GEOGRAFÍA HUMANA DE COLOMBIA
Nordeste Indígena
(Tomo II)
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SISTEMAS DE CREENCIAS Y ETNOMEDICINA

La mitología bari responde a una compleja elaboración ideológica del proceso cultural milenario y vivido por esta etnia, en un habitat específico y en un marco de relaciones sociales y de producción ampliamente conocido y adecuado.

Los estudios realizados sobre la materia han sido fundamentalmente hechos por misioneros como Alcacer (1962, 1964, 1965), Villamañan (1969a, 1969b, 1975), Neglia-Olson (1974) y Castillo (1981). De manera parcial algunos mitos han sido recogidos por Jaulin (1973), Pinton (1970), por tanto se puede considerar que hoy no existen estudios etnológicos conla cobertura y profundidad suficiente.

La concepción del mundo está dada —para el bari— en el proceso de su ordenamiento, ocurrido en el marco de dos momentos delimitados por la presencia de Sabaseba. En efecto, el bari no se pregunta tanto por el origen mismo del mundo sino por la necesidad de alguien que ordene las cosas, las gentes y su conducta para que cada elemento esté en su sitio.

Este proceso ocurre en la interacción entre Sabaseba, sus enviados y los bari mismos. Sabaseba no constituye tanto un ser ontológicamente distinto y de carácter metafisicamente diferenciado y superior, es sencillamente el conocedor y ordenador, un ser similar al bari. Viene con el viento desde el poniente donde vivía con su familia y llega a la tierra que encuentra "oscura, sin estructura, sin forma determinada, caótica (...). Con su trabajo la ordena, la modela, dándole una nueva forma hasta conseguir su situación actual: llanita y con sentido para poder ser habitada y disfrutada" (Castillo 1981:290).

Este trabajo lo hizo Sabaseba sujeto a la fatiga y al hambre —como cualquier bari que prepara su conuco— por eso recurrió a comer de lo único que encontró en aquellos montes: piñas. Al partir una de ellas surge un bari, al partir una segunda aparece una barira (mujer bari) y al partir una tercera surge un bakurita (niño bari), todos ellos en actitud alegre y sonriente.

Los primeros han se constituyeron en personajes importantes llamados Saimadoyi. Estos son Kokebadou, Ñandu, Chibaig, Kassoso, Ourundou, Nunschundou, Dababosadou, a quienes correspondió ser auxiliares de Sabaseba en la reconstrucción del mundo y en la instrucción de los bari en diversas actividades. Kokebadou al cortar un gran tronco del cual salían ruidos brotaron las aguas, posteriormente enseñaría a los bari a pescar. Nandu es el Saimadoyi quien en la prueba hecha por Sabaseba para ver quién lucía más al colocarse un collar con plumas de tucán, se destacó por ser quien más brillaba. Así Sabaseba le ordenó cumplir con el papel de sol ocupando el sitio de éste, colocándose las plumas durante el día y quitándoselas en la noche.

Chibaig es una mujer perteneciente a los Saimadoyi y cumple la función de iluminar como luna por la noche. Kassoso es quien enseña al bari a construir el bohío; Ourundou, la caza y el fuego; Nunschundou, la agricultura y la artesanía. Dabasosa, por último, es quien enseña los cuidados de la mujer encinta y del recién nacido, así como los "secretos" (iacucainas) para el uso de la droxara (tabaco).

Sabaseba, además, dispuso de las estaciones de lluvia y de verano, de la existencia de nubes, del arco iris, de truenos y relámpagos, de terremotos así como de las estrellas. Estos constituyen los fenómenos naturales que interesan al bari y para los que tiene respuesta.

Sabaseba también preceptuó sobre el comportamiento que debían seguir los bari estableciendo las normas de conducta, en especial con relación al respeto por la vida. Y es aquí donde, a pesar del papel ordenador de Sabaseba, no todo es tan bueno como él lo quiso por culpa del comportamiento del bari. Es así como el mito de Sibabio explica la causa de la existencia de otras gentes, tanto indígenas como de otras razas, de los personajes maléficos y de los animales.

El mito relata la historia de una vieja (Sibabio) que mató a su nieto, lo asó y comió su carne. Entonces sus padres (del niño) tomaron venganza ocasionándole la muerte, para lo cual apilaron leña junto a ella y le prendieron fuego. Una vez quemada se esparcieron sus cenizas y de ellas surgieron los blancos, los negros, los Yuko-Yukpa, los guajiros, los daviddu y los animales. El nombre de las gentes que iban surgiendo de las cenizas lo otorgaba Sabaseba señalándoles el lugar que debían habitar. Los daviddu los envió a los montes con el encargo de coger al bari para que así muera.

De las cenizas —aseguran los bari— provienen otros seres imaginarios como los Ichigbari y Taibabaioyi. Los animales son los últimos en surgir de las cenizas y es nuevamente Sabaseba quien les da el nombre, les enseña su función y lugar. También se presentan casos —en los tiempos remotos— de transformación de algún antiguo bari en un animal con el fin de dar explicación de algún aspecto de su conducta, por lo que cada uno acomoda su propia versión del mito según sus propias observaciones y experiencias. Los animales, objeto de estos mitos, son principalmente los monos, las marimondas, los araguatos, las lapas, las arditas, aves y hasta montañas con figura humana.

