COLOMBIA PACIFICO
TOMO II
Pablo Leyva (ed.)
© Derechos Reservados de Autor

63. EL MOVIMIENTO CIMARRON Y LAS COMUNIDADES NEGRAS DEL PACIFICO

 

FABIO TEOLINDO PEREA H.
Movimiento Cimarrón - Condoto

Fotografía Diego Arango  

 

Nuestro Movimiento Nacional por la Defensa de los Derechos de las Comunidades Negras de Colombia -Cimarrón- fue fundado por el Círculo de Estudios de la Problemática de las Comunidades Negras, Soweto, en la ciudad de Buenaventura, el 15 de diciembre de 1982. Jóvenes negros, procedentes de diferentes partes y radi­cados en Pereira, se convocan a dialogar sobre el problema de la discriminación racial. En solidaridad con la lucha estudiantil antirracista del pueblo sudafricano el círculo de estudios asume el nombre de Soweto. 

El movimiento se ha venido irradiando hacia las comunidades negras; el trabajo del presidente fundador, el sociólogo Juan de Dios Mosquera, permitió enlazar las aspiraciones organizativas de la juventud y de los profesionales conscientes del quehacer etnológico. La cobertura del trabajo Cimarrón está organizada en cuatro grandes frentes: la regional Atlántico compuesta de Barranquilla, Cartagena, San Basilio de Palenque, Sincelejo, San Onofre, San Martín de Loba y San Bernardo del Viento; la regional Andina conformada por Bogotá, Medellín y Pereira; la regional Chocó constituida por Quibdó, Condoto, Andagoya y Tadó; y la regional del Gran Cauca integrada por Cali, Buenaventura, Anchicayá, Puerto Merizalde, Bocas de Satinga y Puerto Tejada. 

El nombre de “Cimarrón” se adoptó como reivindicación de los antepasados africanos y de sus descendientes, quienes protagonizaron gloriosas páginas históricas y heroicas luchas de libertad contra la sociedad colonial esclavista. 

Los cimarrones dejaron a sus vástagos y a los pueblos explotados de América grandes ejemplos de organización, sacrificio, conciencia y espíritu de lucha contra las injusticias y los atropellos a los derechos humanos y la identidad cultural. 

El pensamiento que crea y difunde el movimiento cimarrón es el “Cimarronismo”, el cual se define como la conciencia de las comunidades negras en su lucha por el derecho a una vida digna en el pasado, presente y futuro. Es un nuevo pensamiento que se articula con la solidaridad hacia las naciones, comunidades indígenas, movimientos y organizaciones que luchan por la liberación social. Es un proyecto que reivindica y proclama el derecho de propiedad que tienen las comunidades negras sobre las tierras que ocupan; reivindica la igualdad de oportunidades de educación científica y humanística con base en la historia y la realidad étnico - cultural. 

El “cimarronismo” se fundamenta en tres grandes objetivos:

Primero, conscientizar, organizar y movilizar a la comunidad negra nacional por el reconocimiento pleno de sus derechos humanos y la observancia, por el Estado colombiano, de la convención para la eliminación de todas las formas de discriminación racial proclamada por la ONU. 

Segundo, rescatar, enaltecer y difundir la identidad étnica, histórica y cultural afrocolombiana. 

Tercero, propender por un mejor etnodesarrollo participativo en el control y transformación del patrimonio de las comunidades. 

En toda una época de “democratización”, las comunidades negras e indígenas, como grupos étnicos, continúan viviendo en un sistema de indigencia total. A pocos años de fenecer el siglo XX vemos que el estado de pobreza y marginalidad de las comunidades del Pacífico colombiano se acrecienta sin ninguna propuesta de alcance para la solución de los problemas causados por el régimen social imperante. 

Las comunidades negras y todos los pueblos del Pacífico continúan aportando, en medio de la crisis nacional, el sudor de la fuerza de su trabajo y participan en la estructura económica, como colonias de los monopolios mineros, madereros y pesqueros. Las explotaciones foráneas son apoyadas por el Estado con tecnologías modernas, mientras que los pueblos ajenos al centralismo del poder siguen condenados a la utilización de medios de trabajo rudimentarios. 

Como radiografía sociológica de los grupos étnicos del litoral Pacífico colombiano vemos que todos estos sectores, asentados sobre una inmensa riqueza natural, viven en medio de la pobreza crítica. Las tasas de desempleo; la carencia de oportunidades normales de trabajo en su hábitat; la falta de vías de transporte y telecomunicaciones, las precarias condiciones de salud, educación y urbanización, cada vez son mayores y más notorias frente al resto de la nación. Verdaderamente esto nos pone a pensar en la existencia de varias Colombias separadas por unas barreras denominadas cordilleras. 

