Potenciales de conflicto e influencias políticas en cuanto a la delimitación marítima

Ya antes de terminar las negociaciones sobre el nuevo derecho del mar internacional, se expresaron temores según los cuales la ampliación del mar territorial con plena soberanía nacional a 12 millas marítimas, podría provocar conflictos considerables en el Caribe (véase entre otros Ewell 1978/1979). Por lo menos sobre el borde sur del Mar Caribe, este temor no se volvió realidad. Tampoco se confirmaron las frecuentes suposiciones acerca de los conflictos. En el caso del conflicto por el Golfo de Venezuela las supuestas reservas petroleras submarinas periódicamente ganaban importancia, pero no provocaron ni acentuaron los conflictos; por el contrario, favorecieron proyectos de cooperación bilateral, los cuales no se pudieron imponer por razones político-territoriales (véase figura 1b). Los problemas de muchos años sobre la delimitación marítima entre Venezuela y Trinidad / Tobago ciertamente contenían componentes de un conflicto de recursos relacionado con la pesca, pero no con la explotación off-shore de petróleo, pero se extendieron más allá. Los incidentes locales con pescadores artesanales probablemente van a continuar, independientemente de nuevos convenios bilaterales de pesca y una fuerte cooperación económica pesquera.

De los párrafos anteriores, relacionados con casos regionales, se puede deducir que el potencial conflictivo en cuanto a la delimitación marítima está influenciado en primer lugar por dos factores. El primero está determinado por la diferencia en la velocidad, coherencia y fuerza de imposición de delimitaciones marítimas a gran escala. Los dos países más grandes de la región según su superficie, su número de habitantes y su peso político tienen claramente las zonas económicas exclusivas más grandes, las cuales, por lo menos parcialmente están aseguradas hacia afuera por medio de convenios y tratados bilaterales.

Sin embargo, este hecho no se debe confundir con una correspondientemente fuerte y coherente orientación marina o con una política marítima. Ambas pueden ser más pronunciadas en países o territorios más pequeños (ejemplo Aruba). Las muy amplias zonas económicas exclusivas de Colombia y Venezuela no cuentan con ningún manejo de los recursos ni se ven intentos de hacerlo. La responsabilidad exigida por la Convención de Derecho del Mar de 1982 para los espacios marítimos no es visible (todavía), ya que hacen falta en alto grado las condiciones previas para un control efectivo de estas grandes áreas marinas. En países como Trinidad/Tobago con una economía pesquera importante, este aspecto se vuelve cada vez más grave en vista de una pesca inescrupulosa por parte de flotas extranjeras, procedentes de Norteamérica. A mediano y largo plazo, estos asuntos, las formas de imposición de un manejo de los recursos marinos en las zonas de pesca y las zonas económicas exclusivas, contienen un potencial conflictivo más grande que los acuerdos sobre delimitaciones.

Este factor de una reclamación marítima orientada más bien en superficies que en usos todavía es determinado ampliamente por un modo de pensar "territorialmente" o sea en fronteras. Esto produce diferencias grandes entre estados insulares y estados continentales donde el punto en el cual la frontera terrestre con un país vecino llega a la costa y la manera cómo esta frontera se prolonga hacia el mar, adquieren una importancia decisiva. Todavía es válido el concepto antiguo según el cual las fronteras marítimas son definidas desde la tierra firme, pero en el caso de conflictos de fronteras terrestres en la cercanía a la costa, la perspectiva para la delimitación marítima puede repercutir desde el mar sobre la tierra firme y dificultar la solución de un conflicto fronterizo terrestre como en el caso Colombia/Venezuela.

El segundo factor, ya mencionado en los capítulos anteriores, que influye sobre el potencial de conflictos en la delimitación marítima, se puede describir como dependencia política. En los problemas fronterizos, en su totalidad bilaterales, se manifiestan directamente las relaciones complejas entre vecinos terrestres y marítimos o mejor dicho entre sus gobiernos. En muchos países los cambios en estas relaciones dependieron en forma decisiva del respectivo presidente y su partido político o grupo de poder. Como ejemplo se pueden mencionar las relaciones entre Venezuela y la República Dominicana. Bajo el gobierno de Gallegos, que mantuvo distancia hacia las dictaduras, se inició a principios de 1948 un distanciamiento hacia el régimen dominicano de Trujillo. Después del golpe militar, a finales de 1948, la junta venezolana bajo Pérez Jiménez inmediatamente mejoró las relaciones. A principios de 1958 llegó una nueva junta al poder con una política de reformas y las relaciones con la República Dominicana, donde Pérez Jiménez encontró asilo, se desmejoraron nuevamente, etc.

En la política exterior venezolana este tipo de cambios bruscos en las relaciones bilaterales, no solamente frente a la República Dominicana, perdió importancia desde principios de los años 70, para dar paso a una política orientada hacia todo el espacio caribeño (véase Boersner 1978 ). Las nuevas discusiones sobre el derecho del mar y las delimitaciones correspondientes se desarrollaron en los períodos presidenciales de Carlos Andrés Pérez (1974 - 1979), Herrera Campins (1979 - 1984) y Lusinchi (1984 - 1989), durante los cuales el área del Caribe ganó un peso creciente en la política venezolana. El gobierno de Pérez convirtió conscientemente los extendidos campos de acción económica, después de que los precios del petróleo se cuadriplicaron (1973, Crisis Petrolera), en una acción política. Detrás de ello estaban perspectivas de carácter geopolítico acerca de una posición especial de Venezuela en el área del Caribe, pero también consideraciones de seguridad en relación con las rutas del transporte de crudo y con miras sobre el Brasil, el gran vecino con sus conceptos geopolíticos decididos. Ya antes de terminar el período presidencial de Pérez, se habían firmado convenios de delimitación marítima con los Países Bajos y la República Dominicana y había entrado en vigencia un primer acuerdo pesquero con Trinidad/Tobago.

