GEOGRAFÍA HUMANA DE COLOMBIA
Nordeste Indígena
(Tomo II)
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EL BOHÍO O CASA COMUNAL

Un asentamiento tradicional indígena está constituido por una casa comunal o bohío, un campo principal a su alrededor y otros conucos subsidiarios, cuyo conjunto es el centro de la actividad y de la cultura bari.

El bohío es la mayor obra material que produce esta etnia y determina la organización social del grupo que lo habita. Para su construcción se utilizan herramientas tomadas de los blancos como el hacha, el machete, el cuchillo, en la labor de cortar y preparar los troncos que se requieren para la edificacion.

Se distinguen como técnicas artesanales las que se emplean en la construcción del techo por el tejido de la paja, la hechura de nudos para el amarre de las vigas, doblamiento de las mismas, etc. Asimismo por el carácter simbólico que posee, quien o quienes coloquen los pilotes principales y secundarios, la forma de hacerlo, están expresando su sistema de organización social.

Es una edificación gigantesca que puede dar albergue hasta a un centenar de personas. Es de forma semiovalada o rectangular cuyos ejes llegan a tener entre 10 y 43 metros de largo y 6 a 20 de ancho; y de 6 a 15 metros de alto. Su techumbre desciende hasta el suelo.

Sostiene Reichel-Dolmatoff (1960:186) que las diferencias en la forma de las casas atestiguarían diferencias culturales entre los grupos que las construyen, ya que se conocen bohíos rectangulares y ovalados. Sin embargo, estudios posteriores han demostrado que tal diferenciación cultural no existe y que la construcción combinada de casas ovaladas o rectangulares permite desarrollar una estrategia de supervivencia (Beckerman 1979:61-71) en respuesta a las necesidades de defensa, abrigo a parientes desalojados por el blanco o, por el contrario, la disminución del número de habitantes conforme a la abundandancia o escasez de los recursos, factores que inciden en el tamaño del grupo sin alterar de ningún modo el modelo espacial propio de la casa bari, pero que permiten cierto juego en las dimensiones de la construcción.

El bohío está situado en el centro de un círculo de cien o doscientos metros de diámetro, aproximadamente, en cuyos alrededores están los sembrados de yuca, plátano y piña. El sitio elegido debe estar próximo a un río abundante de pescado, que no sea pantanoso ni cenagoso; las tierras deben ser aptas para el cultivo.

Escogido el lugar se tala el bosque, aprovechando los troncos que puedan ser útiles como soportes. Todos los miembros del grupo participan en la construcción dirigidos por el Natubay (ver infra), los hombres acercan los maderos, las mujeres apilan palmas y bejucos.

Cuatro maderos son plantados como pilares centrales y sobre ellos se tienden cuatro travesaños, formando un cuadrilátero, en el cual descansa la estructura del bohío, conformada por dos filas de horcones separados por tres metros y medio uno de otro, doblados hacia el centro en la parte alta, en donde se unen a una viga cumbrera que sirve de contrapeso a las fuerzas laterales. A estos unen otros troncos para facilitar el amarre de la palma, la cual se coloca de forma que el tallo envuelva el madero y la palma quede hacia fuera, haciéndolo desde dentro y comenzando por la parte baja. Las mujeres elaboran los canastos, chinchorros y esteras que servirán como nuevo ajuar.

La construcción exige la organización de toda la comunidad con este fin, distribuyéndose los roles de la siguiente manera, según anota Castillo (1981:63).

Ñatubai: Jefe del bohío y primer jefe de construcción. Ocupaba el puesto del palo central —viga maestra— que atraviesa todo el bohío desde arriba, como sostén fundamental y el que da consistencia a toda la casa comunal. Era el sitio más importante y, a la vez, el más arriesgado.

Abyiyibai: Segundo jefe de construcción. Nombre correspondiente al palo que sostenía las partes laterales de arriba.

Ibaibaibai: Tercer jefe de construcción. Nombre correspondiente al palo que sostenía las partes laterales más pequeñas.

