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CAPITULO
I
El grupo
indígena Awa-cuaiquer
Coneado Benhur
Cerón Solarte,
Es profesor de la universidad de Nariño,
Colombia. Con título de Maestría de Artes en Geografía conferido por la
universidad del Estado de San diego, California y el de Especialista en Desarrollo de
Areas Amazónicas, otorgado por el Núcleo de Altos Estudios Amazónicos de la Universidad
Federal de Pará, Belén, Brasil. Ha participado en numerosos encuentros
seminarios, foros, conferencias y reuniones sobre temas de su especialdidad e
interés. Frecuentemente dicta conferencias y charlas en centros de educación
superior, principalmente sobre aspectos del grupo AWA-CUAIQUER. Recientemente ha
dirigido cursos y talleres sobre Teoría y Métodos de Geografía, Problemas de la
Geografía contemporánea y Geografía Regional Andina. Este último ofrecido a
maestros y esudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de mexico. Entre otras
investigaciones ha publicado más de una docena referentes al grupo AWA-CUAIQUER
DENOMINACION DEL
GRUPO
El grupo aparece
mencionado como Coaiquer y Cuaiquer por los españoles, quienes lo denominaron así por
poblar lugares aledaños a este río; posteriormente algunos investigadores, entre ellos
Lehmann y Aragón, le dieron la fonética inglesa Kwaiker y Kwayker. Ellos se
autodenominan Awa, que en su lengua (AWA PIT) significa gente; agregan la palabra
INKAL, que quiere decir montaña; o sea gente de la montaña. Dado que
el grupo es tradicionalmente conocido como CUAIQUER y el nombre de AWA no está difundido,
hemos optado por referirnos a él con los dos nombres para evitar confusión en los
lectores, por las referencias bibliográficas que indistintamente los emplean.
UBICACION
Los Awa-cuaiquer están
dispersos en múltiples asentamientos que cubren alrededor de 500.000 hectáreas,
desde el pie de monte cordillerano hasta los 1.800 metros de altura. Se extienden a partir
del río Telembí, en Colombia, y llegan al noroccidente de la República del Ecuador.
FAMILIA LINGÜÍSTICA
Los Awa-cuaiquer
pertenecen a la familia lingüística Chibcha y algunos investigadores asumen que es el
único vestigio actual de la lengua Pasto (Jijón y Caamaño 1940: 197; 1940 A: 152-234;
1951: 725) (Paz y Miño 1940: 137-162). No obstante, Sergio Elías Ortiz (1938:107; 1937:
24-33; 1954:19-35; 1965: 303) y Lehmann (1949: 80) plantean una vinculación de esta
lengua con Mesoamérica, en tanto que existe una relación directa con la cultura Tumaco,
de lo cual no hay duda y se demuestra con las evidencias arqueológicas y etnográficas en
numerosos trabajos. Esa hipótesis continúa vigente y aunque no existen evidencias
lingüísticas se ha establecido una estrecha asociación etnográfica entre Colorados,
Cayapas (Ecuador) y los Awa-cuaiquer con grupos centroamericanos; reviviendo viejas
teorías de Paul Rivet (1904: 145-148; 1924:1-59) y Lehmann (1949: 67-89; 1964: 255-270)
se establece que todo el litoral Pacífico fue poblado por una sola cultura, cuyos
orígenes están en alguna zona de la América Central.
DEMOGRAFIA
No hay acuerdo entre los
investigadores en lo que respecta al número de indígenas Awa-cuaiquer, lo cual se debe a
la dispersión de la población en un área aproximada de 500.000 Has., asentada, por lo
general, en áreas de difícil acceso, a lo que se suma la dificultad de establecer
diálogos con los indígenas. Ortiz (1937: 25) calculó 2.000 indígenas en 1936 y West
(1957: 96) coincidió con este número. Lehmann (1964: 258-259) calculó 3.000. Osborn
(1970: 594) estima una población de 3.500 individuos. Aragón (1974: 42-44) hace
referencia a 6.500 personas.
