43. OTRA EDUCACION, OTRO DESARROLLO

 

MAGDALENA BARON AZUERO
Investigadora
Programa Ministerio de Educación - instituto de Estudios Ambientales
Universidad Nacional de Colombia

 

“La tierra tenía un alma. Volver a
 encontrar y resucitar esa alma es la
 esencia del espíritu de Rio”.

Boutros Boutros-Ghali.
Secretario General de las Naciones Unidas 

Entre las toneladas de información que produjo la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo y Medio Ambiente, se ha refundido el texto del discurso de clausura, pronunciado por Boutros-Ghali que enfatizó en el llamado “espíritu de Rio”. Es bien significativo que ya por lo menos términos como alma o espíritu se incorporen al lenguaje tecnicista propio de este tipo de reuniones. 

Reconocer el planeta como un vasto conjunto de interdependencias, significará una crisis total en los sistemas educativos actuales, montados sobre una visión mecáni­ca del mundo que da prioridad a la razón y anula el sentimiento. La educación para el desarrollo, por ejemplo, resultó siendo ciencia y técnica al servicio de la sobreexplotación de recursos naturales y trabajo humano y acumulación destructiva de poder y capital en pequeños grupos. Se requieren nuevos paradigmas en la educación para entender lo que significa el planeta tierra como casa común. Se está avanzando en difundir el lenguaje de la oiko-logía - ciencia de la casa -, pero aún muy poco en transformar la oiko-nomía - administración de la casa -. 

Quizá con excesiva timidez, desde mediados de 1991 el Ministerio de Educación Nacional viene trabajando un Programa Nacional de Educación Ambiental que plantea dos criterios referenciales básicos: 

• Introducir en la educación una visión holística donde persona y planeta constituyen una y la misma expresión de la vida. 

• Promover el conocimiento de la riqueza ecosistémica y cultural del país. 

En todas las regiones fueron encontrándose numerosas semillas de educación ambiental. Guardando su especificidad regional surgieron los Proyectos Ambientales Educativos, que intentando dar respuesta a problemas vitales de individuos y de comunidades buscan el cuestionamiento de un sistema educativo profundamente antiamhiental, pero también oportunidad de prácticas y de actividades donde pueda transformarse el entorno y la convivencia sobre bases de respeto, colaboración y solidaridad. 

Una de las experiencias más significativas fue la encontrada en la región pacífica, liderada por el Programa de Educación Ambiental de la Corporación de Desarrollo del Chocó. Ella nos sirve de referencia para intentar un acercamiento a lo que sería la educación para la sustentabilidad. Sustentabilidad no del actual modelo de desarrollo, sino sustentabilidad del modelo de economía energética que constituye el alma del planeta. 

Crecen la preocupación, los programas y los recursos para salvar la tierra. ¿Qué tanta preocupación podremos encauzar hacia el logro de cambios profundos en la conciencia de quienes lo habitamos con actitud de despóti­co dominio, para llegar a través de la educación a comprender las relaciones de enlace, complementariedad y cooperación que regulan el mundo de la vida?   

El señuelo del desarrollo ilimitado

Por lo menos en las últimas tres décadas, buena parte de los esfuerzos de las ciencias sociales se han orientado a definir y medir los estadios de desarrollo y subdesarrollo y el proceso mediante el cual es posible llegar del segundo al primero. 

Todo iba muy bien en el plano de las especulaciones teóricas hasta cuando los recursos naturales, objeto de la revancha, el saqueo y la acumulación que permitieron el desarrollo del primer mundo, dieron señales de agotamiento. Mientras tanto, la contaminación generada por. los grandes imperios industriales, con su esquema basado en el aumento sin límite del consumo, ponía de manifiesto que el camino que se mostraba para llegar al paraíso, puede ser el mismo para llegar al infierno. Igual sentido tiene la lección que están dando pueblos del Tercer Mundo, que como en el cuento de las Mil y Una Noches cambiaron lámparas viejas por nuevas y sin siquiera sospechar el valor de lo que poseían, cayeron bajo la presión por el cambio y hoy debilitados e impotentes hacen fila para recibir el plato de comida de la generosa ayuda internacional. 

Cuando como principio rector de la educación ha primado la creencia de que hay culturas más avanzadas que otras o que todas van por un camino lineal hacia el llamado progreso, es muy difícil valorar la cultura como la principal estrategia de adaptación al medio. Cada pueblo teje su vida social, desarrolla su tecnología, construye sus formas de expresiones estéticas marcado por las características de su entorno físico-biótico. Partir del reconocimiento de su saber acumulado es una vía para potenciar sus capacidades, reflexionar sobre su propia realidad y transformar la conscientemente, después de sopesar opciones, no cayendo en la ingenua aceptación de propuestas foráneas. 

Lecciones no aprendidas 

Con ocasión del quinto centenario de la conquista del mundo americano se oyeron muchos lamentos sobre las tristes consecuencias de haber arrasado con culturas, que detrás del atraso que les diagnosticó la óptica europea escondían exitosas formas de adaptación y de equilibrio simbiótico con el medio natural. Lo más grave no es lo que sucedió hace quinientos años, sino que después de cinco siglos, la lección aún no haya sido aprendida y continúe intentándose implantar modelos técnicos y culturales ajenos al medio tropical, matando todo intento de organización social que se encuentre por fuera del modelo unidimensional de desarrollo. 

