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LA SIERRA NEVADA: CAMBIO CULTURAL Y CONCIENCIA AMBIENTAL

Gerardo Reichel-Dolmatoff

La actual población indígena de los flancos montañosos de la parte colombiana de los Andes septentrionales se caracteriza por su adaptación a terrenos de vertiente, los cuales ofrecen amplia variedad de recursos de subsistencia. Los principales grupos indígenas en esta específica situación son, de sur a norte, los kwaiker de las vertientes surorientales del departamento de Nariño, los sibundoy y kamsá de las cabeceras del Putumayo, los páez y guambiano del macizo andino, los tunebos de las vertientes orientales del Nevado del Cocuy, los yuko de la Sierra de Perijá, así como los kogui, ika y sanha de la Sierra Nevada de Santa Marta. La adaptación ecológica de estas sociedades tribales y campesinas a una topografía en extremo accidentada, parece haber sido en todos los casos muy exitosa; de hecho, en tiempos prehistóricos aparentemente ya se practicó una efectiva adaptación a las vertientes (Reichel-Dolmatoff, 1961-1978a).

Sin embargo, en Colombia son pocos los estudios detallados del uso de suelos hecho por los aborígenes, sea históricos o actuales. Algunos estudios arqueológicos contienen información referente a terrazas y a irrigación; Donkin (1979) suministra una visión general; Eidt (1959) y Broadbent (1964, 1968) describen terrazas y antiguos sistemas de cultivos en el territorio muisca; Mason (1931-1939), Reichel-Dolmatoff (1950-1951, 1953, 1954) y otros tratan de terrazas y zanjas de irrigación en la Sierra Nevada de Santa Marta. Parsons y Bowen (1966) hacen referencia a extensos camellones en la costa norte, y West (1959) a terrazas y cultivos en "era" en la cordillera Central.

No obstante, ninguna de estas publicaciones ofrece un detallado análisis de prácticas agrícolas, suministran pocas medidas y no se presentan diagramas de polen. Los rasgos de ingeniería no se exponen dentro de un amplio contexto de desarrollos prehistóricos y casi no se han efectuado excavaciones.

La información histórica sobre adaptación ecológica y prácticas agrícolas en la época colonial, durante la cual fueron introducidos por los españoles cambios de gran alcance, está dispersa a través de la literatura concerniente al sistema de encomiendas, a la tenencia de tierra y a tópicos similares, pero carece de datos cuantitativos y correlaciones demográficas.

Fuentes importantes son Colmenares (1975, 1978); Reichel-Dolmatoff (1961) publicó sobre la adaptación a las vertientes de los cacicazgos subandinos; en cuanto a los chibcha (muisca), Hernández (1949), Eidt (1954) y Friede (1974) suministran alguna información.

Investigación de grupos indígenas contemporáneos  

Las investigaciones acerca de grupos indígenas actuales de las vertientes de Colombia apenas son algo más numerosos. Excepcional por su alcance y profundidad de análisis es el trabajo de Ortiz (1973), donde se describe la estrategia de producción de los indios páez y discute el proceso de toma de decisiones. Debe mencionarse un estudio previo de la economía de los páez efectuado por Bernal (1954); Schwarz (1973) publicó sobre cambio cultural y estabilidad entre los vecinos guambiano y dedicó una corta sección a las actividades agrícolas; Schorr (1968), en su breve estudio de tenencia de tierras en el adyacente valle del Cauca, para su discusión de la estructura del minifundio, usa datos etnográficos tempranos de la época de la Colonia.

Más al sur, Bristol (1958) describe las plantas cultivadas por los indios sibundoy e ingano de las cabeceras del río Putumayo. Una fuente valiosa es el estudio de cultivos itinerantes practicados por los yuko de las vertientes de la Sierra de Perijá, efectuado por Ruddle (1974). Siguiendo el enfoque teórico de Leslie White, Beckerman (1975) estudió el flujo de energía entre los bari de la cuenca suroccidental del lago de Maracaibo, lindando con territorio yuko; dicho estudio provee información general acerca de recursos alimentarios y se concentra en gastos de energía humana.

Aunque, si bien el presente artículo no trata de la adaptación ecológica a los ambientes de la selva pluvial, deben mencionarse los estudios siguientes: Isacson (1976) en lo referente a cultivos hechos sobre el mismo desmonte (slash-mulch cultivation); Reichel-Dolmatoff (1976) acerca de conceptos ecológicos de los indios tukano del noroccidente del Amazonas, y von Hildebrand (1975), sobre uso de suelos y cultivos itinerantes entre los indios de Mirití-Paraná, también en el noroccidente amazónico. Algunos datos se hallan en Friedemann (1976).