Osborn de nuevo en 1986
(19) plantea un total de 12.000 indígenas; cifras que conducen a pensar en un incremento
de la población. En nuestras investigaciones (Cerón 1988:17), contabilizando 54
asentamientos de mayor población indígena en las cuencas de los ríos San Juan, Cungupi,
Nulpe, Vegas, Güiza, Ramos, Gualcalá y Mira suman 4.366 habitantes que corresponden al
60% del total, pues no se incluyen las cabeceras de los ríos Telembí, Rosario y
Mexicano.
Es decir, la población
indígena Awa-cuaiquer en Colombia sería de unas 7.276 personas y una densidad de 1.8
Hab/km2.
En la República del Ecuador, según datos de Carrasco (1984: 9), hay 951 indígenas,
para un total de 8.227 en los dos países.
RESEÑA
HISTORICA Y SITUACION ACTUAL
Poco se sabe de los
indígenas de la costa del Pacífico de Nariño en el momento de la conquista. Se presume
la existencia de grupos dispersos con rasgos culturales homogéneos que respondían a un
proceso similar de adaptación al ecosistema de la selva pluvial tropical. Los
conquistadores los llamaron a todos Barbacoas, por el estilo de las viviendas, pero
distinguen 4 grupos principales, con denominaciones de los ríos donde habitaban:
Sindaguas, Telembíes, Barbacoas e Iscuandés. Estos grupos realizaban largos viajes para
intercambiar mercancías; por mar, recorrían la costa hasta el Ecuador y Perú; hacia el
interior trocaban sal por los productos de tierra fría (Romoli 1963:285). El primer contacto de los
epañoles en la costa se realizó alrededor de 1525, cuando las huestes de Pizarro en su
trayecto entre Panamá y Perú se establecieron en la isla Gorgona y la isla del Gallo
frente a Tumaco, a fin de abastecer provisiones y reparar embarcaciones (Díaz del
Castillo 1928: 101-189). Este proceso se afianzó
mediante la fundación de pueblos tales como Santa Bárbara, puerto de la isla del Gallo y
la Villa de Compostela en el continente, Valle de Saija (1534). Dichas fundaciones, que
consistían en fuertes militares, tuvieron corta vida por las dificultades de
aprovisionamiento, clima malsano y la capacidad militar de los indígenas (Sañudo 1939:
5; Ortiz 1965: 303), quienes se organizaban para las operaciones de guerra. Además de los
4 grupos antes mencionados, existían otros pequeños confederados como los Cochua,
Pichilimbí, Cuxlex, Pus y Puscajaes (Ortiz 1938:54). Según un documento del siglo XVII,
West (1957: 95) menciona otros grupos entre ellos los Nulpes, Panga, Guelmanbi, Cuasminga,
Chupa, Guapi y Boya, los cuales, se anota, hablaban dialectos poco diferenciados de una
lengua común en la región. Otros relatos mencionan a los Nulpes, Pialapies, Coaiqueres,
Puntales y Mayasqueres, habitantes de las partes altas en los ríos del mismo nombre
(Jijón y Caamaño 1940: 56). Dada la ponderación con
que los cronistas y misioneros describen la abundancia de oro que los indios utilizaban en
sus utensilios, armas y herramientas (Márquez 1924:297), el área fue objeto de
diversas incursiones, entre ellas la de las tropas de Almagro por la costa ecuatoriana;
otros vinieron desde Popayán siguiendo el curso del río Patía y las expediciones de
Belalcázar procedentes de Quito. De otra parte, también se encuentran referencias de
personas negras que al fugarse de los fuertes militares y barcos que anclaban cerca
llegaban a la costa. Estos episodios culminaron con la fundación de Esmeraldas (Ecuador)
en 1580, Madrigales en 1582 y Barbacoas en 1607, en territorios de los indios Sindaguas. La penetración española
desde la sierra fue persuadida por los misioneros, quienes facilitaron el establecimiento
de encomiendas a lo largo del río Mayasquer (hoy río San Juan), donde se fundaron los
caseríos de Mayasquer, Santos de Hutal (hoy Untal), Santiago de Chical, Natividad de
Nuestra Señora de Quinrul. Se afirma que en estos reductos había más de 600 indígenas
en 1601, bajo la tutela de los padres Mercedarios que tenían su sede en Quito (Mejía
1961: 242; Jijón y Caamaño 1940: 146). A su vez, a lo largo del río Cuaiquer (hoy río
Güiza) se establecieron encomiendas y el caserío más importante era Mallama (hoy
Piedrancha), famoso por las explotaciones de oro de socavón y de aluvión. Dada la
urgente necesidad de fuerza de trabajo, los indígenas fueron trasladados a áreas
estratégicas; de esta manera eran traídos desde la costa a poblar zonas mineras en la
parte más alta, entre las que se destaca el pueblo de Asunción de Nuestra Señora de
Coaiquer (Mejía 1961: 319; Jijón y Caamaño 1940: 146). Este poblado, que actualmente se
llama Cuaiquer Viejo, se convirtió en centro de adoctrinamiento de los misioneros
Mercedarios y población de los Awacuaiquer en esa época, importante por ser el encuentro
de los caminos que de Quito, Tulcán y Túquerres conducían a Barbacoas. Aquí la fuerza
de trabajo indígena era más útil, ya que además de las labores mineras se empleaban en
el transporte de carga y de personas.