Los “cimarrones” reconocemos en alto grado la complicidad y responsabilidad del Estado colombiano para mantener esta histórica desigualdad social que afrontan los asentamientos de la comunidad negra nacional. 

No tanto como respuesta sino como derecho a vivir dignamente, el proceso de motivación para la organización popular ha crecido en todo el litoral Pacífico. El histórico paro cívico departamental chocoano, que durante cinco días centró la atención nacional, al igual que los paros cívicos del Charco, Tumaco, Buenaventura y las demás manifestaciones de protesta de los pueblos del Pacífico son muestras de la gran inconformidad contra los gobiernos de turno y sus respectivos planes de desarrollo centralistas. 

Este proceso de motivación popular tendrá mayor vigor, siempre y cuando los derechos políticos, usufructo de los representantes políticos, estuviesen orientados hacia la iniciativa comunitaria en defensa del derecho colectivo y a una vida digna libre del prejuicio socio - racial. La modernización de las instituciones políticas y la amplitud participativa de la nueva Constitución no lograron eliminar los vicios clientelistas; la oligarquía política nacional continúa ejerciendo un activo control sobre el derecho al voto de los ciudadanos. 

La falta de proyectos políticos organizativos ha mantenido desunidos a los pueblos del litoral Pacífico; claro ejemplo fue el fenómeno de la Asamblea Nacional Constituyente en donde los indígenas lograron dos curules y las comunidades negras se quedaron sin representación alguna. 

Este vacío organizativo y la debilitada conciencia social de lo nuestro y del quehacer popular permiten la penetración neocolonial con macroproyectos para explorar y explotar toda nuestra existencia, derechos históricos y hábitat cultural. 

Una gran amenaza ha comenzado a planearse por parte de los grupos capitalistas nacionales y extranjeros. El desarrollo de la cuenca del Pacífico, como todo un querer nacional, pretende establecer las bases económicas del nuevo eje geopolítico y de la tercera revolución industrial en el siglo XXI. Este reto coloca a nuestros hermanos, hombres y mujeres negros, indígenas y mestizos, a vivir con una inseguridad de su mejor estar. 

Los territorios conquistados por nuestros abuelos y que nos traspasaron en herencia serán convertidos en patrimonio de colonizadores pero, a la vez, este gran reto generará un desarrollo social competitivo, entre el mediano y gran inversionista, por el dominio regional. 

 

El desarrollo de la cuenca del Pacífico 

El Pacífico es el océano más grande de nuestro planeta y tiene características muy especiales. Como recurso marino constituye un aporte de gran consideración al PNB de las regiones costeras debido a la penetración de la revolución industrial en los océanos. Pero también es cierto, como los plantea Peter Drucker en “Foreign Affairs”, “que la tercera revolución industrial y su desarrollo tecnológico sobre la estructura de las relaciones económicas internacionales traerán como consecuencia el desacoplamiento entre el mundo industrializado y el mundo no industrializado debido a las tecnologías, automatización y la robótica”. Como quien dice: será mayor la distancia entre el norte y el sur. 

El desarrollo de la cuenca del Pacífico fue promovido a partir de la postguerra del Japón, a través de los Estados Unidos y Canadá. A medida que los nipones se fueron desarrollando comenzaron a ejercer presión hacia el sur; fortalecieron regiones de la cuenca del Pacífico, como Malasia, Bangkok, Taiwan, Indonesia, Corea y Guinea, entre otras. 

Para el caso de Colombia, el hecho que el desarrollo de la Costa Atlántica y de la Zona Andina esté llegando a su límite de producción de materias primas y de estrategia geopolítica, hace que los inversionistas y capitalistas, nacionales y extranjeros, presionen el desarrollo económico del siglo XXI hacia la cuenca del Pacífico colombiano y, particularmente, la región del Chocó.  

Si miramos a lo largo del Pacífico, las mínimas penetraciones se han desarrollado en el área de Buenaventura y Tumaco; las demás zonas han permanecido en el abandono como reserva de los inversionistas, como si el Pacífico no fuera necesario ni atractivo. Para el capitalista extranjero esta región tiene un significado muy especial para el avance de la tecnología industrial marina, la cual constituye uno de los factores que determinan la penetración de la revolución industrial en los océanos; por otra parte, el desarrollo de la acuicultura y demás disciplinas bioindustriales son de gran expectativa. Otro aspecto importante sobre el significado mundial del Pacífico es la convergencia de los bloques de poder, en donde la hegemonía de las potencias tradicionales se debilitará por el expansionismo y rearme niponés. Como voluntad política se impulsará, en el área del Pacífico, la cooperación entre todas las potencias para la seguridad mundial. 

