GEOGRAFÍA HUMANA DE COLOMBIA
Nordeste Indígena
(Tomo II)
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SISTEMAS DE PRODUCCIÓN

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La cuenca del Catatumbo se caracteriza —como se dijo— por la vegetación de bosque tropical húmedo; presenta, además, cambios de altitud que influyen en el tipo de vegetación y en consecuencia en la capacidad de captación de la energía, ya sea solar o por evapotranspiración.

En términos generales se pueden distinguir dos áreas biogeográficas en la cuenca: la del sistema riberino y la de tierra firme. La comunidad bari utiliza técnicas apropiadas para obtener sus recursos en una y otra.

En la primera, los aluviones constituyen uno de los factores básicos de productividad para el cultivo de la yuca, dada la sedimentación que deja el crecimiento de los ríos en los períodos lluviosos, mejorando notoriamente la fertilidad de los suelos. El bari ocupa los terrenos después de los desbordamientos periódicos de los ríos para el cultivo de variedades de vástagos, es decir, plantas que se renuevan por sus tallos, como lo son la yuca dulce (manihot utilissima) y varias especies de plátanos (musa sp.; persea sp.). El sistema riberino suministra, además, peces, huevos, aves acuáticas, moluscos, reptiles y quelonios que el indígena aprovecha (Beckerman 1983).

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El sistema de tierra firme contribuye con especies de animales y plantas, entre las cuales la más importante es la jessenia. Estas plantas pertenecen a la familia palmai (cuyo nombre vulgar es palma mil pesos) del género jessenia; en líneas generales se puede afirmar que cubren el trópico suramericano y son abundantes en los bosques tropicales húmedos como los de la Amazonia, el Chocó y en las zonas colindantes de Colombia y Venezuela como en el Catatumbo y en la zona limítrofe de los Llanos Orientales.

El botánico norteamericano Michael Balick clasificó la jessenia común de los bosques del Amazonas, Chocó y Catatumbo como la Jessenia batawa, una especie que posee la particularidad de sobrevivir en zonas pantanosas con mucha humedad y suelos con alto nivel freático de poca aireación. Acostumbra a formar grandes bosques por lo general selva adentro, localizándose más bien en el ecosistema terrestre, más que en el de las riberas.

El hombre se aprovecha de ella obteniendo maderas y/o en la construcción de los techos con la hoja. De su fruto después de sucesivas etapas de fermentación se obtiene una leche que sirve como bebida alimenticia. En un segundo proceso se extrae del mesocarpio del fruto un aceite de excelente calidad, parecido al aceite de oliva y que puede utilizarse en las prácticas culinarias. El contenido calórico del fruto de la jessenia es tan importante que la carne de algunos pequeños mamíferos que lo consumen adquiere un valor proteínico y calórico mucho más elevado que si consume otro tipo de fruto. Así, el hombre aprovecha como consumidor primario y como consumidor secundario el valor calórico del fruto de la jessenia (Beckerman 1975:312).

Para complementar su dieta proteínica baja, en el ecosistema terrestre, los motilones devoran pescado de río, en especial el bocachico; la cantidad de este pescado es suficiente para estos grupos tribales a pesar de la creciente llegada de colonos. De esta manera se mantiene el equilibrio de la cadena ecológica y en el aspecto nutricional se consigue una situación óptima.

Ciclos productivos y calendario de actividades

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Los ciclos productivos pueden clasificarse en dos: largos y cortos. Los ciclos largos están ligados a la curva de productividad de los campos, la cual se asocia a las siguientes fases requeridas para el mantenimiento adecuado de una fuente energética que permita la subsistencia: roturación, siembra, mantenimiento y cosecha.

La roturación comprende el corte y la quema de un área de bosque. Cuando se trata de crear un nuevo asentamiento, la quema del campo precede a la construcción de un bohío y se realiza generalmente en los meses de enero y febrero. En abril se procede a sembrar. Los terrenos pueden ser comunales o individuales; no obstante las áreas comunales son repartidas a cada "hogar", por lo que el término comunal se refiere a la inversión del trabajo de la comunidad, ligado en su origen a la construcción de una casa, en el momento de decidir el despeje del bosque para este fin. Los habitantes futuros también preparan el campo correspondiente. El trabajo comunal es dirigido por uno o dos hombres que tienen los conocimientos necesarios para evitar accidentes ya sea en el corte de los árboles o en el control del fuego. El trabajo se hace en tiempos escalonados. Un individuo A asociado a uno B (por parentesco, hermandad y alianza), se dispondrá a trabajar el pedazo de bosque que le corresponde y tumbar cuando así lo juzgue conveniente, según su distribución del tiempo.

