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La obra geográfica y cartográfica sobre la República de Venezuela.

La obra que en 1840 llevaba consigo Codazzi a París para darla a la imprenta -y que sería modificada durante su permanencia allí, por consejo de personas competentes a quienes fue mostrado el plan de la misma- tiene dos antecedentes notables de carácter legislativo que se refieren a ella. El primero -del 14 de octubre de 1830- es un decreto del "Congreso Constituyente de Venezuela", que lleva la firma del Presidente José Antonio Páez y ordena confiar a un oficial la "formación de planos de las Provincias de Venezuela, que reúnen [sic] noticias de geografía, física y estadística". Es esta la partida de nacimiento de la obra de Codazzi: aquí tiene su verdadero principio.

El segundo acto legislativo es también del Congreso y lleva la fecha de 16 de marzo de 1840, así como la firma de Páez; por él se autoriza a la obra del cartógrafo a salir en público en traje de imprenta, y se le dan, aunque sea mediante una fianza, los medios para realizar dicha salida. Entre los dos actos legislativos hay toda una serie de exploraciones, de viajes, de sacrificios y de peligros corridos; es la vida de Codazzi en medio de las montañas cubiertas de nieve o a lo largo de los llanos del Orinoco, en el interior o a lo largo de la costa, en lugares desiertos o entre gentes no siempre inclinadas a la mansedumbre.

Y después del segundo acto legislativo está la partida de Codazzi, para Europa, y su no breve permanencia en París, y los largos días y los meses dedicados a la última redacción y a la impresión de la geografía y de los mapas de Venezuela. Erraría quien creyera que lo que salió a la luz y lleva la fecha de 1840 y 1841 (atengámonos a esta última, puesto que la primera es una mentira impresa por una indispensable cortesía hacia el país que debía ser ilustrado) haya tenido desde el principio un plan de desarrollo bien preciso y que a tal plan haya obedecido el autor. Poseemos un "Prospecto de un plano general de Venezuela y dos mapas, uno histórico y otro geográfico de su territorio", redactado por el mismo Codazzi e impreso en Caracas en 1839 por George Corser, en el cual el proyecto primitivo está modificado. En este "prospecto" Codazzi declara que quiere transformar "los tres planos corográficos de las provincias en un Atlas de Venezuela, tanto más completo cuanto que, "por estar destinado a la instrucción básica de la juventud, comprendería la geografía, la geología y la historia del país, con noticias generales sobre las cinco partes del mundo"; y más adelante dice que quiere conformarse en esta obra a los más célebres modelos de semejantes empresas. Y más adelante cita el parecer de la comisión nombrada para dar "su concepto sobre los proyectos" que él había sometido (el 5 de noviembre de 1838) al gobierno, que es un parecer completamente favorable a tales proyectos y de aplauso y alabanza a quien para su realización no había ahorrado ni fatigas ni dinero.

El parecer de esta comisión, que estaba compuesta por cinco miembros y presidida por J. M. Cajigal (1), es del 19 de marzo de 1839; e inmediatamente después le siguió un decreto del Congreso -decreto que ya hemos citado- en el cual se acogen las conclusiones de la Comisión Corográfica elegida en octubre de 1830, y se autoriza a Codazzi a imprimir lo que hasta entonces había hecho para el gobierno venezolano.

Después de esa premisa histórica y ya que el plan había sido hecho también para conseguir suscriptores a la obra, que estaba por ser entregada a la imprenta y que ciertamente en 1839 Codazzi pensaba publicar en Venezuela, siguen tres incisos en los cuales se expone largamente el plan de trabajo. Los reproducimos íntegramente valiéndonos de la versión que ha dado -versión manuscrita y fidelísima- un amigo de Codazzi, el abogado Luigi Ferrucci de Lugo.

1) "Un mapa general de la República, se seis pies y medio de largo por cuatro de alto. Llevará la división de las provincias y cantones, cuyos limites y configuración presentará á primera vista: todos los ríos con la indicación de los navegables y no navegables, y de los puntos en que comienzan a serlo; las cordilleras y sus ramificaciones con las alturas máximas, las capitales de provincia, las cabeceras de los cantones y parroquias, con los caminos que van de una población a otra, y los sitios de las batallas ganadas y perdidas en la guerra de la independencia. Acompañarán a este mapa: un cuadro sinóptico de las distancias de las cabeceras de cantón entre si, con las capitales de sus provincias respectivas y con la capital de la República; un cuadro de todas las batallas y combates de la guerra de la independencia, para que se pueda saber el día en que tuvieron lugar y cuáles fueron sus resultados; los perfiles comparativos de las diversas montañas, para que se tenga noticia de las más elevadas y así mismo de la altura de las ciudades y lugares; e igualmente un cuadro comparativo de los ríos principales, para llegar al conocimiento de la longitud de cada uno, de su origen, desembocadura, navegación y clase a que pertenecen".

2) "Un mapa histórico de más de 7 pies de largo y 4 de ancho, que se podrá dividir en seis cuadros. El primero de estos llevará un mapamundi histórico con datos físicos, políticos y estadísticos de las cinco partes del mundo. El segundo un mapa de toda la América dividida por naciones, con un resumen histórico de su descubrimiento, conquista e independencia. El tercero un mapa de Venezuela tal cual era en la época de su descubrimiento, con las variaciones territoriales, las regiones habitadas por las diversas tribus, y un resumen histórico hasta la época de la revolución. El cuarto un mapa de Venezuela, dividida como en tiempo del gobierno español, con un resumen histórico hasta 1839. El quinto un cuadro de las campañas, año por año, de 1812 a 1819, con la lista de los hombres ilustres en el campo civil y militar. El sexto otro cuadro semejante de las campañas de 1820 a 1839".

3) "Un mapa físico descriptivo de siete pies de largo y cuatro de ancho que se podrá dividir en seis cuadros. El primero contiene un mapa de Venezuela, dividida según las hoyas hidrográficas, con la descripción de las costas, lagos y ríos principales, diversos sistemas de montañas, aspecto físico, meteorología, clima. El segundo dos perfiles que muestran a Venezuela de levante a poniente, desde Güiria a Valencia y de Valencia a Cúcuta por el camino principal, de modo que pueda advertirse clara y distintamente la altura de los puntos notables, valles, etc... con la descripción del aspecto del país en esta dirección. El tercero presenta tres perfiles de cada provincia, levantados de norte a sur siguiendo los caminos principales. El cuarto un cuadro físico, político y estadístico de las provincias de la República. El quinto un mapa de Venezuela, dividida políticamente, con la constitución general de la República, sus leyes fundamentales y las secundarias de mayor importancia. El sexto un cuadro históricocronológico de las provincias".