Atakyominaibaibai: Cuarto jefe de construcción. Nombre correspondiente a los palos laterales más bajos.

Akschayirominibaibai: Quinto jefe de construcción. Su nombre correspondía a los palos que rodeaban el bohío por dentro, donde iban guindados los chinchorros.

En toda esta concepción aparece un excelente sentido de unidad y de responsabilidades compartidas, si bien dirigidas por el principal responsable de la comunidad, expresado en formas culturales de corte arquitectónico.

Es de interés advertir la relación existente entre los maderos, sus respectivos nombres y su distribución entre los hombres participantes en la obra.

La construcción puede tardar entre mes y medio y dos meses, tiempo en el cual van y vienen de y al bohío viejo que va a ser reemplazado. Sus dimensiones y forma —ovalada o rectangular— dependen del tamaño del grupo que lo ha de habitar en forma comunal, como casa para preparar y consumir los alimentos, como albergue, lugar de descanso y protección.

El espacio está distribuido en dos áreas principales: la central, para los fogones y la lateral, muy cerca de los fogones; los alimentos, como racimos de plátano o yuca se colocan en la improvisada cerca divisoria de las dos áreas; y en los canastos que cuelgan de las vigas ubicadas en lo alto de la cocina, se colocan las carnes y el pescado envueltos en hojas.

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En la parte lateral se ubican los chinchorros, hamacas y esteras, se guardan las ropas y otros enseres, bien sea en canastos o colgados en cuerdas; dentro de la techumbre pajiza si se trata de flechas, machetes, cuchillos; o más alto, en especie de soberados, en donde además guardan maletas y elementos para elaborar arcos, chuzos o flechas.

El bohío tiene dos "puertas" principales, una hacia el oriente y otra al occidente, de un metro y medio de altura; en los bohíos más grandes, puede haber otras dos muy pequeñas en los costados opuestos. Todas se cierran en la noche con palmas, para protegerse contra el frío o de las molestias de animales intrusos.

El enclaustramiento y la penumbra que dominan en el bohío se ven interrumpidos por minúsculas "ventanillas", situadas a unos cuarenta centímetros del piso, por las que entra un haz de luz suficiente para iluminar las labores de las mujeres que, acomodadas sobre una esterilla, o tiradas sobre el suelo de tierra, tejen, remiendan, se acicalan o arreglan a su bebé. Estas ventanillas pueden ser "cerradas" en la noche con cualquier hoja seca, logrando absoluta oscuridad.

La distribución del espacio en el bohío responde al concepto de vivienda multifamiliar en donde cada familia tiene su "hogar" en el verdadero sentido de la palabra: un fogón en el centro y un dormitorio con privacidad. Los bari han desarrollado un comportamiento adecuado a esta condición que les permite vivir entre sí, hombres, mujeres y niños con total respeto a su status y con la independencia a que cada familia tiene derecho. La ubicación dentro de la casa responde al siguiente orden: el Ñatubai con su familia ocupa el primer sitio, a la izquierda de la puerta de entrada; el segundo, ibaibaibai, se sitúa de primero a la derecha; el tercero, abyiyibai, al lado del ñatubai, seguidamente las demás familias, según la distribución ordenada por el Ñatubai.

La distribución familiar también responde a un orden en la ubicación de los chinchorros y/o hamacas: los jóvenes ocupan el sitio más alto, los viejos en medio y las mujeres con los pequeñines en la parte más baja, o en esteras sobre el suelo, en razón de que a la mujer se le asocia con la tierra que representa la fecundidad.

