Geografía humana de Colombia
Región Pacífico

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FESTIVIDADES

Los Emberá tienen diversas celebraciones en las que se reúnen miembros de diferentes comunidades y que pueden durar varios días. Son el espacio para crear nuevas relaciones, concretar noviazgos, establecer lazos de alianza, colaboración y como resolución de conflictos. Se efectúan por diferentes motivos: trabajos colectivos o convites, los cuales se realizan en épocas de cosecha preferiblemente. El convite consiste en una actividad social, donde un individuo o una comunidad, invita a sus vecinos o a otros caseríos, respectivamente, para la recolección, preparación de un cultivo, construcción de una vivienda o arreglo del caserío. Se les ofrece a los invitados comida y bebida, y éstos a su vez corresponderán a esta celebración, convidándolos posteriormente.

También se dan las celebraciones por la inauguración de una vivienda; la fiesta de iniciación de una joven; y las festividades tomadas de la sociedad mayor, como el día de la madre, del padre, la navidad, el año nuevo, la semana santa, etc., que reúnen gran cantidad de miembros de la sociedad. En estos festejos, las mujeres, solas o en grupos, se sientan cerca del fogón, mientras los hombres se reúnen en otro sitio. Entre tanto el anfitrión reparte la chicha en un solo recipiente del cual beben todos los participantes, también los niños.

Antiguamente, en los bailes los hombres tocaban los instrumentos moviéndose ritmicamente, en tanto que las mujeres danzaban en fila precedidas por una de ellas llevando un pequeño tambor /tonoa/. En la actualidad va disminuyendo la frecuencia de los bailes tradicionales y de la música propia de los Emberá.

Cuando las fiestas se preparan con varios días de anticipación, los invitados inician su arreglo personal uno o dos días antes, pintándose el cuerpo y la cara con diseños cuyo fin es comunicativo. De igual manera, alistan el ajuar más suntuoso que tengan. En las zonas del río las mujeres llevan diseños de culebra, trapiche, estrella, entre otros; o diseños de animales, como el del pájaro carpintero cuando van a bailar el baile del mismo nombre. Los hombres por su parte se pintan diseños de oso, culebra, estrella. En zonas de montaña la pintura es sólo facial. Tanto hombres como mujeres complementan la pintura con diseños en ese y espirales, en rojo, para el Chocó; o con pómulos y labios rojos en las montañas.

Otros motivos que generan festejos pueden ser situaciones imprevistas, como el tener gran cantidad de chicha o biche; un partido de fútbol, una reunión de cabildo u otro acontecimiento especial. Iniciándose la danza al compás de la música hasta bien entrada la noche.

En estas fiestas, la expresión musical se manifiesta a través del canto y/o los instrumentos musicales. Pero el canto también se utiliza en diversas situaciones cotidianas, en las cuales se expresa tristeza, alegría, amor, etc. Las canciones van narrando la acción desarrollada o cualquier situación cotidiana; casi siempre son entonadas por mujeres sin acompañamiento de los instrumentos; son pausadas como la manera de hablar.

Se dan varios tipos de canciones. Según Londoño (1990) hay de invocación, de lo incidental o cotidiano, de arrullo, de pasaje, relatos de hechos fantásticos, de danza y de canto de /jai/. Estos últimos de vital importancia dentro de las actividades del jaibaná, pues entabla la comunicación con los /jai/.

Los instrumentos musicales Emberá nos remiten en primera instancia al tambor, como elemento importante dentro del jaibanismo y en las danzas tradicionales. Los instrumentos han ido desapareciendo y hoy sólo se encuentran referencias en algunas zonas, de ciertos instrumentos tradicionales; Londoño (1990) habla de la trompa, los tambores de uso femenino, tambores de uso masculino, flautas, capadores, pursirus o fotutos (trompetas simples de diferentes tamaños).

Actualmente se han introducido instrumentos nuevos, guacharaca, guitarras, etc., al igual que ciertos ritmos, influencia de la música negra del litoral Pacífico o de la música andina en las cordilleras.

Los cantos y los instrumentos se utilizan para diferentes fiestas, en ellas se ejecutan ciertas danzas de acuerdo con la celebración y llevan nombres específicos como: del mono, del sapo, del gallinazo, del pajarito, del conejo, etc.; asimismo se lleva la correspondiente pintura corporal que simboliza a uno de dichos animales.

Para asistir a las diversas festividades o ceremonias, visten un traje igual al cotidiano, pero de mayor calidad o nuevo, que consiste, en las zonas ribereñas, en un guayuco en los hombres, para los más tradicionales, o un pantalón, y una paruma ( 1 ) para las mujeres. En las montañas las mujeres utilizan vestidos, que, aunque de estilo occidental, manga larga, talle largo y colores vistosos, han entrado a formar parte de los hábitos de atuendo; los hombres llevan pantalón y camisa. En Ituango (Antioquia) se utiliza una túnica roja.