Este centro poblacional
indígena fue creado por los españoles, compuesto por personas procedentes de diferentes
áreas, principalmente de Barbacoas, como se deduce de los siguientes documentos.
En la revisión del
expediente sobre el proceso seguido a los aborígenes Sindaguas en 1635 (A.G.I. Quito,
legajo 16, en Cerón 1987: 176-193) algunos de sus apellidos corresponden a los que tienen
los Awacuaiquer. Los 8 apellidos tradicionales en este grupo son Nastacuas, Bisbicuz,
Cuasalusán, Guanga, Pascal, Canticuz, Pai y Taicuz. Los tres últimos aparecen idénticos
en el expediente mencionado; otros tienen pequeñas diferencias que pueden ser resultado
de errores de los escribientes o de modificaciones fonéticas posteriores, por
ejemplo:Tambicuz, Candicuz, Puisbicuz, etc.
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Paisaje de la zona
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Lehmann (1949: 67-69; 1964:225-270) recolectó un amplio vocabulario Awa-cuaiquer que
comparó con la lengua Sindagua y estableció que la lengua de los Awa-cuaiquer es el
único remanente de la Sindagua.
Márquez (1949:
266), a partir de lo que quedaba del vocabulario Sindagua, encontró grandes similitudes
con el "awa-pit". Menciona que la misma palabra Sindagua, tiene al final AGUA o
AWA, que en las dos lenguas significa gente.
Los apellidos Pai y
"Cuaxalusán" también aparecen en los nombres relacionados por Lehmann
(1946:230) en la región de Tumaco en el siglo XVIII.
Romoli (1963: 271)
establece que en los archivos (ACC sig. 2940), el cacique de Barbacoas en 1720 era de
apellido Cambicuz; igualmente (1963: 281) se encuentra que el apellido Guanga, registrado
como Guangaircalcho, aparece entre los indígenas Boya, quienes habitaban áreas cercanas
al Cauca.
El apellido Guanga
igualmente lo encontramos anotado en los registros de las parroquias de Mayasquer en 1809,
1821, 1837 y 1843 en el libro de Arteaga (1910: 10-11).
El padre Mejía (1961:
329-348), en su relación histórica sobre las parroquias de Nariño, establece nombres de
feligreses y relatos de los párrocos desde el siglo pasado; se destacan los Canticuz a lo
largo del río Mayasquer (hoy San Juan, límite con el Ecuador) y el apellido Cuaiquer en
la región andina de Muellamués, municipio de Guachucal.
El traslado de la
población indígena se evidencia también en lugares aledaños, con presencia de
encomiendas, tal es el caso de Barbacoas, donde a pesar de la mayor densidad de
población, había escasez de fuerza de trabajo. Según Romoli (1963: 272), de los 303
súbditos del cacique Cambicuz en 1720, 61 eran de origen Banba, además habían Boyas,
Chupas, Guapis y Puscajaes, quienes fueron llevados a encomiendas de Yascual en la parte
alta andina, muy alejados de su lugar de origen. Otro documento mencionado por Romoli
(1963: 282) asegura que en 1720 las encomiendas de los Boya y Chupa sólo tenían 19
indios, de los cuales 4 fueron trasladados a Barbacoas por su encomendero.
