TOMO III VOLUMEN 1  
GEOGRAFÍA HUMANA DE COLOMBIA
Región de la Orinoquia
© Derechos Reservados de Autor

(Continuación capítulo Achagua)

 

ETNOHISTORIA
Y ARQUEOLOGÍA

Lo s cronistas de los siglos XVI y XVII los mencionan como especialistas en cultivos y comercio y ejecutores de las redes de intercambio. Es posible que los campos elevados para cultivo que se han encontrado en los Llanos de Colombia y especialmente en Venezuela, hayan sido propiedad de grupos Achagua. (Morey, N., 1975, pág. xi).

La literatura también menciona que ocasionalmente su trashumancia era debida al miedo a las incursiones de los Caribe que subían por los ríos Apure y Sarare. (F. Pedro Simón en A. Méndez, op. c it., págs. 114-115). Un manuscrito—no de muy clara procedencia— se refiere el poder bélico y militar de los Achagua. No es muy definida su veracidad debido a que está fechado en 1.520, fecha en la cual ningún europeo había llegado aún a los Llanos. (Morey, N., 1975, págs. 348-351).

Este fue uno de los grupos sedentarios que logró sobrevivir (Mora, S., 1986) y tal vez por ello —conjuntamente con los Sáliba, Yaruro, Taparita— entró a formar parte de la nueva etnia llanera.
Sin embargo, por ser comerciantes, tenían especiales relalaciones también con grupos ribe que venían por el Orinoco. Los Achagua estaban localizados en el momento de la conquista en la región denominada Gran Ayrico o Ayrico —que quiere decir gran bosque— correspondiente a la zona comprendida entre los ríos Vichada y Guaviare; sin embargo, también había grupos Achagua en los Llanos de Casanare, en los Llanos de Barinas, a lo largo del río Apure y también en Barraguán (área correspondiente al Andén Orinoquense). Ocupaban las regiones aledañas a los ríos Uva, Iteviare, Vichada y Amanavení. (Morey, N., 1975, págs. 29; 38; 43; Romero, M. E., y C., 1989).
Inclusive se llegaron a identificar grupos que hablaban la lengua Achagua en el río Ariari, como es el caso de los Churroya. (Morey, op. cit., pág. 42).

Mujeres rallando yuca, Humapo, Meta, 1992

 

Los Achagua estaban divididos en subgrupos que ocupaban las regiones desde el Apure hasta el Guaviare, en más de sesenta villas o asentamientos que tomaban distintos nombres locales: i.e. Amarizanos, Catarubenes, Onocutare. Los asentamientos eran a a manera de villas nucleadas, organizadas patrilinealmente, distanciadas unos dos a cuatro kilómetros aproximadamente entre cada una de ellas. Las regiones tenían nombres de animales; así por ejemplo, Amanzano (culebra); Isirriberrenay (murciélago); Guarruberrenay (lora). Los distintos grupos que hablaban Achagua tenían dominio, relación e influencia sobre un río: por ejemplo, los Amanzano ocupaban el espacio comprendido entre los ríos Uva e Iteviare al norte del río Guaviare. (Morey, N., op. cit, págs. 122-127). Era pues un grupo de amplia dispersión por los Llanos del Orinoco.

De todas formas, la nación Achagua era, en el momento de la conquista, bastante numerosa e importante en los Llanos.

“La nación Achagua ha sido la más numerosa de cuantas pueblan estas comarcas y también la más ajada y perseguida de todas, siendo su docilidad y mansedumbre el sebo de la insolencia de las otras”.
Más de veinte naciones o provincias contaban los Achaguas bajo un mismo idioma, si bien había, y aún hay ahora, algunas diferencias como las que existen en Castilla entre portugueses, gallegos, asturianos y otros”.
(Rivero, J . loc. cit.)

Aunque hay muchos subgrupos Achagua identificados en las fuentes etnohistónicas, y algunos que han sido tentativamente identificados como Acha gua, estos son los subgrupos villas Achagua que probablemen te existieron:
 
Amarizanos                                     Guarruberrenayos
Atarruberrenais                                 Issirriberrenais
Atarutaquiris                                    Juadevenuis (Guadavenis)
Aycubarrrenais                                  Maguaris
Aycuvataqueres                               Majurribitas
Barrias                                            Marraiberrenais
Berichen                                          Mazata
Cajuanacenis (?)                               Manuberrenais
Catarubenes                                     Mugirris (?)
Chanapes (?)                                    Murriberrenais
Charaberrenais                                   Onocutare
Chevades                                         Pizzarva (?)
Chichaytaquiri (?)                              Quenabenís
Chubacanamis                                   Quirasivenis
Chubuave                                         Quirichanies
Churruibenes                                     Quiriquiripas (?)
Cuchicavas                                       Quirrubas   (Quirrúpa, Kirrúpa,
                                                      Quirruva, Chirrupe) (?)
Curicurivenis                                      Ubabas
Curruau                                             Ucataquerris
Duberretaquerris                                Univerrenais
Emataquiris (?)                                  Verraliberrenais
Ereretaquires (?)                                Yurreda
Guachurribenenais                             (Morey, N., op. c it, pág. 191).  