[1] Imponentes picos nevados hacen parte del paisaje de la Sierra Nevada. (Foto: Rudolf)

 

Estudios sobre la Sierra Nevada de Santa Marta

En el extremo norte de Colombia las vertientes y estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta han sido descritas por muchos viajeros pero son pocos los que se refieren en algún detalle a problemas ecológicos o a estrategias de adaptación de los aborígenes. Una reseña histórica fue presentada por Reichel-Dolmatoff (1951-1953); estudios geográficos de niveles altitudinales, asentamientos y degradación de suelos fueron hechos por Taylor (1931), Seifriz (1934), Schultze (1937), Krogzemis (1967), Bartels (1970), Amaya (1975), Guhl (1975) y otros.

Sin embargo, no se ha llevado a cabo un trabajo sistemático de la historia del paisaje de la Sierra Nevada de Santa Marta. Datos climatológicos específicos se encuentran en Herman (s.f.), Wilhelmy (1954) y Raasveldt (1957). Informaciones etnológicas respecto a adaptación a vertientes son mencionadas por Reichel-Dolmatoff (1950-1951).

Una evaluación sumaria de la literatura existente respecto a la adaptación indígena al ambiente norandino de Colombia indica la falta de estudios intensivos de las sociedades habitantes de las vertientes. De hecho, el estudio de la relación indígena hombre-tierra ha sido en gran parte descuidado.

Hasta ahora conceptos tales como control vertical (Murra, 1972), teoría de sistemas parciales (Conklin, 1954, 1963) y teoría de nichos ecológicos (Hardesty, 1975), microambientes en la prehistoria (Coe y Flannery, 1964) y otros, no han sido aplicados y verificados en el estudio de sistemas agrícolas en Colombia. Tampoco se han apreciado las contribuciones teóricas de autores tales como Conklin (1957), Flannery (1968), Rappaport (1969), Janzen (1973) y Brush (1976), para mencionar apenas unos pocos.

Los indios kogui y su medio ambiente

El presente artículo se refiere al análisis de un caso específico de adaptación y cambio: el de los indios kogui de la Sierra Nevada de Santa Marta. Los kogui, tribu de unos 6.000 individuos de lengua chibcha, constituyen uno de los muy pocos grupos nativos sobrevivientes cuyas instituciones sociales, políticas y religiosas aún contienen muchos elementos característicos de las sociedades de rango de los antiguos cacicazgos del noroccidente de Suramérica. Un estudio de su muy eficiente agro-eco-sistema, desarrollado en el curso de períodos de mayor cambio, es por tanto de interés para la evaluación de la amplia escena norandina.

[2] Los Kogui, tribu de unos 6.000 individuos de lengua chibcha, constituyen uno de los muy pocos grupos nativos sobrevivientes cuyas instituciones, sociales, políticas y religiosas aún contienen muchos elementos característicos de las sociedades de rango de los antiguos cacicazgos del noroccidente de Suramérica. (Foto: Carlos U. Salamanca)

La Sierra Nevada de Santa Marta es un macizo en forma piramidal, separado de las cordilleras vecinas por bajas llanuras aluviales. Esta Sierra constituye la montaña costera más alta del mundo (5.775 m); su estrecha base es aproximadamente triangular y sus costados miden unos 150 kilómetros. Gran número de rápidas corrientes de agua, alimentadas por los nevados de las alturas de la Sierra, drenan en todas direcciones y descienden hacia tierras bajas de la costa.

La temperatura depende no sólo de la altura sino también de la proximidad de los nevados, de corrientes de aire frío que bajan por los valles y de la orientación geográfica de la respectiva vertiente. Durante el año hay dos estaciones secas y dos lluviosas; la principal estación seca dura de diciembre a finales de marzo y es seguida por una lluviosa que perdura hasta el final de julio, cuando entra una estación seca menor con aguaceros al mediodía; dicha estación va seguida de otra lluviosa desde fines de septiembre hasta diciembre.

