Los ríos - El Magdalena - El Cauca - El Patía - El Sumapaz - El Bogotá - El Salto de Tequendama - El Sogamoso - El Saravita- Laguna de Fúquene


 

 

corrientes orientales, Orinoco, Amazonas, y Paraná, puesto que rueda íntegro en territorio colombiano. En tesis general, el movimiento de sus aguas se verifica de Sur a Norte, siguiendo el eje longitudinal de los Andes. La vaguada principal se abre casi cu línea recta de las mesas vecinas al Ecuador, hasta el mar de las Antillas, a través de nueve grados de latitud.

La fuente original del río Magdalena brota en el macizo de Colombia, que es atravesado por el 2º grado de longitud septentrional, entre los dos elevados gru­pos que señorean los volcanes de Puracé, al Norte, y de las Animas, al Sur. El nudo de ese macizo es un notable centro de diramación de aguas; en tanto que los arroyuelos del alto Magdalena huyen hacia el Nor­este, y los del río gemelo, el Cauca, descienden con rumbo Norte, otros gayes ó torrentes corren al Este a formar el Patía, tributario del Pacífico, y hacia el Sur­este vense los que originan al Caquetá, uno de los bra­zos del gran río Amazonas. Pequeños pantanos ocupan esta parte de la mesa, llamada Páramo del Buey (1), los cuales se cambian en invierno en un lago irregu­lar que da cierta especie de continuidad a las linfas del Magdalena y el Caquetá. Dos de esas lagunetas sirven de receptáculos superiores a emisarios que se reúnen bien pronto en un vasto circo para formar el Magdalena, río que en seguida se desliza en estrecha grieta ó boquerón abierto entre la Peña grande y la Peña chiquita, para ir a precipitarse en salto de un centenar de metros de altura, descendiendo Iuego de cuenca en cuenca por medio de un rosario de rauda­les.

Cada valle le envía un afluente, y cuando logra salir del corazón de las montañas, se encuentra con el río Suaza, que por la orientación de su valle tiene de­recho a ser considerado como el río principal, a la vez que su caudal es superior a 300 metros cúbicos por se­gundo (2). Casi doblado en volumen por el Suaza, el Magdalena, que mide de 2 a 3 metros de profundidad, aquí y allá interrumpido por saltos y raudales, ofrece, no obstante, algunas porciones navegables, aunque amas de 1,900 metros de altura (3). En Neiva, donde su lecho no esta ya sino a 550 metros de altitud (4), alcanzando a veces hasta 200 metros de anchura aun en estiaje, puede principiar la navegación regular al vapor, bien que estos barcos se detienen de ordinario cerca a la confluencia del Saldaña., que desciende de los montes de la Cordillera central (5), y aumenta casi en un tercio el venaje medio de las aguas reunidas.

En el repentino codo de Girardot el río choca contra los contrafuertes de la mesa que soporta a Bogota y gira hacia el ocaso antes de tornar a su rumbo del Norte. Es allí donde concluye, desde el punto de vista comercial, el curso puramente colombiano del río, y principia el Magdalena conocido por los viajeros. Dos; ríos menos desconocidos que otros mas abundantes,. gracias a la vecindad de la gran ciudad colombiana,. desaguan en el Magdalena, arriba de Girardot: el Fu­sagasuga ó Sumapaz y el Bogota, juntos notables por los grandiosos espectáculos de sus hoyas. El Sumapaz, que nace en un vasto circo formado por el arco de los montes nevados temporalmente, atraviesa luego di­versas cadenas; en período geológico relativamente reciente no tenía aún curso continuo. A la altura de 3,500 metros, en el circo de Sumapaz, se extendía un primer lago, origen del gave superior. A 2,000 otro con ramificaciones proyectadas a todos los valles latera­les, llenando una cuenca donde hoy se reúnen muchos; ríos; en fin, un tercer lago, a 1.000 metros de altura, quedaba separado del valle del Magdalena por un es­trecho cordón de montañas. Otros lagos, de que no quedan sino restos en las combas superiores, sembra­ban toda esta región (6). Brechas de erosión excava­das a una gran profundidad por las aguas del río Su­mapaz vaciaron gradualmente los tres lagos; pero ciertos desfiladeros ú hoces del río, aún inconcluso, tienen el aspecto de simples grietas. Una de ellas, la de Pandi ó Icononzo, se ha hecho famosa por su puente natural, formado por una roca de asperón en­clavada entre los dos labios del abismo, sobre una ar­cada pizarreña; el fondo de la hendidura, en la que revolotean los pájaros guapacos (steatornis), queda a mas de cien metros abajo de los labios de la hoz, y la profundidad ocupada por el agua en ese espacio ver­tical es de 15 a 18 metros por término medio (7). Aguas abajo de la segunda cuenca lacustre, él boque­rón forma una garganta mas extraña aún; en la parte superior las dos paredes casi se apoyan una contra otra, en tanto que se excavan a plomo hacia la base para dar paso a la corriente. En fin; una tercera hoz, el Volador (8), permite a las aguas del Sumapaz alcanzar la vaguada del Magdalena.

