Geografía Humana de Colombia
Región Andina Central
TOMO IV VOLUMEN II
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ETNOGRAFIA MUISCA: 
EL RESGUARDO DE COTA

Luis Eduardo Wiesner Gracia

 

 

INTRODUCCIÓN

A la llegada de los españoles en 1537, la región Andina central de la cordillera Oriental de Colombia estaba habitada por la nación Muisca. Las evidencias arqueológicas más antiguas indican que su asentamiento se inició en el siglo VII d. de C. Al comenzar la Conquista, en el siglo XVI, se hallaba organizada en cacicazgos confederados y atravesaba por un proceso de transición hacia la configuración de un estado primitivo.

El sometimiento violento de los cacicazgos a un régimen de explotación colonial destruyó, paulatinamente, su organización económica, social, política y cultural, que causó a mediados del siglo XVII la “catástrofe” demográfica de su población.

Actualmente, la extinción de los Muiscas se da como un hecho cumplido, pero aún es posible reconocer entre el campesinado de la región, algunas permanencias étnicas y culturales. El caso más notable lo constituyen las comunidades indígenas de Resguardo que subsisten en las municipalidades de Cota, Chía, Tenjo, Suba, Engativá, Tocancipá, Gachancipá y Ubaté.

La conservación en la actualidad de estos resguardos encierra una gran significación cultural, no sólo como testimonio de una forma de vida en el pasado, sino por su concreción en el presente. Su persistencia resulta extraña en una área de acentuada transformación demográfica y cultural del país, dentro de un contexto de acelerado desarrollo capitalista.

La cultura Muisca, después de la Conquista, se sumergió en el proceso de formación colonial de la sociedad “blanca” (colombiana). Los cacicazgos, antes de su desaparición, se transformaron en “resguardos”, pero éstos conservaron algunos rasgos de su organización ancestral, ante la imposibilidad de romper totalmente sus relaciones sociales tradicionales sin producir la extinción física y cultural de la población.

El caso del resguardo de Cota permite comprender la dinámica etnohistórica subyacente en su supervivencia e ilustrar el proceso de transformación vivido por la población indígena de la región.

 

ETNÓNIMOS 

Los Muisca s se consideraban a si mismos “gente”, “hombre” o “persona”; tal parece haber sido el significado del término apelativo. Los demás pueblos por oposición eran: extranjeros, forasteros o advenedizos y los nombraban: “gueba”, “sunguia y “sue”. Los cronistas españoles escribieron el término Muisca con diferente ortografía: muyzcas, moscas, muscas, moxcas, muexcas, muiskas (Acosta, 1938, 152), respondiendo, quizás, a la manera como los pueblos vecinos los nombraban en distintas partes (Rodríguez, 1968, 25), o a variantes dialectales entre ellos mismos.

Por “Cota” conocieron los españoles a un “cacique y señor” “encomendado” con sus indios en 1555 (AGN. E. C., T. XII, fls. 223-225). La denominación se aplicó más adelante para nombrar el “resguardo” al que fuera reducido su cacicazgo en el siglo XVII. En el curso del siglo XIX, se transformó en “parroquia” de “feligreses” y conservó el nombre cuando ésta fue trasladada, en calidad de cabecera municipal, al lugar donde hoy se encuentra.

La palabra “Cota” pertenece al idioma Chibcha (Acosta, 1938, 31), pero, tal como se escribe y pronuncia actualmente, es una adaptación al alfabeto y la lengua españoles.  Dentro de la fonética y la semántica Chibcha, la c era gutural explosiva en forma de k en español, en la época de la Conquista tenía dos sonidos: uno de ts o tz, con el que se interpretó el sonido suave de la ch indígena, y otro de z. También se igualó el sonido de la k al sonido de la q suave o de c, cuando la k estaba seguida de las vocales a, o, u, lo que hizo que “Cota” se pronunciara en tres formas diferentes: Chota, Kota y Quota. Las pronunciaciones “Quota” y “Cota” aparecen transcritas alfabéticamente en los documentos coloniales.

Gramaticalmente, la palabra “Cota” es participio del verbo chibcha “cotansuca” y significa “crespo, crespa, encrespado, desgreñado”. El participio del presente se forma del presente del verbo “cotansuca” de la siguiente manera:

- “cotansuca”: o “mantos de suca” (activo, tiene el participio del presente igual al presente indicativo aunado).

- “co”: “Apoyo”.

- “ta”: “Propiedad, dominio, labranza sementera, cosecha”.

- “suca”: “tras detrás, frecuentemente, ordinariamente, a menudo” (Acosta, 1938, 22, 31, 40).

El significado contextual de la palabra “cotansuca”, así descompuesta, sería: apoyo, detrás de la labranza. Esta alocución parece referirse de manera ideográfica a la relación topográfica y humana existente entre geografía local y la ubicación del asentamiento indígena.

La palabra “Cota”, actualmente tiene el sentido de un sustantivo propio o un patronímico, con el cual la comunidad indígena del resguardo se autoidentifica a nivel local, dentro y fuera de entidad municipal en la que se inscribe su territorio.

