Áfricano llegado a Colombia desde el siglo XVI y registrado en la documentación historiográfica como gentes "Congo y Angola".

EL CIMARRONAJE

África y la migración intercontinental, brutal y forzada, de miles de Áfricanos constituyeron el trasfondo para la formación de la diáspora afroamericana, parte integral de América ( Selassie 1992, Gueye 1981).

Mientras en el Nuevo Mundo americano, en el siglo XVI los Áfricanos que llegaban en la trata se rebelaban en lo que se llamó "cimarronaje" para formar quilombos en Brasil, palenques en Colombia, México y Cuba, cumbes en Venezuela; en África, la resistencia de los Bijago de Guinea y la de los Jagas del Congo, armados en escuadras de guerreros que operaban en amplias regiones a partir de campamentos fortificados llamados kilombos. Era parte de su lucha contra el negocio de la trata (Lara 1981:128-149).

Lo singular es que en Colombia el fenómeno de resistencia del cimarronaje pueda hoy día contar con un testimonio vivo actual y presente en el Palenque de San Basilio el poblado de alrededor de 3.000 descendientes de Áfricanos rebeldes, erguido al pie de los Montes de María a 70 kms. de Cartagena de Indias, uno de los principales puertos de la colonia española desde el siglo XVI hasta principios del siglo XIX.

El Palenquero, la lengua criolla que se habla en el poblado, constituye un testimonio vivo del legado Áfricano Ki-Kongo y Ki-Mbundu. Legado que asímismo tiene numerosas expresiones en la cultura del poblado y de otras poblaciones en el Caribe colombiano (Friedemann y Patiño 1983, Schwegler 1996).

LOS PALENQUES

Fue en 1934 cuando mediante los estudios antropológicos de Aquiles Escalante salió a la luz la importancia del fenómeno palenquero como hito histórico y cultural en el horizonte de los nacientes estudios afrocolombianos. Pero es el libro de Roberto Arrázola, Palenque, Primer pueblo libre de América que en 1970 irrumpe el ámbito afroamericano para señalar al cimarronaje como el más temprano movimiento libertario triunfante frente a España hasta la independencia de Colombia misma. Es entonces durante ese decenio cuando los estudios palenqueros empiezan a responder una serie de preguntas de interés para la historiografía colonial de la subversión Áfricana en América y para la historia afroamericana (Bickerton y Escalante 1970; De Granda 1971, 1974, 1978; Friedemann 1979, Del Castillo 1984). Por ejemplo: ¿Cómo se organizaron las sociedades de los cimarrones? ¿Sobre qué bases políticas o militares? ¿Cómo se formaron los libertadores que encabezaron las sublevaciones? Y desde luego, ¿cuáles fueron las posiciones ideológicas que en África por un lado auspiciaron el negocio de la trata, en tanto que por otro estimularon la resistencia?

Actualmente, otras inquietudes son urgentes y tienen que ver con el escrutinio de las ideologías socio-políticas que en nuestros países continúan auspiciando procesos de ocultamiento y discriminación de los fenómenos culturales. Procesos que pretendiendo invisibilizar el pasado Áfricano y su protagonismo ancestral en las nuevas sociedades afroamericanas y afrolatinoamericanas ignoran la importancia de las epistemologías locales 1 (Friedemann 1992).

LA RESISTENCIA

No sobra recordar que el rechazo a la esclavitud manifiesto en África desde el momento de la captura tuvo innumerables expresiones: fugas, suicidios, rebeliones, infanticidios. En Cartagena de Indias, la resistencia fue constante y hubo quienes lograron escaparse y eventualmente formar pequeñas bandas para esconderse en los montes. Se fugaban de las galeras, de los trabajos mineros, de las haciendas, del servicio doméstico.