El marco de acción del Comité de Cooperación Económica del Pacífico constituido, entre otros, por los Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y el Japón junto con las propuestas de los convenios de Corea del Sur, Taiwan, Hong Kong y Singapur, los cuatro dragones del Pacífico, le han hecho ver al gobierno colombiano la importancia del desarrollo de la cuenca del Pacífico y su integración a este macroproyecto geopolítico. 

Resaltemos ahora algunos de los aspectos que pueden generarse, positiva y negativamente, en las comunidades ancestrales asentadas a lo largo del litoral Pacífico. 

En el aspecto de la pesca, la fauna marina es muy diversa. La costa norte del Chocó, desde cabo Corrientes hasta la bahía de Panamá, se caracteriza por grandes profundidades debido a las fallas geológicas conformadas por las placas tectónicas; existe una gran fauna marina de ballenas jorobadas, ballenas orcas, tortugas, delfines, peces espada y peces vela, entre otros. 

El área de cabo Marzo, por las condiciones de la corriente de Humboldt, origina una confluencia de peces que permite el desarrollo de la pesca industrial y deportiva en gran escala. Con el desarrollo de la cuenca del Pacífico, Bahía Solano y Nuquí se convertirían en los principales centros de acopio para la distribución y comercialización de la pesca a lo largo del litoral Pacífico; las bahías de Cupica y Tribuga, al norte y sur de Bahía Solano, serían las centrales de dicha faena; igual caso para los alrededores de la isla de Malpelo y la ensenada de Utría, poseedoras de las corrientes atuneras más importantes del mundo. 

Dada la desprotección del gobierno a la costa del Pacífico, el saqueo del recurso piscícola ha sido abierto; barcos atuneros, camaroneros y langostineros del Perú, Ecuador, Estados Unidos, Japón y otros países costeros merodean permanentemente las aguas del golfo de Cupica, Nabuga, Avega y cabo Marzo para apropiarse de dichos recursos sin retribución alguna a las comunidades costeras. 

La base de la economía de los pueblos costeros ha sido la pesca tradicional o artesanal; frente a la nueva acción industrial y tecnológica nuestro pequeño pescador quedaría sin capacidad competitiva y, por lo tanto, estaría obligado a regalar su fuerza de trabajo a las nuevas empresas pesqueras. La acción del gobierno en este caso debe ser preventiva, y por ende, se necesita organizar tempranamente a los pescadores en microempresas con autosuficiencia y garantías del comercio interno y externo. 

En el aspecto minero, podemos considerar que la riqueza de la cuenca del Pacífico es enorme; en especial, las regiones del Chocó y Nariño. En el Pacífico, en aguas profundas, se pueden explotar la bauxita, inmensos nódulos de manganeso y níquel, y otros nódulos marinos. 

A lo largo de la cordillera Occidental chocoana y la serranía del Baudó, los depósitos masivos de sulfuros son una posibilidad de explotación. 

Los carbones de Tadó son de gran poder calorífico y mejor calidad que los del Cerrejón. Referente al petróleo, existen varios depósitos en la zona de Nariño y Cauca; en el Chocó, los depósitos de petróleo y asfaltos con sedimentos cretáceos se localizan en la zona del río Iró, Napipí, zona del Baudó y Bajo Atrato, en especial. 

La concentración de nódulos polimetálicos con alta concentración de oro, cobre, calizas, mármoles, cromo, plata, plomo, cobalto y calcopirita, entre otros, es inconmensurable; ni qué hablar del platino cuyos últimos estudios de exploración precisan que la roca madre se encuentra localizada en la zona del cerro Tarena, cabecera del río Condoto. 

En consideración a lo anterior, los pobladores del Pacífico, y en especial los chocoanos, no nos podemos engañar, tenemos la riqueza más importante de América. Lo que se ha hecho hasta ahora es solamente una mala explotación de los cauces hídricos. Estamos vírgenes en nuestra riqueza y el proceso de su explotación se está dando con base en un fenómeno mundial. Frente a los conflictos étnicos y políticos de Sudáfrica (régimen racista del Apartheid) y la URSS, la producción aurífera y platinífera, respectivamente, disminuyó; el mundo occidental se ha visto en la necesidad de aumentar su potencial de metales preciosos, por eso los concesionarios e inversionistas de tos medios de producción minera han puesto su mirada al Pacífico y en especial al Choco.