Tal era el plan que Codazzi había trazado para su obra hacia mediados de 1839. De este plan salieron después de cerca de dos años, el "Atlas físico y político de la República de Venezuela" y el "Resumen de la Geografía de Venezuela", complemento el uno del otro, visión de líneas y de colores aquel, exposición de datos y descripción de paisajes y de regiones éste (2). Necesariamente debemos pensar que la permanencia en París, y las conversaciones con hombres de saber y competentes, hayan modificado las ideas de Codazzi y lo hayan llevado a esta solución un poco distinta de su obra. 

Su primer cuidado al llegar a París fue presentar su trabajo a la Academia de Ciencias para obtener el parecer de la misma; y quizás no dejara de abrigar la esperanza de que fuese acogido en la Colección de publicaciones científicas extranjeras; pero su extensión hizo que no fuera aceptada.

Sin embargo el juicio bastante lisonjero de la comisión nombrada por la Academia para rendir informe de la obra presentada por Codazzi y compuesta de los más ilustres hombres de ciencia, Arago, Savary, Elías de Beaumont y Boussingault, era una segura garantía de un honroso éxito. Y de hecho Codazzi publica en las pocas páginas que preceden al Atlas, la relación leída en la sesión del 15 de marzo de 1841 y redactada por Boussingault, y antes inserta lo que Berthelot informó en la sesión del 4 de septiembre de 1840 -pocos días después de la llegada de Codazzi a París -a los académicos acerca del trabajo presentado por Codazzi, relación que dio origen al nombramiento de la comisión y al concepto arriba indicado.

Y si Berthelot terminaba su lectura, en la que exponía sucintamente lo más importante del trabajo de Codazzi, los criterios científicos en que se había apoyado para la descripción y representación de Venezuela y los resultados a que había llegado, haciendo votos porque sus colegas de la Academia quisieran aceptar el magnífico trabajo de Codazzi para el premio anual, que estaba reservado a los viajeros que habían prestado un buen servicio a la ciencia, Boussingault, a su vez, proponía -y la Academia lo aprobó- que se le dieran los más vivos agradecimientos al Coronel Codazzi y que una copia del informe de la comisión fuera enviada al Congreso de la República de Venezuela.

Además de estas lisonjeras expresiones que debían servir de consuelo y recompensa para Codazzi por las fatigas sufridas, son frecuentes las alabanzas que le tributan los dos relatores, y son alabanzas serias, hechas con palabras ponderadas y por consiguiente más valiosas. Así Berthelot lo llama "geógrafo lleno de celo" y "viajero infatigable", digno del trato que le ha dado el Gobierno venezolano, por haberse consagrado noblemente a la ciencia y por los eminentes servicios prestados al país. Y más adelante lo llama "hábil ingeniero geógrafo" y considera interesantes los datos que ofrece su trabajo, tanto más cuanto que ilustran un país que es dirigido por hombres cuyos principios liberales de gobierno merecen el respeto de todos.

Codazzi juzgó oportuno anteponer a los mapas que constituyen el Atlas las relaciones de los dos eminentes científicos, porque eran un reconocimiento del elevado valor de su esfuerzo y una garantía para el país que lo había hospedado de que no había estado mal puesta la confianza que en él habían tenido los hombres de gobierno.

Sobre el contenido de estas dos relaciones, y sobre todo, sobre las observaciones -pocas- hechas, volveremos más adelante cuando tratemos de fijar los criterios sobre los cuales está fundada la obra de Codazzi: por ahora veamos el contenido del Atlas y del Resumen.

H. Fournier es el nombre del tipógrafo (3), y, si junto a ejemplares del Atlas que tienen la indicación de París como lugar de la impresión hay otros que tienen el de Caracas, esto, como ya se ha dicho, es simplemente homenaje al país descrito, que había confiado al tipógrafo parisiense las ilustraciones; e igualmente debe ser una fecha que no corresponde a la realidad aquella puesta al pie de la página en la portada del Atlas -1840-, en primer lugar, porque Codazzi, que había salido en julio de Venezuela y por consiguiente no llegó a París antes de agosto, no hubiera podido en pocos meses ver preparados por los litógrafos y tipógrafos los diez y nueve mapas de su Atlas; y luégo, porque en las ocho páginas de texto que preceden a los mapas hay inserta -lo hemos ya dicho- una relación que lleva la fecha de quince de marzo de 1841. Por consiguiente coloquemos en este año la publicación, esto es, la entrega al público, de ambas obras.

La portada tiene una viñeta simbólica, por la cual Codazzi manifestaba no poca simpatía y que, según nosotros, no tiene ni originalidad ni profundidad de concepción, pero que no podemos negar responde a la mentalidad de los hombres que asistieron -y fueron parte no pequeña de los acontecimientos- al nacimiento de la libertad de tantos Estados antes oprimidos por la esclavitud. El autor es Carmelo Fernández sobrino del Presidente de la República (4), el cual quiso representar a la joven República en una mujer vestida a la manera de los indios, sentada junto a armas y banderas, bajo un dosel de vegetación tropical, la cual, aunque tiene a su alrededor los símbolos de sus victorias, y al lado, sobre una gran roca, esculpidas las fechas de su liberación de la servidumbre española y los nombres de las batallas ganadas, no apoya sobre ellos su porvenir, sino sobre el libro de sus derechos, que tiene bajo el brazo, y sobre él pone su fuerza y su esperanza. Cerca corre el Orinoco y lo surca una canoa, símbolo este -siempre según el autor- de la vida tranquila y pacífica en que viven las tribus de indios; a la orilla del río corre, ágil, un caballo salvaje, símbolo de la independencia; sobre las riberas se eleva una variada vegetación que indica la riqueza no común de la flora venezolana, y a lo lejos se elevan unas montañas que la nieve cubre de blanco. Así imaginó el joven pintor su tierra y con tales símbolos quiso representarla.

