LA GUERRA SUBMARINA EN EL CARIBE
Anotaciones y complementaciones acerca del libro de igual título de G. T. M. Kelshall
Gerhard Sandner
En cuanto a la historia de la Segunda Guerra Mundial en América Latina todavía existen muchos vacíos. Para algunos aspectos y regiones aisladas existen contribuciones sueltas y dispersas pero todavía faltan documentaciones sistemáticas a gran escala (véase p. ej. Pommerin 1977; Humphreys 1981). Uno de estos vacíos fue llenado por Kelshall. «La Guerra Submarina en el Caribe» tiene como tema principal no solamente el desarrollo de los enfrentamientos bélicos, sino también interrelaciones complejas y sus efectos, que a diferencia de un eco que lentamente se pierde todavía no han terminado. Entre estas interrelaciones y sus efectos se destacan el destino de las islas holandesas y francesas bajo diferentes ocupaciones, los conflictos socioculturales provocados por las grandes bases militares que generan una transformación de las culturas locales en las islas, y la nueva valorización de determinados espacios regionales, como también de los pasajes marítimos entre las islas bajo el punto de vista estratégico, especialmente el interés de seguridad de los Estados Unidos.
I
Quizás en primer lugar la guerra submarina en el Caribe repercutió sobre la política de seguridad de los Estados Unidos y las medidas tomadas como consecuencia de ella. Esta política siempre era fuertemente orientada hacia el Canal de Panamá como un ojo de aguja altamente sensible, pero también era determinada por la protección de las rutas de transporte marítimo con el fin de asegurar suministros estratégicamente importantes de materiales vitales (véase Sandner 1990). Con la agudización de la Guerra Fría, ante todo después de la revolución en Cuba en 1959 y el revolcón en Nicaragua en 1979, la "SLOCinterdiction-capacity" (SLOC =Sea Lanes of Ocean Communication) jugó un papel importante en el pensar estratégico a gran escala. Después de 1959 y sobre todo después de 1979, el lado norteamericano se refirió repetidamente a la especial importancia del Mar Caribe para el abastecimiento estratégico de los Estados Unidos y la OTAN en caso de conflictos bélicos (también dentro de Europa). A este respecto, se aludió varias veces a la amenaza de este suministro por parte de submarinos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, aunque generalmente de manera muy imprecisa. Enders (1982) habla de un «puñado de submarinos alemanes», sin embargo fueron casi cien los que operaban en el Caribe, por lo general en oleadas de 5 a 12 submarinos. La dimensión de la casi completa interrupción de los transportes vitales de petróleo y gasolina hacia Inglaterra y de los transportes de bauxita para la industria de aviación en Estados Unidos en 1942, generalmente no son mencionados, como tampoco la vulnerabilidad del sistema de transporte marítimo, concentrado en específicos focos estratégicos, los cuales fueron calificados por D5nitz como «nodos de transporte marítimo" (véase Donitz 1958, pág. 196) y por los americanos como «killing areas».
La sólo aparentemente escondida experiencia norteamericana a la cual pertenecieron también los errores, y la debilidades propias en 1942 y el shock que causaron las operaciones de naves de guerra enemigas en la desembocadura del Mississipi y en el alcance visual del Canal de Panamá, Guantánamo y la costa de Florida, contribuyeron a que el potencial de amenazas marítimas se convirtiera en un punto focal de la política de seguridad norteamericana. Aquí también debería buscarse el por qué los Estados Unidos tiene una posición muy crítica frente a una investigación sistemática de los enfrentamientos bélicos en el Caribe. Kelshall superó con su libro oposiciones existentes y presentó con base en un trabajo riguroso y documentos norteamericanos, británicos y alemanes un estudio sistemático que ofrece múltiples estímulos.
Gaylord Kelshall (nacido en 1940) era fundador y director del Comando de la Guardia Costera y de la División Militar de Helicópteros de Trinidad/Tobago. En 1976 se convirtió en experto de seguridad aérea y jefe de aeropuertos civiles del país. Su libro está escrito fluidamente y contiene 10 mapas (rutas de convoyes, ubicación de los submarinos en tres momentos diferentes, hundimiento de barcos y submarinos); perfiles longitudinales de las dos clases más importantes de submarinos, como también 24 fotos de bases militares, barcos y comandantes de ambos lados. El anexo contiene listas de todos los submarinos activos en el Caribe (según misiones y tonelaje hundido), de los submarinos de «mayor éxito» en total y según acciones de cada uno, de los comandantes de submarinos más importantes, de las bases en Francia, de las unidades aliadas de defensa y de las escoltas de los convoyes. Referencias bibliográficas, registros de los nombres de los barcos y un registro de materias y personas complementan la obra.