Es así como los
indígenas que habitaban en "Asunción de Nuestra Señora de Cuaiquer"
procedían de diversos lugares; en estos grupos fueron comunes las alianzas matrimoniales,
lo cual propició un alto grado de fusión de los mismos, hecho que hace comprensible el
origen de sus actuales apellidos, los que van desde Tumaco a los Andes y desde el Ecuador
hasta el límite con el Cauca. De hecho, por los apellidos y el vocabulario se deduce que
los Awa-cuaiquer tienen una relación directa con los Sindaguas.
Después del proceso
seguido a los Sindaguas se asume que la región queda pacificada y Barbacoas se yergue
como el centro minero más importante del Sur de Colombia. En 1788 aún se registraban
grupos grandes de indígenas a lo largo del río Telembí, especialmente en San José de
Ispí (Friedemann 1974: 2). Como es de suponer, los indígenas fueron sometidos a un
arbitrario proceso de explotación; prueba de ello son algunas denuncias del cacique de
Cuaiquer, Lorenzo Quenchuan, contra Alejandro Maldonado, administrador de la encomienda de
don Nicolás de Gaviria (A.N.H. Quito caja No. 7 referente a los años 1678-1681; Cerón
1988: 217-218).
Estos hechos
paulatinamente provocaron el despoblamiento de los asentamientos de indígenas, quienes se
trasladaron a lugares distantes e inaccesibles. Tal tendencia se acentuó durante las
guerras de independencia, cuando el área se convirtió en centro de operaciones militares
que pretendían adueñarse de las existencias de oro, a fin de financiar los gastos de la
guerra. Los movimientos poblacionales se agudizaron alrededor de 1850 por la abolición de
la esclavitud, y muchos centros mineros se desintegraron; entonces los negros libres se
dispersaron por las orillas de los ríos, mientras que los indios se replegaron hacia las
colinas, como resultado de un ajuste competitivo en la ocupación del espacio.
A partir de la segunda
mitad del siglo XIX en Barbacoas se establecieron familias de la alta sociedad de los
Andes y por tanto se empezó a gestionar la construcción de una vía entre este puerto y
Túquerres, de donde procedía toda la producción agropecuaria destinada a sostener la
economía minera. Documentos de la época relatan que el oro se apostaba hasta por libras
en las mesas de juego (Caviedes 1951: 66) y Barbacoas era considerado un emporio de
riqueza que dio origen a una incipiente burguesía beneficiaria del comercio y las minas.
La construcción del
camino se autorizó mediante ordenanza No. 14, de noviembre de 1856. No obstante, por las
dificultades presentadas en la obra debió encargarse a una compañía inglesa en 1878,
que fue colmada de incentivos para adelantar el trabajo. El 10 de agosto de 1881 llegaron
los primeros caballos a Barbacoas, multiplicando así el comercio y dando lugar a un
proceso violento de reorganización del espacío geográfico en la región, lo cual
afectó directamente a los indígenas Awa-cuaiquer (Gutiérrez 1920: en Cerón 1988: 226).
En primer lugar, el nuevo
camino se construyó por la margen derecha del río Güiza; de esta manera aparecieron
nuevos caseríos frente a los que ya existían, paralelos a San Isidro, San Miguel, a San
Pablo, Ricaurte; a Cuaiquer Viejo, Cuaiquer Nuevo. En la actualidad aún domina la
población blanca de este lado, mientras que los asentamientos indígenas quedaron en la
margen izquierda del río y del camino.
De otra parte, por
disposición gubernamental se estimuló el poblamiento, se otorgaron tierras baldías a
los colonos y a lo largo del camino se construyeron tambos que dieron lugar a otros
asentamientos.
Como consecuencia, los
indígenas Awa-cuaiquer fueron sometidos a un proceso violento de expropiación, maltrato
y obligados a colaborar en la construcción del mencionado camino, tanto que Andrée en
1882 (1833: 334) sólo contabilizó unos 300 a lo largo del río Telembí. El área de
mayor poblamiento Awa-cuaiquer entre Mallama y Altaquer se vio envuelta en una dinámica
actividad que se materializó en un poblamiento lineal e ininterrumpido por más de 30
kilómetros; así, Ricaurte, mediante ordenanza No. 22 de 1881, se convirtió en
municipalidad de Barbacoas (Zarama 1927: 124).
