COLOMBIA PACIFICO
TOMO II
Pablo Leyva (ed.)
© Derechos Reservados de Autor

49.  POETICA EN LAS CALLES.  DEVOCION Y DIVERSION EN LA FIESTA DE SAN PACHO DE QUIBDO*

KAZUYASU OCHIAI

Profesor
Instituto para el Estudio de los Lenguajes y las Culturas de Asia y Africa
Universidad de Tokio, Japón
Texto propuesto por Alexander Cifuentes 

Existe una categoría de rituales que conocen poco los antropólogos, aun a nivel descriptivo: los rituales públicos regulares, o las celebraciones anuales de acuerdo con el calendario eclesiástico, como las fiestas de los santos católicos. Tales rituales han llamado poca atención en América Latina, porque entre otras razones, su ambiente predominantemente católico parece poco distintivo a los ojos de los estudiosos quienes suelen buscar los rasgos culturales precolombinos, indígenas, africanos, o algo exóticos. Por la misma razón, los investigadores sí han prestado atención a los carnavales, los cuales han sido excepcionalmente estudiados en comparación con otros rituales públicos regulares. 

Me encuentro interesado, sin embargo, en los rituales públicos regulares, en general, porque son las ocasiones en que se observa la expansión de la imaginación de los participantes, quienes comparten la misma visión histórica y cosmológica. Me interesan las festividades públicas porque su estudio no sólo es válido en las sociedades usualmente estudiadas por los antropólogos, sino que, también, aclaran la situación de la vida urbana moderna, en que la falta del sentimiento comunitario constituye uno de los problemas serios. 

Con estos reconocimientos en mente, quisiera analizar y leer la estructura y la gramática de un ritual público urbano colombiano: la celebración en honor de San Francisco de Asís, la fiesta patronal de Quibdó, Chocó, que tuve la oportunidad de ver durante diez días en el año de 1985. (1) .  

Quibdó, Chocó 

Quibdó, capital del departamento del Chocó, está situado en la margen derecha del río Atrato, aproximadamente a 500 km de la boca del río. La ciudad se encuentra en una de las regiones más lluviosas del mundo. En 1648 Fray Matías Abad llegó a esta tierra de indígenas y festejó la fiesta de San Francisco de Asís el 4 de octubre, después de haber construido la iglesia. El nombre Quibdó que significa “el lugar entre ríos”, sin embargo, no aparece en los documentos sino hasta 1702 (Velázquez 1960:17).      

Desde la introducción de los esclavos africanos al Chocó, como mano de obra para las minas, a partir del siglo XVII, los negros empezaron a dominar la población regional. Hoy en día los indígenas, a quienes los negros llaman “cholos” con una connotación despectiva, habitan en las partes más aisladas del Chocó y visitan Quibdó sólo de vez en cuando. La ciudad de Quibdó, cuya población es principalmente afroamericana, tiene alrededor de 47.000 habitantes, según el censo llevado a cabo en octubre de 1985. Se observa una tensión racial entre los indígenas y los negros, a quienes los indígenas llaman “libres”, y entre los negros y los mestizos, mayormente antioqueños, los que dominan las actividades comerciales de la ciudad.  

El Chocó formaba una intendencia hasta que se elevó a la categoría de departamento en 1958. Este aparente desarrollo político no necesariamente ha favorecido la economía chocoana. Los pobladores dicen que en los años treinta había en Quibdó industrias de jabón, panela y refrescos embotellados, entre otros, y “no había política”, después de 1958, sin embargo, “todo se acabó” y actualmente la economía de la región se mantiene por la escasa explotación del oro aluvial, por la industria licorera del aguardiente “Platino”, la exportación de la madera tropical, la pesca y agricultura menores, y el comercio dominado por los foráneos que vienen de los departamentos de Antioquia y Córdoba. La región está alejada de la atención financiera y de los programas de desarrollo del gobierno central, a los ojos de los quibdoseños; la comunicación con el resto del país es bastante insuficiente. El río Atrato sigue siendo la ruta principal de comunicación con la costa Atlántica, sobre todo con Cartagena; la carretera sin asfaltar que conduce a Medellín, frecuentemente, se vuelve intransitable por la lluvia y los derrumbes. El único transporte moderno a menor escala es el aéreo. Así que es comprensible que los quibdoseños sientan profundamente que el Chocó está aislado y abandonado. Su frustración se expresa simbólicamente en el afiche que dice “El Choco también es Colombia”; este aislamiento del Chocó no es un fenómeno reciente. Ya en la época colonial la “región se quedaba como una frontera minera, al margen de los centros desarrollados del comercio, educación y autoridad en la Nueva Granada” (Sharp 1976:3). 

Los quibdoseños conscientemente relacionan esta situación político-económica con la fiesta patronal de la ciudad, en honor de San Francisco de Asís, a quien la gente llama con afección y apego, San Pacho. Según una quibdoseña: “en Quibdó no hay trabajo. Todos los negocios prósperos están en manos de paisas (antioqueños) y cordobeses. Por lo tanto, la gente necesita un desahogo, quejarse, quejarse pero con risa. Los disfraces (carrozas con mensajes políticos) son una manera de expresar el inconformismo y sacar la frustración. Aunque no intentan la revolución, aunque el resultado de esta manifestación es mínimo, la fiesta es la única diversión que tiene esta gente”. 