El ordenamiento de la actividad de tumba se vincula a la estructura jerárquica de la casa que se construirá. Por ejemplo, los "jefes" tumbarán primero los de mediana edad, y por último, los de "menor" categoría. Esta disposición se mantendrá en todas las actividades cotidianas.

Siembra durante esta fase se corta y siembra los vástagos (yuca y plátano). El corte es efectuado por el hogar: y la siembra exclusivamente por los hombres. Comprende aproximadamente doce a veinte meses, tiempo durante el cual maduran los vástagos; estos son cuidados por las mujeres.

Una vez en producción, los campos son cosechados y mantenidos por cada uno de los "hogares" durante el tiempo de permanencia en la vivienda (de diez a quince años según las calidades del suelo, aluviales o coluviales). El deterioro de la casa determina la roturación y construcción de un nuevo asentamiento.

No obstante el abandono de un lugar antiguo también es consecuencia de la organización interna de los grupos locales.

Los ciclos cortos anuales se caracterizan por un tiempo seco en el cual se realizan todas las actividades intercomunales (como la caza, la pesca en tupia y la guerra). En contraste con las estaciones secas, en el invierno las actividades se reducen ostensiblemente en el terreno social y se incrementa a nivel local, especialmente, en las explotaciones de los "hogares" individuales. Los ciclos cortos, entonces, son aquellos que marcan las estaciones anuales de invierno y de verano; aquel se produce entre los meses de marzo, julio y septiembre-noviembre; el segundo en diciembre-febrero, julio-septiembre.

La época de lluvias afecta negativamente las poblaciones acuáticas ya que el alto nivel de los ríos impide la permanencia de estas especies en el habitat tradicional de pesca. Las crecientes arrastran materias vegetales y lodo que enturbian el agua e imposibilitan la práctica de los sistemas tradicionales de pesca bari. En efecto, las técnicas de arpón y chuzo requieren de una buena visibilidad. La subienda se produce en el verano, cuando los ríos se encuentran en los puntos más bajos de caudal, entonces los indígenas efectúan sus "tupias" en aguas cristalinas.

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Durante este período se celebra el rito de la flecha. Es importante señalar que en contraste con otras poblaciones caribes del norte (Yuko-Yukpa), los bari tienen sus actividades rituales y proyecciones sociales precisamente cuando los recursos son más abundantes en proteínas, ocasionando la movilización de la gente hacia lugares habitados por sus parientes. De esta forma se compacta la sociedad bari y se generan toda clase de vínculos sociales, a través de la reciprocidad que se expresa en la visita. La reagrupación demográfica se compensa por la proliferación de lugares de caza y pesca. Los bari son conocedores profundos del habitat, lo que les permite manejar técnicas de imitación de sonidos, seguimiento de huellas, utilización de cebos en lugares frecuentados por los animales, etc.

La abundancia de caza teniendo en cuenta los ciclos de apareamiento de las diferentes especies, tiene mucho que ver con la abundancia de la vegetación necesaria para su subsistencia. Si los bari preservan ciertas zonas selváticas lo hacen con la intención de garantizar la reproducción del ciclo biológico animal o vegetal, más que por la aparente imposibilidad de acceder a estos lugares. La reunión de individuos en un asentamiento y la formalización del vínculo social depende de los elementos de subsistencia reservados con anterioridad durante todo el año.

Organización social del trabajo

Las asociaciones están basadas en la red de alianzas y de hermandad que se expresa a través de un grupo fundamental que hemos denominado "hogar".

Cada uno de ellos está compuesto por miembros masculinos "hermanos" y mujeres aliadas. A través de dicho hogar se distribuye el contenido energético obtenido en las actividades de caza. En este sentido, la unidad productiva mínima es el hogar. La división social del trabajo se hace a base del sexo: a los hombres les corresponden las actividades de caza; las mujeres se especializan en el mantenimiento de los cultivos y en las labores domésticas, ellas asumen la tarea del cuidado de los campos de cultivo (yuca, ñame, ají, etc.).