Estas consideraciones son especialmente válidas para la región Pacífica, donde junto a expresiones de la economía de enclave que extrae materias primas y sólo deja las secuelas del daño ambiental y una mínima proporción de circulante, coexisten formas de autosuficiencia con escasa presencia de capital y tecnología pero también con mínimo daño ecológico. 

Es curioso que cuando se presenta al Chocó corno una de las regiones más atrasadas del país, se le atribuyen todas sus precariedades a la segunda modalidad de relacionamiento con el medio y muy poco se hable de la pobreza que se genera extrayendo los recursos que sustentan el reino de la opulencia. 

Ahora que le corresponde al Chocó convertirse abiertamente en la despensa de recursos que ya fueron agotados en muchos otros lugares del planeta, la preocupación por su desarrollo socio - económico se expresa en propuestas como: explotación técnica de la madera, el oro, el platino, el manganeso; urgencia de carreteras; puertos, centrales eléctricas; ampliación de la cobertura de los servicios hospitalarios y escolares, turismo ecológico, etc. 

¿En qué se están diferenciando estas propuestas con las que en décadas pasadas fueron presentadas a cada una de las regiones que aún conservaban una apetecible reserva de recursos naturales? 

Llámese Magdalena Medio, Costa Atlántica, islas de San Andrés y Providencia, Llanos Orientales o Chocó biogeográfico la premisa para su desarrollo sigue siendo la misma: hay recursos naturales, falta tecnología, urbanización, capital y uno que otro programa social, para así contar con una nueva fuente de acumulación neta que alimente el flujo del capital. 

¿Qué garantizará al Chocó poder participar de la apertura e internacionalización de la economía y, a la vez, conservar la riqueza de su biodiversidad, mientras esto no ha sido posible en otras regiones del país ni del mundo? Se dirá que hoy hay más conciencia ecológica y que se cuenta con la fórmula mágica del desarrollo sustentable. 

Ciertamente el modelo capitalista se está viendo presionado a tornarse eco-consciente porque su talón de Aquiles es hoy el daño ecológico y la escasez de recursos naturales. En el pasado lo fueron las revueltas sociales y sindicales, cuando aún los avances tecnológicos no le permitían suprimir vastos contingentes de la mano de obra que garantizaba la producción. En ese momento fue lo suficientemente filantrópico propiciando los programas de bienestar y seguridad social por mantener las condiciones sanitarias, educativas, recreacionales que necesitaba el recurso humano. Hoy se puede dar el lujo de considerar también como desechable y colocar fondos al servicio de la conservación de áreas naturales que se convertirán, en la medida en que sean mas escasas, en valiosos insumos del proceso económico. 

Visión de Atarraya: una propuesta de educación ambiental 

Desde junio de 1988, el programa de Educación Ambiental de la Corporación de Desarrollo del Chocó viene realizando talleres en caseríos y veredas reuniendo maestros y comunidades, en un intento de cubrimiento progresivo de todas las cuencas y subcuencas del departamento. Con el apoyo del Ministerio de Educación se han realizado talleres regionales en Quibdó, Nuquí y El Valle donde se da especial importancia a la revitalización de la cultura local. 

Estos talleres han puesto de manifiesto dos realidades ambientales distintas: 

•  En el tipo de explotación que campesinos, pescadores y mineros artesanales hacen de los recursos naturales, el impacto por el uso de tecnología es bajo y hay más bien un uso intensivo de obra. Esto permite la recuperación natural de los ecosistemas, pero se neutralizan las posibilidades de ahorro y capitalización local. 

•  La relación establecida con la naturaleza por grupos foráneos, principalmente compañías de explotación de oro y madera, está marcada por una concepción puramente económica donde se usan los recursos hasta el agotamiento, con un criterio de obtención de máxima y rápida rentabilidad. 

Esta doble dimensión coloca los procesos educativos ante los retos de: 

•  Promover el uso de los recursos ubicando la hasta ahora economía dé subsistencia en un marco de proyección regional, con posibilidad de aumentar la capacidad de las comunidades locales para un desarrollo ambientalmente equilibrado, económicamente rentable, pero sobre todo socialmente solidario. 

•  Organizar a las comunidades para la defensa de sus recursos, frente a procesos de explotación intensiva con carácter de enclave, los cuales no dejan en la región más que algunos salarios y secuelas de destrucción ambiental. 

• Ser especialmente cautelosos con fórmulas que ligan mayor explotación de recursos con aumento de productividad y mejor calidad de vida. Es en aras del mayor rendimiento de los espacios y los recursos y con la introducción de consumos innecesarios que se cae en la introducción de técnicas antiecológicas y en graves desequilibrios ambientales. 