El Bogota, lo mismo que el anterior, surca tam­bién una cuenca lacustre, la "Sabana," en una de cu­yas extremidades esta hoy la capital. Llegado hacia el Sur (9) de esa elevada terraza el río, ahora llamado Funza, arrastra con pereza linfa amarillenta sobre un suelo apenas inclinado, entre pantanos que desbor­dan en invierno, siendo fácil desecarlos por medio de sangrías abiertas hacia los valles inferiores (10). Al acercarse al reborde de la terraza, en Tequendama, el río, que mide unos cincuenta metros de anchura, precipita su curso entrando a estrecha y tortuosa hoz; no esta sino a 2,210 metros de altura, 435 bajo el ni­vel de Bogota, cuando alcanza el borde de la mesa, y cae 145 metros, ó sea al abismo del valle, del cual los vapores reunidos en espesas nubes se elevan sin cesar, desde las nueve de la mañana, en forma de poderosas volutas irisadas por el Sol (11). De los baloncitos (12) ó muros naturales que se hallan en las rocas de los cos­tados se trata siempre de distinguir, a pesar de la bruma, la masa de agua, que cae primero sobre una corníza que esta a ocho metros de la arista superior, y luego rebota en arco parabólico hasta el fondo del abismo. Árboles coposos se estrechan sobre los labios de la sima, flores espléndidas nacen en ésta atmósfe­ra nebulosa, y en el fondo se distinguen helechos ar­borescentes y otras plantas tropicales, de donde el exagerado dicho de " que el río Bogota salta de la zona templada a la tropical"; el misionero Gumilla mani­fiesta que ignora la altura de la cascada, pero la su­pone "de dos leguas mas ó menos (Orinoco ilustra­do) (13). El panorama de este salto formado por una columna líquida tres veces tan alta como el Níagara, con volumen de 120 metros cúbicos por segundo, es en verdad maravilloso (14), y se comprende por qué los antiguos Muíscas iban a ese lugar a adorar las fuer­zas de la naturaleza; según sus leyendas, el dios Bochica (15) abrió esa salida a las aguas que antes seño­reaban la llanura de Bogota, dando así a sus adora­dores tierras para el cultivo y por ende cosechas para los graneros. Abajo de la catarata, el río, siempre sal­vaje, gana el Magdalena por un rosario de raudales innavegables; en este corto espacio de un centenar de kilómetros la inclinación del lecho pasa de 1,780 metros (16).

Después de la boca de ese tributario, el Magdalena penetra en un desfiladero de 130 metros de anchu­ra, en el cual se ha podido tender un puente colgante, último de los que franquean actualmente (1892) al gran río colombiano (17). De Girardot a buda el ni­vel del río disminuye de un modo regular de 280 a 200 metros (18); pero cerca de Honda, en Pescaderías, varios rápidos ó raudales lo disminuyen bruscamente, formando caídas y torbellinos muy peligrosos para la navegación (19); aun abajo de ellos los barcos de vapor no pueden remontar la corriente sino con gran trabajo, a causa de su violencia y de sus bruscos meandros; la interrupción que así se produce cerca de Honda no mide menos de 25 kilómetros, y para facilitar la co­municación entre el valle del alto Magdalena y el Magdalena central, se ha construido una vía férrea en su banda occidental. La caída total del río en los desfiladeros de Honda alcanza a 35 metros de altura vertical (20).