Codazzi hizo preceder los mapas de ocho páginas de texto a dos columnas: hay un prólogo -un prefacio- bastante breve, en el cual hace sucintamente la historia de los mapas que publica y da gracias a cuantos lo han ayudado en esta obra -Tobar y Dallacosta, como fiadores de la suma que le había dado el gobierno, Baralt y Díaz que le ofrecieron algunos datos históricos, Fernández el dibujante-; luégo explica la diferencia entre el "prospecto" de la obra publicado en Caracas -aquel de que hemos hablado e indicado los puntos fundamentales- y la obra misma publicada después de ocho meses de continuo trabajo; (5) finalmente pide se le trate con indulgencia -indulgencia que, dada la inmensidad de la obra realizada, es de justicia- y manifiesta el deseo de que su 'obra acogida en Europa con tan finas muestras de aprecio, encuentre en su patria verdadera, ojos y corazones amigos en lugar de severos censores".

Al prólogo sigue el índice de las diez y nueve planchas cartográficas que comprenden treinta mapas, luego los dos principales decretos del Congreso de Venezuela, el del 30 sobre levantamiento del relieve de las provincias de Venezuela, y el de 1840 sobre la publicación de los mapas, y finalmente vienen las dos relaciones de Berthelot y de Boussingault a que nos hemos referido.

La primera plancha cartográfica es un "mapamundi histórico", en cuatro colores, lleno de leyendas, en las cuales está recopilado casi todo lo que se refiere a la exploración y gradual conocimiento del orbe. La parte más pobre en notas históricas es la de Africa, en la que hay muchos espacios vacíos de nombres y de símbolos cartográficos. Hasta el continente polar antártico tiene nombres y fechas.

No es mapa importante ni desde el punto de vista técnico ni por el contenido; encontramos otros semejantes antes de 1840, impresos en Italia y en otras partes, casi con los mismos colores y con igual número de indicaciones históricas; sólo que en este editado por Codazzi en su Atlas hay más finura de dibujo, más modernidad de signos, más cuidado en las noticias históricas que se refieren a América, y, actitud lógica desde el punto de vista del país que hacía imprimir los mapas, el hemisferio que comprende a las dos Américas está a la derecha. Continuando la enumeración de los mapas históricos -no seguimos la sucesión que presenta el Atlas sino que agrupamos según los fenómenos que quieren ilustrar- debemos citar en seguida el cuarto "mapa" que comprende dos cartas de Venezuela; la primera en la que se representa este país en 1810, esto es, al estallar la revolución que la libertó de España; la otra lo representa en el año en que se hicieron los mapas, en 1840. Ambas comprenden la misma área; sólo uno de los mapas, el que se refiere al más reciente estado de Venezuela, tiene una estrecha faja de territorio al sur, no venezolano, que no aparece en el otro mapa. La única diferencia está en el color, ya que el primer mapa, puesto que en él hay menor número de provincias, tiene menos variedad de colores, mientras que el otro muestra las trece provincias. Los límites son casi los mismos; sólo hacia el oeste del segundo mapa -y esto ya lo hicimos notar en el capitulo precedente- amplía un poco los límites de la República en perjuicio de Colombia, ya que divide en dos la península de la Goajira. El meridiano principal pasa por Caracas. Naturalmente que estos dos mapas en cuanto a la representación de los fenómenos físicos están basados totalmente en los trabajos de exploración y en las medidas tomadas por Codazzi, y en cuanto a la parte histórica del primero debe haber sido tomada de mapas precedentes de proveniencia española, cuya existencia y utilización indica el mismo Codazzi cuando, ilustrando sus viajes y sus empresas juveniles, hace referencia a algunos de ellos (6).

Los "mapas" seis, siete, ocho y nueve son puramente históricos pero no ocultan sin embargo, una intención históricomilitar, ya que representan las campañas de 1812 a 1823.

La sexta plancha cartográfica comprende tres mapas, uno de la guerra de 1812 a 1814, otro de la de 1815 a 1817 y el terdero de la campaña de 1818 y parte de 1819.

No está representada toda Venezuela; faltan las tierras más meridionales, como quiera que estuvieron al margen de cualquier movimiento. Y en ellos, por los dos colores que usa el autor, el amarillo y el rojo, se puede tener idea de las oscilaciones de la idea de independencia y del retroceso de sus triunfos de norte a sur. Al principio la independencia se extiende a todas partes, del mar Caribe al Orinoco y del Atlántico a las cadenas de los Andes colombianos (1812 a 1814), excepto en torno al Lago de Maracaibo, luégo se restringe a pocas regiones del interior, mientras por todas partes España con sus armas victoriosas reafirma su dominio (1815 a 1817); por último, del mar la zona rebelde se desplaza a las orillas del Orinoco (1818 a 1819). Y como las campañas guerreras, en un territorio tan vasto, fueron más de movimientos rápidos que de grandes batallas, de tropas ligeras llevadas de un extremo a otro más que de gruesos y lentos cuerpos de ejército, se indican con líneas de colores las vías seguidas por los Jefes de los ejércitos rebeldes o por las soldadescas españolas para conquistar y retomar las tierras conquistadas; así se ve todo el camino recorrido de 1812 a 1819 por Bolívar, rápido como un rayo, cansando con su rapidez a los Generales españoles, casi omnipresente en la inmensa y difícil tierra, y del mismo modo se pueden seguir los movimientos de Páez, capaz también él de superar rápidamente las grandes distancias, y se puede hacer una comparación entre ellos y las tropas españolas -también para los movimientos de estas hay en los mapas líneas de colores- que se movían más lentamente, ya porque conocían menos los lugares, ya porque no estaban habituadas a la vida áspera y libre de los llaneros. Pequeñas flechas indican la dirección y espadas cruzadas los lugares en donde ocurrieron encuentros breves o combates famosos.

El "mapa" séptimo ocupa una hoja entera y comprende más espacio que los otros, pues abraza, además de Venezuela, a la Nueva Granada y Quito, esto es los tres países que habían ya constituido la República de Colombia. También en el los dos colores indican las porciones de territorio que se habían rebelado y las que permanecieron fieles a España o fueron reducidas a su dominio; y tales colores durante 1819 y 1820 se extienden casi por igual extensión de tierras: el extremo suroeste y las zonas costeras entre Caracas y Maracaibo son todavía españolas; el resto ha pasado a la plena independencia. Y como este breve período -en el cual también Codazzi ofrece su brazo y su coraje a la causa de la independencia- son numerosos los Jefes de una y otra parte; también veremos muchas líneas de colores surcar la región, entretejerse y cortarse. Es este el período de triunfo casi completo de la guerra por la libertad y por ello aparecerá más numerosos el entrelazarse de colores y de líneas.

