COLOMBIA PACIFICO
TOMO II
Pablo Leyva (ed.)
© Derechos Reservados de Autor

65. UN MUNDO POR DESCUBRIR -  UN MUNDO POR CONSERVAR

 

CARLA RESTREPO
Departamento de Zoología
Universidad de La Florida

Fotografía Juan Manuel Rengifo.

 

 

Sobresaliendo del manto de la neblina que cubre las montañas que miran al Pacífico aún se escucha el canto acompasado de los tirapuentes (Semnonsis ramphastinus). Abundante hasta hace pocos años, esta pequeña ave de voz portentosa y plumaje multicolor habitaba los bosques de neblina de nuestra región Pacífica desde Risaralda hasta Nariño. En todo el mundo sólo se le conoce como habitante de esta zona y del noroccidente del Ecuador. La caza indiscriminada para el comercio de aves ornamentales y la tala selectiva de aquellos árboles que emplean para construir sus nidos son los principales factores que afectan la supervivencia de esta especie (C. Restrepo y M. L. Mondragón, datos sin publicar).  

Sin movernos mucho del hábitat de los tirapuentes, en particular en el suroccidente de Nariño, encontramos una hermosa palma típica del interior del bosque conocida como palmito de montaña (Prestoea cf. purpurea). Sin embargo, no es su belleza lo que la hace famosa en la región, sino el único cogollo que cada palma produce durante su desarrollo. Estos cogollos son los populares palmitos, los cuales constituyen un alimento muy apreciado entre los pobladores de la zona, especialmente durante la semana de cuaresma. El palmito de montaña ya ha desaparecido en varias localidades debido al efecto combinado de sobreexplotación y reducida producción de nuevos individuos en el bosque. Al cortar el único cogollo de una palma adulta, ésta muere sin la posibilidad de producir semillas. Es así como los colectores del palmito de montaña se ven obligados a desplazarse cada vez más lejos en busca de sitios para obtener los palmitos con los cuales suplen el mercado local y regional (C. Restrepo y C. Samper, observación personal).  

Más al norte, especialmente en las montañas del Valle y Risaralda que miran hacia el Pacífico, vemos cómo los otrora extensos bosques que cubrían la zona se han ido reduciendo a parches rodeados por potreros, campos de cultivo o barbechos (C. Restrepo, observación personal). La formación de parches de bosque, a diferencia de la explotación directa de plantas o animales como el palmito y los tirapuentes, ejerce su impacto sobre todo el conjunto de especies animales y vegetales -comunidad- que habita una determinada localidad. Al dejar solamente parches aislados de bosque afectamos seriamente a muchas especies que requieren de un área mayor para obtener su alimento, para mantener poblaciones genéticamente sanas y para llevar a cabo movimientos locales o migraciones a lo largo de las montañas. La desaparición de algunas especies como resultado del proceso de fragmentación puede originar cambios en cadena en la comunidad ya que las especies están interactuando entre sí. En casos extremos, esto puede llevar a un cambio completo en el conjunto de especies que habitan los parches de bosques, comparado con el conjunto que habitaba el mismo parche antes de que ocurriera su fragmentación. En Panamá, por ejemplo, la creación del lago Gatún llevó a la formación de pequeñas islas boscosas rodeadas de agua. Muestreos sucesivos han evidenciado cambios dramáticos en la vegetación de la zona con una tendencia hacia la monopolización de los parches de bosque por unas pocas especies vegetales productoras de frutos grandes (Putz et al. 1990). Estos autores postulan que el movimiento de depredadores de frutas grandes, entre los que se encuentran las guaguas (Agouti paca), ardillas (Sciurus sp.) y saínos (Tayassu sp.), se ve afectado por la barrera que representa el agua de tal forma que estos animales no alcanzan las islas. Las plantas productoras de frutas grandes al no encontrar enemigos naturales se ven favorecidas en estos parches de bosque. El resultado final ha sido un cambio dramático en la composición vegetal de estas islas. 

Ya no en las montañas del Pacífico sino en la llanura, encontramos que en aquellas zonas en donde desembocan los ríos, la vida parece reverberar. Manglares, naidizales, natales, cuangariales, caños de agua salobre y planos lodosos representan diferentes comunidades, las cuales conforman el ecosistema estuarino y hacen de éste uno de los más productivos y diversos de nuestro país (Prahl y colaboradores, 1990). Observaciones más detalladas nos muestran que entre estas comunidades existe un continuo flujo de materia y energía, lo cual determina en gran medida la alta productividad del ecosistema estuarino. A primera vista no pareciera que este ecosistema guardara relación alguna con los bosques de neblina mencionados anteriormente. Sin embargo, el ecosistema estuarino de nuestro Pacífico depende en gran medida del aporte de agua dulce proveniente de las montañas y de la regulación del transporte de sedimentos (Prahl y colaboradores, 1990). La transformación de los bosques de neblina del Pacífico en potreros, campos de cultivo, e hidroeléctricas y la explotación de oro de aluvión pueden reducir el aporte de agua dulce y/o aumentar el aporte de sedimentos, llevando a un lento pero seguro proceso de deterioro del ecosistema estuarino del cual dependen miles de seres vivos, incluyéndonos a nosotros mismos. 