Abajo de esos raudales las aguas aún conservan carácter torrencial hasta la boca del río Nare y el "estrecho" ó angostura de Carare, desfiladero de 2 kilómetros de longitud, por el cual pasa el río oprimi­do entre paredes rocallosas que no distan sino 125 me­tros en el punto mas estrecho, por donde en el invier­no, cuando 5,000 metros cúbicos se atropellan cada segundo en la estrecha cisura, la profundidad del río llega a 30 metros (21). En otro tiempo la angostura era menos peligrosa en invierno, porque una parte del aguaje tomaba por un antiguo cauce, la Madre Vieja, para reunirse mas abajo al río. El desfiladero de Ca­rare marca un cambio de régimen; el Magdalena se ensancha y se polifurca para rodear islas selvosas; pantanos orlan sus riberas, y las lagunas, antiguos brazos del río principal, redondean sus hemiciclos re­guIares en medio de la selva, a derecha é izquierda de la corriente viva. A cada creciente varían los fondos y los canales; a menudo los vapores se ven demorados y aun detenidos en su viaje. Palizadas se for­man aquí y allá semejantes a las que obstruían en otro tiempo al Mississipi y al río Rojo, y los troncos sueltos, hundidos en el lodo, amenazan los barcos con sus ma­mas aguzadas por la corriente. A esta parte del río le valió el nombre de Madera, que le dieron los conquis­tadores españoles (22). En varios sitios la anchura del Magdalena sube a 2 kilómetros; y los principales afluentes que recibe son el Carare, el Opón y el po­tente Sogamoso. El Carare (23), que lleva el mismo nombre que el cercano desfiladero del río principal, nace al Norte de la mesa de Cundinamarca (24), ahora llamado Minero, y alcanza la zona de las selvas vír­genes por entre hoces formidables, una de las cuales es la de Fura Tena, del "Hombre Mujer," por dos so­berbias rocas blanquecinas de pizarra cortadas a pico sobre el agua; esas rocas fueron antiguas divinidades de los Muíscas (25). El Sogamoso es, después del Cauca, el mayor afluente del río, y debe su importancia a la comarca que recorre, una de las mas pobladas é industriosas (26) y, con la mesa de Cundinamarca, la mas notable por su historia. Formando dos brazos principales, el Chicamocha y el Saravita, el primero mas largo, el segundo mas caudaloso; en las riberas del Chicamo­cha, que se considera como la rama directriz, se encuentra la ciudad de Sogamoso, que ha dado nombre a todo el sistema fluvial. Nace dicha rama en un alto valle de la Cordillera oriental, cerca del reborde que se inclina al naciente hacia los Llanos, y corre paralelo a esa cadena exterior de los Andes, hasta que llega a la base del gran macizo del Cocuy (27), donde se re­pliega hacia el Noroeste, para cortar sucesivamente las diversas cadenas andinas por hoces prodigiosas que se hunden centenares de metros en el espesor de la roca; una de ellas, la del Sube, no tiene menos de 830 metros de profundidad, y el río, que rueda 180 metros cúbicos, se reduce allí a 20 metros de anchura. El Saravita, que nace a media distancia entre la Cor­dillera oriental y el río Magdalena (28), es todavía mas salvaje y difícil de recorrer que el Chicamocha, puesto que debe bajar la misma altura en una extensión mitad menor. Después de atravesar en la mesa varios pan­tanos y el extenso lago de Fúquene, que semeja una inundación permanente (29), cae el Saravita con un salto de 20 metros, a que sigue descenso de 700 metros en­ el espacio de 5 kilómetros, en el fondo de una gar­ganta estrecha., acabando por perderse en las pro­fundidades de la roca para reaparecer 200 metros adelante. Otras hoces y otras cascadas suceden a las primeras, y cada torrente lateral, como todos cortan el espesor de la mesa, tiene también sus cañones, sus angosturas, sus cataratas, sus abismos y raudales. Abajo de la reunión de los dos brazos, el aspecto del formidable río (30), que corre en plano 1,700 metros inferior al de las tierras vecinas, apenas cambia; el agua huye por el cañón tan rápidamente, que las embar­caciones no pueden remontarla sino en breve trecho del curso inferior; de los 125 kilómetros que el río mide después de esa unión, las barcas no navegan con faci­lidad sino en un espacio de unos 50 kilómetros. "Fa­tal presente, dice Vergara y Velasco, constituyen esos caminos que marchan é impiden construir cami­nos para marchar!" (31).