Tanto los Achagua de los siglos XVI y XVII, como los grupos indígenas actuales, dependían enormemente de las épocas de invierno y verano: por ejemplo, como no podían pescar en invierno, consumían caimán, tortuga y cazaban el manatí. Cultivaban yuca, casabe, maíz, ají, y el maíz de dos meses llamado mapito. Además tenían frutales como piña, palmas diversas, caña de azúcar y achiote. (Mora, S.,op. cit., págs. 89-91). Cultivaban cañas para hacer cuchillas de afeitar, comerciaban yopo, sacaban fibras de la palma Quitebe para tejer y extraían fibras y frutas de otras palmas como abay, y cunama. Cazaban güíos, dantas, iguanas, babillas. (Mora, S., op. cit., pág. 91).
La especialidad de los Achagua entre muchas otras, era la elaboración de la Quiripa o Quirripa, moneda de sartas de conchas que ellos elaboraban y que era utilizada a manera de intercambio. (Morey, N., op.ci t, pág. xi).

Cerniendo la harina de yuca, Humapo, Meta, 1992

La Quiripa no solamente tenía valor comercial sino que la posesión de cuentas de esas conchas ensartadas era símbolo de prestigio y de riqueza. Intercambiaban con los Caribe: hachas y otras herramientas que vendían a los Achagua a trueque de Qui ri pa.

Comerciaban —entre otros productos— ollas de cerámica, pájaros, miel, perros mudos y aceite de huevos de tortuga, productos que llegaban tan lejos como al altiplano de Bogotá donde los Muisca. (Romero, M. E. y C., 1989, págs. 101-102). Cultivaban el barbasco (Piscida erythina) que comerciaban con otros grupos. Los cronistas los describen como los mejores cultivadores de todos. Cultivaban maíz, yuca, guayaba, onoto, pimiento, piña, caña, palmas, yuca dulce; utilizaban los frutos de diversas palmas y tenían formas especiales de cultivo y arreglo de los conucos. Junto con los Sáliba fueron los “cultivadores más diligentes de los Llanos.” (Morey, N., op. cit, pág. 53).

Vivían en asentamientos de pequeños bohíos o caneyes, en grupos de unas 500 personas. (Mora, S., op. cit., pág. 95). El territorio Achagua comenzó a disminuir a partir del siglo XVIII “debido a los efectos directos e indirectos del contacto”. Los Achagua buscaron la protección en las misiones de los Jesuitas.

Fuese por su relación con las misiones y hatos de los jesuitas, por su característica más “cosmopolita” de comerciantes viajeros o por una conjunción de estos factores, todo parece indicar que fue este grupo el que vino a formar la base de la etnia llanera, como ya se afirmo, cuando se asimilaron como mano de obra en los hatos, misiones y pueblos.

“Los Achagna aprendieron pronto las ventajas de los caballos para ir de cacería; y cuando se introdujo el ganado, muchos grupos utilizaron caballos para pastorear el ganado que conseguían de las misiones, o que robaban”.
(el subrayado es nuestro).
(Morey, N., op. cit. , pág. 56).

Con la llegada de los conquistadores a los Llanos del Orinoco, penetró la gripe, la viruela, el sarampión —entre otras enfermedades— y el sistema de esclavitud. Los cronistas del Llano —especialmente en lo que se refiere a los Llanos de Colombia los padres José Gumilla y Juan Rivero— han dejado el testimonio del tipo de relaciones iniciales entre Achaguas y españoles:

“Dividido su gobierno con el de don Martín de Mendoza, encomendero de Casanare, dióle don Martín el titulo de Capitán General y quedóse el Cura con el de Gobernador. Edificaron un castillo a dos jornadas del río Casanare y a tres del río Meta, en medio de dos poblados Achagua y desde él hacían algunas invasiones contra los miserables indios quienes horrorizados del señor misionero gobernador, se hubieron de retirar tierra adentro”.
(Rivero, J., 1956, pág. 19).

La invasión del Llano se manifiesta en estas crónicas en toda su crudeza:

“Hacia el año 1606 el capitán Alonso Jiménez entró por el río Meta con toda su infantería. Los Achagua salieron de paz a recibirlo —más de 4.000 indios con sus caciques y capitanes se presentaron— con aquél agrado y afabilidad natural en esa nación”.

Lo que sucedió despues, simplemente nos deja desconcertados:

“Jiménez mandó hacer una iglesia grande, los invitó a rezar y aprender la doctrina.., cerró las puertas y ordenó un ataque...”.
(Rivero, J., lo c . c it ) .

 

SEGUIR AL SIGUIENTE CAPÍTULO

REGRESAR AL ÍNDICE  




Comentarios () | Comente | Comparta c