COLOMBIA PACIFICO
TOMO II
Pablo Leyva (ed.)
© Derechos Reservados de Autor

41. SALUD Y CULTURAS MEDICAS TRADICIONALES

 

ALEXANDER CIFUENTES
Profesor
Universidad Distrital Francisco José de Caldas

OSIAS PAYAN.
CONOCEDOR DE PRACTICAS TRADICIONALES.
Fotografía Alexander Cifuentes.
 

Las relaciones necesarias entre Medicina y Ciencias Sociales y sus posibilidades de colaboración y coordinación, tanto en el plano teórico como en el práctico, enfrentan, en Colombia, una gran variedad de problemas que podrían ser analizados desde diversos puntos de vista.  

Hace aproximadamente cuarenta años se publicaron estudios muy importantes en la antropología colombiana con relación a las Culturas Médicas Tradicionales (1) . La orientación de las investigaciones recientes permite enfocar el tema desde el punto de vista de la interdisciplinariedad. En efecto, “la salud no se agota con la profesión médica, la técnica, sino que asciende a los grandes sistemas de medicina preventiva, y de los servicios de salud y se hunde en los fundamentos filosóficos de la salud integral del hombre que supera lo simplemente somático” (Borrero, 1982: 93). Por otra parte, no podemos considerar que las disciplinas fueron establecidas, de una vez y para siempre, según un orden preestablecido de conocimientos. En la ciencia moderna, así se trate de fenómenos sociales o naturales, el pasar del conocimiento a la acción exige una interdependencia de disciplinas y engendra, por lo tanto, nuevas disciplinas. (Problemes d’enseignement et de recherche dans les Universites, 1972: 7). James R. Gass, director del Centro para la Investigación y la Innovación en la Enseñanza de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), en 1972, ha señalado que “la clasificación de los conocimientos, según una jerarquía de las disciplinas, no es más que el reflejo de valores sociales: ¿cuál es la reina de las ciencias?, ¿las matemáticas, la filosofía, la sociología o la economía política? ¿Además, la constitución de una nueva disciplina no obedece a ella, entonces, a criterios variados que cambian con el tiempo: métodos aplicados, fenómenos estudiados o cuadros teóricos?”. (L’interdisciplinarité, 1973: 7). No obstante lo anterior, la situación actual de los trabajos de ciencias sociales relativos a la salud humana muestra la insuficiente delimitación de este campo de investigación, e indica la dificultad de definir los objetivos interdisciplinarios en la investigación y en la enseñanza universitaria, en los programas de servicios y en las estrategias de atención del Sistema Institucional de Salud (2) . Sin embargo, la variedad de los temas tratados, hasta ahora, evidencia la actualidad y el impacto de este tipo de investigaciones en la sociedad colombiana, constituida por grupos humanos diversos tanto por su significación histórica como étnica, sociocultural y geográfica. Es bien reconocida e incuestionable hoy día, la composición pluricultural y multiétnica de América Latina, aunque ninguno de sus países exprese este profundo carácter plural en su estructura y organización estatal (Varese y Rodríguez, 1983: 7). El problema es, ciertamente, mucho más vasto en extensión y en profundidad: “En la pobreza se resumen las características particulares que, en un país como Colombia, presenta un estilo propio de desarrollo que refuerza profundos desequilibrios en la distribución de los ingresos, de la propiedad y de los beneficios de la acción del Estado”. (Pobreza y Desarrollo en Colombia. 1988: 391). 

Es conveniente anotar que los indicadores de necesidades básicas insatisfechas señalan cómo en “el sector rural la situación global de pobreza es, en términos de proporción de la población, más grave que en el sector urbano y que las condiciones de vida y bienestar son efectivamente inferiores”. (Pobreza y Desarrollo en Colombia. 1988: 393). La oficina de Planeación del Ministerio de Salud Pública reconoció, en 1987, que “la población más pobre y la de más bajos recursos económicos se enfrentan a problemas particulares de atención a la enfermedad, tales como el no disponer de servicios ambulatorios permanentes y el alto precio de los medicamentos”, Minsalud. (Oficina de Planeación, 1987). El departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de los Andes en el foro Salud, Sociedad y Política en la Colombia actual, estableció que el concepto de democracia plena, coloca en primer lugar de importancia a la responsabilidad del régimen en cuanto a garantizar a todos los ciudadanos la satisfacción de sus necesidades básicas. Si esto no se verifica, el gobierno no puede ser catalogado como democrático. (Marco de Referencia. Documento No. 3. septiembre 23 de 1988). Según el investigador Chistopher Abel la política de salud pública ejemplifica -a nivel general- los problemas de la política social en Colombia. 