La complicada estructura de la política internacional y de las relaciones bilaterales en el espacio caribeño no se pueden estudiar más profundamente aquí por el momento. Para esto habría que considerar muchos aspectos secundarios y factores de influencia desde la presencia y política de los Estados Unidos y temas convergentes de la política latinoamericana hasta el tipo y cambio de actitudes en el área conflictiva de América Central. La delimitación marítima, ante todo frente a estados marítimos vecinos, está integrada en este campo complicado de interdependencias políticas, el cual está sujeto a variaciones coyunturales. A pesar de que muchos países actúan de manera territorialista en cuanto a las zonas del derecho marítimo, el espacio marino como tal ha tenido al parecer hasta ahora poca importancia política independientemente de las mencionadas relaciones bilaterales. Hay indicios de que esta situación está cambiando, pero hasta la fecha no se sabe durante qué lapso, con qué intensidad y cómo se van a desarrollar a este respecto los conflictos y los intentos de solución.

En tierra firme existen nuevos intentos de una cooperación e integración aún en fronteras tradicionalmente conflictivas como entre Colombia y Venezuela. Desde 1987 una de las iniciativas para una reactivación de la integración regional en el Pacto Andino se refiere a la integración y cooperación en espacios fronterizos ("Estrategia Andina de Integración Fronteriza"). Un estudio de programa conjuntamente realizado por institutos interdisciplinarios de investigación de Colombia y Venezuela (CIDER, CENDES), desarrolló conceptos concretos para la región fronteriza al suroccidente del lago de Maracaibo (véase Forero/Urdaneta, 1992). Las correspondientes experiencias seguramente no pueden aplicarse sobre espacios marítimos, especialmente porque aquí falta todavía la conciencia de una necesidad de acción.

En el último decenio han cambiado notablemente las perspectivas en cuanto al manejo de los espacios marítimos. Términos importantes son hoy en día la visión integral de los espacios costeros y marítimos, el manejo de los recursos, los aspectos ecológicos y el papel del mar en las transformaciones constantes del "Global Change" (véanse compilaciones recientes de Smith/Vallega 1991, Suárez de Vivero 1992 y Fabbri 1992). Al mismo tiempo, una gran cantidad de iniciativas científicas y técnicas se dedican a los problemas específicos de mares mediterráneos («Semi-Enclosed Seas») y de los pequeños estados insulares. Es de esperar y desear, con miras en el estrechamente enlazado y delicado ecosistema del Mar Caribe, que con la creciente importancia de estas perspectivas, los asuntos dominantes de frontera/delimitación y ganancia de superficie marítima pierdan terreno frente a una visión básica responsable y cooperativa.

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Fuentes de las figuras:
 

Figura 1: Nuevo diseño de mapas en J. Olavarría: El Golfo de Venezuela es de Venezuela. Caracas 1988, pgs. 19, 35, 107, 122, 170, 175 (véase también G. Sandner 1992b).
 

Figura 2: Frontera marítima Venezuela /Antillas Holandesas: «Tratado de delimitación entre Venezuela y el Reino de los Países Bajos» del 31.03.1978 (Gaceta Oficial, Nr.229 1, Extraordinario, Caracas 26.07.1978 y Nr.2342 del 14.12.1978). - Frontera marítima Aruba/Antillas Holandesas: «Besluit van 13 december 1985, houdende inwerkingtreding van de rijkswet van 12 december 1985 to vaststelling van en zeegrens tussen de Nederlandse Antillen en Aruba» del 20.12.1985 (Staatsblad von het Koninkrijk der Nederlanden 1985, Nr.665; Reijkswet Staatsblad 1985, Nr.664).
 

Figura 3: Acuerdo de 1977: «Acuerdo pesquero entre el Gobierno de la República de Venezuela y el Gobierno de la República de Trinidad y Tobago» del 12.12.1977 (Ley afirmativa del texto del Tratado y mapa en Gaceta Oficial, Nr.2342, Extraordinario del 14.12.1978. - Acuerdo de 1985:
«Fishing agreement between the Government of the Republic of Trinidad and Tobago and the Government of the Republic of Venezuela» del 26.11.1985 (G.O. Nr.32282, 03.08.1981).

Figura 4: Línea de base archipelágica de Trinidad/Tobago: «The Archipelagic Waters and Exclusive Economic Zone Act» del 28.10.1986 (Trinidad and Tobago. Gazette, Legal Supplement Part A, Vol. 25, No. 311,17.11.1978). «Treatybetweenthe Republic of Trinidad and Tobago and the Republic of Venezuela on the delimitation of marine and submarine areas» del 18.04.1990 (vigente desde el 23.07.1991).

Figura 5: Frontera Marítima Venezuela/Trinidad/Tobago: véase figura. 4. «Recta Leoni»: «Decreto No. l1 52 de 9 de Julio de 1968, por el cual se traza una línea de base recta en el sector de las costas de Venezuela, comprendido entre la línea divisoria del Rio Esequibo y Punta Araguapiche, en el Territorio Federal Delta Amacuro» (Gaceta Oficial No.28.672, Caracas, 09.07.1.968).

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