Así, en Quibdó se encuentran tres tipos de energía que promueven la fiesta de San Pacho: la devoción profunda al santo patrono, las ganas de divertirse y la entropía social, política y económica. 

San Francisco de Asís, el patrono de Quibdó

QUIBDO. FIESTA DE SAN PACHO.
Fotografía Diego Arango.

Como se mencionó anteriormente, la primera huella misionera la estableció Fray Matías Abad en Quibdó en 1648. La evangelización en esta región, no obstante, no fue sencilla. Ocurrieron protestas de indígenas, quienes mataron a los religiosos y quemaron los santos. Se desconoce, en gran parte, la historia eclesiástica de Quibdó de los siglos siguientes debido a la pérdida del archivo parroquial, que consumieron las llamas del incendio de 1930. La imagen del santo patrono, San Francisco de Asís, que hoy se encuentra en el altar de la catedral, fue traída de España en la última década del siglo pasado. El actual párroco dice que la imagen llegó en 1892, mientras que Rogerio Velásquez escribe (1960:34) que la imagen “pedida por el grueso de la población al director de la parroquia en 1895, llegó a Quibdó en 1899”. La catedral fue construida en 1945. 

Las festividades mayores en el calendario eclesiástico en Quibdó incluyen la celebración del Viernes Santo y la fiesta dedicada a la Virgen del Carmen (16 de julio). También se celebran fiestas menores en algunos barrios, tales como la de la Virgen de Fátima (13 de mayo y 13 de octubre) en el barrio de la Yesquita y la de San Judas Tadeo (28 de octubre), en la parroquia del barrio de San Judas. Antes existía la “fiesta del indio” el domingo de Pascua, en la que numerosos indígenas vecinos se reunían en Quibdó y quemaban la efigie del judío; esta fiesta se acabó a mediados de los años setenta. Según Nina S. de Friedemann (1975), era la ocasión para los quibdoseños de reírse de los indígenas borrachos por que ni la conducta de los indígenas en esta condición, ni la naturaleza de la diversión de la población negra eran dignas.  

Las veredas alrededor de Quibdó también celebran sus propias fiestas, muchas de las cuales son la de San Antonio (13 de junio) y la de la Virgen de la Merced (24 de septiembre). Cuando los misioneros claretianos no visitaban regularmente las veredas, en las fiestas, los campesinos traían sus santos en balsas, navegando por el río Atrato hasta la catedral de Quibdó. Las imágenes se quedaban una noche y al día siguiente regresaban en las balsas con la gente hasta sus veredas, donde se celebraba la noche de rumba. Hace, aproximadamente, quince años los sacerdotes empezaron a visitar las veredas en ocasiones festivas y los campesinos dejaron de venir a Quibdó con sus santos. 

La fiesta más importante para los quibdoseños es, sin lugar a duda, la de San Pacho, su patrón. La devoción de la gente a San Pacho es tan profunda que a los ojos del cura párroco, el apego popular al santo patrono tiene hasta cierto grado de superstición. Los curas han tratado de acabar con la fiesta de San Pacho por considerarla pagana, pero siempre en vano. Cuando un obispo se mostró más devoto al Corazón de Jesús e ignoró a San Francisco, los quibdoseños reclamaron tan fuertemente e iban a sacarlo del pueblo, que el obispo tuvo que reconocer públicamente al santo patrono de la ciudad. Los quibdoseños frecuentemente dicen “todos somos franciscanos” o “San Francisco es todo”; rezan en la iglesia hablándole al santo “Ay, San Pachito, mi amor” y se vis­ten como monjes franciscanos el día de San Francisco, el 4 de octubre. Según Rogerio Velásquez, el folklorista chocoano y autor del único artículo publicado sobre la fiesta de San Pacho, todos los quibdoseños desean ser enterrados al morir con el hábito de San Francisco. “Con el vestido franciscano, se dice, el cielo está más cerca” (Velásquez 1960:36-37). 

 

QUIBDO. FIESTA DE SAN PACHO.
Fotografía Diego Arango.

Los quibdoseños tratan de imitar a San Francisco y de identificarse con él porque el santo fue de joven “muy alegre y parrandista”, pero luego se hizo santo. El cura párroco dice que los quibdoseños, por cierto, imitan divinamente la primera etapa de la vida de San Francisco, pero se quedan ahí, no pasan a la segunda. 

El apego de la gente a San Pacho ha producido anécdotas sobre los milagros hechos por el santo. Sobre todo abundan los relatos del santo como extinguidor de incendios. Por ejemplo, cuando hubo un incendio alrededor de 1942, los quibdoseños sacaron de la iglesia el busto de la imagen patronal y lo pusieron enfrente de las llamas, y el fuego se calmó inmediatamente. La gente se arrodilló ante el santo llorando de agradecimiento. En el caso del siniestro de 1966 dicen que la imagen apagó el fuego, sudando por el calor de las llamas. Se cree que San Pacho también puede causar los incendios. En 1966, un sacerdote celebró la fiesta de las Llagas (17 de septiembre) en la iglesia del barrio de la Yesquita e ignoró la fiesta de San Francisco; por eso, muchas casas de este barrio no hicieron ningún preparativo para la fiesta San Francisco. Al final de octubre de ese mismo año, ocurrió un incendio grande en el barrio de la Yesquita. Todas las casas desaparecieron, salvo aquellas que sí se habían adornado para la fiesta. Así que la gente se dio cuenta que el incendio había sido causado por San Francisco, quien estaba resentido por haber sido ignorado. 