Con la estrategia de vincular maestros y pobladores al análisis de su entorno natural y socio-cultural se busca el fortalecimiento de la capacidad de las comunidades para administrar su propio potencial. Frente a los grandes proyectos que entrarán a manipular las riquezas del Pacífico, se requiere fortalecer las relaciones entre comunidades geográficamente dispersas y aumentar así su poder de negociación. 

Ha ido tomando fuerza la Atarraya Chocoana como símbolo del tipo de educación ambiental que debe impulsarse. Roberto Cañete, sistematizador de esta propuesta habla de crear un pensamiento propio que conduzca a acciones propias y libere al Chocó de propuestas foráneas. “Una visión reducida, de rueda suelta, lleva a relaciones reducidas con otros y destructivas de la naturaleza. Hay que crear condiciones para ampliar y enriquecer perspectivas y visiones haciéndolas semejantes a una atarraya, entrelazando saberes y posibilitando unas relaciones más armónicas con la naturaleza”. 

El trabajo de investigaciónacción participativa, desarrollado tanto por la Unidad de Educación Ambiental de Codechocó como por la Asociación Ecológica del Chocó, ha permitido ir recogiendo información sobre culturas locales, que es devuelta a las comunidades en instrumentos de reflexión sobre su identidad y sus relaciones con el entorno natural y social. 

No se trata de la sobrevaloración de lo local sobre foráneo, es más, hay muchas experiencias colectivas incorporadas como esquemas psíquicos inconscientes en la mentalidad chocoana, que condicionan su modo de percibir la realidad, que deben transformarse porque están propiciando su vulnerabilidad. Por eso desde la educación ambiental está promoviéndose conciencia de la singularidad que fortalezca el yo colectivo, no para buscar el aislamiento, sino para, desde la diferenciación, ganar autoestima y seguridad y otro estilo en la comunicación y la negociación.   

El potencial de una cultura amenazada 

Todo ciclo vital es un proceso de reestructuración continua y progresiva marcado por la tendencia a la conservación y la mutación. Ambas son necesarias y forman parte del mecanismo de autorregulación de la economía energética. Hombre y cultura participan del mismo esquema y su evolución está igualmente condicionada por la proporción entre el apego al origen, a lo experimentado y la aceptación del reto que significa el movimiento transformador. En esa dinámica juega papel importante la amenaza externa; cuando hay amenaza es necesario hacer inventario de limitaciones y potencialidades. 

Algunas propuestas de respeto a las culturas locales les niegan la posibilidad de nuevas interacciones, así matan su vitalidad, quedando reducidas a show folclórico o ventanas al pasado.  

Sería ingenuo pedir a la lógica del capital o a la ética de los colonizadores que hubieran llegado al Chocó con los beneficios del progreso, pero sin ninguna de sus consecuencias negativas. No hay moneda de una sola cara, aceptar la una obliga a aceptar la otra. 

El reto para las comunidades chocoanas es entonces tener plena conciencia y capacidad de opción sobre lo que están poniendo en juego. Aprovechando esta riqueza cultural que les permitió la adaptación a un difícil medio ecosistémico pueden construir propuestas de nuevos estilos de desarrollo. Pero la revitalización de aquellos elementos de la cultura que deben conservarse y la proporción de cambios a introducir exigen un ejercicio previo de conocimiento de lo que son y de esclarecimiento de lo que quieren llegar a ser. 

Algunos programas de desarrollo están usando como justificación argumentos ya interiorizados en muchos chocoanos de que han sido víctimas de un injusto reparto de los beneficios del progreso, pero que llegó la hora del desquite, de acceder a lo que durante tanto tiempo se les negó y que afortunadamente cuentan con suficientes recursos para hipotecar. 

La larga lista de precariedades que se usan en el diagnóstico socio-económico del Chocó, no deja espacio para resaltar muchos valores de su organización social y están a punto de desaparecer importantes experiencias que podrían alimentar otro modelo de desarrollo. El uso comunitario del territorio, la cooperación familiar en la calamidad doméstica, la mano cambiada y la minga, el tiempo y el espacio para la lúdica, la sencillez y frugalidad en el estilo de vida han encontrado pocos estudiosos, defensores y promotores. 

Se cuantifica la biodiversidad, se le pone precio, ya están convenidos los posibles negocios y una que otra medida para su conservación; pero la riqueza cultural ¿quién va a defenderla? Y aquí nos referimos a expresiones corno son la solidaridad o la convivencia pacífica en un territorio común, el respeto a los lazos de parentesco y liderazgo, ya que otras de sus manifestaciones como el folclor y la artesanía si serán rápidamente inventariadas e introducidas en rentables paquetes turísticos. En consecuencia, elemento importante en una propuesta educativa ajustada a la realidad que vive hoy el Chocó es la revisión de experiencias de otras comunidades donde más terminó significando menos. 

Cuenta la leyenda que el poeta Homero murió de pena porque no pudo comprender el significado de las palabras de un pescador que a su pregunta “¿Cuántos cogieron?” le respondió así: “lo que hemos cogido lo hemos tirado. Lo que no hemos cogido lo llevamos siempre con nosotros”.

 

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Título: 43. OTRA EDUCACION, OTRO DESARROLLO. Por: Magdalena Barón Azuero
Colección: Afrocolombianidad


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