Evidentemente las tierras que están fuera de los límites de Venezuela, así como aquellas que él no ha recorrido sino en parte y no con el objeto de representarlas en un mapa, y que no ha medido, no pueden ser sino representaciones tomadas de otros mapas. Quizás sean excepción los lugares recorridos por Codazzi durante su primera permanencia en América del Sur, como el Río Atrato y una parte de la hoya del Magdalena, que puede ser que hayan sido modificados por él de acuerdo con sus conocimientos personales.

También el octavo "mapa" es, como el séptimo, más amplio y extenso. Incluye las últimas campañas, las de 1821 a 1823, y señala el fin de todo el esfuerzo por la independencia. No aparecen allí colores para dividir las tierras libres y las tierras sujetas, sino que los colores distinguen solo las tres partes de que se compone la República de Colombia: el Departamento de Venezuela, el Departamento de Cundinamarca, y el Departamento del Ecuador. Aquí las campañas son igualmente numerosas pero se van haciendo menos ricas en movimientos y restringidas a zonas más limitadas.

El mapa noveno está enteramente fuera del fin ilustrativo que se propuso Codazzi; no es un mapa de Venezuela ni de las tierras que por un momento estuvieron unidas a Venezuela, sino que comprende las Repúblicas del Ecuador, del Perú y 'de Bolivia. El lazo que une este mapa con los precedentes es solo histórico: en la lucha por su liberación tomó parte -y no pequeña- Bolívar, y por esto Codazzi incluyó en su Atlas este mapa. El cual no es original, esto es fruto del trabajo personal de Codazzi, sino tomado de otro publicado en 1826, y que ha recibido de parte de Codazzi las correcciones que le fueron sugeridas por las observaciones y los itinerarios de los oficiales competentes -probablemente técnicos capaces de hacer relieves del terreno y observaciones astronómicas- que acompañaron a los ejércitos en sus diversas operaciones. Es un mapa que aparentemente no presenta características notables, pero si bien se observa, se ve con cuanta finura y arte ha sido preparado y cómo ha salido de manos hábiles y expertas en todos los detalles cartográficos.

Los mapas históricos terminan aquí, y constituyen una tercera parte de todo el Atlas: los otros son todos físicos o políticos.

El primero es un mapa físico y político de las dos Américas en 1840, pero como todavía aquí y allá aparecen leyendas de carácter histórico, el autor ha podido llamarlo también histórico, y nosotros agregamos que es igualmente económico, en cuanto no faltan indicaciones de los productos minerales. Los colores distinguen los diversos Estados de sur a norte; líneas, también de colores, indican las rutas que siguieron Colón, Balboa, Ojeda, Américo Vespucio: hay leyendas que establecen comparaciones -como aquella que compara el río de la Plata con el Mississipi- o que describen características del paisaje, como aquella otra que define la naturaleza de las pampas. Además sobre cada paralelo señalado está la indicación de los lugares tocados por él ya al oriente, ya al occidente. Más que un mapa de carácter científico debe considerarse como un documento cartográfico que Codazzi ofrece a aquellos, de entre los habitantes de Venezuela, que quieren hacerse prácticos en esta ciencia. El primer meridiano es el que pasa por París, por lo cual es lógico pensar que esta representación del Continente Americano es de origen francés y ha sido tomada de mapas franceses, a los cuales se les agregaron las leyendas, las comparaciones y las diversas indicaciones.

El tercer mapa -siguiendo el orden- es uno de los más complejos de todos, ya que además de representar las costas de tierra firme, desde la desembocadura del Orinoco hasta el Yucatán, las de las Antillas y gran parte de las Lucayas, y además de contener las líneas de las rutas seguidas por Colón y por otros descubridores y viajeros, indica con grande abundancia de líneas y colores, la variedad de pueblos que viven en las partes más bajas. Es por consiguiente un mapa en parte histórico y un mucho etnográfico, ya que fija la posición de las tribus diseminadas por la vasta hoya del Orinoco, por los Andes de Venezuela y a lo largo de las costas del mar de las Antillas.

Las tribus están indicadas con colores diversos según las lenguas que hablan; con otros signos están indicadas las tribus desaparecidas, las que se han mezclado con la población dominante, las que han conservado sus costumbres pero se han sometido, y las tribus que se han mantenido en la más absoluta independencia. Si hay un defecto en este mapa es la tentativa de querer decir mucho con signos que no pueden tener mucha variedad.

Toda la América representada en el resto del mapa está casi sin nombre; pero las costas están diseñadas con lujo de detalles y con gran finura de diseño.

El "mapa" quinto, dividido en dos partes, representa a Venezuela dividida en hoyas hidrográficas y en zonas de vegetación. En la primera parte, por medio de colores, Codazzi ha sabido distinguir muy bien las varias hoyas y sobre todo separar la mayor, la del Orinoco, de las otras que comprenden poco espacio y están próximas a la costa marítima. Así, excepto la hoya compuesta de muchos cursos de aguas breves de la laguna de Maracaibo y la del Cuyuni que se une al Esequibo -río éste que en buena parte está fuera de los limites de Venezuela- las otras hoyas recogen las aguas que van de la cadena costera hasta el mar.

Bien representadas, con trazo más o menos fuerte, están las líneas divisorias de aguas, y aparecen hasta las menores alturas. El otro mapa muestra las tres zonas principales en las cuales puede ser dividida la región respecto a la vegetación: está la zona, muy estrecha y bastante interrumpida, más amplia en la parte de la costa y en torno al lago de Maracaibo, hecha más de fajas que de largos espacios de terreno, que está dedicada a la agricultura; pero en medio de ella se insinúan las otras dos zonas, la de los pastos, que ocupa toda la izquierda del Orinoco, y un poco de la derecha -y desde luego la zona de los llanos, que Codazzi llama "de los pastos"- y la otra de "selvas vírgenes" la cual se extiende sobre toda la derecha del Orinoco y hacia la desembocadura del río.