Río inacabado, el Sogamoso no ha regularizado­ aún su lecho, pero a lo menos ha vaciado, casi ínte­gramente, los antiguos receptáculos lacustres de las mesas (32). El lago de Fúquene, de donde se escapa el Saravita, era ciertamente mas grande en la época de la conquista; el cronista Piedrahíta, que lo visitó a mediados del siglo XVII, le da diez leguas de largo por tres de ancho, en tanto que Roulin, después de medirlo con precisión, tan sólo halló para el conjunto de la concha siete y medio kilómetros por cinco. Como se ve, el lago de Fúquene, cuyo nivel actual esta a2,562 metros (33), era mas grande en la época de la conquista, y de ahí que sus aguas no sólo ocuparan mas área, sino que comprendieran otra hoya lacustre, el lago de Ubaté. Todas las llanuras intermedias estaban bajo el agua, y en los flancos de las monta­ñas pueden seguirse con la vista los antiguos contor­nos de ese mar interior. Poco a poco las aguas disminuyeron revelando islas, penínsulas, istmos y luego extensos campos, pantanosos primero, de suelo fino en seguida, de suerte que en 1780 la partición del lago en dos conchas completamente distintas era un hecho cumplido (34). El pueblo de Fúquene, construido en su época en las orillas del lago, dista hoy de ellas 5 kiló­metros.  ¿Cual fue la causa de esta rápida disminución de las aguas? Boussingault la atribuye al desbosque de las pendientes antes cubiertas de encinas (sic) y laureles de cera (myrica) cortadas para extraer madera y sobre todo leña para las salinas de Nemocón y Tausa (35). En la actualidad el lago no tiene sino de 6 a 8 metros de profundidad media (36), pero se le utiliza en grande escala para el comercio de víveres de los campos vecinos.

Aun cuando mucho menor que el Sogamoso, el Lebrija es, sin embargo, un grande atinente. Nace también en las montañas del Este y sus tributarios corren paralelos al Sogamoso; pero llegado a la llanura (37), cambia de Sur a Norte con el mismo rumbo que el Magdalena, como si fuese un resto de la misma co­rriente; allí su curso, aunque a menudo embarazado por los troncos, ramificado en caños laterales y bordea­do de pantanos, se utiliza, sin embargo, para la nave­gación. Después el Lebrija se une al Magdalena, pero no con una confluencia normal porque en este punto el río ya se ramifica en un delta interior (38) cuyos cau­ces divagan en la llanura; en otro tiempo corría di­rectamente al Norte, pero en la actualidad la mayor parte de las aguas se han cargado a la derecha para unirse mas pronto al Lebrija, cuyo valle usurpan; es el Magdalena el que se arroja sobre su afluente (39), pero numerosos bayous y brazos secundarios traen y llevan las aguas, ya de un lado, ya del otro, según sean el nivel fluvial y los cambios del lecho principal. Al Oeste el río Simití, con sus lagos y pantanos, aumenta el dédalo de esas venas y vénulas entrelazadas. AI norte del Lebrija y de la grande isla de Morales, formada por los dos brazos principales del río, se suceden otras que también deben su origen a los desplazamientos del Magdalena.

Hacia el medio del delta interior, el brazo principal del Magdalena cesa de correr de Sur a Norte y se incluía hacia el Noroeste; pero las conchas liquidas que se hallan todavía en el eje del valle, marcan la direc­ción de la antigua vaguada: por ahí continuaba el Magdalena cuando abría sus bocas al Este de la Sie­rra Nevada de Santa Marta, regando el valle que en nuestros días ocupa el río Ranchería. En las crecientes y aun en las estaciones de nivel medio, el río envía hacia el Norte el exceso de sus aguas, que entra a la depresión abandonada por el lecho mayor con lo cual se forma una basta laguna, la de la patosa, que por término medio ocupa 1.000 kilómetros cuadrados, pero ­cuya área se duplica a veces en invierno. La llanura circunvecina, perfectamente horizontal, si durante el verano es un campo polvoso, en invierno se cu­bre con una capa líquida, a través de la cual aso­man los tallos de las yerbas (40). La laguna (ciénaga)

de Zapatosa, que mide de 6 a 8 metros de profundidad, es cruzada por algunas barcas, mas no sin peligro  por culpa de las violentas borrascas que hacia ella descienden desde la Sierra Nevada; también a menudo sé interrumpe la navegación con los tapones o porciones de yerbas flotantes que llevadas por las crecientes del Magdalena obstruyen los canales (41). Sostenidas en un lado por el reflujo del río principal, Zapatosa y las lagunas circunvecinas reciben del otro el tributo del río César, formado con los gaves que por decenas le envían la Sierra Nevada y la Negra (42). En las estaciones favorables puede remontarse en pira­guas ó lanchas de vapor hasta Salguero, cerca de Va­lledupar, centro político del valle, y recientemente se ha emprendido regularizar esa navegación por medio de trabajos hidráulicos. El río César, antes Cesari, no deriva su nombre, como pudiera creerse, del portu­gués que conquistó las mesas de Antioquia, Sino de una palabra india que significa "agua tranquila. También se le llamaba Pampatar (43).