He usado el caso de los tirapuentes, palmitos, bosques de neblina y estuario para ilustrar tres aspectos importantes que es preciso tener en cuenta al hablar de ‘conservación’ en el Pacífico colombiano. Primero, nuestras actividades aparecen como en un eterno conflicto con las de otros seres vivos. En muchas localidades alrededor del mundo, el resultado final de este conflicto se ha manifestado en la desaparición de un sinnúmero de especies, así como en la puesta en peligro de la misma vida humana. Segundo, el Pacífico colombiano es mar y llanura pero también es montaña. Buena parte de los procesos que ocurren en las tierras bajas dependen de la integridad de los bosques que se desarrollan en las montañas del Pacífico. Tercero, los problemas de ‘conservación’ del Pacífico son complejos porque involucran diferentes niveles de organización en los seres vivos. Nuestras actividades pueden afectar seriamente poblaciones (e. g., palmito de montaña), especies (e. g., tirapuentes), comunidades (e. g., bosques de neblina) y ecosistemas (e. g., estuario) y las soluciones para un nivel dado no necesariamente garantizan las de otro. Antes de desarrollar estos puntos, que son claves para una discusión acerca de la ‘conservación’ del Pacífico, es importante mencionar algunos conceptos ampliamente debatidos cuando se habla de conservación.  

 

Conservación: significado y alcances  

Hoy en día cuando escuchamos el término conservación, inmediatamente lo asociamos con naturaleza o medio ambiente o recursos naturales o, en años recientes, biodiversidad. Literalmente, conservación se refiere a la acción de mantener una cosa, de cuidar de su permanencia o de guardarla con cuidado (Real Academia de la Lengua Española, 1970). En este sentido, conservación pareciera aludir únicamente a la protección celosa de ‘algo’ que comúnmente asociamos con parques nacionales o con plantas y animales en peligro de extinción e inclusive con fuentes de agua. La práctica de conservación, sin embargo, hoy en día ha rebasado este concepto tan estrecho, como resultado de una realidad que ha resultado aplastante. Se habla de conservación de la biodiversidad y paralelo a esto escuchamos hablar de desarrollo sostenido y ecodesarrollo. 

Biodiversidad o diversidad biológica se refiere a la variedad y variabilidad dentro de los seres vivos (OTA 1987). Es un concepto más amplio que el de naturaleza, recursos naturales o medio ambiente. Primero, se basa en el reconocimiento de que la diversidad puede manifestarse a diferentes niveles. Estos niveles están representados por aquellos en los cuales se encuentran organizados los seres vivos (ecosistemas, comunidades especies, poblaciones y genes). Un paisaje en donde se encuentran intercalados bosques, cultivos, potreros y barbechos, es más diverso en ecosistemas que uno en donde los bosques han sido reemplazados por cultivos y potreros. Un área boscosa en la cual se talan selectivamente algunas especies maderables es más diversa en especies que un área en donde todos los árboles han sido derribados. Así mismo, áreas que contienen variedades, tanto silvestres como cultivadas, de especies económicamente valiosas son más diversas genéticamente que aquellas en donde las variedades silvestres han desaparecido para dar paso a las variedades cultivadas. Segundo, reconoce el valor de algunas actividades humanas como otro elemento que contribuye a aumentar la biodiversidad en un área

determinada. Esto incluye, por ejemplo, la domesticación de especies, la creación de huertas que mimetizan los bosques aledaños, la agricultura itinerante que practican muchos pueblos que viven en áreas boscosas, etc. (Anderson, 1990). Tercero, reconoce diferentes alternativas que contribuyen a conservar la biodiversidad de una región. Hoy en día ya no se habla de parques y reservas naturales como la alternativa para la conservación de la biodiversidad (Western y Pearl, 1990). Existen otras estrategias que incluyen el manejo de la matriz en donde se encuentran inmersos los parques naturales, el manejo de reservas extractivas, el desarrollo de proyec­tos agroecológicos y agroforestales, la creación de zoológicos, jardines botánicos y bancos de germoplasma, entre otros (Soulé, 1991). Esta nueva visión de la conservación ha aparecido en respuesta a todos aquellos problemas de orden ecológico, político, social, económico y cultural que están íntimamente ligados a la práctica de conservación de la biodiversidad. 

