La dotación técnica y el know-how

Con pocas excepciones, la pesca artesanal en el espacio caribeño se realiza con un bajo nivel técnico, utilizando métodos tradicionales: la atarraya, la cuerda de halar, la nasa y el uso de lanzas como también de arpones, especialmente en aguas poco profundas. El uso de redes es limitado por causa de los arrecifes.

En la mayoría de los casos se usan para pescar la canoa, botes de piso plano con motor fuera de borda y botes de pesca un poco más grandes (hasta 15 mts. de largo ), con motores diesel dentro de la borda. Los botes mencionados pescan generalmente con cuerdas de halar en una profundidad de cerca de 100 metros a los pargos rojos u otros peces migratorios del grupo del atún.

A mediados de los años ochenta, la FAO estimó que en el Mar Caribe, trabajan de 250.000 a 300.000 pescadores costeros de manera tradicional y artesanal y solamente 25.000 de forma industrial (véase FAO 1985). La falta de un mercadeo rápido y razonable de la pesca y la escasa dotación con instalaciones de refrigeración crean grandes problemas y llevan a la economía pesquera a escasos márgenes de rentabilidad.

Por ejemplo, en la «snapper season» en San Andrés (Colombia), febrero hasta abril, se cogen tantos peces que los precios en la isla bajan de tal manera que los peces tienen que venderse en la tierra firme colombiana para que no se pudran. En otras épocas del año, sin embargo, la pesca no alcanza para abastecer la población insular. Instalaciones de refrigeración y depósitos para este fin podrían facilitar y hacer posible el abastecimiento con pescado durante todo el año.

Un problema especial de los países del oriente del Caribe, es la falta de dotación técnica para poder obtener en escala mayor los peces pelágicos del mar profundo como atún, dorada, sierra y pez espada. Tal situación facilita que estas especies sean pescadas por numerosas naciones ajenas a la región. Muchos botes de pesca comercial provenientes de Taiwan, Corea, Japón, Escandinavia y especialmente de los Estados Unidos, operan también dentro de las 200 millas marinas de las Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) de los estados insulares del Caribe Oriental, muy frecuentemente sin el permiso de los estados afectados. De este problema se hablará de nuevo más adelante.

CONCLUSIÓN: Aún cuando los métodos tradicionales se deben considerar razonables y convenientes, es necesaria una mejora de la dotación de los pescadores la cual sería posible por medio de ayuda financiera. Sin embargo hay que tener en cuenta que un equipamiento altamente tecnificado de las embarcaciones e instrumentos de pesca, no es rentable y tampoco adecuado por causa de los limitados recursos pesqueros. Para el Caribe Oriental se debería considerar el uso propio de las reservas pesqueras en el mar profundo, pero existe el peligro de una pesca excesiva ante todo en los sistemas frágiles de los recursos pesqueros del espacio costero y de los arrecifes coralinos.

Las costumbres alimenticias de la población

El alto contenido de proteínas que tiene el pescado y su valor nutritivo da a este alimento una gran importancia para el abastecimiento de la población. Tradicionalmente los habitantes del espacio caribeño no son navegantes ni pescadores. Sin embargo, la observación de que muchos estados insulares del Caribe utilizan las escasas divisas para la importación de pescado, muestra que el consumo de pescado y productos derivados tiene importancia en estos países.

Mientras que el consumo de pescado es más o menos frecuente en los estados insulares de habla inglesa y éste es considerado una parte importante de la nutrición diaria, la población de los países centroamericanos ve en el pescado un alimento para niños y enfermos, que no calma el hambre. Desde el punto de vista histórico existen aquí diferencias muy grandes, las cuales hasta hoy influyen en las costumbres alimenticias, pero también sobre el interés que tienen la población y los gobiernos respecto a la pesca. Valdés Pizzini (1990) la describe como una actividad económica marginal, que se puede catalogar más bien como trabajo informal de gente pobre, como actividad casual de los habitantes costeños o como actividad secundaria de los que trabajan en las plantaciones de caña de azúcar. Estos preconceptos históricos marcan hasta hoy la imagen del trabajo del pescador en amplias partes del Caribe. Frecuentemente la pesca se considera como un entretenimiento después del trabajo diario al lado de un oficio principal.

Aparte de esto resultan problemas por causa de las diferentes costumbres regionales de consumo. Por ejemplo, el tiburón es considerado en Trinidad y Tobago una comida muy fina, mientras que en Jamaica se clasifica como no comible. El pez volador se pesca en Barbados como alimento importante, pero no se come en la parte occidental del Caribe, en Jamaica o en las Islas Cayman. Sadovy (1989) relata un intento fracasado del gobierno inglés en las Islas Grenadinas, de mejorar la infraestructura pesquera, tratando de abastecer el mercado de la isla principal, St. Vincent, con pescado congelado almacenado. Una estación, especialmente creada para concentrar el producto de los pescadores pequeños, iba a organizar la refrigeración, el transporte y el mercadeo. Lo que no se consideró en este proyecto, fue el severo prejuicio de la población frente al pescado congelado. La opinión general de que solamente el pescado dañado o viejo necesita congelación, y que además el pescado pierde sabor y valor nutritivo con la congelación, hizo fracasar completamente este proyecto aparentemente razonable.

CONCLUSIÓN: Con el intento de una intensificación de la actividad pesquera se deben tomar en cuenta no solamente las mejoras técnicas, sino también las condiciones socioeconómicas de un país. El comportamiento y las exigencias de la población determinan en alto grado sus intereses de mercado y de compra. Esta situación no muestra solamente efectos en la atracción o el no respeto de una profesión como la de los pescadores, sino influye también en el comportamiento de consumo. Evaluaciones del mercado pueden ayudar aquí a reconocer de antemano problemas y a evitar fracasos preprogramados. Además, una política correspondiente de instrucción no solamente pudiera cambiar las costumbres alimenticias de la población, sino también la imagen profesional del pescador. Especialmente Cuba mostró éxitos interesantes en este ámbito. Por medio de programas instructivos y educativos se pudo convencer a los cubanos de que los peces de agua dulce producidos en zonas de acuacultura son apetecibles (véase Mena Millar 1985).

Comentarios (0) | Comente | Comparta