Continuación del capítulo 55.

 

En las riberas del río Mira y sobre la carretera que de Tumaco conduce a Pasto, se encuentran la mayoría de las plantaciones; entre ellas se destacan: Palmas de Tumaco, Hacienda Palmeiras, Astorga, Hacienda Salamanca, Cultivos del Mira, Oleaginosas Araki, Palmar Santa Elena, Palmas Santa Fe y, por supuesto, la Estación ICA - El Mira, entre otras. Estas plantaciones comprenden una extensión aproximada de 9.500 hectáreas. Existen, además, unas 200 fincas pequeñas, las cuales no sobrepasan las 30 hectáreas, predominando las de 1 a 10 hectáreas. 

El establecimiento de pueblos y caseríos cerca de las plantaciones permite que éstas cuenten con la mano de obra necesaria para el desarrollo y aprovechamiento del cultivo. Se calcula que por cada dos hectáreas en producción se necesita un trabajador, es decir, en esta zona el cultivo de la palma africana genera empleo directo a más de 5.000 personas durante todo el año y a unos miles más de forma indirecta. 

Las grandes plantaciones de la zona se encuentran en términos de rendimiento por hectárea en niveles excelentes y, en algunos casos, lotes de gran extensión (más de 50 hectáreas) han tenido rendimientos que superan los mejores de los mayores productores del mundo, como Malasia e Indonesia, alcanzando las 35 toneladas de fruto al año, que en aceite corresponden a casi 8 toneladas. El promedio, en varias plantaciones de la zona en 1989, superó las 4.0 toneladas de aceite por hectárea/año. Las condiciones climáticas de la región favorecen la productividad de la palma, ya que las lluvias, el sol y la temperatura, principales factores que inciden en la fotosíntesis, no tienen estacionalidad marcada y se presentan en forma regulada todos los días del año. 

Existe una gran cantidad de pequeñas fincas de campesinos que han visto en el cultivo de la palma una fuente de ingresos, pues el fruto cosechado se vende a las plantaciones que poseen planta extractora: ocho en Tumaco y una en Buenaventura. No obstante, los rendimientos de estas fincas son bajos, pues las técnicas apropiadas para la siembra y el mantenimiento no son aplicadas debido a los altos costos, las semillas no son escogidas, no se hace práctica de vivero, no se fertiliza o se controlan las enfermedades adecuadamente y la palma se siembra mezclada con cultivos de pan coger, como el plátano y la yuca, entre otros. La asistencia técnica que han proporcionado el ICA y los departamentos agronómicos de las grandes plantaciones ha permitido que estos cultivos sobrevivan y sean una esperanza de vida mejor para los campesinos de la región.      

 

ALGUNAS ESTADISTICAS DE 
LA PALMA AFRICANA EN LA REGION OCCIDENTAL
 

Año

Siembras (ha) Area Acumulada (ha) Area en Producción (ha) Producción Aceite Crudo (t)

1985
1986
1987 
1988 
1989
1990

484
625
1439
204
472
888
9848
10473
11912
12116
12588
13476
6199
6581
6909
7393
8018
9457

 9123
10687
16978
19334
 
23003
 22902

Fuente: Fedepalma, Informe de labores 1990-1991.

 

La producción de aceite crudo de palma en 1990 fue de 22.902 toneladas, 10.2% del total nacional. El aceite crudo es transportado en carrotanques hasta Cali o por barco hasta Barranquilla y vendido a las fábricas refinadoras, para llegar finalmente a los consumidores de todo el país bajo diferentes formas de presentación, como aceites líquidos, cremosos y margarinas de mesa. 

Las plantaciones más grandes pertenecen a empresarios industriales que tienen fábricas de aceites y grasas en los principales centros de consumo, como Cali, Buga, Bogotá, Medellín y Barranquilla. En ese sentido se presenta una integración vertical entre la agricultura y la industria que es muy propia de cultivos de tardío rendimiento y perecederos, como el fruto de la palma que debe procesarse en las 24 horas siguientes a su cosecha; por esto, todas las plantaciones grandes tienen su fábrica de proceso en la misma zona rural. 

 

BOCANAS RIO MICAY.
Fotografía Diego Arango.