Los hechos mencionados
conducen a afirmar que la segunda mitad del siglo XIX coincide con la primera migración
masiva de indígenas, quienes se dirigieron a zonas inhabitadas en la frontera del
Ecuador. Investigaciones realizadas en ese país coinciden en afirmar que las primeras
familias de apellido Taicus y Pai que poblaron San Marcos llegaron de Colombia, alrededor
de 1860 (Carrasco 1984: 6). En el siglo XX paulatinamente la sociedad nacional se fue
transformando en mayoritaria, al tiempo que los indígenas quedaron como minorías
étnicas en su propio territorio. Son abundantes los testimonios que denotan el
menosprecio por las manifestaciones culturales indígenas, incluso la palabra cuaiquer se
utilizaba como insulto (Miranda 1935: 42). A su vez, la evangelización censuraba con
rudeza las manifestaciones espirituales de los indígenas en las que siempre veían
actitudes pecaminosas e inmorales (Pereira 1919: 267).
A partir de ese momento,
los Awa-cuaiquer se diferencian en tres grupos según el grado de integración a la
cultura mestiza. En la actualidad estas áreas de ocupación son claramente definidas; no
obstante, los límites de las mismas son dinámicos y pueden modificarse vertiginosamente,
en especial en la llanura del Pacífico, donde se registra un incremento acelerado de los
cultivos agroindustriales.
El primer grupo constituye
el 20% de los indígenas, quienes se encuentran vinculados permanentemente a labores del
campo en lugares poblados por campesinos. El porcentaje más alto de ellos se concentra en
la margen izquierda del río Güiza, entre Cuaiquer Viejo y Altaquer. Con raras
excepciones, ocupan el estrato más bajo de la sociedad, aunque conservan pequeñas
parcelas en los límites de las fincas y la montaña. En estas circunstancias no hablan
lengua Awa Pit y han olvidado las expresiones de la cultura indígena. Su vida transcurre
en forma similar a los campesinos parcelarios; es decir, su reproducción sociocultural
depende de recursos que no están bajo su control y por tanto las alternativas de
desarrollo no tienen respuesta en el marco de la cultura indígena.
Alrededor de 50% de la
población mantiene una relación intermitente pero regular con los campesinos. Depende en
alto porcentaje del mercado y de la venta de su fuerza de trabajo. O sea, su reproducción
social, cultural y material parcialmente obedece a referentes externos; no obstante, al
interior del grupo conservan el control de recursos culturales propios, especialmente las
personas de mayor edad. Su desplazamiento a las cuencas del Vegas, Ramos y Gualcalá
alrededor de 1930, se debe a la construcción del ferrocarril a Tumaco y a la carretera,
obras que dinamizaron la colonización y comercialización de tierras. posteriormente, la
crisis agraria de Nariño a finales de los 50 contribuyó a la ubicación de estos
indígenas hacia las zonas bajas. En la actualidad residen además en lugares próximos a
Las Cruces, Buenavista, río Yacula (carretera a Barbacoas), Ramos y Gualcalá (cabecera
del río Telembí), en lugares aledaños al Diviso (carretera a Tumaco). En la región de
terrazas y colinas bajas de la llanura del Pacífico, se encuentran al norte y sur de la
Guayacana, es decir en los ríos Rosario y Albí respectivamente; también al norte y sur
de Llorente, especialmente en el río Mira.
Finalmente, 30% de los
indígenas Awa-cuaiquer subsisten en áreas de difícil acceso y distantes de los
poblados. Ellos se concentran en las cuencas de los ríos San Juan, Cungupí (límite con
el Ecuador) y Nulpe. Hacia Barbacoas están ubicados en las cabeceras del río Telembí a
partir de la confluencia de los ríos Cristal y Blanco.
Como es de suponer, en
esta área el indígena se encuentra desligado de un contacto permanente con la cultura
mestiza, por consiguiente tiene gran flexibilidad frente al mercado, que le permite alto
grado de autonomía, de control de su cultura y de sus propios recursos. Es decir, su
reproducción como grupo depende de referentes internos, lo que posibilita acercarnos a
las expresiones culturales, usos y costumbres ancestrales.