Existen otros relatos sobre los milagros de San Pacho. Una señora quibdoseña cuenta: “mi hijo murió hace seis meses en el accidente de la avioneta que se cayó en el cerro. Yo le había dado una imagen de San Pacho y se la había puesto en el bolsillo de su camisa para que el patrón lo guardara. Cuando supe del accidente, pedí a San Pacho que por favor me regresara a mi hijo, aunque fuera un brazo. El cuerpo de mi hijo, que tenía la imagen del patrón en su bolsillo, regresó enterito, mientras que otros pasajeros se despedazaron”. También hay historias relacionadas con el oro, por ejemplo, un minero prometió a San Pacho que si le ayudaba a encontrar oro, le regalaba la primera libra que sacara. La petición fue escuchada por el santo y el minero cumplió su promesa. Como San Pacho ha hecho numerosos milagros en favor de sus devotos, la imagen está decorada con cadenas y medallas de oro y platino, obsequiadas por ellos. 

Con esta devoción fervorosa popular al santo patrono, la fiesta de San Pacho no puede ser una celebración menor. Los ancianos dicen que, anteriormente, la fiesta era más religiosa y que después de la misa no había tanta diversión, salvo “vacalocas” (2)   aguardiente; las misas se celebraban en las mañanas y en las tardes todos los días durante la novena, por los monjes franciscanos que venían del monasterio de Bogotá. Hoy, la fiesta, incluye, una feria grande comercial, y noches seguidas de tumba. Cuanto más profunda es la devoción y cuanto más ciudadanos se involucran, tanto mayor es la diversión.

Hasta principios de la década de los treinta, no había en Quibdó sino tres barrios: Alameda Reyes, Yesca Grande y la Yesquita, que organizaban la fiesta patronal. En esta década, el barrio Pandeyuca se independizó de Yesca Grande y se formaron los barrios Roma (San Francisco) César Conto y el Silencio. A finales de los cincuenta, según Velásquez (1960:21), ya existían ocho barrios, inclusive Cristo Rey, que participaban en la fiesta. En la actualidad, hay numerosos barrios en la ciudad de Quibdó, pero sólo los doce más antiguos, los ocho arriba mencionados y la Esmeralda, las Margaritas, Kennedy y Tomás Pérez forman parte de la fiesta, aunque los barrios nuevos, también, desean participar como sectores independientes. Velásquez dice (1960:21): “A fin de que la festividad alcance mayor esplendor y animación, Quibdó, para el tiempo de San Francisco, aparece dividido en barrios o sectores. La idea data de 1929, y, con la aceptación unánime, se partió el poblado en trozos que emulan y luchan por ser los primeros en la fiesta. La disputa ha servido para que las actividades sean más complicadas y las diversiones más amplias y numerosas!. 

Hoy, uno de los acontecimientos más llamativos de la fiesta es el desfile de carrozas, localmente llamadas “disfraces” o “repechajes”, que se mueven gracias a un mecanismo interior. Parece que los disfraces no existían en Quibdó hasta principios de los años cuarenta, en que comenzaron a montar fantasías como los cabezones gigantes, pavos reales y damas orientales. Entrando en las décadas de los sesenta y setenta, los disfraces cambiaron el tema de la fantasía por el mensaje político con carácter de protesta, por el estado de abandono en que se encontraba el Chocó. Parece que el final de los años cincuenta era la época transitoria del motivo de los disfraces. Velásquez registra que en esa época con los disfraces se habla mal del gobierno, de los políticos, se reviven escenas familiares, costumbres típicas de la región, se evocan oficios antiguos o se exaltan motivos de animales. Caimanes, gatos negros, diablos, son los predilectos del público, que se solaza con ellos” (1960:26). Cabe notar que esta transición, de la fantasía a la expresión política, coincide con la elevación del Chocó de intendencia a departamento. Actualmente, cada barrio fabrica un disfraz y compite con otros barrios por los premios en cuanto a la hechura y su mensaje. En otros pueblos chocoanos, como Istmina, también, se ven disfraces, pero son las carrozas de los santos las que van decoradas. Desconoce el autor cuándo introdujeron la competencia de los disfraces. Según la descripción de Velásquez (1960:22-23), a finales de los años cincuenta todavía no había tal competencia, aunque “cada quien lucha por su barrio para que se luzca en el torneo” de boxeo, las carreras de caballos, bicicletas y encostalados, la vara de premios, etc. 

“Arcos de milagros”, o simplemente “arcos”, han existido como una parte esencial de la fiesta desde hace muchos años, aun en los tiempos en que no había disfraces. Antes, el arco era un altar sencillo, sólo para colocar la imagen patronal. Hoy en día, sin embargo, los arcos son escenarios pintados sobre varias tablas unidas, alusivos a los diversos episodios de la vida de San Francisco de Asís. Cada barrio prepara un arco que mide fácilmente seis metros de ancho por tres de alto. Los arcos, como los disfraces, tienen carácter competitivo entre los barrios. Se ignora el origen del nombre “arcos”. Velásquez dice que cada barrio estaba obligado a “clavar altar y poner arcos” (1960:21) y en los “altares de la barriada se coloca la imagen de San Francisco y se cantan los gozos por toda la concurrencia” (1960:34), pero no mencionaba nada de las anécdotas en las pinturas sobre la vida del santo. Esto supone que antes los “arcos” habían sido arcos, literalmente dichos, sin pinturas, bajo los cuales la imagen se colocaba en la ruta del recorrido de la procesión. Las pinturas de hoy podrían originarse cuando se introdujo la competencia de los arcos, la fecha exacta la desconoce el autor. Otro motivo de competencia entre los barrios participantes es el “adorno” o decoración de las casas, de la cual los niños están encargados.