Si bien esta pauta general de estaciones es bastante predecible, en cambio lluvias locales con frecuencia son impredecibles, dependiendo de muchos factores regionales. Durante la principal estación seca las vertientes orientales y las estribaciones de las colinas del norte y noroccidente están expuestas a fuertes vientos alisios del noreste, en tanto que algunos valles con orientación este-oeste de las vertientes norteñas como Palomino y los valles de los ríos Piedras y Manzanares son conocidos por sus vendavales parecidos al fhn.

Las vertientes surorientales son las más secas; están situadas en la zona de vientos alisios y a la sombra de lluvias de la montaña. En cambio las vertientes del norte son considerablemente más húmedas debido a estaciones lluviosas de mayor duración y precipitación orográfica. El total del macizo montañoso puede dividirse en una serie de pisos térmicos que van de la llanura tropical costanera a la subtropical, templada, fría y páramo. La característica selva densa y nubosa comienza a unos 2.000 metros y la línea de nieve a los 5.000 metros de altura.

Poblamiento de la Sierra Nevada de Santa Marta

 La Sierra Nevada de Santa Marta y las tierras bajas circunvecinas han sido habitadas durante milenios. A la llegada de los españoles a comienzos del siglo XVI, la región de Santa Marta (ciudad fundada en 1526), las estribaciones norteñas y vertientes ascendentes del macizo estaban ocupadas por los indios tairona, quienes constituían un cacicazgo mayor. Ellos vivían en asentamientos nucleados, formados por gran número de casas construidas con cimientos de piedra sobre sitios de terrazas, con rasgos de arquitectura e ingeniería tales como: muros de contención, escaleras, caminos enlajados, canales de drenaje y otras estructuras más.

Las bases económicas de la densa población consistían de cultivos intensivos de maíz, combinados con otras cosechas, árboles frutales cultivados, recursos marinos y relaciones comerciales (Reichel-Dolmatoff, 1951). Las obras de ingeniería de irrigación de los tairona causaron gran admiración a los españoles. Parece que los tairona tuvieron un origen centroamericano según comparaciones tanto arqueológicas como etnográficas; se cree procediesen de la vertiente del Atlántico, específicamente de lo que hoy es Costa Rica, habiendo llegado primero en los siglos X y XI d.C. (Dussán, 1967; Aguilar, 1962; Reichel-Dolmatoff, 1975, 1978a; Fonseca, 1979). El año 1600 marca la derrota final de los tairona a manos de las tropas españolas; sus remanentes, junto con sobrevivientes de otras tribus, huyeron a lo más fragoso de la Sierra y mientras tanto los intereses de la colonización española se dirigieron a otras regiones del país.

Del siglo XVII a nuestros días esta mezcla de población indígena se ha conocido bajo el nombre genérico de aruacos; hoy la literatura etnográfica distingue tres tribus: los kogui, quienes viven principalmente en las vertientes del norte de los valles de Palomino, San Miguel y San Francisco; los ika de las vertientes del sur, y los sanha de las vertientes orientales. Los kogui reclaman ser descendientes de los antiguos tairona, creencia apoyada en no pocas evidencias (Reichel-Dolmatoff, 1953, 1965); actualmente los kogui son la tribu menos aculturada.

La forma aproximadamente piramidal de la Sierra Nevada, con su estrecha base y su pauta de drenaje radial, se caracteriza por valles profundamente cortados, los cuales sólo se amplían en sus cursos bajos. Las características edáficas y climáticas de estos valles varían mucho y forman un complejo mosaico de microambientes, notables en especial en el piso térmico templado; éste es el ancho cinturón climático ocupado por los kogui.

Sistemas agrícolas de los kogui

Las aldeas kogui consisten hasta de un centenar de viviendas, unifamiliares, de planta circular y techo de paja. Las aldeas no están habitadas permanentemente pues constituyen centros sociales y rituales donde los indígenas se reúnen en ciertos tiempos del año; la mayor parte del tiempo la gente la pasa en sus varias diseminadas viviendas ubicadas en los flancos de la montaña a diferentes alturas. La unidad familiar puede poseer hasta cinco o más casas, cada una localizada en un pequeño cultivo de media a una hectárea, en una escarpada vertiente o en el estrecho fondo de un valle.