Abajo del laberinto de pantanos que unen el río Magdalena a la laguna de Zapatosa se origina nueva bifurcación. Antes el brazo mayor se dirigía directa­mente hacia el Noroeste, por el pié de las terrazas que forman el pedestal de la Sierra Nevada; pero en 1801 el río se abrió hacia su izquierda un bayou tortuoso, el caño de Loba, por el cual parte de las aguas corría al  Cauca. Nuevas inundaciones aumentaron el venaje de este caño, y tras diversas oscilaciones en las dos corrientes, la del Oeste se convirtió en brazo principal en 1808, y el brazo oriental, que ofrecía numerosas ventajas, sobre todo la de un curso rectilíneo, se colma día por día. Actualmente en el verano no es sino un estrecho canal que no tiene cincuenta centímetros de profundidad en los altos fondos, y aún se reduce a charcas de agua detenida en ciertos puntos (44). El brazo de Loba, hoy unido al Cauca, y Iuego a otro río importante, el San Jorge, absorbe, por el contrario, casi todas las aguas del río. El régimen de la navega­ción ha cambiado. Las poblaciones del brazo oriental decaen poco a poco y pierden habitantes y trafico, en tanto que las del brazo occidental, transformadas en escalas de comercio, están en peligro de ser ahogadas por los aguajes.

El Cauca (45), cuyo nombre es de origen descono­cido (46), frió llamado primero río de Santa Marta por los españoles (47). "Magdalena del Oeste," nace en la misma montaña para correr en un valle paralelo por estadías correspondientes (48). Deslizase en una áspera cisura entre los dos volcanes de Puracé y Sotara para bajar 2,500 metros de altura vertical en 100 kilómetros. de curso, y alcanzar al fin el lecho del antiguo lago que se dilataba regularmente entre las dos. Cordilleras del Oeste y el centro. Este fondo, antes lacustre, lleva el nombre especial de Vallo del Cauca; el río, que allí corre mansamente, es navegable en todo sentido por barcos de vapor, pero no tiene sino mínima importancia como vía de tráfico, por estar suspendido, por decirlo así, sobre las llanuras bajas, de las cuales lo separa un largo plano inclinado con rápidos y torbellinos. En esta parte de su curso superior el Cauca recibe numerosísimos afluentes, casi todos simples gaves que descienden en cascadas de las montañas vecinas (49).

No lejos de la ciudad de Cartago, bajo una lati­tud poco diferente de la en que el río Magdalena se encuentra interrumpido por los raudales de Honda,: el Cauca, que se estrella contra las montañas de Be­lalcazar, abandona el lecho de inclinación regular y moderada en donde rueda tranquilo, quiebra bruscamente el rumbo y huye con pendiente fuerte, sin formar cascada, por lo cual el rápido se denomina, sin razón, salto de la Virginia. Allí comienza el curso innavegable que, hasta la salida de las montañas, en: longitud de 635 kilómetros corta el río en dos, partes decirlo así. El declive total de ese plano inclinado alcanza a 812 metros, o sea a mas de un  metro por kiló­metro, y en ese dilatado trayecto no hay una sola caída, sino muchísimos raudales, remolinos, escollos y

 

 