 

Cultivo del banano en Urabá

Este producto comenzó a cultivarse en Urabá a principios de los años sesenta (las primeras siembras se hicieron en marzo de 1963) gracias a las iniciativas de la United Fruit Company, que empezó a fomentar el producto en esa región en manos de productores nacionales, mientras se reservaba para sí la comercialización y transporte de la fruta. Años después, este proceso pasaría a manos de los productores a través de sus asociaciones gremiales. Tan pronto como se iniciaron las siembras se creó la Asociación de Bananeros de Urabá, el 13 de diciembre de 1963.  

El cultivo surgió allí con ventajas comparativas, como las de no estar propenso a huracanes, “mal de Panamá, ni sigatoka. La Compañía Frutera de Sevilla, representante de la United Fruit Company, otorgaba crédito para siembra de banano y en un comienzo para drenajes, mientras que los caminos y carreteras deberían realizarlos los propietarios de los predios (11) .”  

El auge bananero de la zona condujo a la especulación con tierras de buena calidad; a despojos de los colonos que no tenían títulos para poder acceder a los créditos de la Frutera de Sevilla, o a la venta de sus tierras halagados por las buenas ofertas que se les hacían, o a dejar escapar una oportunidad de convertirse en empresarios al no recibir créditos, por miedo a que la Compañía les quitara sus tierras. El cultivo del banano está inmerso en una historia de desalojo de tierras a los colonos que llegaron allí en los sesenta. En épocas más recientes, la violencia ha permeado la economía bananera: conflictos sindicales, la presencia de grupos guerrilleros, paramilitares y los abusos de la autoridad pero, sobre todo, por una compleja situación social de difícil manejo; la precariedad de la presencia del Estado y de las organizaciones gremiales con programas sociales, así como de las entidades regionales encargadas del desarrollo de la región.

El éxito del banano de exportación convirtió rápidamente a Urabá en un polo de atracción de migraciones provenientes sobre todo del Chocó, Antioquia y de regiones aledañas de Córdoba. La población de la zona de Urabá se multiplicó por cinco entre 1950 y 1964, y ese ritmo acelerado de crecimiento poblacional continuó en las décadas siguientes: entre 1964 y 1985, la población se multiplicó por tres. Ello produjo un fenómeno de aglomeración de la población en los incipientes centros urbanos de la región, lo que aumentó la demanda de servicios públicos. La violencia de los años recientes ha generado un desplazamiento de las familias de los trabajadores de las fincas bananeras hacia los centros urbanos, que agrava el déficit de servicios públicos. 

El desplazamiento del banano desde Santa Marta a Urabá implicó cambios en los sistemas de producción. En la primera zona se conformó una economía de enclave que no contribuyó al desarrollo económico y social de la región pues los excedentes se iban al exterior. La United Fruit produjo allí la fruta hasta 1965 y la compañía movilizaba y/o controlaba la producción, comercialización y transporte de la fruta directamente o a través de sus empresas filiales de transporte (12) . En Urabá, la United Fruit, por medio de la Frutera de Sevilla, cambió el sistema de control de la producción, dejándola en manos de nacionales, quienes asumieron todos los riesgos del negocio, el manejo laboral y los conflictos entre el capital y el trabajo. La compañía multinacional se encargó de la asistencia técnica, la comercialización y el transporte de la fruta, es decir, de la parte más lucrativa del negocio. Pero la Compañía fue un factor decisivo en el despegue del cultivo de banano y el crecimiento económico de la región.

El área dedicada al cultivo había alcanzado su punto más alto en 1969 con 18.959 hectáreas; en el primer quinquenio de los años setenta disminuyó por el cambio de variedad (Gros Michel por Cavendish), para estabilizarse alrededor de las 20.000 en los ochenta. Se espera una expansión de por lo menos otras 10.000 en la década de los noventa. 

La expansión bananera estuvo acompañada en los ochenta por cambios en la estructura de la propiedad: las fincas menores de 10 ha tendieron a desaparecer y las de 10 a 30 ha se redujeron a un poco menos de la mitad. Hasta 1977 las fincas no mayores de 30 ha representaban una tercera parte de las plantaciones; para 1986, apenas participaban con el 13.5%. Las mayores de 30 aumentaron y constituyen el conjunto más representativo. Las de 120-150 ha fueron las que más aumentaron, entre 1977 y 1986, pasando de 6 a 22 fincas y su peso relativo se multiplicó casi por cuatro. Las mayores de 150 ha pasaron de 11 a 17 fincas (13) . El proceso de concentración de la propiedad bananera aumentó como consecuencia lógica de un proceso de acentuación del desarrollo empresarial capitalista en la región y la continua ganancia de porciones del mercado mundial bananero por parte de Colombia.  