Se ha discutido mucho acerca del valor que tiene la conservación de la biodiversidad. En muchas regiones del mundo se ha observado una correlación muy estrecha entre la pérdida de biodiversidad y las posibilidades para responder a las demandas presentes y futuras de los seres humanos (Reid y Miller, 1989). Inevitablemente, esto nos lleva a preguntarnos qué es lo que tiene de mágico la conservación de la biodiversidad. Primero, garantizamos la integridad de varios procesos ecológicos que incluyen los ciclos de agua, nutrientes y gases. Segundo, garantizamos el mantenimiento de interacciones que ocurren entre los seres vivos y que traen como resultado la polinización de flores, la diseminación de semillas y el control de plagas, entre otros. Tercero, garantizamos la supervivencia de especies que tienen un valor económico potencial como fuentes de medicinas, fibras, lubricantes y alimentos (Myers, 1984). Cuarto, garantizamos la supervivencia de genes ‘valiosos’ en variedades silvestres de plantas y que insertados en variedades cultivadas pueden aumentar dramáticamente su productividad (e.g., Clement 1991; Noda et al. 1991; Rick 1991; Simpson, 1991). 

La conservación de la biodiversidad, sin embargo, tiene sus costos. Esto es especialmente cierto para aquellas regiones megadiversas del planeta entre las cuales está nuestro Pacífico (Oentry, en este libro). Estos costos no sólo están representados por los costos de oportunidad, es decir, las ganancias que se dejarían de percibir al no continuar con los modelos tradicionales de desarrollo, sino por las inversiones que sería preciso hacer para iniciar un programa ambicioso de investigación básica y aplicada, orientada hacia la conservación de su biodiversidad. En el caso del Pacífico colombiano, el conocimiento que se tiene acerca de las especies y procesos ecológicos que ocurren allí aún es muy fragmentario, contrario a lo que algunos autores plantean (Arboleda, 1988). Los costos presentes de tal empresa pueden parecer elevados comparados con los beneficios. Los costos futuros, sin embargo, serán muy pequeños comparados con los beneficios cuando descubramos y aprendamos a manejar esta gran riqueza y cuando veamos al mundo volcarse hacia estas zonas. La conservación de esta riqueza puede ser el pasaporte de entrada de estas regiones al siglo XXI. 

Esto nos lleva inmediatamente a hablar sobre desarrollo sostenido y ecodesarrollo, dos alternativas que aparecen íntimamente ligadas a la práctica de conservación (WCED, 1987). La primera alternativa se planteó como una estrategia global para ser implementada regional y localmente. Parte de la premisa imperativa de lograr mejorar la calidad de la vida humana sin rebasar la capacidad de carga de los ecosistemas que la sustentan (WCED 1987; UICN/PNUMA/WWF 1983, 1991). 

Reconoce que el crecimiento económico de una sociedad se puede lograr si se establecen políticas que mantengan y expandan la base de recursos naturales. Además, este crecimiento económico se considera esencial para mitigar la pobreza y reducir la presión que existe sobre la base de recursos naturales (WCED, 1987). El concepto de desarrollo sostenido se ha convertido en la piedra angular de los movimientos conservacionistas que reconocen la relación existente entre desarrollo y conservación de la biodiversidad. 

Ecodesarrollo se presenta como una alternativa política que considera importante establecer quiénes van a ser los beneficiarios directos de los dividendos generados a través del uso de la riqueza biológica de una región dada; quiénes son los que van a participar en el proceso de planeación; y cuáles grupos y organizaciones van a verse afectados por el proceso que va a llevar a que el desarrollo y la conservación sean compatibles (Farvar y Glaeser 1979). Hace hincapié en la planificación y desarrollo a nivel local y regional, basados éstos en el potencial de cada área, y da atención especial al uso racional de los recursos naturales, incluyendo la aplicación de tecnologías apropiadas al medio (UNEP, 1975). Es a partir de alternativas de esta índole que debemos concebir el desarrollo del Pacifico para no comprometer ni las riquezas naturales de esta región ni el futuro de sus pobladores.

 

Fotografía Juan Manuel Rengifo.