La organización de uno de esos grupos y su enfrentamiento con las milicias españolas en el sitio de La Matuna fue de tal calibre que en 1603 el Gobernador Gerónimo Suazo se vio obligado a firmar una capitulación de paz. (Arrázola 1970). Los palenqueros de La Matuna con el líder Domingo (Benkos) Bioho a la cabeza, enfrentaron a los españoles, con tal beligerancia que historiadores y estudiosos del fenómeno palenquero con razón lo han señalado como "la guerra de los cimarrones" (Borrego Pla 1973, Bossa Herazo 1971).

Durante el siglo XVII esta guerra se afincó en series de palenques agresivos, defensivos de acción rápida e inesperada hasta el punto de que en 1691 el rey de España expidió la cédula de agosto 23 en la cual les concedió a los palenqueros de la Sierra de María su libertad (Arrázola 1970, Friedemann 1991) . Una libertad general y absoluta, sin cuyo presupuesto infalible -en palabras de la misma cédula real- "no vendrían a reducirse" [los palenqueros] (Arrázola 1970: 103) . Luchaban fieramente con flechas, lanzas, arcabuces y piedras, detrás de empalizadas, ciénagas y montes, frente a la soldadesca española, contra sus armas, contra los perros. Atacaban las estancias, las quemaban, robaban el ganado y raptaban las mujeres indígenas y las negras que encontraran para solucionar el desequilibrio del poco número de mujeres. Las milicias españolas se ensañaban contra los bohios y las siembras de yuca y maíz, fríjoles, patatas y plátano y también apresaban mujeres indigenas y negras que usaban de paso como informantes para obtener datos sobre el palenque por dentro.

La jerarquía de mando en el palenque se percibe a través de la lectura de documentos oficiales que incluyen confesiones de algunos informantes. Allí, los españoles interpretaron que en el palenque mandaba un jefe supremo, o rey, un teniente de guerra, un algualcil, un tesorero y un jefe religioso. Y que como en el caso del Palenque de San Miguel (1684) alcanzó a tener escuadras de a 8 y 10 hombres con un total de 600. El relato de sus guerreros que se emboscaban con la cara pintada de blanco y rojo desde luego, es reminiscente de escenarios de luchas tribales en lugares de África.

El estudio de los documentos que utilizaron Arrázola (1970) y Borrego Plá (1973) para sus libros permite deducir que las escuadras de guerreo tenían además un predominio étnico). Así, por ejemplo, el Palenque El Tabacal (1693) en la misma provincia de Cartagena estaba conformado por gente de las etnias Áfricanas: congos, popos y minas y no tenía negros criollos.

Los documentos además muestran desde 1329 la aparición de palenques en la gobernación de Cartagena, en la de Santa Marta, en la de Riohacha y en la península de la Guajira. El fenómeno es de tal magnitud hasta donde se ha podido reconstruir a lo largo de los ríos Magdalena, Cauca, San Jorge y en el Litoral Pacífico sobre nos como el San Juan y el Patía. La cartografía que hasta el momento se ha consolidado muestra una nutrida ocurrencia de palenques sobre el territorio que hoy es Colombia y a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII. Esto no quiere decir que nuevos sitios no puedan aparecer. Al contrario, con la perspectiva de investigaciones arqueológicas, las posibilidades de incremento de sitios palenqueros cambiarán el panorama de conocimiento actual. De todos modos, aunque pocos palenques mantuvieron continuidad sobre el territorio a lo largo del tiempo, tal situación es testimonial del continuo asedio de las milicias españolas y la permanente resistencia de los palenqueros.

De los caseríos que eran atacados salían huyendo hombres, mujeres y niños que al no ser capturados buscaban cobijo en otros palenques. Así es como se entiende entonces la propuesta de que San Basilio hubiera constituido un refugio al cual hubieran llegado rebeldes de poblados cimarrones vecinos, con experiencias culturales diversas. Por supuesto que algunos de los capturados quizás nunca pudieron regresar a sus palenques y tampoco entrar a formar parte de ningún otro (Friedemann 1979).