La productividad aumentó en forma progresiva de 1976 a 1981; después de 1981 y hasta 1984, descendió debido a cambios en las condiciones meteorológicas, en particular al régimen de lluvias, y a que, en 1981, apareció la enfermedad de la “sigatoka negra” (enfermedad que no puede erradicarse y exige un control con altos costos), por lo cual disminuyó la productividad de las plantaciones afectadas. Después de 1987 se estabilizó en las productividades de 1980.

Las exportaciones han crecido de manera significativa y Colombia aumentó su participación en el mercado mundial del 4.5% en 1974 al 11.2% en 1985. Un poco más de la mitad de las exportaciones se dirigen a Estados Unidos; en segundo lugar, están Francia y Alemania; a estos tres mercados se dirigen un poco más de las 3/5 partes de las exportaciones; otras van a países del este europeo y de la Comunidad Económica Europea, Japón y China.  

 

RIO NAYA.
Fotografía Diego Arango.

 

Comercialización del banano  

La primera exportación de banano de Urabá se realizó en marzo de 1964 con un cargamento de 7.541 racimos, cuando ya se contaba con 6.000 ha en producción.  

El cambio más significativo de la economía bananera ha sido el desplazamiento de la comercialización de la fruta de manos de la Frutera de Sevilla, al control por compañías comercializadoras colombianas desde 1983, cuando se retiró la Frutera.  

En 1969 se inició el proceso con la creación de la Unión de Bananeros de Urabá (Uniban) ante el vencimiento del primer contrato entre los productores nacionales y la Frutera por las condiciones onerosas que ésta quiso imponer. En 1981 se creó la segunda comercializadora colombiana, como Bananeros Colombianos S.A. (Banacol) y en 1983 se retiraron la Frutera y la Standard Fruit Company, que se había establecido en 1977 con el nombre de Técnicas Baltime de Colombia. Finalmente, se creó la Promotora de Banano S.A. (Proban) para manejar las fincas que antes trabajaban con la Frutera. Se abandonó, con las nuevas comercializadoras, el sistema de venta de la fruta a precios FOB para negociarla directamente en los mercados de destino utilizando filiales norteamericanas controladas por las comercializadoras colombianas (Turbana Co y Parker en el caso de Uniban y Banana Service, filial de Banacol), y realizar la venta a clientes diferentes. La década del ochenta se caracterizó por la consolidación de Uniban, con 20 años de experiencia, y de sus filiales en USA. Pero la Frutera de Sevilla continuó comprando en Urabá a precios FOB a Banacol y Proban.  

El cambio tecnológico más significativo fue el cambio de variedad por la Cavendish, la cual es más resistente a los vientos por su talla más pequeña y mayor rendimien�to por unidad de superficie. Su fruta además es más delicada, lo cual llevó a cambiar el sistema de transporte.  

Estos cambios se tradujeron, al interior de las plantaciones, en pasar de la “góndola” o carreta de bueyes al tractor y, posteriormente, al sistema de transporte por cable aéreo. El sistema de exportación de la fruta en racimos fue sustituido por el transporte del banano en cajas de cartón; para esto fue necesario instalar “empacadoras” en las plantaciones a las cuales converge la red de cables - vías, a través de la cual se transporta la fruta desde el campo hasta la empacadora. Este proceso se realizó entre 1972 y 1975 y trajo modificaciones en la forma de organización del trabajo: una mayor especialización y división de éste, el uso de fuerza de trabajo femenino en el embalaje y procesos anexos (14) . En síntesis, a mediados de los setenta, se constituyó en Urabá una verdadera agroindustria bananera con integraciones en la producción de cajas de cartón, la comercialización, el transporte y vínculos directos con empresas productoras de insumos, como cartón, bolsas y cables plásticos; los productores, además, utilizan el banano de rechazo para la alimentación animal.  