Para Pinton (1972) los bohíos no son construidos por un grupo familiar ni de parientes sino por individuos con relaciones de alianza, distintas a las de parentesco, distribuidos en él según la siguiente norma "deux voisins inmediats de méme sexe sont toujours alliés entre eux, deux voisins de sexe opposé sont reciproquement parents" (dos vecinos inmediatos del mismo sexo son siempre aliados entre ellos, dos vecinos de sexo opuesto son recíprocamente parientes) (1972:37). Para la misma autora los lazos que unen a los habitantes plantean los principios esenciales que articulan la organización del bohío y encarnan la distribución del espacio interior. Así, los individuos están subdivididos en tres clases: isdora, bokara y dura, representadas en proporciones diferentes en el bohío; hay generalmente uno o dos isdora por casa, los bokara son más numerosos y los dura son la mayor parte del grupo (1972:41). El isdora es quien encabeza el grupo en camino por la selva y son los de mayor prestigio en el momento; los bokara auxilian a los primeros; los dura son aquellos que aún no se les han adjudicado responsabilidades como los hombres muy jóvenes y solteros, o quienes han cesado en sus funciones como los muy viejos.

Las relaciones que unen a los individuos (alianza, parentesco, posición en el camino), sirven para determinar la posición en la casa. A su vez, según el sitio de la familia en la casa, oriente, occidente, centro, se conoce su posición en el camino. Los isdora van primero, los agbara o bokara segundo y, residen en el centro de la casa, los dura son los últimos y se agrupan al occidente.

Pero estas posiciones no son perennes en la vida de un bari; expresan su condición dentro del grupo del cual ha decidido formar parte en el momento de construir el bohío. Cada bohío nuevo borra el anterior y de la misma manera como los materiales para su elaboración son deleznables y los campos de cultivo están en suelos de fertilidad transitoria, así también se entenderá el carácter de permanencia de un bohío y su grupo. Se aclarará mejor este tema en el capítulo de organización social y política.

Cambios en las viviendas

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Con la pacificación continuó la política de aculturación e integración, de lo cual son fehaciente prueba los cambios ocurridos en la vivienda. Las misiones capuchinas en Venezuela, las hermanas Laura, el padre García Herreros y Bruce Olson buscaron romper el patrón de asentamiento tradicional de la comunidad, con la idea de crear agrupamientos o caseríos al estilo europeo.

Estos caseríos rompen con la cultura y la organización social bari, destruyendo la vida en comunidad de los bohíos, el sentido que en ellos se crea para la distribución y aprovechamiento de los territorios de caza y pesca y el estilo de vida de horticultores selvícolas semisedentarios, y tienden a convertirlos en campesinos o jornaleros productores para el mercado. Esto mismo se puede observar a simple vista al contemplar esas pequeñas agrupaciones de casitas de material construidas en Bokshi sobre el río de Oro por los misioneros capuchinos, Campo Rosario, Someme o Saimadodyi en la República de Venezuela; así como Bruce Olson en Ikiakarora o por las hermanas Laura en el Catatumbo, quienes durante veinte años largos han desarrollado un programa indigenista con criterio personal. En otros casos la población se ha desintegrado de sus comunidades originales y se ha dispersado en pequeños grupos de una o dos familias que se esparcen en pequeñas fincas en medio de la selva como se observa en el sinnúmero de asentamientos que relatamos en el capítulo anterior.

De esta manera se han manejado los conjuntos humanos con pautas premeditadas en un programa de cultura que contempla una jerarquización de los asentamientos de los indígenas, considerando unos como centro por encontrarse en ellos bien sea la sede de la misión o mejor dotación y, otros como puesto tal como clasifica B. Olson los diversos sitios. Así, si encontramos en un lugar en la Reserva Motilón Bari de Colombia enfermería, escuela, vivienda para el maestro "blanco" se llaman Centro, por lo que en la actualidad se contempla la distribución y organización actual de los asentamientos de la siguiente manera:

Zona de Río de Oro

a. Centro de Ikiakarora, alto río de Oro fluvial.
b. Finca Bribiara, a cargo de Odo Sayo.
c. Puesto Saphadana. Cuenta con la sede de la Cooperativa de consumo.