 

Fotografía Diego Arango

 

La situación minera en este momento deja entrever lo que puede ser el futuro de nuestras comunidades, pues ya se ha iniciado un desastre ecosocial. En este afán de los medianos y grandes mineros por explotar irracionalmente nuestra riqueza y con la complicidad de funcionarios del Ministerio de Minas, se ha procedido al otorgamiento desorbitante de miles de permisos, licencias y concesiones, las cuales estimulan la invasión incontrolada de los monopolios para desposeer al nativo. 

Es evidente que el sistema de explotación de la mediana y gran minería en el Chocó y Nariño es irracional en un 90%; contemplar las serranías de cascote y los huecos que deja la maquinaria, a lo largo y ancho de la zona aluvial y urbana, es doloroso y preocupante. 

La no aplicación de la legislación ecológica y ambiental, por parte de las autoridades competentes, ha permitido que los mineros violen permanentemente las normas reglamentadas por el decreto 1541/78, el cual establece: “a quienes se otorgue una concesión de aguas para la explotación de minerales quedan obligados a mantener limpios los cauces donde se arroje la carga o desechos del laboreo, sin dañar los recursos hidrobiológicos y sin contaminar las aguas de consumo para una población”. Sobre el recurso suelo, los mineros o titulares no hacen ningún intento de recuperarlo para que pueda ser dedicado a la agricultura y la ganadería. Prácticamente, en todas las áreas mineras e industriales del Pacífico la explotación y producción de materias primas se realizan sin ningún estudio ecológico ni de impacto ambiental. ¿Cuáles serán las consecuencias ecológicas del proyecto Calima II? ¿Cómo será el futuro de nuestros ríos y hábitat cultural? 

Respecto al derecho de tenencia de la tierra, lo reglamentado por la ley segunda de 1959 sobre economía forestal de la nación y conservación de recursos naturales renovables en la cual fue incluida, como zona de reserva forestal, la región del Pacífico y la zona limítrofe con Panamá, no justifica que el Estado colombiano, amparado por la ley anterior fruto de la presión de los Estados Unidos sustentada en el control de la fiebre aftosa, haya sistematizado con lentitud la titulación y parcelación de baldíos en favor de los nativos. 

La apertura de la carretera Pueblo Rico - Nuquí y los anteproyectos del canal interoceánico Atrato - Truandó, Atrato - Napipí y el de San Pablo, últimamente, generó una colonización de predios a favor del interiorano, cuya tramitación se hizo directamente desde Pereira, Bogotá y Medellín con el desconocimiento de la comunidad. Con los proyectos de construcción de los puertos alternos en Nuquí y Bahía Solano, los monopolios del turismo ya hicieron lo suyo. Con el pretexto del Parque Natural de los Catíos, miles de indígenas y nativos negros fueron desalojados de su patrimonio ancestral y con la complicidad del Incora, en ese entonces, y de otras entidades oficiales, el proceso de titulación fue un verdadero plan tortuga. 

El artículo 55 transitorio de la Constitución Nacional, dependiendo de su reglamentación participativa, puede ser la única y última oportunidad que da el Estado y que tenemos los afrocolombianos para que se nos reconozca, legalmente, el derecho de dominio y posesión de las comunidades negras que históricamente han venido ocupando las tierras baldías en las zonas rurales ribereñas de los ríos de la cuenca del Pacífico. Para el logro de este derecho colectivo la unidad de acción de las organizaciones cívico - populares y culturales juega un papel prioritario. 

El Movimiento Nacional por los Derechos de las Comunidades Negras de Colombia, Cimarrón, como una alternativa diáfana de confluencia popular para la construcción de un digno futuro participativo de nuestros pueblos marginados, estatal y territorialmente, generará un espacio, a partir de las respectivas bases, a fin de integrar propuestas para la legislación de un estatuto especial sobre la tenencia de la tierra, y de esta manera controlar la colonización de desfase y enclave económico a cambio de la garantía territorial para nuestros hijos y descendientes afrocolombianos. 

Referente a la comunicación interoceánica es mucho lo que se puede decir. Dada la proyección decreciente del tránsito por el canal de Panamá, por las mismas limitaciones de cobertura operacional, a cambio de ensanchar este canal, Estados Unidos y Japón, en especial, vienen estudiando las diferentes alternativas canaleras para el siglo XXI. 