(1)
 No se llama Páramo del Buey, pues está comprendida entre los Páramos del Buey y de Las Papas-V. y V..
(2)  
 F. J. Vergara y Velasco, obra citada-E. R.-Las lluvias del Caquetá, que sin obstáculo llegan a este río, le dan enorme caudal, pero creemos haber incurrido en error cuanto al venaje de este río que hoy reducimos a 220 metros cúbicos por segundo el volumen del Suaza comparado al del Magdalena es de 3 a 5 en la confluencia. En cambio los aguajes llegan a cifras increíbles-V. y V..
(3)
Esta altura corresponde a zona muy anterior a la confluencia con el Suaza-V. y V..
(4)  
 Todas los autores difieren en la altitud de Neiva, habiendo diferencias hasta de 100 metros. El término medio dado por 5 observado­res es de 300 metros-V. y V.
(5) 
El Saldaña que mide 250 kilómetros de curso, nace en el Huíla, como el Paéz, riega una hoya de 6,750 kilómetros cuadrados, es, por lo mismo, el principal afluente del alto Magdalena, y en su boca forma varias islas-V. y V..
(6)
Estos tres lagos, cuyas alturas exactas son 3,500, -2,300 y 900 metros, quedan en la alta cordillera; pues la hoyada que antecede al Volador no está sino a 350 metros-V. y V.
(7)
F. J. Vergara y Velasco, obra citada-E. R.
(8)
Ed. André, Tour du Monde, 1878, primer semestre, livraison 898-E. R.
(9) 
Hacia el Norte debe decir-V. y V.
(10)
Dificilísima sería esta empresa: Puede secaras la Sabana ahon­dando el lecho mismo del río, en Tequendama de arriba, en lo cual se ocupa hoy el Gobierno. En la llanura se navega hoy al vapor-V. y V..
(11)
En todo esto hay una positiva confusión el río en ninguna parte mide más de 30 metros de anchura; deja la Sabana en Tequendama de arriba (a 2,480 metros), es decir, allí sale de la terraza y rueda por el flanco de ella, siendo en este flanco, a las 2 leguas de casi conti­núo raudal, en donde llega a Tequendama de abajo (a 2,210 metros) y con 16 metros de anchura, da el célebre salto de ese nombre, tras el cual continúa tan precipitado como antes, de suerte que la catarata está a media ladera-V. y V..
(12) 
 Este nombre sólo se da a una terraza fronteriza al salto V.       y V.
(13) 
Con la sondalesa midió Esquiaqui 210 metros, para el salto, y 37 para la caldera que recibe las aguas, y mide poco mas o menos esos mismos 37 de diámetro, La altura de 145 metros es cifra redondeada so­bre distintas medidas-V, y V.
(14)  
Es un error común decir que el Salto no puede verse sino a cierta hora; pues aunque de ordinario suceda así, también aparece des­pejado a las horas más diversas del día, como lo observamos en seis me­ses que vivimos junto a esa maravilla; la vista mas hermosa la dan las noches despejadas del plenilunio. En este sitio se producen curiosos fe­nómenos eléctricos. Cuanto al venaje medió, no lo encontramos superior a 100 metros cúbicos por segundo: 120 rueda al entrar al Magdalena.- V. y V..
(15) 
Bochica no era un dios, sino el mensajero de la divinidad entre los chibchas-V. y V.
(16)
1,625 metros en los solos 60 kilómetros que hay de la caldera a Juntas. El río Bogotá, que recorre 250 kilómetros, se forma en una hoya de 5,000 kilómetros cuadrados, o sea doble de la del Fusagasuga V. y V..­
(17) 
 Único que lo franquea abajo del Suaza, y esa cifra es la de la longitud del puente-V. y V..
(18)
Recientes y cuidadosas mensuras y nivelaciones dan al Magdalena en Girardot 800 metros de altura, y también hay chorros en ese trayecto-V. y V.
(19)
Caída no presenta aquí el río; es un mero raudal, impropiamente llamado salto, en el que el río baja 9 ½ metros en 200 de curso, enfrente de Honda-V, y V.
(20) 
En 15 leguas de curso. En esta zona terminan frente a frente el Negro y el La Miel, ambos importantes y de bastante caudal-.V. y V.
(21) 
El Nare, que fecunda parte de la mesa antioqueña (200 kilómetros de curso en hoya de 7.500 kilómetros cuadrados), y recoge nu­merosos  afluentes, es digno de mayor mención-V. y V.
(22)
 F. J. Vergara y Velasco, obra citada-E. R.
  (23) 
Este río, navegable al vapor en su parte baja, recorre 45 leguas en una hoya de 5,500 kilómetros cuadrados
V. y V.
(24)
Al Noroeste de la Sabana de Bogotá-V. y V.. -