El "mapa" décimo es todavía un mapa en parte histórico, en parte administrativo y en parte físico: representa la República de Colombia, esto es el Estado situado en la parte norte de la América meridional antes de 1830, cuando el Ecuador, la Nueva Granada y Venezuela componían un todo, y muestra los diversos Departamentos -11 en total- en los cuales Colombia estaba dividida y los 3 territorios considerados como usurpados por el Brasil, entre el río Negro y el Río Solimoes, y por Inglaterra a lo largo del Esequibo, -parte de aquella región formara después la Guayana inglesa-. El mismo Codazzi declara que este mapa, además de haber tenido como fuente sus trabajos, fue construido sobre mapas semejantes de Humboldt y de Restrepo (7).

 Con el "mapa" 11° y hasta el 18° están ilustradas cada una de las provincias de Venezuela. En primer lugar la de Caracas,

napolitano de Rizzi Zannoni, esto es, un reticulado que no es geográfico, o sea que no está formado de meridianos y de paralelos. Es un reticulado cilíndrico inverso, que tiene la ventaja de conservar intactas las áreas y aún, con mucha aproximación, las formas" (9).

La última hoja del Atlas, como se ha dicho, no es un mapa, sino relieves y tablas comparativas. Es una hoja que sirve para aclarar muchos asuntos que en los mapas no están suficientemente ilustrados, y ofrece la comodidad de poder hacer comparaciones no fáciles de hacer entre las diversas cartas de las hojas anteriores.

En primer lugar hay cinco perspectivas de montañas a las cuales acompañan cinco tablas con los nombres de los montes y de las ciudades capitales de provincia o de cantón con sus respectivas alturas en varas (10) y en metros. Las medidas en gran parte se deben a Codazzi, por lo que es interesante verificar su número para comprender el gran trabajo hecho por él. La primera perspectiva que muestra la "Cordillera" -"perspectiva", se entiende, ideal- que se alza en la provincia de Mérida, Trujillo, Barquisimeto, Barinas y Apure, tiene 58 cimas medidas, de las cuales 3 son superiores a los 5.000 metros y cerca de 32 superiores a los 4.000; y 30 ciudades de las cuales se indica la altura sobre el nivel del mar.

El segundo tiene las montañas de las provincias de Carabobo y de Caracas -bien modestas respecto a las precedentes (sólo 2 picos pasan de los 2.000 metros)- con 47 medidas de cimas y 25 alturas de lugares habitados; el tercero, que se refiere a las alturas de Barcelona y Cumaná, tiene 45 cifras, de las cuales pocas superiores a los 2.000 metros y 17 alturas de ciudades grandes y pequeñas.

Más modestas son las montañas de las provincias de Maracaibo, Coro y Margarita, que aparecen en la cuarta perspectiva: 17 son las medidas de cimas y 13 las de ciudades. Finalmente en la quinta perspectiva, donde está el perfil de; la sierra Parima en Guayana, hay 66 cifras ofrecidas por Codazzi que se refieren a las cimas y sólo 5 referentes a ciudades. Son más de 300 las medidas hechas por Codazzi, o sea 228 de alturas y 90 de ciudades y pueblos; número no indiferente, si se piensa en las dificultades encontradas y en la poca facilidad para escalarías de la mayor parte de las cimas de los montes, a las cuales quizá el primer hombre que trepó fue el autor.

De los montes se desciende a los valles, y la segunda serie de tablas se refiere a los ríos venezolanos. Tres tablas dan la longitud de los ríos en leguas (11) y al lado está la representación de su curso con los accidentes del mismo, de modo que el observador puede formarse un concepto comparativo de ellos y saber inmediatamente si tienen un curso largo y ancho; si la desembocadura es en delta o estuario, si se dividen en ramales, si forman lagunas en su recorrido. Es una visión rápida la que tiene el lector, corroborada por las cifras que la acompañan. Los ríos que nacen de la Sierra Parima, los de la cadena venezolana y los que tienen su origen en la Nueva Granada -el Orinoco, el Apure, el Meta son los primeros de cada serie- están aquí representados y catalogados según su curso; en total son 58 cursos de agua. La última serie de tablas se refiere a la extensión de las 13 provincias de la República, representadas con figuras cuadradas o rectangulares a colores; y dentro de cada figura está indicada la cifra del área en leguas cuadradas, la de la población absoluta y la de la relativa.

De tales figuras concluimos que la provincia más grande es la de Guayana, la más pequeña es la isla de Margarita, y ambas están en los extremos de la escala de la densidad porque ésta es la de mayor densidad y aquella la de más escaso número de habitantes. En cuanto a la población absoluta ocupa d primer puesto la de Caracas, que es la segunda en extensión y la quinta en densidad.

Comentario, explicación, interpretación del Atlas es el texto de geografía que Codazzi quiso llamar modestamente "Resumen de la Geografía de Venezuela" (12). -El autor mismo declara que su trabajo se ha desarrollado según el plan fijado para la geografía regional por Balbi -autoridad geográfica no despreciable en la primera mitad del siglo XIX, y que las fuentes a que ha recurrido son diversas; en primer lugar hay que poner los conocimientos obtenidos en sus viajes, luego vienen los personajes científicos y las obras que dice haber interrogado y consultado. La preciosa obra de Ramón de la Sagra le fue muy útil para la clasificación de los vegetales, sobre los cuales en más de una ocasión ha acudido al parecer de los expertos, a quienes cita cada vez; los señores Roulin y Berthelot y los Directores del Museo Mexicano le ayudaron mucho en la clasificación y descripción de los animales que presenta Venezuela. Para las costas Codazzi dice que se ha valido del derrotero español y para los varios cultivos de plantas útiles ha consultado, además de sus apuntes, los escritos de Depons.

En la parte que llama geografía política Humboldt y Depons le han servido de preciosos auxiliares para los tiempos antiguos, Balbi para la Etnografía, las publicaciones oficiales para la organización entonces vigente.

También las obras históricas de Feliciano Montenegro de Colón y la Geografía de Colombia -esta más raramente- declara Codazzi haberlas ojeado con provecho. Agrega finalmente que todo el trabajo fue revisado por Rafael María Baralt y Ramón Díaz, y que el plan, antes de su desarrollo, había tenido la plena aprobación de Juan Manuel Cagigal, profesor de Matemáticas en la Escuela Militar de Caracas (13).