Un silencio elocuente se funde en la siguiente paradoja: “Una fase del elevado crecimiento económico del país coincide con un bajo desarrollo político y social”. Ningún debate público se ha efectuado sobre el papel que pueda desempeñar la política de bienestar social, en la restauración y consolidación de los vínculos del Estado con los sectores excluidos de la sociedad civil, por ejemplo en Tumaco, Sucre, Córdoba y Guaviare. Tampoco, sobre la posibilidad de utilizar la política social para ampliar el margen de maniobra del Estado y disminuir su crisis de legitimidad. Pero, además, reina silencio en lo referente al auxilio brindado por el Estado a los bancos y a las instituciones financieras - que han sido mal administrados por sus propietarios -, los cuales en el contexto de la ortodoxia liberal prevaleciente reciben mayor atención que los grupos marginales. Adicionalmente, no existe un debate público acerca de cómo mejorar la calidad de la administración de salud, con el fin de garantizar que los recursos provenientes del bienestar social lleguen a los beneficiarios finales. (Abel, Christopher. 1988: 7).  

Es raro encontrar una definición operativa y apropiada de salud. Ello obedece principalmente a la dificultad para medir la salud. La ausencia de salud o el estado de bienestar no pueden ser definidos y medidos directamente de manera absoluta. Sin embargo, de una manera restrictiva, sabernos que la mala salud implica una mortalidad y una morbilidad excesivas de la población o de un sector de ésta, por ejemplo los niños de cero a un año. La Organización Mundial de la Salud ha propuesto una definición amplia que puede justificar una política socio - económica coherente: La salud es un estado pleno de bienestar físico, mental y social. Las implicaciones económicas, Socio-culturales y nutricionales del bienestar se encuentran en esta definición, la cual no plantea dificultad alguna para la comprensión y el tratamiento integral de los problemas de la población en Colombia.   

Un análisis del Departamento Nacional de Planeación y el Ministerio de Salud, en 1983, ha permitido identificar las relaciones entre el estado de salud y los factores condicionantes de tipo socio-económico, cultural, ambiental y de comportamiento de la población, como aspectos especialmente críticos. Asimismo, son factores determinantes del estado de salud de la población, la insuficiencia en la oferta de algunos servicios y el funcionamiento deficiente de otros. (Plan Nacional. Hacia la equidad en Salud, 1983: 17). Si a esos aspectos críticos agregarnos las características generales socio-economicas del sector rural colombiano, en sus disparidades regionales y en su composición pluricultural, esto nos permitirá una mejor comprensión de los problemas que se plantean a continuación: 

•  El ingreso per cápita mensual es generalmente inferior a la mitad del nivel nacional o inferior a US$100.oo, con un marcado predominio de las actividades productivas del sector primario. La población económica activa (P.E.A.) tiene ingresos inferiores al salario mínimo nacional (65.190.oo pesos colombianos mensuales en 1992). 

• La falta o la insuficiencia de servicios esenciales como la salud, el abastecimiento del agua potable y la educación, etc. (Ver: Pobreza y Desarrollo en Colombia, 1988). 

•  La deficiencia, a veces crítica, de la alimentación y el estado nutricional de la población. (Ver: Debates: Nutrición. Fedesarrollo/Fescol/Ser: 1991). 

•  Los altos índices de morbimortalidad que se acompañan, generalmente, de una expectativa de promedio de vida baja. (La Revolución Pacífica. Plan de Desarrollo Económico y Social 1990-1994. 1991: 149-156). 

Los problemas citados superan, en la mayoría de los casos, los aspectos esencialmente técnicos, y confluyen en un problema humano de una dimensión muy dramática: la calidad de la vida se está deteriorando en una forma alarmante. 

Es necesario tener en cuenta, además, la gran diferencia regional en la situación de salud: “El departamento en peores condiciones es el Chocó, con una expectativa de vida al nacer de 47 años y con 144 niños menores de un año muertos por cada mil niños nacidos vivos. Le siguen Cauca y Nariño con similares indicadores; por el contrario, Cali tiene las mejores condiciones, una expectativa de vida de 70 años y un índice de mortalidad infantil de 36 por mil”. (Plan de Economía Social, 1987: 71) (3) .  