 

Conservación del Pacífico o su amazonización: un reto para el siglo XXI 

El Pacífico colombiano es uno de los principales centros de megadiversidad del planeta (Gentry, en este libro). El proceso de transformación que esta región ha vivido, y está viviendo, en ningún momento se ha enmarcado dentro de un esquema de conservación de su biodiversidad. Por el contrario, la tendencia ha sido el saqueo y con ello no sólo se ha comprometido la riqueza natural de esta región sino también el bienestar presente y futuro de su gente. Muchos de los proyectos de gran envergadura que se han propuesto para el Pacífico colombiano (e. g., canales interoceánicos, centrales hidroeléctricas, agroindustrias, explotaciones madereras y minería a escala industrial) promueven un tipo de desarrollo similar al del resto del país. Las instituciones e individuos que apoyan y ejecutan estos proyectos se olvidan de cuáles han sido los efectos colaterales de tales empresas. Entre éstos, se pueden mencionar la tugurización de las ciudades, la reducción del caudal de los ríos, cambios climáticos, la pérdida de productividad de los suelos y humedales, la extinción de especies de plantas y animales y el ‘exterminio’ de las llamadas minorías étnicas. No nos damos cuenta de que, por ejemplo, con la desaparición de algunas minorías étnicas también están desapareciendo conocimientos generados a través de muchos años de contacto directo con un entorno que a nosotros se nos hace hostil pero que para ellos es cotidiano. 

Pensar en la conservación del Pacífico necesariamente debe involucrar tres aspectos. Primero, el conflicto generado entre nuestras actividades y las de otros seres vivos va a tener que ser visto desde dos perspectivas: por un lado, tenemos que examinar la relación que existe entre los pobladores centenarios del Pacífico y su entorno y por otro, tenemos que examinar la relación que existe entre los inmigrantes recientes y un medio que es ajeno a ellos. Segundo, tenemos que reconocer que el Pacífico además de ser mar y llanura es también montaña. Tercero, tenemos que establecer prioridades de conservación tomando en cuenta los diferentes niveles de organización de los seres vivos.  

Es importante establecer una dicotomía entre los habitantes ‘nativos’ del Pacífico, i. e., comunidades indígenas y negras, y los inmigrantes recientes si se quiere establecer una estrategia para la conservación de la biodiversidad de esta zona. Si acordamos que los beneficiarios directos de los dividendos producidos por la conservación de la riqueza biológica de esta zona van a ser los ‘nativos’, no habría ninguna justificación para darle prioridad a proyectos de desarrollo de tipo tradicional impulsados por los inmigrantes recientes. Se podrían enumerar muchos proyectos que no entrarían en un conflicto tan agudo con la conservación de la biodiversidad de la región y que generarían recursos suficientes para mejorar substancialmente las condiciones de vida de los nativos. La explotación del palmito (Euterpe cuatrecasana), marfil vegetal (Phytelephas sp.), frutas tropicales (e.g., chontaduro, Bactris gasipaes, y borojó, Borojoa sp.), plantas ornamentales (e.g., zamias, Zamia spp., heliconias, Heliconia spp., anturios, Anthurium spp. y orquídeas), maderas, paisaje, peces y mariscos, por y para los nativos, son posibilidades abiertas para combinar la conservación y el desarrollo sobre una base sostenida. Los resultados positivos obtenidos en proyectos de esta naturaleza (e.g., Anderson, 1990) sumados a los cambios de actitud de la gente alrededor del mundo con relación a la conservación de la biodiversidad son garantías para el éxito de una empresa de esta naturaleza. 

Si acordamos que los beneficiarios directos del uso de la riqueza biológica del Pacífico son los inmigrantes recientes, nunca veremos a los nativos salir del estado de pobreza en que se encuentran y continuaremos cerrando el ciclo de destrucción. El siguiente ejemplo ilustra este proceso. El desarrollo reciente del área de Tumaco en tomo a la acuacultura y cultivo de palma africana ha servido de catalizador para la conexión de esta zona al sistema nacional de transmisión de energía. La red de transmisión corre paralela a varias poblaciones localizadas en la parte montañosa de la vía Tumaco - Pasto. Estas poblaciones, sin embargo, no serán beneficiadas a través de este proyecto (O. Cantillo, com. pers.). Esto significa que aquellas comunidades que deberían estar directamente involucradas en la conservación del agua tienen que continuar cortando madera para utilizarla como fuente de combustible. De esta manera se contribuye a cerrar el ciclo de destrucción de nuestras riquezas. Esto nos lleva a pensar en la posibilidad de combinar ambos tipos de desarrollo, pero bajo la consigna de promover la conservación de la biodiversidad. Se requeriría, sin embargo, de una planeación meticulosa y un control estricto sobre los proyectos que se ejecuten. Adicionalmente, se deberían generar recursos para promover la conservación de la biodiversidad del Pacífico. El gravamen, i.e., impuesto de conservación, a aquellos proyectos que generan un impacto negativo y/o que dependan de procesos generados ex situ, sería un mecanismo para adoptar. 