La obra entera está dividida en tres partes: primero está la Geografía Física -pp. 1 a 237-, después viene la Geografía Política -pp. 238 a 362- y viene por último la descripción de las 13 provincias.

Se puede decir que todos los aspectos de este país están considerados en el libro de Codazzi; no falta nada: el ambiente físico en sus aspectos más modestos, la vida de todos los seres que allí tienen su morada, de los más pequeños a los más grandes, de los más útiles a los más dañinos, de todos los vegetales que allí se producen o cultivados o silvestres, del hombre en sus variedades, sus hábitos, su pasado y su presente; todo tiene su capítulo expuesto con serenidad, sin palabras inútiles, ampliamente. Si los modernos libros de descripción geográfica, económica y política, que quieren dar una visión sintética y completa de un país, tuvieran la perfección de este compendio, adquiriríamos de ellos un conocimiento tan completo que al visitarlo no tendríamos nada qué agregar.

Codazzi ha sabido dar una idea completa de Venezuela, presentando ante nuestros ojos todos los hechos, expuestos con orden, no conocidos superficialmente a través de lecturas apresuradas, sino discutidos, examinados y digeridos. Se le puede acusar de haber dado demasiado desarrollo a algunas partes, como por ejemplo, a los capítulos que se refieren a los animales mayores y menores que ocupan cerca de 100 páginas; se puede decir que no era necesario, al hacer la lista de los insectos, seguir una rígida clasificación y que quizá hubiera sido mejor agruparlos según sus efectos dañinos o reunirlos teniendo en cuenta las zonas en que se encuentran; se le pueden también hacer otras criticas; pero no se debe negar que este exceso de método, esta exageración de escrupulosidad, nos asegura más de la exactitud y credibilidad de sus afirmaciones. Además, es un hecho fácilmente comprobable que los que no tienen extensos conocimientos de una determinada ciencia, cuando deben tratar de ella ocasionalmente, por su sentido de respeto a la majestad de la ciencia y por la conciencia de su inferioridad, hacen tales esfuerzos de prolijidad y exactitud, que casi siempre caen en el exceso.

Empieza trazando los límites de la República y dando su área y población, después principia la descripción, primero de los lugares bañados por el mar, luégo de las llanuras, los altiplanos y las montañas.

Pero la suya no es una descripción simple y desnuda: los fenómenos constantes que encuentra aquí o allí es necesario presentarlos reunidos, porque de su participación mayor o menor en la vida del país, esta viene a ser modificada en uno u otro sentido. Así Codazzi no se limita a indicar cuán variada es la superficie de Venezuela, a describir las llanuras uniformes o las ásperas montañas; sino ¿ qué área ocupan?, ¿ son mas las partes planas que las ásperas? Y si en una provincia prevalecen los montes sobre las llanuras, ¿ se repite esto en todas las otras provincias? Hé aquí una serie de diversos problemas a los cuales Codazzi da una solución satisfactoria con el "estado demostrativo de los terrenos de cada provincia", donde para cada subdivisión administrativa se indican en tablas las leguas de montaña o llanura, de altiplano o de lagunas, o de tierras medio sumergidas, de modo que es fácil ver la naturaleza de cada una y deducir su economía. La relación entre las varias alturas y la distribución de las mismas en toda la República, la fijación -cosa que no es fácil- de las irregularidades y de las tierras de características semejantes, es hecha por Codazzi con un conocimiento tan completo de la maraña orográfica que, -sin tener en cuenta las alabanzas de la Comisión de la Academia de Ciencias de Francia- hoy se conserva intacto su pensamiento y se admite lo que Codazzi fue el primero en admitir.

No son estas las únicas alabanzas que se le pueden tributar; hay otra que quizá pocos sabrían atribuirle dada la naturaleza de su conocimiento y las modalidades de su actividad antes de haber presentado sus escritos, y es el arte no común con que describe y narra. No sabríamos decir si llegó a ser un buen prosista en español; aunque no somos competentes para declararlo, expresamos la convicción de que, aún en español logró un estilo seguro y suelto. Y esto lo deducimos de la prosa abundante en lengua italiana que hemos examinado y que se refiere a los años de su regreso a Italia. Aun en ésta, aunque no siempre sea correcto y variado, muestra una tal soltura que no causa ninguna fatiga leerlo y casi resulta agradable. 'La visión aún viva de las cosas admiradas y la exactitud y precisión de lo que narra, son las razones que nos mueven a apreciarlo corno narrador y que nos agradan en él como descriptor.

Escojamos, entre tantos, un pasaje, escaso en datos y en nombres pero sobrio y compuesto, que hemos traducido al italiano, como muestra de su arte simple y fuerte. Es verdad que contiene algún error y alguna afirmación con la cual no se puede estar de acuerdo; pero, a pesar de todo, en él vibra un sentimiento que no se puede esconder; hay tanta moderación del lenguaje y tan seguro equilibrio de las palabras y del pensamiento, que nuestro juicio queda confirmado y ratificado.

Es el capitulo "Aspecto Físico del País" (14) el que traducimos; comienza así:

"Como entramos en el mar llamado de Colón en los primeros tiempos de la Conquista, sentimos penosamente afectado el ánimo, al pensar en la injusticia con que la superchería de un aventurero y el indolente descuido de los nacionales, privaron al Nuevo Mundo del nombre de su ilustre descubridor. Ni aun este pequeño mar pudo conservar por mucho tiempo aquel débil testimonio de la gratitud de los contemporáneos de Colón, pues luego se le impuso y hoy se le conserva el nombre de Mar de las Antillas. Hállase éste encerrado como un Mediterráneo, entre las costas del continente por el Oeste y el Sur, y considerable cantidad de islas conocidas con la denominación de Grandes y Pequeñas Antillas, que en grupos alineados forman una barrera al Oriente y Septentrión; Habitaban éstas, antes de la Conquista, un crecido número de tribus salvajes, sin ninguna industria, sin culto y casi sin hogar; pero hoy se ven llenas de individuos de diferentes naciones europeas que han llevado allí el cristianismo, las ciencias, la agricultura y otras artes: que han convertido los desiertos en hermosas ciudades, en campos bien labrados, y que pueblan con sus bajeles aquellos mares que en otro tiempo sólo surcaban las piraguas de los caribes antropófagos. Cuando la España velaba, codiciosa, sobre las colonias para mantenerlas incomunicadas con el resto de Europa; cuando a ningún extranjero le era permitido penetrar ni aun llegar a aquellas tierras de que apenas se conocía la existencia por el oro de sus minas; Venezuela debió mucho al vecindario de aquellos establecimientos de islas, recibiendo en cierta manera, de contrabando, la influencia y el impulso de una civilización más adelantada. Convertidas aquellas islas en factorías de los pueblos más industriosos y más cultos del antiguo continente, puede decirse que la Europa se había acercado a pocas leguas de la costa firme, y le transmitía fácilmente con sus preciosos artefactos, el producto aun más precioso de sus luces y de su filosofía".