No obstante, en Colombia existen diferencias contrastantes entre las condiciones socio - económicas imperantes en las zonas rurales y en las urbanas. No ha habido una reducción apreciable de la mortalidad en los niños menores de cinco años en las zonas urbanas como lo indican los siguientes datos: 

La salud para todos en el año 2.000 significa un extraordinario esfuerzo en términos de recursos físicos, financieros y humanos. Y es evidente que no podrá lograrse si se limitan a los medios habituales disponibles en el sis­tema formal de Salud Nacional. En efecto, es preciso admitir que las prioridades fijadas para una política exigen el uso de nuevos medios. Tanto para extender los servicios a toda la población o, por lo menos, a un sector muy amplio de ésta, como para mejorar la calidad del sistema de salud, se deberá recurrir a nuevas estrategias.  

 

Porcentaje de defunciones de niños menores de cinco años, que tuvieron por causa primaria enfermedades relacionadas con las heces, enfermedades transmitidas por el aire o malnutrición (*).

Defunciones causadas por: 

 

 

Zonas urbanas  Enfermedades relacionadas  con las heces.  Enfermedades transmitidas por el aire.  Deficiencia
nutricional.
Total
CALI   44  25 15  84
CARTAGENA 38  23  17 78
MEDELLIN  49  22 11  82

* Sin contar las defunciones debidas a defectos y complicaciones al nacer. Fuente: Banco Mundial. Salud,  Washington, 1980, pág. 17.

 

Culturas médicas en las tierras bajas del Pacífico colombiano 

El perfil característico de la región es el siguiente: economía de subsistencia, bajo ingreso familiar, altos índices de morbimortalidad, analfabetismo, precaria infraestructura física (en vivienda, transporte y energía) y procesos limitados de difusión e innovación, que configuran con otros factores un conjunto de zonas periféricas, escasamente vinculadas a los procesos sociales y económicos del conjunto nacional. (Cifuentes, 1987: 19-26).  

Los recursos naturales potenciales de la región: bosques, pesca, subregiones de alto potencial turístico y minería (trabajada por empresas multinacionales, con características de enclaves, sin tener en cuenta la ecología regional y sin una clara oferta de oportunidades para el desarrollo de la población local). El investigador Gustavo I. de Roux ha señalado que “el carácter subsidiario de la región está fuertemente enraizado en su razón de ‘hinterland’ subordinado, proveedor de materias primas y otros recursos para mercados internos y externos”. El hecho de que el litoral constituya un reservorio de recursos naturales aprovechables y que su poblamiento haya sido hecho por indígenas y por negros, sometidos física e ideológicamente y por lo tanto imposibilitados para asumir la defensa de su territorio y de los recursos que contiene, permitió el establecimiento en la región de una economía de despojo. (De Roux, 1984: 6) 

Los problemas más frecuentes que se observan en las condiciones de salud, que comparte con otras regiones de Colombia y según el Banco Mundial con otros países en desarrollo, son los siguientes: 

• Inaccesibilidad geográfica de las instalaciones de salud en la región para la mayoría de la población, particularmente para las madres y los niños. 

• Existencia de barreras económicas que excluyen de los servicios de salud a muchas personas de las capas desfavorecidas de la población y, en especial, a aquellos que residen en asentamientos dispersos fuera de las cabeceras municipales. 

• Predominio de la atención curativa, en detrimento del tratamiento eficiente y oportuno.  

Los médicos de la región, en su gran mayoría, tienen una deficiente formación en medicina tropical, en salud pública y en medicina preventiva. Además, han sido preparados para trabajar en condiciones diferentes a las de las tierras bajas del Pacífico, en hospitales universitarios que poseen mejor personal y mejores recursos materiales. Los riesgos y daños de la epidemia de cólera en la región confirman estas observaciones. 

• Insuficiencias frecuentes en la formación y adiestramiento de los auxiliares de salud, cuya labor carece, a menudo, de apoyo, particularmente, la de quienes trabajan en zonas de asentamientos dispersos de la población. 

•  Irregularidad de los servicios, sobre todo en las zonas más aisladas y suministro inseguro de medicamentos y otros materiales indispensables para la atención médica adecuada.  