Todo ello, desde luego hizo parte de las estrategias de huída y enfrentamiento (Carrera Damas 1977) que han sido principios vitales de la resistencia y de la creatividad cultural de la diáspora Áfricana que en San Basilio aún se expresa en los diversos perfiles de la comunidad contemporánea: en la organizacion social, en la funebria, en la lengua (Friedemann y Patiño 1983).

PALENQUE DE SAN BASILIO: LOS CUAGROS. 2

El estudio etnográfico de Palenque de San Basilio realizado a partir de 1974 (Friedemann 1979) trajo a la luz la existencia de una organización social en donde el cuagro ha desempeñado un papel primordial tanto en el pasado como en la actualidad 3
El cuagro es un grupo de edad. Posiblemente se originó como una creación adaptativa a la situación de constante lucha que debieron enfrentar los poblados de rebeldes contra las milicias españolas.
El estudio de sus rasgos contemporáneos de reclutamiento, inauguración, entrenamiento y expresiones cotidianas en el ciclo de vida y su cotejo con datos históricos permitieron esbozar los trazos del palenque colonial.

Estructuralmente, el cuadro como asociación de hombres y mujeres tiene dos mitades, una femenina y otra masculina. Se ha movido en dos ámbitos polarizados en el poblado: Arriba y Abajo. Ha proveído el escenario para la competencia política-social contemporánea y el ejercicio de un doble antagonismo: el ritual que aviva la tradición y la acción política. Este último le facilita a la comunidad su participación en el transcurso regional.

Los cuagros, empezaban a formarse desde la infancia cuando niños y niñas salían a jugar en la calle frente a sus casas. Así aunque en el cuagro podría reflejarse el parentesco, era la contigüidad de la residencia lo que influía en su formación (Friedemann y Patiño 1983).

LOS  JUEGOS DE GUERRA

La tradición del cuagro se ha expresado en los puños de los hombres y en "las muñecas" de las mujeres. En una especie de juegos de guerra la comunidad ha celebrado sus memorias de rebeldía. Hasta hace corto tiempo enjambres de niños y jóvenes conformaban cuadrillas como parte de festividades del poblado en junio y en diciembre. Se entrababan en pelea los cuadros masculinos y los femeninos de cada mitad del poblado con la otra mitad. Los juegos de puños en la tradición palenquera han sido trasfondo para las incursiones que con éxito tuvieron desde comienzos de este siglo aspirantes a boxeadores, boxeadores y campeones de boxeo. En el decenio de 1970, un período intenso de campeones a nivel mundial, el entrenamiento de los cuadros se hizo más frecuente. Entonces se improvisaron cuadriláteros de polvo y palos de matarratón en los patios de las casas, a los cuales se añadieron guantes de boxeo.

Una épica de nuevos héroes con nombres como Pambelé, Pambelecito, Rocky, o La Cobra, todos boxeadores, se añadió así a la de los rebeldes Benkos Bioho, Domingo Bioho, Domingo Criollo, Francisco Arará, Domingo Padilla y Pedro Mina de los tiempos del cimarronaje colonial.

En 1974 era posible dibujar un mapa de conglomerados o compuestos de casas que giraban alrededor de una casa mayor donde un «Meyo» o mayor modelaba la cotidianidad del trabajo y las decisiones en marcos de cooperación Y reciprocidad (Friedemann 1979, Friedemann y Patiño 1983). El hallazgo ha sugerido perfiles del antiguo palenque que de acuerdo con documentación historiográfica de Arrázola (1970:194) muestra cómo los palenqueros actuaban en coalición de escuadras de diez hombres cada uno, con un capitán a la cabeza. Seguramente la antigua jerarquía militar se transformó para proyectarse en la autoridad de cada «meyo» en su compuesto, personaje a quien se ha respetado por su sabiduría y rectitud y quien con los otros en un tiempo se conformó la junta de vecinos, máximo organismo decisorio en la comunidad.