No sólo este párrafo, sino todo el capítulo, y muchos otros, muestran que tenía disposición para hacer hablar a los datos geográficos, casi mudos, y para hacerlos hablar un lenguaje noble y elevado. Nunca se enumeran los datos en una sucesión árida y fría, sino que se recogen en un conjunto que se complementa, armónico y amplio; junto al hecho físico, a la cifra desnuda, Codazzi ve al hombre que saca provecho de lo que la naturaleza ha puesto a su alrededor, ve al hombre que es el que realiza lo que la cifra representa fríamente. En una palabra esta su Geografía de Venezuela es un libro vivo, palpitante de vida humana, vegetal y animal; tiene el atractivo de una novela, el rigor de la ciencia y la sistematización de un tratado. Aquí la geografía no es cosa muerta, porque no es conocimiento de segunda mano, porque lo que describe el autor lo ha visto, porque ha vivido diez años su libro y lo ha compuesto día a día atravesando los llanos o subiendo a las alturas de la sierra, navegando los ríos o adentrándose en los bosques, conversando con los llaneros o estudiando las costumbres de las tribus indígenas.

En efecto después de la exposición de todos los aspectos físicos que permiten un conocimiento del ambiente geográfico, Codazzi pasa al examen de las varias especies de vegetación y de las causas climatéricas que las determinan. Es aquí donde el hombre hace su ingreso solemne; se convierte en agricultor en las zonas más favorecidas y más propicias, se dedica al pastoreo donde la tierra no es apta para producir un fruto adecuado, utiliza la selva y las sustancias que allí crecen. Esta es la serie de capítulos más interesantes porque es la más animada; se describen las costumbres y hábitos de los animales domésticos y salvajes, de los útiles y dañinos, con particulares que agradan al lector, y aún los más pequeños, los más despreciables, le merecen un párrafo, una indicación; se muestran las virtudes de las plantas y aun las que parecen menos útiles tienen algún mérito que Codazzi pone en evidencia, como si considerara necesario dejar bien grabado en las mentes que la naturaleza no ha creado nada inútil. Además están bien fijadas las zonas de crecimiento de las plantas, de modo que vemos que a medida que el ambiente cambia de altura, cambia la variedad de los vegetales, y aparece toda aquella tierra como una serie de terrazas que cambian de nivel y de formas vegetales. La geografía política -es un término que él emplea con una significación más amplia de la que realmente tiene este adjetivo- es de lo más completo que puede darse hoy -a más de cien años de distancia no solamente como realización sino como proyecto.

Toda la vida está allí examinada, consideradas todas las actividades, observados todos los aspectos materiales y espirituales del pueblo venezolano, y no faltan las cifras, animadas también de oportunos comentarios.

Los indios distribuidos en tribus y lenguas, los inmigrantes de Europa, las creencias religiosas, y la organización pública, y las escuelas; y luégo las actividades comerciales e industriales de la población, y la organización política y administrativa, y las fuerzas armadas para la defensa del Estado, todo se expone en parágrafos, en capítulos, en series de capítulos. Las fuentes son oficiales, y donde no ha podido obtener el dato seguro, Codazzi discute lo que otros le ofrecen y lo modifica después de haberlo ponderado prudentemente.

¿ Y qué decir de los 13 capítulos que siguen, dedicados a cada una de las provincias? Cada unidad administrativa adquiere en el tratado un carácter propio, que Codazzi sabe deducir oportunamente de los datos presentados; cada provincia se distingue por alguna particularidad, a pesar de que para todas se emplean los mismos acápites y de que parezca que todas han sido tratadas del mismo modo; ya sea el predominio de las tierras altas, o el de extensas llanuras, o su situación a orillas del mar, o la posición en el interior, o sus posibilidades de cultivo, o la dificultad de un cultivo provechoso, o la escasa población, o el gran número de gentes indígenas. Y esto que nosotros reconocemos en el resumen no es muestra de un examen excesivamente benévolo o de un exagerado aprecio de la obra, pues igual impresión  tuvieron los que conocieron el trabajo de Codazzi cuando todavía estaba manuscrito, para dar un informe a aquella Academia, a la que no podemos acusar de demasiada condescendencia hacia los sacerdotes de la ciencia que no son serios. Y entre los individuos que pertenecían a aquella Academia estaba también A. de Humboldt quien había visto estas tierras y había publicado sobre ellas páginas destinadas a la inmortalidad.

Berthelot, quien, como ya dijimos, fue el primero que informó sobre las obras de Codazzi, después de haber resumido las ideas del viajero sobre las varias cordilleras venezolanas y sobre sus relaciones de dependencia, dice que es sobre todo en eI capítulo que se refiere a las llanuras, en el cual se trata también de las mesas, donde aparece la inteligencia con la que se ha llevado adelante este hermoso trabajo; porque de ese capítulo se pueden sacar noticias enteramente nuevas sobre las provincias de Cumaná y Barcelona, dos provincias poco conocidas hasta entonces o por lo menos muy imperfectamente representadas en los mapas.

El análisis geográfico de Codazzi -continúa Berthelot- arroja gran luz sobre las llanuras americanas y sobre los numerosos ríos que nacen en el centro de aquellas tierras casi desiertas, fenómeno que es enteramente peculiar de la región de las mesas

Y sobre esta especie de llanuras y sobre los ríos que las recorren, se detiene largamente porque, dice el ilustre académico, por Codazzi fueron destruidas las ideas que durante mucho tiempo se tuvieron sobre esta vasta región. Se creía en efecto que en ellas surgían altas montañas en las cuales se suponía que tenían su nacimiento los numerosos ríos navegables; ahora bien, Codazzi ha destruido tal creencia, demostrando qué no existe ninguna cadena montañosa, y también ha sabido explicar el por qué del caudal de agua arrastrado por los ríos mayores, examinando la constitución geognóstica de la mesa, constitución que permite la filtración de las aguas lluvias y su reunión en estratos arcillosos, por los cuales descienden hasta el río, al cual dan una contribución que los ojos no ven, pero que se comprueba después cuando el río se convierte en un curso de agua grande y navegable.