Deseamos enfatizar que en
el presente trabajo hacemos referencia a los dos grupos indígenas que conservan aspectos
culturales auténticos, con énfasis en el tercero, gracias a la investigación
participativa que por muchos años hemos realizado en áreas del río San Juan (la
Babosa), río Nulpe (Nulpe Medio y Telpí) y en el río Ramos véase la
bibliografía.
EL ENTORNO
FÍSICO
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Vista panorámica de la
selva pluvial
tropical
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La selva pluvial del
Pacífico se encuentra ubicada entre los trópicos, razón por la cual adquiere cierta
regularidad climática, dada la constante radiación solar, reducida variación en la
temperatura y permanente humedad, factores que en conjunto permiten la meteorización
química de los minerales y la rápida descomposición de la materia orgánica, lo cual
genera un ambiente óptimo para el desarrollo de una gran diversidad biológica.
En la selva del Pacífico
las lluvias dependen de la circulación de vientos entre el mar y los Andes, por tanto, la
precipitación tiene origen orográfico, causada por el descenso de la temperatura al
aumentar la condensación de las nubes que ascienden por la cordillera. La región más
lluviosa corresponde a la franja de colinas a 500 metros sobre el nivel del mar con una
precipitación de 8.000 mm. anuales. Esta condición convierte a la zona en una de las
más lluviosas del mundo, pues nunca hay 15 días continuos sin lluvia (Cerón 1983: 13).
Aunque alrededor del 70%
del total de lluvias son producidas por la influencia marina, también es significante la
lluvia originada como consecuencia de la evapotranspiración de la vegetación, ya que el
follaje intercepta el agua caída y luego se evapora y vuelve a precipitarse cuando baja
la temperatura. De esta manera se establece un régimen de lluvias vespertinas y nocturnas
con mañanas soleadas y despejadas.
En estas condiciones, el
agua caída es mayor que la que se pierde en evapotranspiración y filtración, por tanto
son numerosas las corrientes y ríos caudalosos que han erosionado el terreno en cañones
profundos y modelado un paisaje arrugado, fuertemente disectado.
Dada la característica de
permanente humedad, los suelos corresponden a oxisoles, que por estar sometidos a un
constante lavado, han perdido los materiales solubles basificantes, y adquieren como
particularidad la acidez, la presencia de aluminio tóxico, bajas reservas de potasio,
alta fijación de fósforo y baja capacidad de intercambio, que los hace desfavorables
para los cultivos. En el piedemonte donde existen terrazas de origen marino y otras
formadas por material erodado, las condiciones de los suelos mejoran (Cerón 1983: 15).
En circunstancias
climáticas tan rigurosas y extremas, la presencia de la selva solamente se explica
mediante un proceso de adaptación de la vegetación y el sistema radicular para captar en
forma rápida y en una transferencia directa los nutrientes que proceden del polvo y la
lluvia. Estas consideraciones sostienen la hipótesis de que la selva pluvial no se regula
a partir de los nutrientes de la fase mineral del suelo, sino del reciclaje de los
nutrientes contenidos en la biomasa del bosque (fase orgánica); así, los minerales de
los suelos selváticos no permanecen sueltos, sino incorporados a los seres vivos. De otra
parte, la alta temperatura acelera el ciclo de la materia y energía y se crea un circuito
casi cerrado en el que la pérdida de minerales es mínima. En síntesis, la selva es el
resultado de una centenaria acumulación de pequeñas cantidades de minerales y
substancias orgánicas que deja cada aguacero (Mejía 1987: 101). Según datos obtenidos
en la Amazonia, el 75% del potasio, 40% del magnesio y 25% del fósforo captado por las
plantas procede de la lluvia (Meggers 1981: 34).
Este hecho demuestra la
vital importancia de la vegetación, cuyas funciones van más allá de determinar el ciclo
hidrológico para intervenir en la regeneración de la fertilidad de los suelos a través
de la producción de materia orgánica, además la cobertura vegetal protege al suelo de
la radiación solar, disminuye la erosión y crea un microclima que sirve de hábitat a la
fauna terrestre. Todos estos procesos se realizan mejor cuando más densa y alta es la
vegetación.