La esquina geográfica del Chocó, por el gran número de cuencas hidrográficas, ofrece muchas condiciones favorables para la conexión oceánica del Pacífico y el Atlántico visto así a través de los siguientes proyectos canaleros:  

El canal de Napipí: resultaría de canalizar el río Atrato en 12 km, desde las bocas del Atrato hasta Sautatá, construyendo un pequeño canal de 90 km que uniría el río Murindó y el Napipí al realizar un corte en la serranía del Baudó. 

El segundo anteproyecto del canal San Pablo; sería un canal natural que aprovechando las aguas del río San Juan, el Quito y la quebrada de Raspadura comunicaría a pequeños barcos entre el San Juan y el Atrato. 

El gran proyecto Atrato - Truandó, autorizado por la ley 53 de 1984, permite realizar la construcción de un canal que comunique al océano Atlántico con el Pacífico rompiendo la serranía del Baudó. Frente a los múltiples inconvenientes de orden económico y político de estos proyectos, últimamente se han venido formulando otras variables de proyectos canaleros, a saber: 

El canal seco, propuesto por el gobierno del Dr. Virgilio Barco, que consiste en hacer una conexión terrestre, por vía férrea y carreteable, desde Bahía de Colombia (Turbo) hasta Bahía Solano y Nuquí. 

Como último proyecto de este canal está la propuesta del canal de agua dulce (Atrato - San Miguel) presentado por el Dr. Mauricio Obregón; este sería un canal sin esclusas para buques menores. Se dragaría la boca del río Atrato y se romperían 10 km para dragar y conectar los ríos Cacarica (Colombia) y Payatuira (Panamá) quedando como terminal el golfo de San Miguel (Panamá). 

Como todos estos proyectos requieren de dragado y de una gran movilización de tierra, algunas poblaciones estarían abocadas a permanentes inundaciones con un súbito desequilibrio del hábitat natural. Por otro lado, el rompimiento de la serranía del Baudó implicaría remover miles de millones de metros cúbicos de material ígneo con el riesgo de explosiones atómicas. Otro hecho preocupante para el nativo sería el desalojo y pérdida de la posesión de la tierra y el gran desastre forestal. 

No podemos negar que la construcción de cualquiera de los anteriores proyectos de canal interoceánico, de una u otra manera, ofrece una gran oportunidad de desarrollo regional con el surgimiento de negocios, empresas, empleos y trabajo en general de todos los niveles que implica la obra del canal bajo las premisas del derecho participativo del pueblo chocoano en el desarrollo, control y futuras perspectivas de la obra enmarcada en los principios de nacionalidad. 

 

La era del Pacífico 

Como consideración general, el desarrollo de la cuenca del Pacífico en el siglo XXI es una brújula que orientará y determinará la existencia de todas nuestras comunidades. Amparados por la Conferencia del Mar, el Club de Roma y el Comité de Cooperación Económica de la Cuenca del Pacífico -PBEC-, fundado en 1967, los consorcios occidentales vienen planteando el juego de variables económicas y geopolíticas por el control de la zona y su riqueza. 

El resultado del foro “Buenaventura en la Era del Pacífico”, promovido por “El Espectador”, julio de 1991, y los otros foros de Manizales y Cartagena sobre la cuenca del Pacífico han despertado el interés de hacer viables muchos proyectos regionales. Pero estos foros se han caracterizado por ser muy cerrados y la comunidad en general desconoce muchos elementos vitales para el desarrollo de su conciencia social. Por lo tanto, es una tarea y compromiso de las entidades, organizaciones cívico - populares y de los investigadores poner en conocimiento de las comunidades los pros y los contras de este macroproyecto. 

El desarrollo de la cuenca del Pacífico debe ser de autonomía, participación y respeto por los derechos ancestrales de las comunidades negras e indígenas que continúan viviendo en medio de la marginalidad y pobreza absoluta generalizada.  

 

BIBLIOGRAFIA 

Cartillas del Cimarrón. Movimiento Nacional por los Derechos de las Comunidades Negras de Colombia. Pereira. 

“El Tiempo”. Cabo Marzo, un banco de recursos. Bogotá, 13 de junio de 1991. 

“El Tiempo”. Mauricio Obregón, El canal de agua dulce. 3 de diciembre de 1991. 

Perea Hinestroza Fabio T. 1990. Conozca a Tadó, el Chocó y la Cuenca del Pacifico. Ed. Multididácticas. Medellín.

 

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