Y Boussingault, en su informe a la Academia, se detiene sobre todo en las determinaciones astronómicas y en las medidas barométricas y termométricas hechas por Codazzi, y observa cómo es posible sacar no pocas conclusiones de ellas acerca del comportamiento de los limites de las nieves perpetuas en las montañas orientadas hacia vastas llanuras o en las que miran al mar, aunque colocadas en la misma latitud, y en torno a la temperatura de las regiones tropicales.

Después refiriéndose a las varias formas del paisaje, anota que en la descripción de Codazzi los llanos surgen de la ignorancia más absoluta al conocimiento más preciso y que, aun cuando tengan en común características iguales, tienen cualidades propias a cada uno, y ofrecen a un ojo observador diferencias que se pueden percibir y que influyen sobre sus producciones y sobre las condiciones de sus habitantes, y agrega que Codazzi ha hecho todo lo posible para hacer resaltar en su prosa la fisonomía particular de estas diferentes regiones planas.

El Orinoco y la atención que a él ha dedicado Codazzi, ofrecen al relator otro argumento para no pocas observaciones y consideraciones; recordando los descubrimientos del Padre Román sobre las comunicaciones entre el río Negro y el Orinoco -descubrimiento anunciado a la Academia de Ciencias por La Condamine- dice que la cuestión fue mejor aclarada por Humboldt y que las observaciones de Codazzi han completado este conocimiento.

En cuanto a la plantas descritas con no pequeña abundancia de detalles, Codazzi puede considerarse -dice el relator- como el fundador de la agricultura comparada; la ciencia carecía de los datos, que debían ser bien precisos en esta materia, y el geógrafo de Venezuela se los ha ofrecido, de modo que se pueden establecer relaciones entre el tiempo necesario para el crecimiento de una planta y el clima, y llegar a conclusiones útiles para nosotros.

 Hemos escogido aquí y allá, en las dos relaciones, pasajes que comprueban el juicio por demás favorable de los dos ilustres científicos, pero podríamos agregar otros. Ha sabido, pues, Codazzi crear una obra fundamental, punto de partida al cual hubieran debido dirigirse todos los que se han dedicado a estudiar la vasta república, punto de partida que hasta ahora, desgraciadamente, ha venido siendo punto de llegada, modificado sólo en detalles, pero que permanece no superado en su soberbio conjunto.

 

 

(1)
Juan Manuel Cajigal fue uno de los personajes importantes de la historia de la revolución venezolana. (Véanse: Cervinus  Histoire du XIX siécle  Paris, 1866, t. III, p. 173, y Baralt y Ramón Díaz. Resumen de la historia de Venezuela, Vol. 29, p. 355).
(2)
El mapa de Venezuela en 4 partes, que se menciona con frecuencia y que lleva el título "Mapa físico y político de la República de Venezuela" con la fecha de 1840 y Caracas como lugar de edición, es el conjunto de mapas particulares del atlas, del 119 al 189 inclusive. Sus dimensiones, de 5. a N. y de E. a O., respectivamente, sin contar los márgenes, son de 85 por 130 cm. Al rededor aparecen la ilustración alegórica de la portada del Atlas y varios cuadros comparativos de la longitud de los ríos, alturas de los montes de las diversas provincias, superficie de cada una de ellas. La única novedad es una "tabla sinóptica" de las distancias de las cabeceras de cantón a la capital de la respectiva provincia y a la capital de la República. Hay también en este mapa numerosas leyendas que no aparecen en el Atlas y que reemplazan las breves páginas de introducción de éste; además se indica la escala: cada grado, equivalente a 83 mm., corresponde a 20 leguas, igual a 5.5m. (cada legua), lo que nos da una escala lineal más o menos igual a la de los mapas del Atlas. Naturalmente el mapa mural no presenta la división en cantones y por consiguiente falta la variedad de colores que constituye una de las principales características de los mapas recopilados en el Atlas.
(3)
Que es también el tipógrafo del mapa es cuatro partes.
(4)
José Antonio Páez, protector y amigo de Codazzi (17901873).
(5)
Aquí tenemos una declaración precisa de la verdadera fecha de publicación: mayo de 1841; de septiembre de 1840 a mayo de 1841 van precisamente 8 meses "de asiduas tareas de día y de noche".
(6)
Son 7 mapas anexos al manuscrito que publicamos; mapas que también reproducimos.
(7)
L'essai politique sur le royaume de la Nouvelle Espagne de A. de Rumboldt (Paris, 1811) va acompañado de un atlas de 20 mapas. Manuel Restrepo -el historiador de la "Revolución de Colombia"- es autor de un "Mapa de la provincia de Antioquia en la República de Colombia y de sus minerales, formado con arreglo a observaciones astronómicas, rumbos y operaciones geodésicas, en el año 1822". Fue publicado en Londres en 1824.
(8)
Los mapas atribuidos a Restrepo ea el primer Atlas de Colombia, parece. que no fueron trazados por él.
(9)
C. Bertacchi  Art. cit., p. 46.
(10)
La vara es una medida venezolana equivalente a 0,835 m.
(11)
Una legua equivale a tres millas geográficas de 1851 m., o sea, que mide 5553 m.
(12)
París  Imprenta de H. Fournier y Compañía, 1841, p. 648.
Se hizo una traducción italiana por G. Foschini, intitulada "Geografia statistica di Venezuela", impresa en Florencia (Tip. de Andrea Bettini), en 1864. La traducción es bastante libre y suprime toda la parte corográfica relativa a las 13 provincias.
En la Bibiloteca Estense de Módena, existe -incompleta- una traducción manuscrita del texto español, de 391 páginas y 5 de notas, en 4°.
(13)
"El plan jeneral de la obra ha sido aprobado por el señor comandante de ingenieros, profesor de matemáticas en la Academia militar de Caracas, a quien fue consultado de antemano".
(14)
Resumen, etc., p. 4546.
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