También cada familia tendrá una casa en la próxima aldea, pero ésta sólo se utilizará en algunas ocasiones. Debido al régimen fluctuante de las lluvias, la capacidad de carga de cada cultivo o de un grupo de campos vecinos varía de un año a otro y de una región a otra; no obstante algunos cultivos prosperan en un ambiente más cálido o frío y por tales razones las familias kogui con frecuencia se movilizan de un campo de cultivo a otro. En cada uno de éstos, ellas se demoran el tiempo necesario para cosechar, deshierbar y cuidar sus siembras. El total de la población está activamente ocupada en prácticas agrícolas y esta pauta de trashumancia es la principal característica de la subsistencia kogui.

[3] Las aldeas Kogui consisten hasta de un centenar de viviendas unifamiliares, de planta circular y techo de paja. Las aldeas no están habitadas permanentemente pues constituyen centros sociales y rituales donde los indígenas se reúnen en ciertos tiempos del año. (Foto: Carlos U. Salamanca)

 

Buena parte del territorio kogui muestra los rastros perdurables de antiguas épocas de ocupación humana. Siglos de quemas han producido un paisaje de áridas montañas, cubiertas de herbaje y pedrejón ennegrecido por el fuego. Las vertientes sin árboles están muy erosionadas y apenas a lo largo de las quebradas y ríos han sobrevivido algunas arboledas; en ciertos sitios aún existe selva primaria o secundaria.

Aunque algunos campos de cultivo kogui se encuentran en las estrechas vegas de los valles y en pequeñas terrazas aluviales a 20 ó 30 metros sobre el lecho del río, la mayoría de dichos campos están localizados en vertientes donde ocupan un máximo de 2 hectáreas de cultivos mezclados. La agricultura kogui se basa en los siguientes cultivos: a unos 1.000 m, que es aproximadamente el límite más bajo de su hábitat, hay plátanos, bananos, yuca dulce, algo de maíz, calabaza, zapote, piña, junto con café, caña de azúcar; estos últimos son cultivos comerciales. A unos 1.500 m se añade al complejo enumerado el fríjol, pero allí existen pocas frutas; más arriba de los 1.500 m hay algo de maíz, fríjol, arracacha, batatas, mientras que a mayor altura siembran papa y cebolla.

El proceso usual consiste en limpiar el terreno cultivable durante diciembre, enero y quemarlo en febrero o comienzos de marzo. Pero no existe época fija de cosecha; ésta es una actividad a través del año debido a la variedad de plantas que se siembran y a las variaciones de calidad del suelo y diversidad de alturas de los campos cultivados.

En estas condiciones sería equívoco decir que los kogui practican una agricultura "itinerante". En realidad ellos no reubican los sembrados y éstos pueden ser cultivados durante unos 5 años y luego se dejan descansar unos 10 años, pero en este período no se abandonan por completo; aun cuando el suelo esté bastante empobrecido siempre habrá algunas plantas alimenticias tales como cucurbitáceas, ají, fríjoles o un árbol frutal que se mantenga en algún rincón.

Debido al hecho de que los campos de cultivo de la familia están en diferentes estados de producción no hay épocas definidas de cosecha o maduración. Platanales y cañaverales se han observado en producción por unos 30 años casi sin cambios. Una comparación entre la frecuencia de épocas de cosecha y de barbecho sería pues insignificante; algunos campos son prácticamente perennes.

Dicho tipo de cultivo escalonado en los flancos de la montaña difiere del verdadero cultivo itinerante en un medio plano de selva pluvial, en cuanto provee más variedad espacial y estacional de cultivos así como un encadenamiento de ciclos de crecimiento y depende menos de la lluviosidad, siendo probable que hasta durante una sequía inesperada caiga alguna lluvia en cierto sitio de las montañas. La tan efectiva variedad de cultivos de los kogui varía a lo largo del año y debe estar siempre suplementada por otros niveles y ambientes, pero el sistema general es de una muy estable agricultura de subsistencia.

[4] La mayoría de los campos de cultivo Kogui se encuentran en vertientes donde ocupan un máximo de dos hectáreas. Cultivos mezclados con gran variedad espacial y estacional, permiten cierta independencia de las temporadas de lluvia y una agricultura de subsistencia muy estable. (Foto: Carlos A. Uribe)

 

Terrazas arqueológicas

Para colocar en perspectiva este sistema agrícola es necesario dar un vistazo al pasado. En muchos lugares del actual hábitat de los kogui se pueden ver extensas terrazas arqueológicas con detalles estructurales muy similares a los de las terrazas de los antiguos tairona de la región de Santa Marta. Dichas terrazas lineales de las vertientes del hábitat kogui están construidas con hileras de cantos rodados y moles de roca de diferentes tamaños que no sólo atajan terreno erosionado de la superficie sino también el agua corriente detrás del terraplén; aquella agua luego drena fuera por una leve pendiente lateral del terraplén.