Un aspecto llamativo en la mitología bari es el ordenamiento que se le da al cosmos y el tipo de pobladores que le corresponde. Así a la tierra (itta) corresponden hombres y animales; debajo de ella está el baira biascha barun, grandes extensiones de agua debajo de la tierra donde habitan los sitbayi los cuales viven en cuevas; los taibabioyi, los ninchu, los scumbrabra (enanitos), los karima (gente con forma de animal), los tai (peces).

Encima de la tierra se ubican en orden ascendente seis cielos: el saba, debajo de las nubes, es la región del viento suave habitada por seres protectores de las tempestades como los Nodaridou, los Sirogdobari, y de pájaros amarillos quienes los defienden de los ataques de Daviddu.

Sigue la zona de viento fuerte o kokda sada, donde se forman las tormentas y las lluvias. Allí es el lugar del encuentro de los muertos (basunchimba) con sus familiares. Por encima de las nubes está el cielo (barun) que semeja un telón muy grande pintado de azul por Sabaseba, sostenido en la tierra, en el cual habitan los saimadoyi, las estrellas y los basunchimba. Más allá está el firmamento o barun aschua poblado por los zamuros, los truenos, los relámpagos, la luna y el arco iris. Encima está el sagoada bibaru donde habitan las personas convertidas en aves (tarigbimomo) o en monos (scharaba) y las golondrinas. Por último el cielo más alto lugar de ñanbobikorai, ñandou (el sol) y Sabaseba y familia.

La exposición por parte de un indígena de cualquiera de estos relatos míticos no implica uniformidad y obligación de repetirlos con iguales características; de hecho, según su ingenio, cada uno introduce variaciones en el mensaje según sus propias inspiraciones y experiencias. Entre los bari no existen individuos depositarios de la "verdad" o con un rol específico que permita ostentarla, pues al fin y al cabo todo este conocimiento forma parte de la tradición oral. Se considera que un viejo (mayor de treinta años) es lo suficientemente instruido en estas materias. Para el bari la función principal en el grupo no la ejerce el shaman, sacerdote o brujo, sino el Ñatubay. Su origen coincide con la existencia misma de los bari; en efecto, de las piñas amarillas partidas por Sabaseba surgieron los primeros Natubai: Anagscnamadou, Akedou, Sirotrobindou, Nischarrai, Nainsayadou, quienes aprendieron directamente de Kassoso la construcción del bohío y ocuparon distintos sitios según el territorio que les fue asignado.

Además del Natubai, como señalamos páginas atrás, la estructura social del grupo doméstico está constituida por otros individuos que cumplen roles diferenciados, sin que entre ellos exista uno en particular para el shaman. Para los bari, Sabaseba los ilustró por mediación de Dababosa (saiomadoyi), acerca de los "secretos" (iacucainas) para el manejo de la droxara (tabaco). Es por esto que Castillo (1981:300) caracteriza a la cultura bari de "aniconismo" pues en ella "no se encuentran ‘ídolos’, ni templos, ni ritos, ni sacrificios, ni ofrendas. La relación con Sabaseba es acultual".

Lo que equivale a que éste organizó el mundo y su vida y los dejó para que ellos continuaran con los modelos que les enseñó, sin requerir relación cultural. Sin embargo el bari reconoce el papel y la obra de Sabaseba y procura seguir sus modelos en todo cuanto hace.

Sin embargo podemos observar algunas prácticas culturales que pueden ofrecernos ejemplo de los diversos pasajes diferenciados en su vida: los mitos también están referidos a los aspectos sociales tales como la iniciación (nacimiento, crecimiento y participación comunal). Así Dababosa —en forma de tigre— se encarga de instruir al bari en los misterios de la vida y de cuidar de la mamá y del bebé. Su ausencia causa sufrimiento a las mujeres en el parto y retraso en los niños. La iniciación está acompañada de algunos "tabús" como la prohibición de consumo de ciertos alimentos por parte de la mujer, o la realización de ciertos ritos cuando se trata de la imposición del nombre o el reconocimiento pleno del grupo.

La familia tiene también un origen mítico —como señalamos anteriormente— y su comportamiento al lado de los Ñatubai ha sido dispuesto por Sabaseba; por lo que quienes no acatan las normas sufren las consecuencias del malestar. La casa (bohío) también tiene una explicación mitológica; fue aprendida de Kassoso por encargo de Sabaseba, el cual además los instruyó sobre los demás elementos que componen la vivienda. Asimismo la aparición de los hombres, salidos de la piña, responde al orden de "jerarquía" de los individuos en su distribución especial y responsabilidad en las tareas, de lo cual hemos hablado en otra parte.