Merece especial atención
en la selva pluvial la riqueza biológica, aunque no existe predominio de una especie en
particular; por el contrario, la selva se caracteriza por la cantidad de especies raras
representadas por escasos individuos; por ejemplo, en una hectárea de bosque natural
existe gran diversidad de árboles, pero resulta difícil hallar media docena del mismo
tipo, excepto en las selvas secundarias, que aparecen dominadas por especies
colonizadoras.
Otra característica
común es la estratificación vertical, compuesta por árboles de altura similar,
genéticamente fijada; también aparecen las raíces tabulares de los grandes árboles y
las raíces adventicias de las palmas, las flores que salen directamente del tronco
(cauliflor) y sobre todo la profusión de epífitas, junto con la presencia de musgos,
helechos y araceas. Son abundantes las palmas, de las cuales existen unas 60 especies;
además 8 de las 10 subfamilias que se conocen, están presentes en la región del
Pacífico (Anderson 1989).
El alto grado de endemismo
puede explicarse mediante la teoría de los refugios del pleistoceno, cual plantea el
efecto del clima seco típico de las glaciaciones que determinó la desaparición de las
selvas, excepto pequeñas manchas donde persistía la humedad. Al recuperarse las
condiciones climáticas, la selva volvió a restaurarse, fenómeno que se repitió varias
veces con diferente intensidad, lo cual condujo a la rápida diferenciación de fauna y
flora, ya que el aislamiento geográfico se convirtió en mecanismo eficiente para el
desarrollo de especies nuevas. De ahí, para reconocer un antiguo refugio selvático, hay
que partir de un centro con alto grado de endemismo, es decir, de un centro de difusión
de especies con alta pluviosidad.
Haffer (1979: 39)
establece 9 zonas como antiguos refugios en Suramérica; Prance 16 (en Domínguez 1979:
21); en los dos casos se destaca el área del Pacífico, desde el Chocó al Ecuador. La
posibilidad de una relación entre el refugio del Chocó y la región de los indígenas
Awa-cuaiquer la plantean Thomsen (1986:35-36) y Gentry (1981:112-131), quienes afirman que
el río Palenque (Ecuador) contiene lo que hasta ahora sería el número más alto de
especies de plantas por unidad de área. En esta región, más que en ninguna otra parte
de Suramérica, hay indicadores de 2 ó 3 centros de endemismo, donde muchas especies
estan amenazadas de extinción. Un ejemplo es la caoba (Caryodaphnopsis theobromifolia),
una lauracea de la cual quizás solamente existen 8 individuos. En esta misma área se han
observado especies aún más raras, con un solo individuo conocido (Thomsen 1986: 36).
Cantillo (1989) expresa
que según investigaciones de la FES (Fundación para la Educación Superior) en la
reserva natural de la Planada (corregimiento de Chucunés, municipio de Piedrancha) 45
especies de aves son endémicas y de las 70 especies de anfibios que allí existen, 8 son
nuevas para la ciencia.
Un aspecto importante para
destacar dentro de la estructura trófica de la selva pluvial es la baja densidad de la
fauna como mecanismo regulador del ecosistema. Se trata de bosques con vegetación
voluminosa, pero de escaso valor proteico y nutritivo. Aunque esta característica no
afecta el ciclo vegetal, tiene implicaciones en la fauna, que adquiere como
particularidades la máxima dispersión, el desarrollo de hábitos solitarios y tamaño
pequeño del cuerpo. De esta manera se logra un extenso territorio por individuo, a pesar
de las pequeñas porciones de alimentos requeridos; obviamente, el espacio que requiere un
animal crece con su tamaño y si se trata de un depredador, es mucho mayor; por ejemplo un
tigrillo necesita mil hectáreas de selva como espacio vital y un jaguar 10 veces más
(Mejía 1987: 113). Los moluscos también son escasos debido a la pobreza geoquímica de
los suelos.