En ese decenio de 1970 dentro del juego socio-político también ya fue posible observar a sus jefes o «meyos» moviéndose apoyados en compuestos y cuadros, pero asimilando los impactos externos de la política partidista. De esta suerte, la injerencia de los partidos políticos en la territorialidad de las dos mitades Arriba y Abajo hizo mella en la tradición para dar paso a la estratificación de la comunidad sobre pilares políticos y económicos (Friedemann 1979).

EL LUMBALÚ

En el universo de la religión, también debe mencionarse el trasfondo del cuagro lumbalú, mejor conocido como cabildo lumbalú donde aún se percibe en su jerarquía el sistema tradicional de transmisión de derechos de pertenencia y sabiduría. Y además se mantiene una cartografía ceremonial con sitios asignados para el muerto y los espíritus, para músicos, tambores y cantaoras, hombres, mujeres y niños y sus respectivas actividades (Friedemann 1991a, 1994).

Cuando en Palenque de San Basilio se menciona al lumbalú, se evoca un ritual sagrado con ritmo, melodía, sentimiento e imágenes que avivan una cosmovisión de profundidades acuáticas, espacios terrenales y parajes de imaginería fantástica. Es en la poética de los cantos de lumbalú donde se han precisado huellas sociales y linguísticas de ancestro Áfricano.

Los viejos cánticos del ritual dan cuenta de la historia de aquellos que fueran los antepasados de los palenqueros:

              chi ma nlongo                       (soy de) los del Congo

              chi ma (ri) Luango                 (soy) los de Luango

              Chi ma ri Luango ri Angola       De los Luango de Angola

Y también evocan siluetas de deidades que en el pasado Áfricano debieron formar parte de su pensamiento cosmológico.

eee calunga manquisé

ario negro congo chimbumbé

Aquí Calunga, término de origen Ki-Mbundo alude a océanos y mares y columbra el pensamiento de gentes del Congo en torno al universo (MacGaffey 1986).

El trabajo linguístico de descodificación de estos textos poéticos realizado por Armin Schwegler (1990, 1996) ha sido una notable contribución en este campo.

LOS ANDAMIOS DEL PALENQUE

Ahora bien. Cuando se analiza el proceso de la huida de los esclavos hacia las ciénagas y los montes para construir caseríos temporales en donde se preparaban acciones de enfrentamiento con las milicias españolas, si bien los palenqueros venían de diversas etnias Áfricanas, no se descarta el encuentro multicultural entre ellos. Es cierto que el desarraigo emocional y la desterritorialización fueron brutales. Pero los testimonios señalan procesos de reintegración étnica durante la trata en África y en América en la colonia (Friedemann 1992a). El trabajo de Nicolás del Castillo Mathieu (1982) ofrece datos básicos. Del siglo XVI al XIX por ejemplo, gentes Angola y Congo aparecen predominantes de 1580 a 1640 y  luego de 1740 a 1811, y gentes Arara de 1640 a 1740.

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Claro que regresando a la colonia, surge otro hecho histórico que en el trasfondo de la reintegración étnica dibuja andamios de la estructura palenquera: Son las enfermerías populares conocidas después como Casas de Cabildo (Friedemann 1988). Y más tarde, como cofradías con el espíritu de aquellas que desde el siglo XII existían en España entre diversas etnias y hasta entre Áfricanas, cuando éstos empezaron a llegar a través del Sahara y luego con navíos desde las costas occidentales de África. En Cartagena de Indias se iniciaron como barracas húmedas al borde del mar, donde se arrojaba a los cautivos Áfricanos enfermos, agonizantes, llegados en los navíos negreros. Estas estaciones de recuperación de esclavos se convirtieron además en refugios culturales que alentarían las memorias Áfricanas. Los documentos de beatificación de San Pedro Claver recogidos por el Padre Valtierra (1980) hablan de los lamentos, lloros y  lágrimas que junto con la percusión de tambores y cantos acompañaban a los muertos en su viaje al otro mundo. Estos ritos de funebria, de paso, le causaron más de una preocupación a Pedro Claver, quien con razón intuía la existencia de un lenguaje de comunicación de los Áfricanos con el más allá, que de algún modo oponía resistencia a su tarea evangelizadora. La reacción del Santo Claver de acuerdo con la documentación de la época fue la de perseguir no sólo al toque del tambor, sino a los instrumentos que sufrieron secuestro y rescate en eventos de forcejeo religioso entre él y los Áfricanos y sus descendientes (Friedemann y Arocha 1986).

