COLOMBIA PACIFICO
TOMO II
Pablo Leyva (ed.)
© Derechos Reservados de Autor

Yo soy un hombre indígena

 

Testimonio de Italiano Dumatá
Jaibaná, Embera
Comunidad El Playón
Recopilado por María Cecilia Silva

 

   

 

Nosotros no tenemos escuela, nosotros los indígenas queremos aprender, ¿entiende? queremos decir como usted dice, saber como usted sabe. Queremos maestra pa’ que nos enseñe pa’ poder defendernos... Si, es que queremos vivir solos como antes.., los indígenas no más. 

Yo aprendí a curar viejo ya. Tenía cinco hijos y un médico de aquí mismo, me mato tres con enfermedad y después a Tiberio, ayyy con un zángano, que es un espíritu que mandó pa’ que lo mate y yo lo vi... llegó como indio de agua, era un negro feo. Le voltió la canoa, a mi hijo venía de Boca Salao, taba borracho. Después iba a matar a este otro, a Juan, y yo bregaba y bregaba pa’ poder criarlos y por eso aprendió a ser Jaibaná. 

Entonces fui onde el finado patrón Manuel Antonio a preguntar “¿me enseña? quiero aprender, pa’ curar gente... al muchacho, cualquiera enfermedad” y dijo “sí, porque es persona buena”. 

 

Y MEDIO EL PRIMER BASTON 

Esa noche el finado patrón cantó y llamó mil hombres y dijo, vengan que los voy a mandar con esa persona pa’ que le enseñen a curar y me dio pa’ tomar trago de platino, tres botellas y me dijo, le voy a enseñar... pa’ dolor de cabeza, reuma, del estómago, pa’ todo... y me dio el primer bastón. 

Sí, lo voy a curar de zángano malo y cantó harto ese maestro mío, ayyy; y llamó los espíritus con el jutú. Como más de dos mil hombres y como a las seis de la mañana, canto ya, me vine pa’ca, pa’la casa y ahí sintió mucho. Sintió ánimas de gente bastante que venía con yo y los vi trasnochaos y hablamos. Ayyy, como ya son de uno, toca hablar con ellos. Llegué y había en la casa una señora enferma y los espíritus me dijeron: “yo le voy a ayudar”, y esa señora no se movía, tenía un plomo de matarsen y yo le dije, “a usted hay que trabajarla pa’ curarla”, sí, y a los dos días se levantó y se fue, le quitó el plomo. Después curé otra señora que se llama Luz María, yo taba bregando a hacerle la curación serio, serio, ayyy, cuando llega toda esa gente como doscientos, trescientos y así dormido me dicen “que tiene tanta enfermedad”, Ellos todo lo cuentan... yo tengo 12 bastones. Patrones distintos me dio cada uno con los espíritus, y me enseñó una noche por cada bastón, y tocó tomarme sin borrachera tres botellas de platino. Pero hay bastones de cinco botellas, de cuatro, de tres, de seis, hay de muchas y todos tienen distinta gente como mil o dos mil y todos curan igual, enfermedades de todas. Más bastones y cura más rápido, más rápido, más mejor y son como cuatro millones de espíritus, ayyy. La gente del bastón no come nada, toma platino así no tenga sed. 

Mi abuelo tenía 20 y curaba mucho, ayyy. 

Yo pago pa’ aprender cada bastón, siii, dos mil o tres mil, eso vale.., y el segundo bastón tiene más de 200 ánimas y el otro me lo dio Aketa y Manuel Lucano Cabrera, del Baudó, y este quinto del Putumayo me lo dio en Quibdó Rafael Baquiazar, y el otro una médico grande Modestica Dumasá, curaba de todo. Juan de la Cruz Jaramillo de katíos y éste Jorgito Tunai de embera, los mismos de nosotros y José Isagama de Katío y Clímaco, del San Juan... y de la Guajira y de Florencia también. 

Y el Jaibaná cuando me enseñó va metiendo espíritus dentro del bastón, por ahí... ayyy, muchas ánimas. 

Pal día de curar come pescado o pollo o huevos. Carne no le gusta a los espíritus por eso no como ese día porque no queda curando nada. Agua sí tomo, arroz y plátano. Amanece a las seis de la mañana y no me gusta comer. Después de 12 en adelante un café y por la tarde algo más bastante.  

 

LA GENTE DE ADENTRO DEL BASTON 

Todos los bastones son forma distinto porque el patrón los hace así, de madera fina. 