A diferencia de lo
anterior, la elevada temperatura, alta precipitación, abundante biomasa vegetal y materia
orgánica muerta, configuran un ambiente ideal para la proliferación de insectos. Es
exuberante la presencia de artrópodos, al igual que los insectos sociales, especialmente
hormigas, razón por la cual la fauna abundante corresponde a los más arcaicos comedores
de insectos. Este fenómeno se explica teniendo en cuenta que Suramérica permaneció
aislada por más de 60 millones de años, cuando el istmo centroamericano se hundió; así
permaneció durante la mayor parte de la era terciaria (eoceno, mioceno y mitad inferior
del plioceno) (Gilmore 1987: 189-193). De tal suerte, los animales que penetraron
inicialmente se desarrollaron sin la presión de competidores, por tanto no necesitaron
evolucionar y conservaron su apariencia primitiva. La llegada de animales predadores data
de 3 ó 4 millones de años, cuando a finales del terciario y comienzos del cuaternario
(plioceno) se estableció de nuevo el contacto terrestre con América del Norte. Este
choque causó catástrofes en el equilibrio establecido y las especies existentes
inicialmente debieron volverse arborícoras y nocturnas para sobrevivir, por esta razón
en las selvas suramericanas, más que en ninguna otra parte del mundo, se favoreció el
desarrollo de animales de cola prensil y los ojos brotados, los que por lo general son
endémicos.
Entre las especies más
conocidas están: marsupiales (Didelphis marsupialis: raposa zarigüeya; Chironectes
minimus: raposa de agua). Desdentados (Cyclopes didactylus: oso hormiguero; Mynnecophaga
tridactyla: oso hormiguero gigante y oso palmero; Tamandua tetradactyla:
tamandúa u oso colmenero). Maldentados (Choloepus didactylus y Choloepus hoffmanni:
perezoso de dos o tres dedos; Dasypus novemcinctus y Priodontes: armadillos).
Roedores (Daysyprocta aguti: aguti, cuatín; Cuniculus paca: paca; Stictomys
taczanowskii: paca de la montaña, cuatín, conejo). Dentro de los roedores también
se incluyen a los ratones espinosos y arborícoras (Equimiinos y Dactilomiinos)
que a su vez engloban numerosas especies, las cuales son básicamente insectívoras, por
tanto el nombre de roedores resulta inadecuado.
Además de los animales
antes mencionados en las selvas de los Awa-cuaiquer están presentes los omnívoros (Nasua
nasua: cusumbe; Nasua narica: cusumbe; coatí; entre los carnívoros están,
Potes flavus: tejón, martucha, kinkajú; Tayra barbara: perrillo; Cerdocyen
thous: zorro del monte; Pteronura brasilensis: nutria; Gatictis vittata:
grisón; Felis con color: puma; Panthera onca: jaguar; Felis pardalis:
ocelote, sachacuy; Felis Yaguaroundi: pimango, leoncillo; Felis tigrina:
tigrillo). Primates (Alouatta palliata, A. Villosa: mono aullador; Brachyteles
arachnoides; Ateles geofroyii, A. Fusciceps: mono araña; Aotes
trivirgatus: mono de noche). Otras órdenes: Perisodáctilos (Tapirus tapir:
danta); Artiodactilos (Tayassu pecari: pecan, tatabra; Odocoileus dichotomus:
siervo de los pantanos; Odocoileus virginianus: siervo de virginia; el género Manzana:
venadillo). Galliformes: pavas, perdices, etc.
Un componente fundamental
de las selvas son los ecosistemas acuáticos representados en las numerosas corrientes de
agua, con una composición hidroquímica diferente. Los ríos procedentes de los altos
Andes arrastran gran cantidad de partículas de terrenos sedimentarios y calcáreos que
enriquecen sus aguas y le dan un color lechoso. En cambio los ríos nacidos en la selva
recorren suelos lavados, donde es nula la existencia de elementos libres que puedan
fertilizar o sirvan de basificantes; son transparentes con coloraciones oscuras debido a
la acción de los ácidos húmicos. Se trata de aguas químicamente ácidas con alto
contenido de iones inorgánicos similar al agua destilada; de ahí, su baja productividad
a pesar de la alimentación alóctono que reciben los peces, procedente de la vegetación
ribereña (insectos, frutos, polen, etc.).
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