(25)
 Divinidades no, y menos de los Muíscas, que no llegaban hasta ese punto; era adoratorio de los Muzos. La hoz que sigue a la Furatena, Peña Armada, se abre entre murallas de 2 kilómetros de altura de ellos uno casi perpendicular-V. y V..
(26) 
La más poblada é industriosa en la parte que toca a Santander.-V. y V...
(27)
El Chicamocha riega primero una cuenca muy análoga a la del Funza-Sogamoso, y no menos alta; después baja diversos escalo­nes para unirse al Saravita. Estos ríos se forman, no en una cordillera, sino en una dilatada mesa que mide mas de medio millón de kilómetros cuadrados-V. y V.
(28) 
El Saravita no nace entre el Magdalena y la Cordillera orien­tal, sino en el seno de ésta, llamada así por error, puesto que no es sino una dilatada mesa-V. y V.
(29) 
Al N. del lago se forma la laguna del Letrado, y después hay puntos en donde el río corre a todos los rumbos del horizonte-V. y V..
(30)
 El Sogamoso recorre 875 kilómetros en una hoya de 18,250 ki­lómetros cuadrados, que le dan 600 metros cúbicos de caudal -V. y V.
(31) 
 F. J. Vergara y Velasco, obra citada-E. R. -
(32)
 De la porción de la mesa oriental que abarca su hoya y  aún inunda casi integra su parte plana en invierno-V. y V..
(33)
Cálculos mas recientes bajan esta cifra a 2.550 dejando la de 2,560 para los pantanos de Ubaté-V. y V..
(34)
EL Lago de Fúquene, que mide 25 kilómetros cuadrados de su­perficie, ocupa próximamente el fondo de la cuenca, y no es exacto que se haya partido en dos porciones
al disminuir las aguas, por cuanto en el valle de Ubaté sólo hay,  fuera de pantanos, dos lagunitas, y en el de Chiquinquirá otra, todas ellas insignificantes-V. y V.
(35)
Viajes científicos a los Andes ecuatoriales E. R.-Pero como los indios tenían cultivados esos campos, no ha sido mucha la selva abatida ; creemos que la causa real de ese y otros desagües de lagos en estas montañas debe buscarse en las turberas que en esta zona presentan enorme extensión y curiosísimos fe ó nenos-V. y V..
(36) 
La  maxima profundidad del lago es 10 metros en el Santuario,
6          a 8 en un arco el Sur de ese punto que esta al N. E. de la concha y
3          a 4 cerca a las orillas, de ordinario pantanosas; su capacidad puede estimarse igual a 100 millones de metros cúbicos, y al desaguarlo hay que tener en cuenta que las circurvecinas turberas nada producen si no están muy húmedas-V. y V..
(37) 
Cambia en la región montañosa misma, por lo cual, Como debe romper varias serranías, su curso superior y medio esta lleno de rauda­les-V. y V.
(38)
Aquí principia el gran delta interior del Magdalena, abierto entre grandes ciénagas-V. y V..
(39)
F. J. Vergara y Velasco, obra citada-E. R.
(40)
Hacia el N. parte de la llanura es como aquí se indica, pero parte, aun en verano, queda siempre cubierta por una delgada capa de agua, la cual hace insoportable la marcha en ese extenso plano de perfecta horizontalidad-V. y V..
(41) 
 Vergara y Velasco obra citada-E. R.
(42)
Muchos de ellos no alcanzan en verano el río principal absorbidos por la arena, llegando entonces la sequedad del llano a tal punto; que la raquítica selva dé esa zona pierda su follaje-V. y V.,
(43) 
Vergara y Velasco, obra citada-E. R.-EI César, que recibe el Ariguaní, que es mas ¡navegable que él, a pesar de recorrer 60 leguas en hoya de 600 kilómetros cuadrados no rueda por término medio más de 100 metros cúbicos antes de unirse al Ariarí!-V. y V.
(44) 
Vergara y Velasco, obra citada-E. R.
(45)
Este río recorre 1,250 kilómetros en una hoya de 64,000 kiló­metros cuadrados-V. y V..
(46) 
 Duoay da las etimologías " muy lleno," "agua que se abrió paso violento"-V. y V..
(47) 
 J. Acosta, Compendio histórico del descubrimiento de la Nueva Granada E, R.
(48)
Extremadas en el Cauca, puesto que debe bajar 900 metros cuando el Magdalena esta ya ti menos de 200-V. y V..
(49) 
Excepto el río de la Vieja, que aun cuando no recorre sino 100 kilómetros, es notable por cuanto entra al Cauca casi con igual ventaja recogido en una hoya 4 ;veces menor V y V.
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