Con el tiempo estos refugios, conocidos como cabildos de nación, adquirieron contornos culturales de etnias particulares que aludían a recuerdos Áfricanos. Tanto que en la Calle del Cancel y en la de Nuestra Señora del Pilar había Cabildos Carabalí aunque cada uno tenía la especificidad de su región raizal Bibi y Briche. Y sus miembros eran trabajadores de las fortalezas. Otros cabildos eran Congo, Arará, o Mandinga.

MEMORIAS

Hablamos entonces de memorias culturales que se reflejan en el cántico del ceremonial en los velorios de muerto, y en las celebraciones de santos que, seguramente, continúan enmascarando iconos e iconografías del recuerdo Áfricano. En resumen, pensamos en nuevos sistemas culturales de poblaciones con la presencia Áfricana, que en Colombia al igual que en otros países de América se expresan en imágenes e imaginería, en ritmos de poesía y música o en aromas y colores transformados creativamente.

Son memorias que aparecen con vigor en diversos ámbitos: en el religioso de la colonia, en las juntas de brujería, espacios de reconstrucción étnica (Maya 1992), verdaderas asambleas de resistencia religiosa que adoptaron esa máscara de brujería con el costo de la persecución de la Inquisición. Son memorias que actualmente aparecen en las ceremonias funéreas del cabildo lumbalú, en Palenque de San Basilio, recién mencionado (Friedemann 1994, Schwegler 1990, 1996) y en otros ámbitos. Por ejemplo, en las danzas de congos en el carnaval de Barranquilla llegadas en la tradición de los cabildos e impregnadas con la memoria de jerarquías militares parte de legendarios reinos Áfricanos (Friedemann 1985, 1995), o en la danza de negros en Mompox, dramatización de un entrenamiento guerrero de palenqueros en el monte (Arocha 1992). En otro campo, el de las relaciones sociales, se aprecian huellas de la ética del comportamiento y de los rasgos estructurales de la familia Áfricana presentes en formas familiares afroamericanas (Sudarkasa 1980, Friedemann y Espinoza 1995). En la familia extendida, en Palenque de San Basilio la poliginia es parte del ciclo vital y la consanguinidad es fundamental

EL BRICOLAJE EN LA RESISTENCIA

Por otro lado, en el movimiento palenquero, el testimonio de su amplia expansión en espacios de tiempo y geografía da cuenta de un pensamiento compartido en torno a motivaciones identitarias de tradiciones étnicas, familiares, o de gobierno. Además, de un modo de resolución de conflicto por la vía de la alianza, el guerreo, la compra de la libertad, u otros. En este punto es preciso mirar datos relativamente recientes procedentes de la historiografía Áfricana sobre el movimiento de resistencia a la trata expresado en la acción de los kilombos en África Central (Munanga 1996, Serrano 1996) y cotejarlos con aquellos de los documentos oficiales españoles sobre los palenques en América, sus escuadras y sus jefes.

El hecho contundente es que las condiciones de la esclavitud por horrorosas que fueran no arrasaron la memoria cultural de sus victimas. La deculturación total no ocurrio. En el marco de horizontes de creatividad, innovación, resistencia frontal y subrepticia y quizás en la trama de lo que Jaime Arocha, siguiendo a Francis Jacob, ha llamado el proceso de bricolaje 4 las memorias del guerreo tribal y las de los kilombos Áfricanos pudieron también formar parte de la etnogénesis palenquera.