Organización de la fiesta de San Pacho 

 

La organización de la fiesta de San Pacho se podría entender mejor dividiéndola en tres niveles: ciudad, barrio e individuo. 

Velásquez dice (1960:23) que en los finales de los años cincuenta la Junta Central, formada por un representante de cada barrio y presidida por el párroco, se concretaba a coordinar la fiesta. Así, hasta finales de los años setenta, el párroco y unos dignatarios de la ciudad estaban encargados de coordinar la fiesta. Hoy, sin embargo, la “Junta Central de las Festividades Patronales” es el organismo superior que organiza todas las actividades oficiales. La Junta Central, con personalidad jurídica, está compuesta por los representantes de cada barrio, doce en total, para que no haya discordia, y ya no está presidida por el párroco. Bajo el lema de la fiesta, “Fé, Cultura y Civismo”, renueva cada año el programa de la fiesta, escoge el jurado de la competencia de disfraces, arcos y adornos, invita a los monjes franciscanos de Bogotá, pide cooperación a varios sectores de la ciudad, se comunica con los representantes de cada barrio para que cumplan el horario, los deberes y mantengan el orden. 

Se observa que la Junta Central es la primera responsable de organizar la fiesta, el párroco ocupa un lugar secundario en este aspecto. Aunque los sacerdotes desempeñan el papel esencial en las misas, bendiciones y otros sacramentos, no tienen control sobre el culto quibdoseño de San Francisco. La Junta, por ejemplo, celosamente guarda en el Banco de la República los tesoros de San Francisco, medallas y cadenas, y no las entrega a la iglesia por desconfianza a los curas. 

Como uno de los cambios, recientemente, introducidos por la Junta podríamos citar la restricción de las “vaca­locas”, debido a los accidentes causados por la pólvora. En los años 1984 y 1985, todos los barrios obedecieron la propuesta de la Junta Central, salvo el barrio del Silencio. 

 

QUIBDO. FIESTA DE SAN PACHO.
Fotografía Diego Arango

En 1980 la Junta introdujo el “bastón de mando”, el cual se entrega de barrio en barrio cada día durante la fiesta, lo que confirma en qué barrio recae la responsabilidad del festejo de ese día. En 1985 ocurrió, por primera vez, la bendición de los animales y plantas “por ser San Francisco el Patrono de la Ecología y hermano de toda la creación” (Junta Central de las Festividades Patronales 1985:5). A la hora de la bendición los ciudadanos aparecieron en el atrio de la catedral con sus animales y plantas. 

En 1985 se invitó por primera vez a los padres franciscanos desde el 20 de septiembre, contra la costumbre de invitarlos sólo los tres últimos días. La presidenta de la Junta Central de 1985, que también lo había sido anteriormente, dice que cuando ella ocupaba ese cargo en 1980, intentó integrar a los campesinos de las veredas a la fiesta y los invitó a hacer su propio disfraz para la iglesia con sus productos agrícolas. Aunque este intento no continuó en los años siguientes, en 1985, ella y la Junta intentaron, otra vez, incorporar las veredas. En ese año la Junta rescató la costumbre que durante quince años había desaparecido, la “balsada”, o sea la visita de los santos de las veredas a Quibdó por el río Atrato. Este nuevo intento fue muy exitoso tanto para los campesinos de las veredas como para los quibdoseños. A pesar de que en 1985 este acontecimiento se empapó con la lluvia fuerte de la tarde, no se humedeció el fervor de la gente y de la fiesta. La presidenta de la Junta estaba planeando para el próximo año cómo podrían incorporar dignamente a los indígenas, quienes participaban, hace como diez años, en la “fiesta del indio” en Quibdó, la cual terminó por su carácter racista. Así, con la imaginación de los integrantes, la Junta Central actualiza la fiesta cada año. 

Cada uno de los doce barrios que participan en la fiesta con sus disfraces, arcos y adornos, forma su propio comité de festividad, cuyo jefe se llamaba anteriormente Alférez Real y hoy día, Presidente o Patrón. Sus actividades empiezan en julio o agosto. El comité está encargado de recaudar y manejar los fondos, presentar ideas y diseñar su disfraz, arco y adorno, buscar los artistas que los hagan, contratar con anticipación las chirimías, diseñar el uniforme que los residentes del barrio se ponen durante la procesión del disfraz, imprimir el programa de actividades, ordenar la pólvora y comprar varias cajas de aguardiente, que se ofrecen a los músicos y a los visitantes de otros barrios durante la fiesta. Se observa mucha rivalidad entre los barrios por adquirir los premios. Cada comité busca el tema para su disfraz, en los periódicos por ejemplo, y tratan de guardarlo en secreto hasta el día en que lo sacan públicamente a las calles. 