Yo por las tardes pa’ llamar los espíritus abrazo mis bastones todos y canto y toco este jutú y los llamo como toy hablando “vengan, vengan” y va llegando todos junticos. Gente bastante, mucha gente, la de adentro del bastón; la que metió Jaibaná pa’ mí y como son míos converso harto con ellos y les reparto platino, biche, cola, vino, cerveza, en estos pocillos que tengo pa’ ellos tomar y quedan borracho.., chicha no les gusta, como no son gente , no son como uno mismo. Ellos son unos animales, son así como secretos,.. les gusta más de noche y llega un doctor blanco grandote, pa’ examinar a todos y le avisan a uno ¡esta enfermedad tiene de dolor de cabeza, de estómago!. Yo también miro el cuerpo del enfermo y veo la sangre como araña, tonce ya no conoce y al otro día en sueños, él le dice “hágale esto, ahí chupe” y sale la enfermedad, siii, uuuuuh se alienta. Pero hay que buscar lo que dice médico, si es pa’ curar de reuma entonce con espina de guerague se soba y el espíritu ayuda, él lo manda a mí. 

Pa’ curar tos ferina uno chupa y ahí va quitando ligerito o pa’ viruela se pone una moneda de cincuenta aquí en la boca deja quieto y canta y así no le pega. Pa’ niños es distinto, se pone un emplasto aquí... y va cantando y cantando. Aquí ninguno enferma de eso ya. 

Cuando es pa’ sarampión, se hace igual como viruela pero si ya le pegó, ahí si no cura. 

Yo trabajo mucho de sangre también. Si la mujer ta’ botando mucha, se le hace unos bañitos con bija cantando y sobando por encima y ya en cuatro días se le quita... es que hay de muchas enfermedades, de todo, de dolor de estómago, de dolor de cabeza de avispa, de araña, de chapúl, de alacrán o tortuga... el espíritu me cuenta “esos son brujos que otros médicos le ponen a uno” y si es de avispa hay que buscar la casa de la clase de avispa y sobarlo y chuparlo. De cienpiés, de raya o de los otros animales se hace uno igualitico de balso y se soba con eso y se chupa y ahí ya se sale... yo mando mi espíritu pa’ meterse en cuerpo y curarle esa vaina, si hay brujo malo que come enfermo por dentro, él me avisa pa’ echarlo.  

 

CURANDO CON PLANTAS DEL MONTE 

Y si pa’ curar con plantas del monte el espíritu le dice a uno: “esa enfermedad es de planta” y como yo aprendió de eso. Siii, yo le compré al maestro Honori Chori pa’ que me enseñe. EL vivía por allá en Burtadó, es de Atrato. Cuando venían personas que tienen enfermo con vómito, entonce le daba hierba y se le quita y si por la barriga taba cagando diarrea, le daba bebida y a los días ta’alentado. Por eso cuando yo toy‘curando entonce ya mi gente me dice hay que buscar bejuco o palo o plantas de hojas o conseguir bija; entonces, voy al monte y lo cojo y hago agua calientico y si no con el sol hace calientico y amasa y le da de beber. 

La gente indígena de aquí no han muerto mucho, no, no, no. Envenenados por maleficio malo, ahí si se muere...  

 

GUERRAS ENTRE ESPIRITUS 

Yo siempre llamo los espíritus, siempre, siempre. Ellos no viajan lejos, tienen que yerme cantando, por eso tengo que ir donde ta el enfermo, hay que tener el cuerpo pa’ curar la enfermedad. Yo si cobro en Quibdó a los negros. Hay curas de 10.000, de 20.000, de 5.000 o así.., y aquí me dan fríjoles o arroz.  

Siii y yo tomo platino con mis espíritus y llegan a la casa mía bastantes, y se sientan en el suelo y afuera, muchos.., y me hablan y viven con yo aquí en cuerpo y curan por yo. Ellos cuidan a yo, todos están vivos, pero yo no emborracho porque ahi sí, llegan los espíritus malos que otros médicos me mandan pa’ qué me mate... es que a ellos no les gusta porque llega mucha gente pa’ mi curarles y por eso también me quieren dañar vistas, por eso es que yo ta jodido. Otro médico mandó a San Pedro con los espíritus pa’ que me arañe las vistas de noche, pa’ que me dañe y no pueda ver enfermedad bien y tenga que bregar harto pa’ curar. Entonces mis espíritus pelean por yo, pero tengo que tar sin borracho, cara buena así... ayyy, bravos se ponen, yo los he visto, sacan arma, pistola buena y un soldado maneja mi guardia. Siii, yo tengo guardia y soldados muchos tengo también entre mi gente de bastones; ahí tiene de todo, aviones, barcos, bombas, cañón... cuando vienen a molestar pum, pum, barco con bomba y ahí quedan ceniza. Ellos han tenido guerras con espíritus de médicos malos, ayyy como 20 cañones y ¡Pum! se mueren los otros, los míos son buenos, no los dejan llegar por aquí, bravos, muy bravos.., y si me roban bastón ayyy el hombre se enferma y muere. Lo matan espíritus.., hay cuidanderos muchos pa’ mí. Cuando viene otra gente me avisan levántese”, soñando vienen.., y guardan armas en casa de ellos. Siii, es que ellos tienen casas bastantes, como dos mil. Pero lejos, adentro en la selva, usted no puede ver.., cuando canto por la tarde, si veo. Ayyy, es un pueblo grandísimo casi como un país de Bogotá, con casas de cemento aaaltas, como de 20 pisos, así... bonito, con carros grandotes, línea, bus, todo. Tiene más de dos calles, ahí se ve. Si no es Jaibaná no la mira, hum, hum, se ve hartísimo. 