Los indios de épocas prehistóricas en ocasiones excavaron largos y estrechos canales de drenaje a través de la pendiente de la vertiente. Se pueden observar pautas de contorno de las terrazas en algunos flancos de las colinas, cuya inclinación varía de pocos a 45 grados y más aún. En otras regiones en cambio el patrón formado por las hileras de piedra es más bien imbricado constituyendo una creciente pauta general de terrazas semicirculares.

Algunos rasgos están asociados a las terrazas: pequeñas plataformas de piedra, lajas paradas o estelas clavadas en el piso. Las huellas de antiguas actividades en las terrazas indican que los tairona u otras antiguas tribus tuvieron plena conciencia de la necesidad de minimizar la erosión del terreno y de hacer drenajes. Con los kogui de hoy sucede lo mismo pues ellos saben de los beneficios de la conservación del suelo y de la irrigación, pero hacen uso de estos conocimientos apenas de un modo limitado.

Desechos de los campos (rocas, pequeñas piedras, ramas, viejos troncos de árboles) son colocados a veces en lugares donde pueden servir como pequeñas trampas de tierra y también a veces irrigan sus sembrados o cavan estrechos canales de desagüe en la pendiente; sin embargo, la irrigación intensiva no existe, a pesar de que claramente está presente el conocimiento tecnológico necesario.

[5]  La unidad familiar puede poseer hasta cinco o más casas, cada una localizada en un pequeño cultivo de media a una hectárea, en una escarpada vertiente o en el estrecho fondo de un valle. (Foto: Carlos A. Uribe)

Las terrazas arqueológicas, tan prominentes en las escuetas faldas del hábitat kogui, sorprendentemente no están integradas a la actual organización del trabajo agrícola, ni con las pautas de asentamiento hoy prevalecientes. En el pasado prehistórico, cuando las terrazas acompañaban a los grandes asentamientos nucleados, éstas constituían ecosistemas artificiales, pero hoy día permanecen sin ser casi usadas.

Las terrazas arqueológicas contienen buenos suelos pero a veces están distantes de los asentamientos kogui; además estos indios se apartan de ellas puesto que en cierto sentido las terrazas son consideradas sitios sagrados pertenecientes a los "antiguos" ancestros. En resumen, mientras que los tairona retrabajaron el ambiente natural y así incrementaron su producción, los kogui han mantenido su ambiente natural sembrando sus diseminados campos y huertas con una mezcla de cultivos de mera subsistencia.

Producción actual de alimentos

Los hallazgos casuales de piedras de moler arqueológicas indican que los vestigios de terrazas fueron usados para el cultivo de maíz, de lo cual también dejaron constancia los primeros cronistas españoles. Aunque actualmente el maíz está rodeado de muchos ritos de carácter ceremonial, este producto es de poca importancia ahora en su dieta. El principal producto alimenticio de los kogui a través de todo el año consiste de plátano, fruto casi permanentemente cosechable.

Es claro, asimismo, que los elementos más básicos de su subsistencia son plantas, muchas de ellas de origen postcolombino, tales como: el plátano, el banano, el ñame, la papa (que en la Sierra Nevada aparece en la época posterior a la Conquista), el guandul, la caña de azúcar, el mango y otras. En cambio, son de menor importancia plantas autóctonas americanas tales como el maíz, la yuca, la batata, el fríjol y éstas, aunque son consideradas por los kogui como "pertenecientes" a ellos, son de menor consumo.

Aquello indica que en gran parte los kogui han tenido que reorientar su producción agrícola y con ella muchos otros aspectos de su vida tradicional, tal como ocurrió con sus pautas de asentamiento. Según los kogui, el cultivo de maíz no es ventajoso en su actual ambiente y ellos se inclinan por la preferencia de alimentos tales como plátano, tubérculos y calabazas, siendo de considerable importancia cosechas de frutos de árboles.

El uso de recursos animales está limitado tanto por factores ambientales como por mecanismos culturales, puesto que ellos piensan que las proteínas animales son peligrosas para la salud en el contexto ritual. La caza es muy escasa y hay poca cacería de animales que entren a los campos de cultivo. Consumen cangrejos de río y cucarrones.

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