•  Deficiencias en la integración con otros sectores del desarrollo económico y social de la región y en la participación de la comunidad. 

•  Falta de medios adecuados para tratar los traumatismos causados por accidentes que constituyen una importante causa de mortalidad e invalidez en la región. 

•  Insuficiencia y gestión deficiente de los sistemas de transporte. (Banco Mundial, 1980: 7-8) 

La salud y la enfermedad en las tierras bajas del Pacífico colombiano se explican mediante elementos culturales, religiosos, mágicos. La enfermedad es un proceso que representa una parte de la vida del enfermo y de la propia comunidad. Los especialistas, los “curanderos”, las “comadronas” y los “jaibanás” en su calidad de agentes de la salud, forman parte de la tradición y de la vida de la comunidad. La relación terapeuta - paciente va más allá de la propia enfermedad y constituye una relación social que enfrenta la historia de dos individuos en el marco de una integración grupal.

La cultura médica tradicional de los grupos indígenas Chocó de la región 

 

Para los grupos embera y waunana (noanama) las creencias mágico - religiosas y las respuestas frente a la enfermedad (agresión o trauma) se relacionan con la necesidad de asegurar, a través de lo sobrenatural, la subsistencia terrena, especialmente en la agricultura, la pesca y la curación de las enfermedades, además del proceso de integración social, la transmisión cultural y la socialización de los individuos en la reproducción simbólica de la cultura. 

Dentro de la visión del mundo de los grupos Chocó, de las tierras bajas del Pacífico colombiano, se supone que todo hombre tiene dos “jai” (espíritus, seres, entes, fuerza espiritual, alma): uno bueno y otro malo, los cuales subsisten después de la muerte fisiológica con dos destinos diferentes: el “jai” bueno sube al cielo - el cielo de arriba - y, el “jai” malo permanece en la tierra. Elegimos los términos menos falsos para expresar el pensamiento embera, pues su equivalencia en castellano es muy aleatoria y queremos evitar la utilización de términos específicos con la semántica propia de la visión cristiana - misionera. Los “jai” malos de los muertos toman posesión de los seres vivos y causan las enfermedades. La incidencia del pensamiento embera es importante, particularmente, en la concepción de la salud y la enfermedad. Dicha concepción está constantemente rodeada de un simbolismo que es particular y que constituye la esencia misma de su significación. La técnica de análisis del jaibaná se basa en los mecanismos de este simbolismo, el cual es indispensable para conocer y comprender lo que oculta y significa este fenómeno. Los mundos existentes, de arriba y de abajo, contienen todos los misterios y son el origen de todo. Ellos fecundan la tierra y la tierra engendra. (4)  

El hombre, que es la consecuencia de los mundos y de la tierra, el hijo de la energía cósmica y de la materia se encuentra a mitad de camino entre los mundos y la tierra, entre energía y materia, y depende de los unos y de la otra (5) : él porta el reflejo de todo lo que pasa arribo y abajo de los mundos. Se establece aquí una trilogía, o trinidad “los mundos” – hombre – tierra -, que es otro principio fundamental del código simbólico de los elementos tradicionales del pensamiento de los grupos indígenas del Chocó. Este principio tiene una consecuencia fundamental: en tanto que hijo de “los mundos” y de la tierra, el hombre va a recibir “todo aquello que la constituye”, es decir, no solamente lo que le posibilita vivir en la complejidad de lo social, sino, también, aquello que le permite estar en armonía, en equilibrio con su ambiente. 

Las anomalías de los mundos y de la tierra van a caer sobre el hombre y van a provocarle las enfermedades de origen externo. Los vehículos serán “las maldades de los mundos y de la tierra”, las cuales se traducirán en aquellas energías perversas que los jaibanás conocen bien. De ahí la importancia que los elementos tradicionales le conceden a las variaciones estacionales, meteorológicas y a la alimentación.  

El hombre, consecuencia de las interacciones con su ambiente, está sujeto constantemente a su organización general. Entendemos, entonces, la importancia de la noción simbólica del universo de la selva húmeda tropical del Pacífico, con la cual el hombre embera y waunana dialoga constantemente. Todo lo que pase a su alrededor tendrá una prolongación en él mismo: el hombre es un microcosmos dentro del macrocosmos. Así, toda la organización del universo de la selva húmeda tropical va a influir sobre los grupos indígenas (Indígenas Chocó) (6) .    

