TOMO IV
Geografía humana de Colombia
Región Andina Central

Volumen III
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LOS INDIGENAS ZENUES

Susana Jaramillo
Sandra Turbay

 

A. IDENTIFICACIÓN
Gentilicios

Solo es posible rastrear el gentilicio “Zenúes” a partir de las crónicas de Indias ya que la lengua propia de este grupo étnico desapareció hace aproximadamente 200 años. Los cronistas llamaron Zenúes a los nativos que habitaban las extensas sabanas comprendidas entre los cursos medios y bajos de los ríos conocidos hoy en día como Sinú, San Jorge y Cauca.

El vocablo “Zenú” al parecer fue retomado del nombre dado por estos aborígenes al río Sinú. De igual manera, lo encontramos asociado a los nombres de las regiones en las cuales se dividía su territorio al momento de la conquista: Finzenú, Panzenú y Zenufana. La ciudad más importante y populosa también era conocida como Zenú y se localizaba en la ciénaga de Betancí en la región del Finzenú.
Desafortunadamente los documentos dejados por los españoles del Siglo XVI, correspondientes al período de la conquista no dan cuenta de la significación del vocablo “Zenú”, y la escasa información que aportan al respecto, no permite precisar si este gentilicio fue una derivación hecha por los conquistadores o si por el contrario, los nativos se llamaban a sí mismos Zenúes.

A partir de 1550 se inició el período colonial con la repartición de los indios en encomiendas. Los documentos correspondientes a este período se refieren a estos indígenas no como los Zenúes, sino con el nombre del encomendero al cual fueron asignados. Los pueblos que hacían parte de cada una de las encomiendas recibieron los nombres de los caciques directamente responsables de la entrega de los tributos a los españoles.

UBICACION DEL REGUARDO DE SAN ANDRES EN LA COSTA ATLANTICA COLOMBIANA

En la provincia de Mexión localizada en la zona central de las sabanas, se encontraban las encomiendas de Andrés Méndez, correspondientes a los pueblos de Chinú, Pinchorroy y San Andrés. El exceso de tributos, los trabajos forzados y las enfermedades traídas por los conquistadores para las cuales los indígenas no tenían defensas, provocaron la disminución rápida de la población. Por tales razones en 1610 la gobernación de Cartagena ordenó reducir las encomiendas e iniciar el proceso de creación de los resguardos de indios. Las encomiendas vecinas de San Andrés, Chinú y Pinchorroy fueron agrupadas en 1773 y con ellas se conformó el resguardo de San Andrés. Actualmente los indígenas que habitan este resguardo manejan distintos niveles de identificación, dependiendo del lugar en donde sean demandados por su identidad y la condición étnica del interlocutor; mientras más alejados estén del resguardo, más general será la categoría a la cual se adscriba el individuo.

El primer nivel de identificación es con sus apellidos, en segunda instancia con el caserío en el cual vive y con el nombre del “barrio” al cual pertenece: Chinú, San Andrés o Pinchorroy. Si se encuentra lejos del resguardo simplemente se identifica como indio de San Andrés. Otras categorías de adscripción que manejan estos indígenas son las de sabaneros y bajeros. Se consideran como pertenecientes al grupo de los sabaneros, que incluye también a los campesinos de las sabanas de Sucre y Córdoba. La categoría de los “sabaneros” es opuesta de la de “sinuanos” o individuos que habitan en las vegas del río Sinú, llamados también “bajeros”.

Diferencian también los arribanos de los bajeros. Arribanos son quienes viven en el curso alto del río Sinú y quienes viven desde Montería, capital del departamento de Córdoba, hasta la desembocadura del río. Los indígenas se incluyen dentro de los bajeros así vivan alejados del río. Las categorías de arribanos y bajeros, también son usadas en otro sentido. Arribanos serían quienes viven en la serranía en la que se encuentra Sincelejo, capital del departamento de Sucre, y en inmediaciones de los montes de María, y bajeros quienes viven en la parte llana de Sucre y Córdoba.

La categoría de “zenúes” solo ha sido introducida a partir de los encuentros con otros indígenas a nivel nacional y su uso no está muy extendido dentro del resguardo. Los mestizos que habitan la cabecera municipal de San Andrés, llaman “Cholos” o “Indios” a los nativos del resguardo; estas denominaciones tienen un carácter peyorativo, debido a los frecuentes enfrentamientos por la posesión de las tierras del resguardo. A pesar de que los pobladores cercanos a la Ciénaga Grande utilizan los mismos términos, éstos no tienen el carácter despectivo dado por los vecinos de San Andrés y por el contrario, con ello pretenden señalar las diferencias culturales existentes.

Todo parece indicar que la categoría más general con la cual se identifican estos indígenas corresponde al nombre de la encomienda de San Andrés, asignada al señor Andrés Méndez y posteriormente cuando se creó el resguardo conservó el mismo nombre.