II
El 8 de diciembre de 1941, un día después del ataque aéreo masivo de los japoneses contra Pearl Harbor, los Estados Unidos declararon la guerra a las «Potencias del Eje». El 9 de diciembre el comando alemán de la Guerra marítima levantó las restricciones existentes hasta entonces en cuanto al uso de submarinos frente a la costa oriental norteamericana y el mismo día D5nitz pidió el permiso para enviar 12 naves de la clase mayor a la costa de los Estados Unidos (véase Donitz 1958, pág. 195). Sin embargo, en la primera ola de ataques, denominada «Operación Golpe de Tambor», sólo pudieron participar 6 submarinos desde sus bases francesas en la Vizcaya. Ellos atacaron el 12 de enero en el sector de la costa entre el río St. Lawrence y el Cabo Hatteras y hundieron en el lapso de tres semanas, a veces dentro del alcance visual de la costa, en total 11 buques petroleros y otros 28 barcos.
Al mismo tiempo el comando alemán de la marina de guerra preparó la «Operación Tierra Nueva» concentrada en el área del Caribe. En la noche del 15 al 16 de febrero de 1942 tres submarinos atacaron en el lapso de tres horas en el Golfo de Venezuela, en Aruba y Curazao, hundiendo barcos y haciendo fuego sobre refinerías. En la tarde del 18 de febrero otro submarino atacó enfrente de la base de la marina estadounidense de Chaguaramas en Trinidad y en los días siguientes otros dos submarinos hundieron barcos al este de Trinidad y en la región Bahamas/ Cuba, complementado por acciones de submarinos italianos al norte y oriente del arco isleño del Caribe. La primera ola provocó la interrupción inmediata de los transportes marítimos, inclusive los viajes pendulares de buques petroleros pandos especiales entre el Lago de Maracaibo y las refinerías en Aruba y Curazao. La operación duró 28 días y produjo además del bombardeo de refinerías el hundimiento de 18 buques petroleros y otros 23 barcos comerciales, además de averiar otros 7 buques petroleros y 4 barcos.
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Fig. 1: Areas de comando, focos de lucha y rutas de convoy en el Caribe. |
La «Operación Tierra Nueva» tomó a los aliados de sorpresa, a pesar de que era conocido que la gran necesidad británica de abastecimiento con petróleo, gasolina y aceite para motores diesel (2-4 buques petroleros diarios), tenía que basarse sobre todo en el Caribe y por lo mismo tenía que ser protegida masivamente. Después de la firma del «Acuerdo sobre Destructores» en marzo de 1941, con el cual los Estados Unidos entregaron 44 destructores a la flota británica y seis a la marina canadiense en compensación por el derecho de construir bases militares en Great Exuma /Bahamas, Antigua, St. Lucia, Trinidad y la Guayana Británica, empezó una ampliación de las bases militares orientada inicialmente a la defensa aérea (véase Langer 1952; Langer/Gleason 1964). Precursores del «Acuerdo sobre Destructores» fueron los convenios entre Estados Unidos y Gran Bretaña a finales de 1939 sobre la cesión de bases de la marina en Trinidad, St. Lucia y Bermuda. Dentro de este marco también estaba prevista una base como punto de apoyo para hidroaviones cerca de la posterior base de Chaguaramas en Trinidad (Mucurapo Pasture, 7 ha), pero quedó vacante como las otras bases (véase Baptiste 1976a).
La «US/Caribbean Sea Frontier» se organizó alrededor de los tres centros principales, Panamá, Puerto Rico y Trinidad; más tarde se agregó Guantánamo (véase figura 1). En Trinidad se crearon en otoño de 1941 las grandes bases Fort Reid y Waller; a principios de 1942 se amplió la base combinada de marina e hidroaviones de Chaguaramas cerca de Puerto España y poco después siguieron los aeropuertos militares en Aruba ("Dakota") y Curazao ("Hato"). El objeto principal era la lucha contra los esperados ataques y aterrizajes de los bombardeos a larga distancia, lo cual correspondió a la orientación norteamericana en la amenaza primaria de una invasión alemana con la ayuda de los colonos alemanes en América Latina, de tono opuesto a la visión británica.