Pero si los mundos y la tierra están en perfecta armonía, el hombre con su acción puede desarreglar su relación con el conjunto y tendrá, entonces, la enfermedad, de la cual él mismo será la causa primera. Estas son las enfermedades de origen interno. La sociedad embera constituye una organización social en donde se concentra la capacidad de acción de la comunidad, es decir, de toda la sociedad a la integración social.

 

ESQUEMA TEORICO DE RELACIONES

 

La enfermedad pone a prueba formas tradicionales de solidaridad y genera tensiones en el espacio doméstico y colectivo del grupo. El jaibaná o chamán es el encargado de conjurar las enfermedades con la ayuda de los espíritus “jai”, los cuales le sirven igualmente para actuar en un gran número de manifestaciones de la vida, de múltiple significación y dimensión en el seno del grupo. El principal instrumento mágico del chamán de los grupos indígenas del Chocó, es el bastón ritual que simbólicamente aparece como eje del mundo sobrenatural, guardián del reino de los espíritus y señal de la presencia de los espíritus “jai” protectores. De una manera general, el bastón ritual del jaibaná es un símbolo de su poder visible, es un vínculo de sus viajes a través del mundo de los espíritus mediante el consumo de alucinógenos y es, también, símbolo de poder en el orden espiritual. 

Para los indígenas Chocó de las tierras bajas del Pacífico, la individualidad humana es compleja y corresponde a una cierta combinación de elementos. Sus componentes no son exclusivamente espirituales, ni exclusivamente corporales. Toda naturaleza es el resultado de una cierta cuantificación, de una combinación, más o menos armoniosa, de sus componentes. “La enfermedad no obedece a causas físicas, sino que se debe a la posesión de un “jai”, por órdenes de un jaibaná contratado para enfermar, o a un descuido en las prácticas mágicas preventivas”. (Santa Teresa, S. de, 1924: 40). 

Existe una relación cultural y de protección entre los grupos Chocó y el aspecto ecológico del trópico húmedo en la selva del Pacífico, puesto que la vida y la cultura de estos grupos humanos están estrechamente ligados a su ambiente. La medicina tradicional del jaibaná concibe al hombre de manera holística, es decir, considera que la falta de salud o la enfermedad proceden de un desequilibrio del hombre en su sistema ecológico, social y cultural total, y no se deben, exclusivamente, al agente causal y su carácter patógeno. 

El chamán o jaibaná es el intermediario entre el individuo y los espíritus. El calma las fuerzas de los espíritus y cura las enfermedades. El jaibaná debe aprender los detalles esotéricos, las fórmulas mágicas, el conocimiento de plantas, objetos, animales, minerales y los demás aspectos simbólicos de su oficio. Los espíritus de los animales de presa causan generalmente enfermedades, mientras que los espíritus de los antepasados actúan como defensores y fuerzas benéficas para contrarrestar las malas influencias. El jaibaná: “succiona, frota con bastones o figuras, da baños de hierbas o de sangre de animales diversos, sacrificados y ofrecidos a los “jai”. También imita la extracción de cuernos extraños: espinas, animales, flechas, cuchillos”. (Santa Teresa, S. de, 1924: 40) 

En las distintas ceremonias individuales y colectivas se utiliza gran variedad de figuras antropomorfas y biomorfas que representan a los espíritus “jai”, así como, muchas plantas alucinógenas que se consumen durante los ritos, en brebajes preparados exclusivamente por el jaibaná. Se las utiliza para entrar en contacto con los espíritus, curar enfermedades, identificar amigos y localizar objetos robados o perdidos.

 

Fotografía Oscar Monsalve.