Los ajustes tecnológicos más significativos han sido: a) el rediseño total del sistema de drenaje utilizando máquinas retroexcavadoras, b) cambios en los sistemas de fertilización con análisis más científicos de los suelos, c) un perfeccionamiento en los cortes de acuerdo con la edad de la fruta para evitar que ésta madure antes de llegar a su destino, d) el “embolse” de los racimos en bolsas tratadas con productos químicos para protegerlos; diferentes sistemas de amarre de las plantas para evitar su caída; sistemas de desinfección de la “corona”, para evitar su pudrición en el viaje a los mercados finales, y el empleo adecuado de agroquímicos en los cultivos. Además, en los últimos años se han introducido cambios en el transporte de cajas con los sistemas de paletización y contenedorización.  

 

Economía campesina de Urabá  

Está especializada en bienes de consumo masivo; los principales son el maíz y el plátano, que se cultivan tanto para el mercado como para el autoconsumo; la yuca, el ñame y el arroz siguen en importancia. De acuerdo con Corpourabá, a mediados de la década del ochenta en la zona Arboletes - Necoclí el 85% del área se destinaba al plátano y el 11.5% al maíz (15).  E n la zona de San Pedro - Turbo el 48.3% de los predios de pequeños agricultores se destinaban al plátano y el 41.1% al maíz. En la zona de Chigorodó – Apartadó - Turbo el plátano representaba el 92.5% del área cultivada. En la zona Mutatá -Bajirá el 73% del área se cultivaba en plátano siendo también importante el arroz (16) .  

El plátano es típico de la economía campesina; de las 11.000 ha cultivadas en 1983, la mitad estaban en la zona central y se destinaban a la exportación, el tamaño promedio de las explotaciones es allí de unas 4 ha. La variedad cultivada es el “hartón” y la productividad es aún baja, de unas 6 a 7 toneladas/ha en los pequeños productores. Está afectado por la “sigatoka negra” y los escasos recursos de los productores les impide un control efectivo, lo cual se traduce en baja productividad e ingresos.  

El cacao es otro producto típico de la economía campesina y se localiza especialmente en la región de San José de Apartadó. La escoba de bruja y la monilia han afectado los cultivos, al igual que la insuficiente infraestructura para la comercialización. Los rendimientos han bajado y el área se ha reducido en los ochenta. 

El maíz ha sido típico de la economía campesina pero, en años más recientes, han aparecido explotaciones comerciales con mecanización parcial limitada a la labranza y esparcimiento de abonos. Entre 30.000 y 35.000 ha se cultivan en las regiones de Chigorodó, Apartadó y a lo largo de la carretera que conduce a Bajirá; aunque tiene bajos rendimientos por ser de colonización.  

El arroz se cultiva bajo formas tradicionales y modernas, la producción ha aumentado de manera importante por la expansión del secano mecanizado. El sistema tradicional de secano en zona de colonización se hace en la zona de Barranquilla y Bajirá. El secano mecanizado se ubica en la región de Apartadó, Chigorodó y a ambos lados de la carretera a Bajirá. La variedad utilizada es la lCA 8.  

En una área de casi 9.000 ha se cultivan diferentes productos, como el coco en la región de Mulatos y Arboletes, aguacates entre Tie y Necoclí, y los cultivos de piña en Mutatá.

 

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11 Botero Zea Fernando. 1990. Urabá, colonización, violencia y crisis del Estado. Centro de Investigaciones Económicas – CIE - Universidad de Antioquia, Colección Clio de Historia Colombiana, Medellín, octubre. (Regresar a 11)  

12. Botero Fernando y Guzmán Alvaro, 1977. El enclave agrícola en la zona bananera de Santa Marta. Cuadernos Colombianos No. 11, Bogotá. (Regresar a 12)

13. Botero, op. cit. pág. 88-89. (Regresar a 13)

14. Botero op. cit., pág. 106. (Regresar a 14)

15. Corpourabá, 1984. Plan de Desarrollo de Urabá. Diversificación y Bienestar, Medellín. (Regresar a 15)

16. Londoño Yepes Carlos, 1986. Perspectivas Urabá, Diversificación. ‘Revista Augura Año 12 No. 2. (Regresar a 16)

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