Es preciso entonces interrogar a la memoria afroamericana de la resistencia sobre el kilombo Áfricano del Congo, es decir, sobre las memorias Áfricanas de la resistencia a la trata. ¿Acaso algunos de sus elementos influyeron el pensamiento beligerante del palenque que se concretó en América?

Paulo Funari, miembro de un equipo de investigacion arqueológica en Palmares (Brasil), no le encuentra sustentación relacional al quilombo brasileño con el kilombo de Angola. Su afirmación la apoya en el dato de que el término lingüístico quilombo solamente fue usado en Brasil en 1691, mientras el movimiento angolano tuvo lugar -dice Funari- (1994) en la segunda parte del siglo XVII (1695-96).

No obstante, en cuestión de fechas el historiador Oruno lara (1981) menciona la existencia de kilombos Áfricanos entre 1568 y 1587, es decir, cien años antes de la fecha mencionada por Funari. Y en la misma vena, Kabengele Munanga (1996) documenta la historia del kilombo Áfricano tanto en el uso del término linguístico - de origen umbundu- como en el de su contexto histórico de suerte que coincide con Lara (1981).

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Kilombo Áfricano, Chilombo,camp ou ville des Giagues. Labat, relation historique de l'Ethiopie Occidental, 1732

El kilombo Áfricano, según estos dos estudiosos, aparece como una asociación de hombres, abierta, sin distingo de filiación de linajes (lo cual lo convirtió en una institución transcultural), que existió desde el siglo XVI. Entonces, si Áfricanos procedentes de regiones de kilombo, como fueron Angola y el Congo llegaron a territorios americanos, es factible la consideración de que memorias de tales organizaciones pudieron haber contribuido en la formación de palenques y de quilombos afroamericanos.

En este orden de ideas, el requisito de iniciación del niño que se convertiría en guerrero en el kilombo Áfricano - según testimonio del historiador Cavazzi (Serrano 1996) publicado en Lisboa en 1687- puede constituir una huella tenue en la iniciación de jóvenes en un cuagro en San Basilio (Friedemann y Patiño 1983). Se considera tenue, en tanto que aunque el evento establece su legitimidad en la comunidad palenquera y el carácter permanente en la vida y en la muerte de cada miembro, la sacralidad explícita que acompaña a la ceremonia Áfricana no es visible en San Basilio. O al menos, no ha sido posible su documentación etnográfica.

El testimonio del historiador Cavazzi, citado por Serrano (1996: 26), enseña que en el kilombo Áfricano de los jaga la ceremonia de iniciación del niño como guerrero requería una consulta con los ancestros, y para ello, la presencia de los huesos y cenizas de los antiguos jefes de kilombos le concedía un carácter sagrado a la escogencia de guerreros.

 

 

 

NOTA FINAL

El esbozo que he intentado hacer muestra la importancia de Palenque de San Basilio en el universo kilombo-África y palenque-América. En una primera instancia el cotejo de las fechas de predominio étnico Congo y Angola en Cartagena entre 1580 y 1640 (Del Castillo 1982) así lo proponen. Por otro lado, en la formación del palenque y de los cuadros como pilares de las escuadras de guerreo es sugerente la presencia de memorias Áfricanas que hubieran participado en el proceso de un bricolaje social.

Con todo, aunque en los últimos años los trabajos de investigación en el Palenque de San Basilio han logrado desvelar puntos importantes para los estudios afroamericanos, los vacíos son enormes. Uno de ellos es el de la arqueología de la vivienda palenquera que en Colombia cuenta con un número nutrido de lugares. Emprender esas pesquisas permitirá enriquecer el conocimiento sobre la antigua organización social del palenque y su dinámica, tanto en la resistencia guerrillera como en el transcurso de la cotidianidad familiar, laboral y religiosa. La arqueología de los sitios de vivienda y de los artefactos seguramente contribuirá también a la dilucidación de los contactos interétnicos, a la composición demográfica y a la temporalidad de los poblados, entre otros.