La cacería tiene un efecto centrífugo ya que los grupos residenciales definen sus prácticas de trabajo con una orientación móvil, acompañada de prácticas recolectoras (Beckerman 1975:1983).

Las normas referentes a la inversión de tiempo en un cultivo de la yuca, así como las vinculadas a la roturación de los campos y siembra como actividades masculina y, cosecha y conservación como labores femeninas, hacen que necesariamente subsistan el hacha, el machete y el cuchillo como elementos imprescindibles para la apertura de un nuevo asentamiento.

La pesca vincula ya no solamente un aspecto doméstico que se pudiera considerar como una división primaria del trabajo sino que además de esto reúne socialmente (ritual y ceremonialmente) a grupos amplios, más allá de un territorio local.

La pesca conserva, por lo general, la misma estructura corporativa descrita y se reduce al número de hogares que participen. Se usa principalmente el arpón y el barbasco, especialmente cuando los grupos son pequeños. En resumen, cuando los ríos bajan y son susceptibles de ser obstaculizados, cada unidad doméstica se desplaza a lugares comunales de pesca y una vez allí construyen una pequeña tupia. Los hombres superponen un cúmulo de piedras en un sitio escogido por el jefe de la pesca, río arriba; y las mujeres lo hacen a unos cincuenta metros río abajo. Después cubren con hojas de bijao las piedras colocadas a modo de pared, desviando y disminuyendo el cauce del río al interior de la represa. Cuando concurren apenas uno o dos hogares se hace necesario la utilización del barbasco. Los bari son buenos buceadores, se sumergen —con un chuzo— en busca de bocachicos, cangrejos, amanama, corronchos, en fin, todos los peces que habitan debajo en las cuevas de las rocas. La mujeres poseen una habilidad extraordinaria para sumergirse y capturar los especímenes adheridos a las piedras. Es sorprendente que en el trascurso de las caminatas, siguiendo los cursos bajos de los ríos, las mujeres son quienes obtienen la mayor parte de pescados por medio de su captura manual.

No es conveniente desligar las técnicas de trabajo tradicional, el uso de chuzos de pesca, flechas (no emplean veneno alguno), arcos, sembradores de madera, instrumentos que requieren para su elaboración de una técnica simple permitiendo de este modo su fácil consecución para el trabajo.

El sistema de roza y quema es, como se sabe, la mejor técnica utilizable en el bosque tropical húmedo. Una casa siempre tiene a su alrededor un campo cuya disposición se caracteriza por un anillo exterior de plantas medianamente altas como plátano, seguido de un cinturón de yuca dulce; finalmente, un anillo de especies menores (Beckerman 1983:91). Esta disposición se asemeja a un embudo que le permite controlar los factores medioambientales.

Tradicionalmente el cultivo básico ha sido la yuca dulce, aunque han adoptado otras especies (diversos tipos de bananos —musaes—: bocadillo, morado, bananas (cambur o guineo), hartón).

Por lo general cada individuo varón posee un sector para la cacería. Existen cuatro tipos de caza: individual, de alianza, colectiva local y colectiva intergrupal. En la primera el individuo parte sólo a menos de tres horas de la casa, de modo que su radio de acción no sobrepasa los diez kilómetros a la redonda; por lo común obtiene animales pequeños. La caza en alianza es la reunión de un par de individuos que marchan haciendo excursiones, más allá de estos límites, construyendo pequeños albergues de palma de carácter provisional que servirán para pernoctar. Algunas veces el traslado de los hombres ocurre con los miembros representativos de la alianza. Los acompañantes se distribuyen en el albergue tradicional, conservando la disposición espacial del bohío y los fogones correspondientes.

La caza colectiva frecuentemente va asociada de la construcción de un bohío alterno. Este es el sentido que se quiere señalar aquí como colectivo ya que muchas veces las excursiones sólo son acompañadas de un sector de la casa permanente. Por último, señalaremos que en este tipo de cacería se obtienen presas mayores y menores en gran número como son la danta (tapyrus terrestris), el váquiro (tayassu pecan ssp.), el oso (tremaro ornatus) o guácharos capturados en las cuevas.