En 1985, en el caso del barrio Pandeyuca, el comité tenía que recaudar cuarenta mil pesos para el arco, cincuenta mil para el disfraz, y otros tantos pesos para voladores, aguardiente, pago de chirimía, etc. (3).  Así que cada familia colaboró, entre doscientos y mil pesos según pudiera, los profesionales entre tres y cinco mil pesos, y la patrona misma contribuyó con diez mil pesos. Velásquez dice que en los finales de los años cincuenta, los dirigentes de los barrios recaudaban los fondos a través de “recoger limosnas voluntarias, en cualquier tiempo y de cualquier cosa; imponer las cuotas familiares y personales, que oscilan entre tres y cinco pesos; recibir la cuarta parte del producto de los carnavales infantiles y las ofrendas que se hacen al santo del barrio; organizar tómbolas, cantinas y bailes, en los que pagan diez centavos por cada pieza que se baile, etc., etc.” (1960:22). También se hacían “las rifas de objetos o animales” (loc. cit.). Pandeyuca es un barrio pequeño que cuenta con sólo ciento cincuenta familias por tener dos calles de comercio, donde los antioqueños dominan, ellos no participan en la fiesta ni cooperan financieramente y siguen el horario de su negocio como siempre, aún durante la fiesta. Velásquez dice que en los acontecimientos de la fiesta de San Pacho “no cooperan ni participan hombres de la raza blanca” (1960:21), y el “blanco asiste a la iglesia cuando hay pláticas o sermones. No concurre a las novenas caseras de los negros” (1960:28) y “los de color saben que ésta es su fiesta, de la misma manera que la de Corpus Christi y el Corazón de Jesús son las fechas clásicas de los descendientes de los europeos” (1960:33).  

A nivel individual, la preparación no empieza temprano pero sí se hace con mucho entusiasmo. Aparte del uniforme del barrio, que consiste usualmente en camisetas chinas impresas con la figura del disfraz del barrio, los amigos o compañeros vecinos de la escuela u oficina tienden a preparar camisas y pantalones uniformados del mismo color y diseño para la procesión, que muestran la pertenencia al mismo subgrupo. Cada familia compra una buena cantidad de aguardiente “Platino” para llevar a la procesión y para la noche de rumba. Los que quieren ser anfitriones de tumba preparan su equipo de sonido, discos y tocacintas, y los colocan enfrente de su casa para tocar la música a todo volumen. Ya que por la noche vienen los familiares y amigos de otros barrios, las señoras preparan caldo y “guandoy” o guarapo con aguardiente. Algunos miembros del barrio a veces se reúnen en las cantinas o en las esquinas de las calles, y cantan prosas improvisadas, con el acompañamiento de cualquier instrumento que se encuentre en ese lugar, en las que alaban el disfraz de su barrio, critican y hacen burla de otros barrios y comprometen la segunda victoria de su barrio en la competencia. Los quibdoseños, que no pertenecen a los doce barrios del centro, también visitan a las rumbas del centro y frecuentemente organizan fiestas en sus casas con música, comida y aguardiente. 

Como hemos visto, los quibdoseños comienzan los preparativos de la fiesta con bastante anticipación. El mismo proceso de preparación ya es un festival, pues allí expresan su devoción religiosa, frustración socio-económica y ganas de divertirse. En este sentido, la fiesta de San Pacho, bien podría llamarse un festival popular.

QUIBDO. FIESTA DE SAN PACHO.
Fotografía Diego Arango

 

Análisis de la fiesta de San Pacho 

¿Cómo podríamos analizar esta fiesta tan llena de acontecimientos y contenido? Para empezar, prestaré atención a los cuatro aspectos que se destacan durante la fiesta como actividades fundamentales: misas, arcos, disfraces y rumbas. 

Misa 

Misas, bendiciones y otros programas eclesiásticos celebrados en la catedral, enfrente del parque Centenario y sus alrededores, muestran la tradición española de las festividades católicas. De la tradición ibérica se derivan, por ejemplo, la observación del novenario y los gozos de maitines, la importancia de los alférez reales, actualmente denominados presidentes del barrio, y su estrecha relación con las banderas (“alférez” significa etimológicamente “el que sostiene el estandarte”). Todas estas actividades están promovidas y sostenidas, principalmente, por la devoción enérgica del pueblo al santo patrono, más que por la iniciativa de los párrocos. 

Arco 

El recorrido de la imagen de San Francisco por los arcos de los doce barrios y los acontecimientos ocurridos enfrente a ellos, prueban la importancia y el significado del ser quibdoseño franciscano. Los escenarios que los arcos representan son los milagros de San Francisco y las anécdotas de su vida, que los quibdoseños conocen muy bien desde la niñez. El recorrido por los doce arcos es comparable con el vía crucis del Viernes Santo, pero sin la sombra de la muerte. También es semejante a la peregrinación por los lugares sagrados, a donde concurren para ver, sentir y compartir los milagros del pasado. 

En este sentido, se podría aplicar a los arcos el concepto de la memoria colectiva de Maurice Halbwachs (1968). Halbwachs, con base en la idea de la representación colectiva de Emile Durkheim, propuso el concepto según el cual las imágenes compartidas en una sociedad podrían proyectarse a algunos objetos específicos visibles y fijarse en ellos, los cuales, como iconos, empiezan a representar la memoria de esa sociedad. Usando este concepto, Halbwachs desarrolló la semiótica de los lugares y objetos sagrados en la cristiandad. 