Para terminar, no sobra recalcar la riqueza cultural del Palenque de San Basilio en el concierto de las comunidades afroamericanas. Sus gentes, su poblado, su historia, su lengua, son testimonios de procesos de creación e identidad de la diáspora Áfricana en América. En Colombia, son la vivencia del puente África-América.

 

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-VALTIERRA, ANGEL P., S.J. 1980. Pedro Claver. El Santo redentor de los negros; Bogotá; Banco de la República. Extensión Cultural.

 

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1. Gregorv Bateson (1958:97) considera que el uso desmedido del termino cultura por parte de los antropólogos lo ha desgastado Asimismo piensa que uno de los significados de tal término es la epistemología local, entendida como un agregado de presupuestos que subyacen todas las comunicaciones y las interacciones entre personas y grupos. En este artículo entendemos la epistemología local como la cultura de un grupo o sociedad local; hablamos de la epistemología afropalenquera de la comunidad de San Basilio. (Regresar a 1)

2. El cuadro en la fonética palenquera es cuagro.(Regresar a 2)

3. Es válido mencionar la metodologia utilizada para develar la organización social guerrera del palenque colonial. Mediante la proyección de datos etnográficos del poblado actual, Friedemann construyó una visión diacrónica de la sociedad palenquera apelando a fuentes historiográficas y variada documentacion v.gr. tradiciones orales y recopilaciones de leyendas. En un ejercicio etno historiográfico, la autora propuso al actual palenque de San Basilio como una sociedad descendiente de guerreros en la colonia y actualmente una comunidad de ganaderos (Vease: Friedemann (1987) MaNgombe. Guerreros ganaderos en Palenque) (Regresar a  3)

4. Jaime Arocha (1993) ha definido ,"el bricolage de los negros" como la búsqueda de alternativas manipuando lo que va se tiene, usando la intuición como brújula y el cacharreo como estrategia. "El bricolaje de los negros va mas allá de la transformación de desechos en artefactos. Incluye el desarrollo de prótesis sociales que compensan la escasez de energía mecánica - No solo la gente es capaz del bricolaje, este es quizás el desarrollo más característico de la evolución de las especies. "La selección natural no crea órganos de la nada sino que los va improvisando a partir de lo que existe (Francis Jacob)". (Regresar a  4)

 

 

Mapas Anexos

Descargue los mapas anexos: Mapa I,  Mapa  II, Mapa III

Mapa 1

 

 

Fuente: Friedemann y Patiño, 1983

Mapa II-Palenques. Siglo XVII

Fuente: Friedemann y Patiño, 1983

1. 1600 La matuna

2. 1620 Zaragosa

3. 1633 Limón

4. 1633 Sanaguare

5. 1645 Tolú

6. 1679 La Ramada

7. 1684 San Miguel

8. 1684 Catendo

9. 1684 Gonzalo

10. 1693 Tabacal

11. 1693 Betancur

12. 1693 Matuderé

13. 1694 Arenal

14. 1694 Barranca

15. 1694 Bongue

16. 1694 Duanga

17. 1694 Zaragozilla

18. 1694 Norozi

19. 1694 Cimarrón

20. 1694 San Pedro

 

Mapa III- Palenques Siglo XVIII


Fuente: Friedemann y Patiño, 1983.

1. 1703 Santa Cruz de Mazinga

2. 1713 San Basilio

3. 1728 Tado

4. 1731 Guayabal de Siquima

5. 1732 Castillo

6. 1758 Matina

7. 1777 San Jasinto

8. 1777 Guarne

9. 1785  Cerritos

10. 1786 Betanzi

11. 1787 Ladera Judas

12. 1787 Samba

13. 1787 Palizada

14. 1787 Lorenzana

15. 1787 Guamal

16. 1798 Pacho

17. 1799 San Bartolomé

18. 1799 Cartago

19. 1799 Otún

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