Tres provincias Zenues en el siglo XVI 

  Localización

  Los indígenas zenúes ocupan actualmente parte de lo que fuera su territorio ancestral. Tal como lo plantean las crónicas de Indias, éste se encontraba dividido en tres grandes provincias: Finzenú, Panzenú y Zenufana. El Finzenú se localizaba en la sabana y colinas al este del río Sinú, el Panzenú entre las estribaciones de la cordillera occidental y el río Cauca, en la sabana del río San Jorge, y el Zenufana se situaba al este del Panzenú al otro lado del río Cauca.

Los estudios arqueológicos realizados en los cursos bajos de los ríos Sinú y San Jorge (Plazas, y Falchetti, 1990) han demostrado no sólo la ocupación de estas regiones por parte de quienes fueron los antepasados de los zenúes, sino el absoluto control y manejo del medio lacustre y ribereño.

A pesar de las frecuentes inundaciones a las que estaban sometidas las extensas áreas de ciénagas adyacentes a las sabanas, la población nativa encontraba grandes atractivos para asentarse en dicha zona debido a la gran riqueza y variedad de fauna, al igual que la fertilidad de sus suelos.

Muy probablemente, mediante un proceso de experimentación, se canalizaron las aguas en forma reducida y espontánea para proteger las viviendas y beneficiar los cultivos. Paulatinamente este desarrollo tecnológico acompañado de un proceso cada vez más coherente y complejo en la organización social y política dio paso a la creación y construcción de un sistema generalizado de control de aguas.

Por medio de una extensa red de canales artificiales, orientados hacia un eje mayor de drenaje localizado a lo largo del límite de las depresiones con las sabanas y atravesando de norte a sur las zonas cenagosas, las aguas se encauzaban en su búsqueda de salida al mar. Se calcula que el área cubierta por este sistema hidráulico en los cursos bajos de los ríos San Jorge y Sinú es de 500.000 y 150.000 hectáreas respectivamente y su funcionamiento perduró por espacio de 2000 años.  

Debido probablemente a una época de intensa sequía entre los 1.200 y 1.300 de nuestra era y a factores de índole socio económica, como la creciente demanda de una población en aumento, se inició una desocupación gradual de la región del bajo San Jorge, quedando en la época de la conquista española los descendientes de esta cultura en los sitios altos protegidos de las inundaciones como Ayapel en la zona media del río San Jorge y Betancí en el curso medio del río Sinú. Todo parece indicar que al momento de la llegada de los españoles, este sistema no se encontraba en funcionamiento ya que las crónicas de Indias no hacen mención de dicha obra.

Posteriormente, entre los años 1300 y 1700 después de Cristo, la depresión momposina fue ocupada por los indígenas Malibúes, quienes se establecieron principalmente en el valle del río Magdalena. (Plazas y Falchetti, 1990)

Si bien la mayor transformación del entorno físico en el proceso adaptativo de las etnias prehispánicas colombianas al medio natural, fue la construcción del sistema hidráulico para el manejo y control de las aguas en las regiones mencionadas, las sabanas de tiempos de la conquista también fueron el resultado de la ocupación zenú.
Esta transformación del paisaje se debió a la utilización de la técnica de cultivo de roza y quema de monte para la adecuación de los terrenos de labranza. Según Le Roy Gordon 1983: 59), es posible afirmar que no existían condiciones naturales que impidieran el retoño de las selvas locales. En el Siglo XVI la sabana manchada de bosque se extendía del medio y bajo Sinú hasta el Bajo Cauca, conservándose una rica y diversa flora y fauna. Después de la conquista los territorios más próximos a las ciudades españolas como Cartagena y Tolú, perdieron el bosque como consecuencia del crecimiento demográfico. Por el contrario, en los territorios situados al sur de una línea imaginaria que va desde Montería a San Marcos, el bosque se extendió sobre la sabana, debido a la disminución de la población indígena. (Le Roy Gordon, B. 1951:60).

La sabana se prolonga hoy hasta el piedemonte de los Andes y la fauna es muy pobre. Durante el Siglo XIX la desaparición del bosque fue casi total por el crecimiento de la población y el desarrollo de grandes propiedades dedicadas a la ganadería.

Es en estas sabanas en donde habitan los Zenúes actuales, en el resguardo indígena de San Andrés de Sotavento en los límites de los departamentos de Sucre y Córdoba. Grupos más pequeños de población migraron hacia Urabá y el Bajo Cauca antioqueños a partir de 1970 debido a la pérdida de las tierras por la creciente expansión y consolidación de la hacienda ganadera. Nos ocuparemos aquí de los indígenas de San Andrés de Sotavento por ser el conjunto más numeroso y representativo de este grupo étnico.

Gobernadores de las comunidades indígenas del Resguardo de San Andrés de Sotavento. 

 

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