Los bari consideran que todos los bienes que poseen fueron entregados por los seres primordiales o Samagdoyi que se distinguen unos de otros por el comportamiento que asumen frente a los indios. Se produce así una jerarquización de funciones sociales cuyo centro es Sabaseba. Esta ordenación primordial del mundo cuyo conocimiento implícito es dado a los hombres de manera secuencial, implica la intervención dentro del espacio de seres que representan los diferentes dones de la cultura.

Las funciones asumidas por los diferentes Samagdoyi corresponden al carácter específico del conocimiento del que son portadores; Cassoso, por ejemplo, enseña la construcción de la casa; Dababosa imparte el conocimiento sobre el alumbramiento o la iniciación terrena; Ourundou hace flechas y enseña el oficio a los hombres; Kokebadou es encargado por Sabaseba para comunicar el arte de la pesca; Nunschundou preparaba los conucos y los daba a los bari, así como la confección de adornos y vestidos. Por último, la ineficiencia técnica debida a plagas o a mal tiempo son causados por los Schumbraba y los Daviddu (Castillo 1983:190 s.).

Como vemos, la ordenación fundamental del universo es producto del "trabajo" de Sabaseba y sus Samagdoyi. Podemos afirmar que la sociedad bari está perfectamente ordenada conforme a los mitos de origen del mundo y de todas las actividades humanas que analizadas desde la interacción con la naturaleza expresan un perfecto equilibrio con el hombre.

Dieta alimenticia

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La vida diaria en el bohío transcurre en la conjugación de las diversas tareas y el consumo de los alimentos en dos momentos principales: en la mañana y al atardecer. En efecto, el bari muy temprano, con la alborada sale del bohío en busca de la presa en una primera faena corta de caza, el recorrido es breve: dos o tres horas en ir y volver.

Esta incursión responde a comportamientos bien conocidos por los bari, de los hábitos diurnos de los pequeños mamíferos que pasan la noche en sus cuevas e inician el día en búsqueda de agua y hierba fresca que localizan precisamente en sus huertas o en caños vecinos a donde acuden estos en su espera. Al regresar al bohío con sus presas —cual trofeos—, se disponen a la primera comida. La mujer arregla la "mesa". En una esterilla puesta sobre el suelo, en el ámbito de los dormitorios, junto a la "ventanilla", sentados en forma circular se consume la primera comida que consiste en los sobrantes de la noche anterior. Básicamente está compuesta por carne y pescado, yuca y plátanos. Después de comer el indígena sale de nuevo a continuar sus actividades hasta la caída del sol, entonces regresará de la cacería o de la pesca o de las faenas agrícolas y será el momento para la comida principal.

Entre la primera y esta última comerá bananas y frutas silvestres mientras realiza las tareas que le ocupan. Una vez cumplida la labor, se dispone a descansar, pero antes disfruta con su mujer y sus hijos del producto del trabajo del día. Ella ahumará las carnes o el pescado, mientras todos disfrutan del calor del fuego alrededor del "hogar" situado en el centro del bohío.

Comerán allí mismo abundantemente, consumiendo toda la carne —cuatro kilos o más— acompañada de yuca, plátanos y agua. En épocas dificiles y de escasez se guardará en los canastos la carne ahumada, para otros días, pero si la estación es buena en frutos para caza y pesca, sólo se dejará un sobrante para la comida matinal.

La dieta silvestre tiene una gran variedad, palmas, raíces y distintas frutas o cosechas de cultivos como el plátano, la yuca, la piña, la caña de azúcar, la patata dulce, el ñame, el platanillo, la auyama. Los productos de origen animal son igualmente abundantes: piojos, larvas (calandra palmarum), coleópteros, miel, loros, pavas, pajuiles (pauxi pauxi), guácharos, tucanes, cientaros, palomas, etc., (excepto aves de rapiña); monos (alonatta seniculus ssp., Ateles belzebuth ssp.) puerco espines (coendou prehensiis), lapas (agouti paca), chigüiros (dasyprocta aguti harescens), váquiros (fayassu pecan ssp.), osos (myrmecophaga tnidactyla), etc.

Los bari ahuman las carnes, hierven las raíces y tallos. No emplean sal, azúcar, ni aceite, utilizan en cambio el ají (Beckerman 1975).

El consumo de los productos es relativamente inmediato; durante los períodos de abundancia la yuca como todos los alimentos no consumidos son reincorporados al medio como desperdicios. Empero las carnes y otros alimentos de origen animal se ahuman en barbacoa lo que permite su conservación hasta por diez días.

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