Este vestuario se perfecciona con los adornos: collares de chaquiras, semillas, dientes, aretes, pulseras, coronas y flores. El adorno está ligado a la expresión estética de la pintura facial y corporal.

La pintura facial y corporal, como una de las manifestaciones más importantes dentro de la cultura Emberá, representa y comunica actitudes sociales, que se generan a partir del individuo hacia la colectividad y viceversa. Es a través de la pintura que el individuo es reconocido, expresa sus estados y ciclos vitales (Ulloa 1989).

Es por medio de ella que el hombre/mujer comunica su cambio de rol, expresa que todo está listo para la reproducción y continuación de los comportamientos sociales aprendidos durante su niñez. Utilizándola para diferenciar sexualmente.

La pintura como sistema de comunicación se da entre los individuos en el plano cotidiano y entre el hombre de conocimiento, el jaibaná, y los /jais/ en el plano de las esencias.

Dependiendo de las zonas de poblamiento hay características formales de la pintura que varían. Hay un uso reiterado de ciertas combinaciones y tipos de pintura en cada una. Se dan dos grandes estilos: uno en las zonas de montaña (Alto Andagueda, noroccidente antioqueño, Chami) y otro entre los de río (Chocó, ríos Baudó, Atrato, San Juan; y Córdoba). De igual manera, dentro de cada estilo hay características y combinaciones que muestran una relación pintura/territorio, a través del uso y combinación de figuras y motivos que relacionan las parentelas a un territorio determinado. Hay una variación especial en la zona de Ituango (Antioquia), pues la pintura, que sólo es facial, se elabora en rojo, formando una especie de triángulo invertido, que va desde la nariz hasta la quijada.

En ambas zonas se elabora la pintura con tintes naturales de extracción vegetal, la jagua (Genipa Americana) y la bija o achiote (Bixa Orellana) negro y rojo respectivamente. En caso de no tener tintes vegetales, se obtienen frascos de tintas chinas o lápiz de ceja y coloretes, en los mercados vecinos.

En las zonas de montaña, tomando como ejemplo el Alto Andagueda (Chocó), el uso de la pintura es facial, al igual que el resto de montaña, y básicamente utilizado por las mujeres, quienes se pintan cotidianamente y en ocasiones especiales como en los cantos de jaibaná, las fiestas de iniciación, los convites, etc., donde se reúne gran parte de la comunidad. En estas celebraciones sólo algunos hombres se pintan. Los diseños se componen de los siguientes elementos: líneas verticales, horizontales y oblicuas, puntos, triángulos; con los cuales se crean formas geométricas que se dispersan en la cara. Para elaborarlos, se determina un plano medio con una línea sobre la nariz, barbilla o encima del labio superior, dividiendo el rostro en dos; a partir de ella se distribuyen los diseños simétricamente. El diseño se elabora en colorete y encima en lápiz negro dejando un halo rojo.

Y en las zonas de río, como la del medio Atrato (ríos Uva y Bojayá) en el Chocó, la pintura se caracteriza por ser tanto facial como corporal.

Se elabora de la siguiente manera: la pintura facial se aplica en la mitad de la cara, desde el límite del labio superior hacia abajo hasta terminar la quijada, aplicando color negro en todo el espacio o en espacios laterales, pero dejando la barbilla en blanco y allí poder elaborar diseños geométricos, con un eje vertical, que se utiliza para realizar a lado y lado figuras geométricas, que en las líneas básicas se parecen a las de montaña.

La pintura corporal se realiza tanto en hombres como en mujeres con franjas de tintura negra, en piernas, brazos y abdomen, dejando espacios en blanco entre una franja y otra, o rellenándolas de diseños geométricos con pinceles de madera. Estos diseños se usan de acuerdo con la situación o evento particular.

En algunas ocasiones se pintan los pómulos con formas en ese y espirales en color rojo, al igual que los labios, para seducir y enamorar.

Para las ocasiones especiales, como las fiestas tradicionales, cantos de curación, fiestas de iniciación, etc., la pintura la llevan especialmente jóvenes solteros, quienes elaboran su pintura con sumo cuidado con uno o dos días de anticipación.

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Joven soltera del río Bojayá, Chocó, adornada y pintada con dibujos de enamorar.

En general, para todas las zonas Emberá, las situaciones en las que se usa la pintura facial y corporal son: las ceremonias de jaibaná, en ellas es usada por todos los participantes, el enfermo, las ayudantes del jaibaná y el mismo jaibaná, siendo un elemento de vital importancia para la cofnunicación con los /jais/. Los diseños de la pintura también invocan a los /jais/ para curar o entablar relaciones de alianza o dominio.

En los bailes tradicionales, la pintura se realiza asumiendo el animal que se quiere representar, por ejemplo en el baile de oso se lleva pintura de oso.

En las fiestas de iniciación femeninas, se deben usar diseños específicos en el cuerpo de la joven iniciada, para el caso del Chocó el diseño usado es el de trapiche.