 

En el caso de enfermedades provocadas por embrujamiento, el jaibaná debe atraer la fuerza de los espíritus “jai” de los antepasados y extraer del enfermo al espíritu maléfico. La curación se realiza a través de citas ocasionales (consultas) con el jaibaná, o por medio de tratamientos completos en numerosas sesiones durante las cuales se invocan a los espíritus “jai”. (7)  

A nivel terapéutico, Métraux afirma que, de una parte, el tratamiento es practicado por un chamán que se pone en estado de “trance” e invoca a los espíritus, para descubrir al culpable o para conocer, mediante sus espíritus auxiliares, la identidad del hechicero maligno. Por otra parte, la cura propiamente dicha consiste sobre todo en masajes, fumigaciones y succiones que tienen por finalidad extraer del cuerpo del paciente los objetos patógenos. Si la enfermedad ha sido causada por la pérdida del “alma”, el chamán va en su búsqueda. Sin embargo, Fray Severino de Santa Teresa señala que si un jaibaná ve en sueños que un animal se está comiendo a un indio, deduce de allí, que algún jaibaná está embrujado o comiendo el alma. El indio a quien el jaibaná se le ha comido el alma, no tiene cura y queda desahuciado. (Santa Teresa, Fray 5. de, 1924: 47) (8)  

Los indígenas Chocó de las tierras bajas del Pacífico distinguen en la actualidad tres clases de enfermedades: las provocadas por embrujamiento, por la acción de los chamanes o jaibanás; las causadas por artes mágicas de otros individuos a partir de conjuros o de hierbas, animales y minerales del medio selvático de la región; y las que se podrían clasificar como enfermedades nuevas, o sea, las introducidas por los españoles y posteriormente por los negros, y, en general, por los grupos humanos que han llegado a la región. De acuerdo con este triple origen de las enfermedades existen, también, sistemas generales distintos de curación: las enfermedades de la primera y segunda clases pueden ser tratadas sólo con operaciones mágico-curativo-simbólicas de los jaibanás y de los hierbateros tradicionales. Para el tercer tipo de enfermedad se recurre a los tratamientos del Sistema Institucional de Salud en la región.

 

La cultura médica tradicional de las comunidades negras de la región 

El comportamiento ante la salud y la enfermedad y los servicios de atención médica y de salud no existen aisladamente, sino que están integrados en un complejo sistema de creencias y valores, los cuales forman parte de la cultura de las comunidades negras de las tierras bajas del Pacífico. 

Los estudios antropológicos, metódicos y completos, sobre las culturas médicas tradicionales de las comunidades negras de Colombia están apenas comenzando. Solamente hay datos parciales de calidad variable, derivados de estudios muy generales que incluyen observaciones sobre creencias y magia, sin lograr explicar las causas que originan las enfermedades. 

Examinaremos algunas de las ideas, creencias religiosas y filosóficas que impregnan los aspectos de la vida tradicional de las comunidades negras de la región, y que influyen en los criterios sobre la enfermedad y la salud en las tierras bajas del Pacífico colombiano.   

 

Fotografía Oscar Monsalve.

Teniendo en cuenta que la Nueva Granada era una de las mayores áreas productoras de oro en el Nuevo Mundo, se introdujeron muchos esclavos negros - al actual territorio de Colombia - desde el comienzo del último cuarto del siglo XVI y hasta el final del período colonial. Cada centro minero de Colombia estaba y, todavía está, marcado por una población predominantemente negra. (West, R.C., 1957: 97). James E King, Robert C. West, Thomas Price, David Pavy y William E Sharp, han demostrado cómo las tierras bajas del Pacífico eran importantes para los españoles, sólo porque tenían ricos yacimientos de oro a lo largo de los cursos medios y altos de sus ríos. (King, J.E, 1945; Price, Th., 1955; West, R.C., 1957; Pavy, D., 1967; Sharp, WF., 1970). Las dificultades de trato de algunos indígenas, el rápido colapso de otros, la prohibición real y la desaprobación eclesiástica de su trabajo, obligaron a los españoles a importar esclavos negros para las tierras bajas mineras. Su descendientes constituyen hoy la base fundamental d la población de las tierras bajas del Pacífico, las cuales extienden entre el golfo de San Miguel en Panamá y la provincia de Esmeraldas en el Ecuador. (West, R.C. 1957: 98).     