La sensación que se siente frente a los arcos, donde la muchedumbre quibdoseña canta los gozos con velas en sus manos, es el compartir colectivo de la conciencia de ser franciscanos, la identidad quibdoseña o la memoria actualizada, como sugiere Halbwachs. Para los quibdoseños, el compartir la conciencia de ser franciscanos colectivamente parece tener sumo valor. Esto se refleja en el hecho de que el premio más alto entre las tres categorías de la competencia se otorga a los arcos (1 $30.000, 2 $25.000, 3 $20.000), pero no a los disfraces (1$25.000, 2 $20.000, 3 $15.000) ni a los adornos (1$20.000, 2 $15.000, 3 $10.000). 

Disfraz 

QUIBDO. FIESTA DE SAN PACHO.
Fotografía Diego Arango

Aunque el premio para los disfraces es menor que para los arcos, los primeros constituyen, sin duda, la atracción y el placer más grande para los quibdoseños, lo cual se nota la noche en que se anuncian los premios, cuando primero se publica el de los adornos, después el de los arcos, y finalmente, la excitación de la muchedumbre termina con el anuncio de los ganadores en la competencia del disfraz. 

Como se mencionó anteriormente, los disfraces sugieren mensajes políticos. He aquí una muestra de los temas del disfraz de algunos barrios y su mensaje en 1985: 

Barrio Cesar Conto. Tema: “La fuga del peso”. Un hombre monta al poste con una malla en la mano, para coger un muñeco hecho de los billetes grandes de doscientos pesos que lo burla y se le escapa. Mensaje: la inflación nacional es tan alta que un hombre no alcanza a mantener la vida. 

Barrio Cristo Rey. Tema: “Regresemos al campo”. Una canoa llena con productos agrícolas en la que una joven navega por el río Atrato. Mensaje: se debe prestar más atención al sector agrario que está muy abandonado y olvidado. 

Barrio Roma. Tema: “Muere un rico sin doliente”. Un hombre negro se queda sin nadie que lo cuide en el ataúd, alrededor del cual se levantan cuatro pilares con un teléfono, una llave de agua, una botella de suero y un bombillo simbolizando lo que al Chocó le falta. Según el programa del barrio, el mensaje es el siguiente: “Hermano chocoano: tu indiferencia es un arma que contribuye a tu muerte. Luchemos unidos en la solución de estos problemas. 

Barrio Pandeyuca. Tema: “Con este paso no hay progreso”. Un político de color está sentado cómodamente sobre una tortuga cuya concha tiene la forma del departamento del Chocó. El político, con los votos recibidos en su mano, brinda sonrisas alrededor, pero la tortuga anda muy despacio. Mensaje: el progreso del Chocó va como paso de tortuga. ¿Cuándo llegará el departamento al desarrollo con este paso, si los políticos vienen cada tres años sólo por los votos y se aprovechan de la riqueza y de la gente del Chocó? 

Barrio Yesca Grande. Tema: “El cocodrilo mentiroso Un cocodrilo abre su boca grande y está a punto de tragarse los pollitos. Se basa en la fábula sobre un cocodrilo que no tuvo más remedio que hacerse el enfermo y que se comía los animales del monte que lo visitaban. Mensaje: el cocodrilo representa a los políticos y los pollitos al pueblo. Los políticos embaucadores siempre andan mintiéndole al pueblo para enriquecerse. 

Barrio Alameda Reyes. Tema: “El espaldarazo político”. Un político blanco bien vestido empuja la espalda de un hombre negro hacia la mesa de votación. Mensaje: los políticos dicen palabras dulces sólo cuando hay elecciones. 

Los siguientes son los temas y mensajes de los disfraces del barrio Pandeyuca en 1983 y 1984: 

Tema de 1983: “Hasta cuándo nos exprime”. Un rollo grande de construcción cae encima de un hombre, quien saca su lengua de la boca por el sufrimiento que padece. Mensaje: El Chocó está explotado injustamente y la vida se pone cada día más dura. 

Tema de 1984: “La rana sopladora”. Una rana gigantesca cada rato echa humo por la boca. Mensaje: la juventud se arruinará pronto si sigue consumiendo drogas. 

Cada barrio compone una canción sobre el tema del disfraz. En Pandeyuca, por ejemplo, se cantaban los siguientes versos en 1985: 

El Chocó montado en le tortuga 
quiere progresar
Pero así con este paso lento 
¿dónde va a llegar?
Dirigentes, cambien paso 
Pandeyuca, cambien paso.
Los que explotan nuestras riquezas 
ríen sin cesar
Pero el pueblo ya está despertando 
harto de llorar.
Dirigentes, cambien paso
Pandeyuca, cambien paso.
 

La atracción de los disfraces no solamente se debe a sus temas, hechura colorida o excelencia mecánica. Para los espectadores, los disfraces son como los “quizes” para adivinar los mensajes de su presentación. Adivinándolos, uno toma conciencia de los problemas sociopolíticos chocoanos. 

Los niños, a veces, tienen otra reacción. Una niña, por ejemplo, mirando el disfraz del barrio Cristo Rey con el tema “Regresemos al campo”, pensó que era una escena de la aparición de la Virgen a un campesino. 

Aunque los disfraces tienen temas y mensajes políticos, los quibdoseños no creen en su efecto. Dicen que no esperan muchos resultados, aunque a la larga el mensaje llegará a oídos de los políticos. La descarga de frustración es sólo momentánea.  