Zona de Caño Tomás

a. Finca Brubucanina
b. Puesto Ocbabuda
c. Puesto Pathuina

Zona de Caño San Miguel Centro de Shubacbarina

Zona Cabecera Río de Oro Centro Biridikaira

La política de asentamientos consiste en establecer desde los puestos o centros, tierras de cultivo permanente con carácter comercial como el cacao, el maíz o el plátano; en otras ocasiones se siembran pastos para la ganadería. También se realizan fincas personales en medio de las zonas de desmonte como ocurre en Suerera y Ocbabuda. El trabajo exigido con este fin es de carácter personal o algunas veces se recurre al pago de jornales, especialmente cuando la labor es desconocida como cuando se trata del cuidado de vacunos. En la generalidad de los casos para la construcción de estos "centros", los indígenas son ocupados en faenas simples como acarrear arena, cemento o bultos; otras veces para desmontar, sembrar o recoger maíz.

Los elementos de mayor impacto en los asentamientos son la existencia y el uso de plantas que generan electricidad, motobombas que llevan el agua hasta las viviendas a través de acueductos, pequeñas embarcaciones con motores fuera de borda, vehículos automotores. Estos elementos los enorgullecen de poder rivalizar con cualquier poblado progresista de cualquier lugar, como ocurre con los habitantes de Ikiakarora. Para hacer más viable toda esta obra B. Olson constituyó la Asociación Comunidad Bari de Colombia con personería jurídica del Ministerio de Gobierno, con estatutos propios, cedulando gran parte de los indígenas del río de Oro y caño Tomás.

Sin embargo, aún existen algunos rasgos tradicionales en los asentamientos de los bari que vale la pena destacar y, los cuales son muy variables, según sean los factores de presión a que hayan sido sometidos los indígenas en cada caso, en especial a los de la política de integración a que se viene aludiendo.

En orden de aculturación, los grupos del Catatumbo en Bebokira y Catalaura, manejados por Antonio Maldonado y por las hermanas Laura, con el respaldo del padre García Herreros, representan los de mayor "campesinización". Siguen los de Ikiakarora, Brubukanina, Shubacbarina, Ca’axbarinkaira, Suerera y Ocbabuda que dirige B. Olson. En menor medida en esta región están los del bohío tradicional de Pathuina o los de Saphadana, que a pesar de poseer cultivos comerciales y alguna ganadería, conservan un bohío alterno: el Bobokira, aguas arriba del río de Oro. Es este un bohío estacional en plena selva a donde se trasladan periódicamente a realizar faenas de caza y pesca, ya imposibles en Saphadana dado el alto nivel de deforestación y el elevado número de asentamientos de colonos, y donde cuidan de sus conucos de yuca y plátano para el consumo doméstico.

Muy cerca de Brubucanina, remontando la cuchilla que separa las aguas del caño Tomás con las del Iki Boki o río del Suroeste, existe otro pequeño grupo que habita el bohío de Pathuina, inaccesible por vía fluvial. Dicho grupo es el más tradicional de la zona, su única vía de comunicación es el camino de la selva a cuatro horas de Brubucanina.

Pero la porción más tradicional y de menor contacto "civilizador" está conformada por los bohíos denominados por R. Jaulin "del interior" (1973:32, 155). Existen hoy en esta zona los grupos de Biridikaira, Korrokaira y Chirrindakaira (ver mapa 2), en situación desigual. Más al norte y alejado se encuentra Chirrindakaira, del que los colonos más retirados y con menor contacto, llaman bohío Majayura (palabra guajira).

En el extremo sur, en las fuentes del Iki Boki, enfrentando la colonización que asciende desde la carretera del oleoducto Tibú-Convención, está Biridikaira en donde penetraron en 1982 las hermanas de la comunidad de las Laura. Por último, Korrokaira es el grupo más pequeño y agredido por la colonización que proviene del departamento del Cesar, está ubicado sobre la quebrada de Soro Boki o de la Nevera, un área en la cual había tres bohíos en el momento del contacto. Este grupo se desplazó a este lugar desde la confluencia del río Soro Boki con el Iki Boki; la zona estuvo habitada por un grupo que en parte desapareció y en parte se trasladó a la zona de San Miguel, es decir, a Shubacbarina. Hoy carecen de bohío alternativo, al contrario de los de Biridikaira y Chirrindakaira.

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