Ellos son gente, con ojos abiertos, con cuerpo, la misma cosa que nosotros, de todos hay, blancos, negros, indígenas, paisas... bien bonitos, con más color que usted, bien vestiditos con lujos, así pintados con jagua, con bastantes chaquiras, bien bonitos, bonitos. 

Yo cuido mis espíritus, converso todas las tardes con ellos, les da trago y si ya amaneció los guardo, hay que dejarlos quietos, cerrados porque hay gente mala...  

 

CUANDO SE MUERE UN JAIBANA 

Todos antes eran un poquito Jaibaná, ya no por que les da miedo. Mi papá era Jaibaná , se llamaba Lisandro Dumasá, él tenía tres maestros no más... y Patricio un médico del San Juan, lo mató con plantas... esos del San Juan son malos y a él no le gustaba papá mío. Siii hay plantas malas pero mi tío Arquilio era médico malo también y se bravió cuando murió el hermano y se fue con los espíritus donde el Patricio y lo mató ligerito, se murió el hombre. 

Cuando se muere Jaibaná, los espíritus de los bastones se quedan por ahí regados, ayyy, regaos no mas, y ninguno los coge, y así viven solos andando, como ellos tienen su pueblo. Jaibaná bueno no puede coger, ésos, los malos sí, ellos si recogen los regaos. Mis espíritus se quedan conmigo no más, no ayudan a otro sino a mí... y cuando chupo saco sangre, siii, se ve aquí la sangre, no me pega enfermedad, nooo, eso no... voy chupando una noche y enfermo amanece mejor y a la otra noche ya.  

 

NO ME GUSTA ESO DE RELIGION 

Yo de lo antiguo no se nada, mi papá mío no contaba, no. 

Yo no nació po’ aquí, po’ allá más abajo en Villa Claret. Mi finado papá tenía comprao las tierras. Después fuimos a Uinchiradó, una quebrada por el Mondadao arriba y ahí siguió trabajando, trabajando y cuando ya taba viejo con bigote, entonces yo buscó la mujer mía en el Endelana. Tuve hablando con ella y me dijo, ¡que bueno, que ella coger con yo!, y como no teníamos comunidad ni nada, allá hice un tambo grande de doce varas, ¡ya debe tar dañado!. Tonces llegó un señor Ricardo Laurencio, era americano, evangélico y era maestro. El vino de Quibdó y llegó con escuela, y todos fuimos a la escuela y ahí tuvimos tiempo y mucho tiempo. Entonces el hombre cuando tábamos tomando chicha no le gustaba, se quedó bravo; “que no metiéramos trago bastante, que tome uno simple cualquiera”, y mi cuñado Apolonías bravió con él y yo lo dejé que bravién y de ahí ya se fué. Tonces vino el señor cura, el padre Castrillón, y fui onde él y me dijo que lo bajara pa’ca, que haga con estos po’aquí la casa, que haga su comunidad po’aquí, por eso me vine po’aquí y el padre se quedó tiempo hu, hu, hu, como dos meses. El no enseñaba casi de religión no me gusta a mí eso, y se fue pa’ Quibdó otra vuelta y nunca volvió. 

Yo cuando estaba de muchacho joven no jugaba con balón, jugaba con chalupo, es potro pero no grande, sino por ahí de tres varas, con ese jugaba, metía y navegaba.. mi papá no enseñó a mí a curar no, yo aprende solo, con catorce patrones, maestros míos. Primeramente nos vestíamos con chaquira, ahora nos gusta pintar con jagua... esa es la cultura indígena.  

 

NO SOY DIOS, SOY UN HOMBRE INDIGENA 

Cuando me muera, estos bastones pa’ Juan, pa’ mi hijo. Cuando uno murió, ¿qué van a hacer? se les acabó viejo. Yo entrego a él pa’ que cure. Ya le dí uno, cuatro veces, le dí más de un millón de hombres, siii, él es médico ayyy, chupa muy buena, pura sangre le saca, le dejo mis espíritus pa’ que cure. 

Cuando un enfermo no se puede curar ellos avisan “ya está muerto” y cuando está vivo ellos también avisan “vamos a trabajar”... yo brego y brego pero si ta’ pasado de enfermedad no lo puedo curar, yo no soy como Dios tampoco, yo soy un hombre indígena no puedo todo, no, no, no... y cada bastón es más saber, ¡Ayyy!

 

EL JAIBANA ITALIANO DUMASA Y SU FAMILIA.
Fotografía Alexander Cifuentes.

 

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