 

Rumba 

Fotografía Jorge Mario Münera

La rumba durante la fiesta no tiene ninguna significación religiosa ni política. Mientras que están rumbeando, nadie habla de la misa ni de los disfraces. Es sólo para gozar la noche de baile, la música y el aguardiente con los familiares y amigos. Los equipos de sonido, que se instalan enfrente de las casas, tocan diferentes piezas de salsa a todo volumen. La comunicación corporal domina la noche. No solamente expresan su maestría en el baile y en el sentimiento, sino, también, narran el contenido de las canciones con sus movimientos físicos sintonizados con la letra. Por ejemplo, las palabras “dinero”, “teléfono” y “viaje” se expresan, bien moviendo los dedos, o bien con una mano en la oreja y la otra marcando el número, o bien con los brazos extendidos como las alas de un avión. 

Uso del espacio 

Si se comparan los aspectos detectados entre las cuatro categorías principales, arriba mencionadas, de la fiesta de San Pancho, se observa que las cuatro actividades principales muestran diferencias semióticamente marcadas, mientras que las categorías de disfraz y arco comparten ciertos caracteres. 

Todas estas cuatro actividades están ligadas por una relación espacial. 

¿Qué podríamos aprender sobre la estructura de la fiesta si prestamos atención al movimiento espacial? 

El principio y el final de la temporada festiva se marcan con la misa en la catedral o en el cementerio. 

Del 21 de septiembre hasta el 2 de octubre se repiten los días en que los barrios y la catedral están conectados por las actividades en las calles, las cuales hacen el papel de mediador. 

El 3 y el 4 de octubre se destacan respectivamente como el día de los barrios (lo profano) y el día de la catedral (lo sagrado). En ambos días, sin embargo, cabe anotar que los acontecimientos más importantes se celebran en las calles, i.e., el desfile de los disfraces y el recorrido del santo patrono por los arcos. 

El 5 de octubre, los acontecimientos giran alrededor del Parque Centenario, aunque no hay actividades en la catedral ni presencia de los sacerdotes. En este día, también, las calles desempeñan un papel distintivo, como servir de ruta a la procesión fervorosa de tos santos y de los campesinos de las veredas vecinas. La procesión de los campesinos de las veredas parece comparable, formal y emocionalmente, con el recorrido de los disfraces, salvo que la hacen en la tarde, sin banda, y en lugar de carrozas cargan las imágenes pequeñas de los santos. No hubo mucha concurrencia quibdoseña en este acto en 1985, tal vez porque llovió fuertemente y porque era la primera vez en quince años, que los de las veredas visitaban a Quibdó en este invierno. 

La “bajada de banderas”, relacionada íntimamente con los santos, es un acto que se celebra en frente de la catedral. El anuncio de los premios y la exhibición de la danza se hacen en el Parque Centenario, no porque sean acontecimientos religiosos sino porque éste es el lugar en donde los quibdoseños usualmente se reúnen. 

Finalmente, cabe notar que en los últimos días, después del día del santo patrono, se encuentran los elementos foráneos en el uso espacial, tales como las veredas y el cementerio, lo cual muestra cierto esparcimiento de la energía centrípeta intensiva de la fiesta, que ya culminó en el 4 de octubre. 

En suma, la gravedad espacial durante la festividad se mueve de un lugar a otro, de acuerdo con el énfasis del acontecimiento principal del día. Es importante notar que las calles se utilizan deliberadamente como mediadoras entre la catedral, los barrios y los parques, y es donde se desarrollan los acontecimientos más llamativos de la fiesta. Durante ésta, las calles se convierten en un espacio que emite el aire no cotidiano. Son el lugar en donde los que desfilan, ven y oyen se funden en uno y se vuelven todos participantes, lo cual constituye una característica principal del ritual público.

 

Figura 1. Relación espacial de las actividades 
principales de la fiesta de San Pacho.

La figura 1 sintetiza todo lo anterior. Las calles son el espacio de las actividades colectivas, como los disfraces y los arcos. Se convierten en el lugar tolerante donde pueden coexistir los aspectos políticos, religiosos y divertidos de los disfraces y los arcos. Allí, también, se introducen nuevos elementos: el bastón de mando y la visita de los habitantes de las veredas.  

 

Uso del tiempo 

Entonces, ¿cómo está acentuado el tiempo durante la fiesta? 

Si ponemos atención, no a cada barrio sino a Quibdó como una totalidad, es claro en la figura 2 que la fiesta de San Pacho tiene una estructura temporal simétrica como sigue: igualdad - competencia - unificación - diferenciación - igualdad. 

Cabe anotar que los acontecimientos centrales, es decir, la competencia, unificación y diferenciación, se llevan a cabo en las calles o en el espacio movible, mientras que la temporada festiva se abre y cierra en los lugares fijos, la catedral y el cementerio, enfatizando la igualdad. 

 

Hacia la gramática de la celebración pública 

Las fiestas religiosas, ya desintegradas, tienden a incluir solamente misas y rumbas, o lo sagrado y lo profano, o lo oficial y lo privado, que están mutuamente aislados. Lo distintivo de la fiesta de San Pacho en Quibdó es que esta tiene actividades colectivas, disfraces y arcos, que son los mediadores entre misas y rumbas. Los disfraces y arcos se celebran en las calles, como elementos indispensables de la fiesta, sin que se conviertan en objetos turísticos. Los cambios recientemente introducidos por la Junta Central, el bastón de mando y la incorporación de las veredas, han reforzado las actividades callejeras. 