 

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Vol. IV, 1986, por el grado de influencia y repercusión que los elementos analizados en estos trabajos tienen en la población colombiana. A partir de 1976 se han elaborado varias bibliografías sobre Medicina Tradicional en América Latina: Harrizun, Ira E. y Sheila Cosminsky. Traditional Medicine: an Annotated Bihliography on Africa, Latín American and the Caribbean. OPS/OMS. Washington, 1976. OPS/OMS. Bibliografía Seleccionada en Antropología Médica para los profesionales de la Salud en las Américas. Oficina de Campo/Frontera México - Estados Unidos, 1978. Biblioteca Regional de Medicina. Medicina Tradicional. Brasil. BIREME, 1978. Badgley, R.F., G. Bravo, C. Gamboa y J.C. García. La Bibliografía Latinoamericana sobre Ciencias Sociales Aplicadas a la Salud. OPS/OMS. Washington, 1981. Bulletin d´ínformation en Anthropologíe Medicale et en Psychiatrie Transculturelle. Vol. 1, No. 2. GIRAME. Montreal, 1982. Grepeau, Pierre (Ed). Folk Medicine and Religion.. National Museum of Man. Ottawa, 1985. Recientemente en Colombia Xochitl Herrera y Miguel Lobo - Guerrero amplían su trabajo publicado en 1982, Antropología Médica y Medicina Tradicional en Colombia. Etnollano. Bogotá, 1988. (Regresar a 2)

3. Pese a su dramatismo, las condiciones no han variado considerablemente, según el Plan de Desarrollo Económico y Social 1990—1994, “la mortalidad en la costa Pacífica y los Territorios Nacionales alcanzan a las de Haití, Bangladesh y Bolivia. También por la incidencia más alta de la desnutrición, los estratos más pobres presentan mayor mortalidad infantil’’ La Revolución Pacífica, 1991:149). (Regresar a 3)

4. Nuestro mundo, que es el mundo del dios Caragabí, es el más bajo de los cuatro mundos superiores y encima de él está el firmamento, cóncavo como un plato, arreglado por Caragabí con el sol, la luna y las estrellas. Sobre el firmamento está Ntré, el cielo de Caragahí, que ahora lo vemos muy alto. Después, hacia arriba, siguen los otros tres mundos superiores (Vélez, 1990: 12).
Nrré: altura, en lo alto, un lugar más alto que aquel en que está el que habla. ‘Aunque aseguran que hay cuatro mundos sobre el nuestro y otros tantos debajo, con sus respectivos dioses, sólo tienen noticia de este mundo y de otro llamado Armucurá, cuyo dios se denomina Trutruícá (Fr. Severino de Santa Teresa, 1924: 1). (Regresar a 4)

 

5. “Caragabí nació sabio. En su cuerpo encierra un calor abrasador y cuando se adentra en los ríos o en el mar, los peces más cercanos mueren y se sobreaguan” (Vélez, 1990: 12).  (Regresar a 5)

6. “Los embera dicen que los mitos que codifican la forma en que diversos aspectos de la existencia deben ser manejados vienen de los Tiempos Antiguos; sus dichos son parte de estos mitos. Estos mitos se localizan en un tiempo concebido como anterior cuando el mundo no era como es hoy, cuando los animales eran gente y la gente era sencillamente un tipo de animal que disfrutaba de una parte del poder igual a otras especies”. (Kane, S. C., 1986: 249) (Regresar a 6)

7 Alfred Métraux nos ha dejado algunas indicaciones de especial importancia para las investigaciones sobre las Culturas Médicas Tradicionales: “En las tribus indias de América Tropical la enfermedad está concebida generalmente como la introducción de un objeto hecha por un hechicero o un espíritu. Estos objetos mágicos son: espinas, púas, huesos o insectos, que los chamanes llevan dentro de su propio cuerpo y que lanzan contra sus víctimas. La enfermedad puede ser también causada por una sustancia mágica, un veneno misterioso, que se identifica con la fuerza o vitalidad del chamán y que éste puede inocular a distancia. Las almas de los animales o de las plantas son a veces responsables de la situación crítica de un individuo”. (Métraux, 1944:164) (Regresar a 7)

8 Anne-Marie Losonczy sugiere que los sistemas de agresión [de los embera] formarían así un tejido de actos y de representaciones donde ciertas líneas de fuerzas latentes de la organización social se verían cada vez como en un espejo invertido..., como desarrollando un modelo de poder y un modo de combate diferentes contra distintas categorías de adversarios. Además, si los sistemas de agresión chamánico y guerrero, ellos mismos reveladores de relaciones interétnicas y de aquellas entre subconjuntos de una misma etnia... (Losonczy, 1986: 158). (Regresar a 8)

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Título: 41. SALUD Y CULTURAS MEDICAS TRADICIONALES Alexander Cifuentes  
Colección: Afrocolombianidad


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