En las diversas fiestas, de convite, bautizo de una casa, etc., se lleva la pintura facial y corporal de acuerdo con el rol social, ciclo vital, estado de ánimo, sector dialectal, o diseños individuales.

Y por último tenemos la pintura de uso cotidiano, que tiene diversos motivos, para enamorar, para protegerse del sol, etc.

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Madre pintando sobre su hijo para protegerlo de los espíritus. Bojayá (Chocó).

La pintura tiene múltiples connotaciones: protector de los malos /jai/ y de las enfermedades; dador de fortaleza; ocultador de los espíritus; propiciador de estados positivos; diferenciador dialectal; y como elemento de asustar a los espíritus, de identidad, de expresión de estados de ánimo, de enamorar, de uso sagrado y como comunicador (Ulloa 1989).

Con diseños característicos para cada una de las situaciones de uso, los cuales poseen su nombre y significado específico, teniendo como ejemplo: pintura de mariposa de caracol, de oso, de culebra, de hoja, de tigre, etc.

Dentro de las diversas situaciones en que se usa la pintura, se dan diferencias, como: la pintura de antigua; la de jaibaná usada en las diversas ceremonias precedidas por el mismo jaibaná; la común, que puede llevar cualquier miembro de la comunidad; y la de innovación personal, es decir los nuevos diseños y creaciones individuales.

La pintura en general, por encima de las particularidades de uso, situación o de quien la lleva, representa seres de la siguiente manera: cotidianos, tales como animales, plantas y objetos; y míticos ( 2 ) también animales, plantas y objetos. Estas representaciones se realizan con una simetría refleja y bilateral procediendo de tres maneras:

- Tomando una característica del ser en cuestión: huellas, manchas, movimiento, por ejemplo huellas de tigre.

- Asumiendo la identidad del ser: se pintan las características de un animal, por ejemplo el oso.

- Y representando en el cuerpo de manera naturalista seres deseados: peces, plantas, etc.

En síntesis, la pintura es un elemento de vital importancia dentro de la cultura Emberá, que permite establecer una identidad como individuo y como miembro de su sociedad.

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Remontando sus ríos se replegaron a las zonas mas apartadas de la colonizacion.  

RELACIONES INTERÉTNICAS

A raíz del contacto comercial y cultural con otras sociedades (blancos, negros), los Emberá han ido conformando a través del tiempo relaciones interétnicas de diversa índole, desde las más violentas hasta las más cordiales.

En el Chocó, la relación indígena/negro se ha dado a través de las conexiones comerciales, las cuales tienen que ver con el compadrazgo. Estas implican hospitalidad de parte y parte y colaboración mutua. Son, en general, relaciones pacíficas y es muy raro que ocurran agresiones físicas.

La interrelación se ha dado también en el aspecto de las costumbres y prácticas rituales, como es el caso del jaibanismo, el cual puede ser aprendido por los negros.

En otras zonas, las relaciones con los colonos han sido de conflictos por motivo de las tierras, pues éstos invaden territorios indígenas, talando y abriendo potreros, en detrimento del manejo indígena del ecosistema y de su medio de subsistencia.

El compadrazgo es una relación que se ha institucionalizado entre los Emberá, quienes prefieren contar con un negro o un blanco como padrino de sus hijos, pues con ellos se entabla una relación comercial y una cercanía social, ayudando así a minimizar los roces interculturales.

El padrino puede ser de imposición del nombre, de agua cuando es él el oficiante del ritual del bautizo, de óleo cuando asume el padrinazgo delante de un sacerdote y de uñas cuando hace el primer corte de uñas al niño. Esto conlleva deberes y obligaciones entre compadres frente a los trabajos y festejos.

En general, las relaciones interétnicas, basadas en el compadrazgo, crean alianzas que permiten mantener las fronteras étnicas y evitan gran parte de las fricciones.

CONCLUSIONES

Los Emberá, a través de su proceso histórico, han transformado una serie de factores culturales sin perder por ello su identidad. Hoy en día se han congregado en sus organizaciones para exigir su derecho a conservar una cultura diferente a la de la sociedad mayor.

Los principales problemas que tienen los Emberá son: desconocimiento por parte de la sociedad nacional de los derechos indígenas, falta de tierras, un derecho a su propio desarrollo y organización, salud, educación y la participación en los proyectos que se efectúen en sus territorios. Y el derecho a ser artífices de su propia historia, esto es, el derecho que tienen a ser diferentes de los demás.

En el año 1991 surge Francisco Rojas Birri, indígena Emberá de Catrú que, al resultar electo miembro de la Asamblea Nacional Constituyente, encargada de reformar la Constitución de la República de Colombia, para hacer valer sus derechos ha solicitado una pronta solución a los problemas que aquejan a todas las sociedades autóctonas del actual territorio de la República de Colombia.

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( 1 ) Pieza de tela enrollada en la cintura a manera de falda. ( regresar a 1 )

( 2 ) Considerando que lo mítico en el pensamiento Emberá alude a realidades esenciales, las cuales están presentes cotidianamente. ( regresar a 2 )

 

 
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