Para no olvidarnos de que nuestro Pacífico es mar y llanura pero también montaña, recordemos las tragedias anuales ocasionadas por los derrumbes en la vía Cali-Buenaventura. La tala indiscriminada a los lados de la carretera no sólo ha ocasionado problemas económicos sino también problemas ambientales, al generar un aporte continuo de sedimentos al río Dagua. Es difícil establecer cuál ha sido el impacto de las actividades humanas sobre procesos que se desarrollan en la llanura y el mar. Cambios en la actividad pesquera a nivel artesanal y de subsistencia por parte de los pobladores ribereños del Dagua podrían ser un indicador del impacto de proyectos ejecutados en las montañas. 

Finalmente, cualquier estrategia que tenga por objetivo la conservación de la biodiversidad tiene que identificar prioridades para cada uno de los niveles en los cuales se encuentran organizados los seres vivos. Tenemos que saber qué hay, cómo funciona, en dónde se encuentra y cuáles son las amenazas presentes y futuras. Basados en esto se podría decidir acerca de la viabilidad de los proyectos de desarrollo que se quieran ejecutar en la región y se podrían adoptar estrategias para su conservación. La creación y el desarrollo de parques nacionales (H. Sánchez, en este libro) es sólo una de las muchas opciones disponibles para conservar la biodiversidad de esta región privilegiada del planeta. Es en este momento cuando nuestra imaginación y creatividad tienen que desarrollarse y cuando debemos comprometernos a transformar esta región, basados en esquemas completamente nuevos. De lo contrario, nuestro Pacífico se convertirá en un mundo para enterrar.

 

Agradecimientos 

El autor agradece los comentarios críticos realizados por G. Kattan, E. Murqueitio, P. Amézquita, J. Duque y W Beltrán a versiones preliminares de este manuscrito. H. von Prahl me contagió su interés y amor por el Pacífico. Nuestras discusiones acaloradas acerca del problema de conservación de esta región fueron un estímulo constante, para convencerme de que los ‘nativos’ del Pacífico tienen que ser los protagonistas de un futuro promisorio basado en otras alternativas de desarrollo.  

 

BIBLIOGRAFIA 

Anderson, AB. (ed.). 1990. Alternatives to Deforestotion: Steps Toward Sustainable Use of the Amazon Raín Forest. Columbia Uníversity Press, N.Y.  

Arboleda, H. 1988. Realidad y magnitud de la cuenca Pacífica colombiana. Publicaciones ICESI 29:21-34.   

Clement, C. R. 1991. Frutas de la Amazonia: descuidadas y amenazadas pero todavía recursos potencialmente ricos. Diversity 7:62-64.  

Farvar, M.T. y B. Glaeser. 1979. Politics of Ecodevelopment. International Institute for Environment and Society, Berlín.  

Myers, N. 1984. The Primary Source. Tropical Forests and Our Future. W.W. Norton & Company, Inc. N.Y.  

Noda, H. C., C. P. Bueno y D. F. Silva. 1991. Amenazas de erosión genética para los cultivos hortícolas nativos de la Amazonia. Diversity 7:67-69.  

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Prahl, H. von, J. Cantera y R. Contreras. 1990. Manglares y hombres del Pacífico colombiano. Fondo FEN, Bogotá, Colombia.  

Putz, F., E. G. Leigh y S. J. Wright. 1990. Solitary confinment in Panamá. Garden (March-April): 18-23.  

Real Academia de la Lengua Española. 1970. Diccionario de la Lengua Española.  

Reid, W. V. y K. R. Miller. 1989. Keeping Options Alive: The Scientific Basis for conserving Biodiversity. World Resources Institute, Washington, D.C.  

Rick, C. M. 1991. Recursos genéticos de tomate en Suramérica revelan variados tesoros. Diversity 7:60-62.  

Simpson, C. E. 1991. Recursos genéticos del maní silvestre en Suramérica. Diversity 7:65-66.  

Soulé, M. E. 1991. Conservation tactics for a constant crisis Science. 253: 744-750.  

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- 1991. Cuidar la Tierra. Estrategia para el Futuro de la Vida. Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y World Wildlife Fund, Gland, Suiza.  

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Western, D. y M. Pearl (eds.). 1990. Conservation for the Twentyfirst Century. Oxford Press.  

WCED (World Commisson on Environment and Development). 1987. Our Common Future. Oxford University Press, U.K.

 

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