Al analizar las fiesta de San Pacho, por lo tanto, estará limitada la aplicabilidad de la dicotomía de lo sagrado y lo profano de Mircea Eliade (1976). La dicotomía de lo físico y lo metafísico tampoco nos satisface, aunque la rumba quibdoseña es, por cierto; muy física y las misas se podrían caracterizar como metafísicas. Aunque no es todavía un concepto maduro que represente la totalidad de la fiesta de San Pacho, tentativamente, quisiera llamarla la celebración de devoción y diversión, ya que las dimensiones de estas dos palabras se sobreponen y se invaden mutuamente.

Figura 2. Pasaje simétrico del tiempo durante la fiesta de San Pacho.

 

Aunque la dicotomía de Eliade es válida, y tal vez, al final siempre sea correcta, cada vez nos damos cuenta de la necesidad de prestar más atención a la existencia de los elementos entre los dos polos dicotómicos que los unen como mediadores. El surgimiento reciente del interés de los antropólogos en la cultura bufónica y de la risa, la fuerza capaz de burlar lo bueno y lo malo a la vez para nuevas creaciones, es un ejemplo de este acercamiento. En este sentido, el análisis de la fiesta de San Pacho nos proporciona nuevos datos e ideas teóricas para el estudio de los rituales públicos. 

Edmund Leach dice, intuitivamente, que los rituales comienzan de la desigualdad (los iniciados y preiniciados) y terminan con igualdad (todos ya iniciados), mientras que los deportes toman este proceso al revés, es decir, de igualdad (igualmente calificados para el partido) a desigualdad (el ganador y el perdedor). Curiosamente, se encuentran ambos aspectos en la fiesta de San Pacho, la cual tiene, como hemos visto, la competencia de premios, por un lado, y la confirmación ritual de la identidad o la memoria colectiva, por el otro (véase la figura 2). Durante la fiesta, entre la competencia y la diferenciación en torno a los disfraces y arcos se inserta la idea casi contraria, la de la unificación de los quibdoseños franciscanos. Esta fusión, no confusión de los elementos aparentemente opuestos, hace el tiempo festival más dinámico en forma y enriquecido de contenido. 

Se podría concluir que la fiesta de San Pacho de Quibdó es una actividad multidimensional, refinada, enérgica y viva que nos permite desarrollar ideas y conceptos sobre la gramática de los rituales públicos. Y es a través del análisis desafiante sobre los rituales públicos regulares, como la fiesta que hemos visto, que podríamos acercarnos hacia un mejor entendimiento de la naturaleza de la comunicación humana.

 

Fotografía Jorge Mario Múnera.

 

BIBLIOGRAFIA 

Eliade, Mircea 1976 Lo sagrado y lo profano Editorial Labor, Barcelona. 

Friedemann, Nína S. de. 1975. La fiesta del indio en Quibdó: Lío caso de relaciones ínterétnicas en Colombia. Revista Colombiana de Antropología 19:65-78. 

Halbwachs, Maurice. 1968. La Mémoire Collective. Segunda edición. Press Universitaire de France, Paris. 

Junta Central de las Festividades Patronales. 1985. Programa de los principales actos que se llevarán a cabo en la ciudad de Quibdó, ron motivo de las festividades patronales. Quibdó, Chocó. 

Nakazawa, Shínichi. 1977. Poética en las calles: Hacia una semiótica del espectáculo (Gairo no Shigaku: Misemonogei no kigoronteki hunseki ni mukete) Shiso, 10:123-138. 

Sharp, William, 1976. Slavery on the spanish frontier: the Colombian Chocó, 1680-1810. University of Oklahoma Press, Norman, Oklahoma. 

Velasquez, Rogerio, 1960. La fiesta de San Francisco de Asís en Quibdó. Revista Colombiana de Folklor. Segunda época, 4:15-37.  

 

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* Tomado de: Meanings Performed, Symbolss Read: Anthropological Studies on Latin America. Performance in Culture No. 5. Tokyo University of Foreing Studies. Tokyo, Japan. 1989. (Regresar a *)

1. La corta visita a Quibdó, entre el 27 de septiembre y el 7 de octubre de 1985, se realizó como una parte del proyecto de estudios caribeños dirigido por el profesor Masao Yamaguchi y auspiciado por el Ministerio de Educación del Japón. El título de este capítulo lo tomé del ensayo “Poética en las calles: Hacia una semiótica del espectáculo” por Shin-ichi Nakazawa (1977). (Regresar a 1)

2. Velésquez describe (1960:26) que una vacaloca es una “armazón de palos forrados con encerados, cuernos humeantes y cola de ramas de limón, que carga un hombre que corre, aceza, se para un momento y embiste después, que produce sustos y templa de nervios. Cuando el que la porta se detiene, le cantan los músicos o el público: 

Si el torito fuera de oro, 
y los cachos de aguardiente, 
me volviera toreador.. ;
Qué toreador tan valiente!” (Regresar a 2)

 

 

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Título: 49. Poética en las calles. Por: Kazuyasu Ochiai
Colección: Afrocolombianidad


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