El más temido de los espíritus es Daviddu el dueño de la noche, espíritu que causa el mal y quien, con su fatalidad trae al bari la enfermedad y la muerte segura. Es él el que desencadena las tempestades y tormentas, produce el desbordamiento de los ríos y por andar suelto en las noches es una amenaza para salir del bohío a esas horas; para salvaguardar su casa de las malas influencias exorcizan con un leño encendido su interior agitándolo por todos sus alrededores. Cuando alguien se enferma por su causa, se dice que se ensaña en su víctima. Como tiene poderes superiores nada hay que hacer; lo mejor es dejar tranquilamente morir al enfermo. De Daviddu provienen las enfermedades graves y/o mortales; por eso hay que temer a Daviddu y huir de él. El venado es tabú para la caza y su consumo, en tanto está asociado a Daviddu.

En otras ocasiones se identifica a Schicbarina con el mal que proviene del hombre blanco, quien con sus malas influencias trae enfermedades al bari, con Schicbarina sostiene una especial relación de intercambio espiritual en las horas de la noche, buscando su protección y su luz.

También la enfermedad y la muerte pueden provenir de Daybacdodjira quien vive bajo las aguas de los ríos y puede causar el ahogamiento; o de Schumbrabra, espíritu que está debajo del suelo y trae vómitos y lombrices.

El bari establece comunicación interior con los espíritus para determinar por la autocrítica, si debe admitir alguna responsabilidad ante la enfermedad o ésta proviene de alguna mala influencia de otros congéneres o del hombre blanco.

La terapia motilona no corresponde propiamente al campo de la botánica médica, sino que las plantas utilizadas representan ante todo un acto simbólico de curación o para ejercer alguna protección preventiva. Su uso depende de la consideración previa que se haya hecho del tipo de enfermedad y de quien la envía. Ya señalamos la actitud resignada y estoica cuando se trata de algo mortal: por ejemplo, el rayo, el ahogamiento, la mordedura de serpiente, la peste, al fin y al cabo es lo que establece e impone el ordenamiento de Sabaseba. Una vez muerto es transportado en su hamaca a la selva en donde es consumido por los zamuros que vienen del barun ashua con esta misión.

Al parecer el diagnóstico y el tratamiento con decisión personal, a partir del autoexamen de los motivos que hayan podido causar la enfermedad y de esta forma considerar la gravedad o no que pueda revestir y, por tanto, su posible o imposible curación. Dicho autoanálisis se realiza a partir de los elementos de juicio que posea el individuo por propia experiencia, por el conocimiento y manejo de la mitología y por la capacidad de diagnóstico de la enfermedad. De aquel derivará su actitud ante ésta: si es grave o mortal adoptará la extrema resignación ante su destino, aunque la muerte tampoco es el fin de todas las cosas.

Para el bari, la muerte permite el paso a un mundo nuevo lleno también de experiencias, diferentes a las de esta vida, pero rico y novedoso. De todos modos no abandona sus iacucaynas o invocaciones por las que se dirige al Saymaydodjira solicitando la curáción. También utilizará de diversa forma la droxara.

La droxara consiste en un preparado de hierbas compuesto de las hojas del balso, el tabaco, el ají, las cuales una vez secas se desmenuzan y se mezclan. Por lo común, son las mujeres las encargadas de recoger las plantas, machacarlas y guardarlas en un pequeño calabazo, para que el enfermo recurra a ella, ya que por su intermedio se obtienen poderes curativos emanados de lo sobrenatural. Al balso se le atribuye un valor especial debido a que por su flor amarilla y su permanente renovación anual ocupa el primer lugar entre las plantas del bosque y, se le atribuye un valor particular pues por él se manifiesta el poder creador del Saymadojira y sus favores para el bari. A estas agregan indistintamente otras, ya sea de ají o yuca, según el criterio con que quiera potenciarse la droxara.

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El enfermo toma la droxara o mezcla de hojas, las humedece en su boca recitando las palabras según donde sienta el dolor y haciendo referencia al lugar del cuerpo. El tipo de iacucaynas varía según la inspiración individual; los viejos conocen el mayor número y se encargan de enseñar a los jóvenes. Los jefes del grupo familiar son quienes los recitan para curarse ellos mismos, a su mujer o a sus hijos y son ideadas más que todo en las horas de la noche. Los conocimientos previos para producir las iacucaynas son ya suficientes cuando se llega a la edad madura.

Existen otras prácticas menores: en casos de gripa untan musgo en la garganta o cubren el pecho con caraña. La caraña, una especie de goma de árbol, es de uso frecuente; y la mantiene a su alcance, para aplicarla en forma de cataplasma; por ejemplo, para extraer los nuches de los granos de la piel.

La droxara no sólo ejerce una función curativa; también puede emplearse de manera preventiva, antes de realizar alguna faena que signifique especial esfuerzo fisico como pescar o cazar, o para participar en competencia o marchas para protección de malas influencias, también es garantía de bienestar.

Como estimulante muscular, para reanimarse en las competencias atléticas que realizan frecuentemente los jóvenes de un bohío, o con los de otro que están de visita, por los caminos de caza en el bosque contiguo.

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