 

                                        LOCALIZACIÓN Y TERRITORIO 

El resguardo se encuentra ubicado en el municipio de Cola, enclavado en el centro del área geográfica que ocupa el altiplano de la Sabana de Bogotá, en el departamento de Cundinamarca, sobre un tramo montañoso del cerro de “Manjuy” que se desplaza, con diredón sur-oeste, norte-este, a dos kilómetros de distancia de la cabecera municipal. Esta se loca liza en los 4° 49’ latitud norte y 74° 06’ longitud oeste del meridiano de Greenwich.

El resguardo tiene una extensión global de 500 hectáreas; su altura sobre el nivel del mar varía entre 2.600 metros la parte más baja, y 3.050 metros, la parte más alta. Colinda con predios privados de pequeña y mediana dimensión que lo rodean por los cuatro costados: al norte, la hacienda “El Noviciado”; al sur, la hacienda “La Gioconda” y algunos predios menores; al oeste, por la parte alta, las haciendas “Meridor”, “Miravalle”, “La Aldea” y “Sierra Morena”, que pertenecen al municipio de Tenjo; al Este, por la parte baja, un camino carreteable que bordea el pie del cerro del Manjuy interrumpido por tres entradas o “golfos” de la planicie en los sitios canon del Abra”, “cañada del agua” y “Las Brisas” pertenecientes a la finca “La Fontana” y pequeños propietarios particulares (Mapa 1).

Resguardo de Cota - Localización

En relación con la división político administrativa del municipio, el resguardo colinda al este y de sur a norte, con las veredas “Rozo”, “Abra”, “Setime” y “Moya”; éstas se extienden hada el este sobre la parte plana de la Sabana hasta encontrar la Carretera Central (antiguo “camino real” o “camino público”), que comunica las localidades de Funza y Zipaquirá.

El cerro de Manjuy es una península que sirve de límite natural entre dos sectores de la misma formación de la Sabana: los valles de Tenjo y Bogotá, en cuyo borde oeste se encuentra el municipio de Cota; hace parte de las montañas del altiplano central de la cordillera Oriental de origen sedimentario marino, plegadas durante el cretácicoterciario y su depresión posglacial. La Sabana, tiene un origen sedimentario lacustre dulce, del período terciario-cuaternario, por desecación de la gran laguna glacial que se formó allí en la época, su relieve es plano y casi plano, con pendientes inferiores al 2%.

Los suelos del resguardo corresponden a una estructura geológica de niveles duros atribuidos comúnmente a la formación tipo Guadalupe, bajo la que se encuentran los tipos Villeta y Girón, característicos de toda la cordillera Oriental, ricos en cuarcita, pizarra, arenisca y arcilla. De las 500 hectáreas del resguardo, el 90% son de topografía quebrada, con pendientes de más del 20%, muy escarpadas y de difícil acceso. El 10% restante, localizado en la parte baja del cerro, son de menor pendiente.    

El resguardo participa de las mismas condiciones climáticas del área municipal y del Altiplano. Sus tierras están comprendidas en el piso térmico frío o clima ecuatorial de alta montaña (conocido también como clima tropical lluvioso), que determina la sucesión de períodos estacionales hídricos (y no térmicos), rigiéndose la vida del hombre y la naturaleza por los períodos de lluvia y de sequía (precipitación y humedad ambiental), como lo hacen el invierno y el verano térmicos en latitudes medias (Guhl, 1975, 81). La temperatura media anual es de 13°C, cae dentro de los límites de la gradación climática de la formación 12°C a 16°C.

Por la condición climática, el período vegetativo es de 365 días anuales, pero con mayores oscilaciones en el área del resguardo entre el día y la noche. Sobre el cerro de Manjuy se descarga la evaporación originada en la amplia superficie de la Sabana, impulsada por corrientes de convección hacia las partes más altas. El resguardo se cubre de nubes bajas, humedad en forma de bruma y niebla, y experimenta frecuentes precipitaciones en horas del amanecer y a la caída del sol en la tarde.

La precipitación promedio anual es de 500 a 1.000 mm con 157 días lluviosos como índice más alto. Las variaciones de temperatura originan dos estaciones secas -“verano”- y dos lluviosas -“invierno”-, que determinan las épocas de siembra, recolección y rotación de cultivos. Las primeras estaciones se presentan de diciembre a enero o marzo, y de julio a agosto; las segundas entre marzo y junio, y octubre y diciembre.

En el Manjuy nacen pequeñas corrientes de agua que descienden en forma de quebrada hacia la planicie, las más conocidas son: “Los Manzanos”, “Setime” (de la que se toma el agua para el acueducto municipal), “Ciénaga”, la “cañada del Aura” y “La Hichita”. En la parte baja hay dos “ojos de agua” (o afloramientos superficiales de aguas subterráneas), que se disputan los vecinos.

A finales del siglo pasado el caudal de las quebradas era todavía abundante e incluso existían depósitos de agua en la parte alta del cerro. En la parte baja, en el costado sur occidental del Manjuy, afloran corrientes termales que son aprovechadas ventajosamente por personas ajenas al resguardo.

 Actualmente por causa del desmonte de la tierra, el uso permanente y los continuos incendios forestales del cerro hay escasez de agua durante gran parte del año. En los terrenos del resguardo, la construcción de pozos artesianos no es posible por la dureza del suelo y la pendiente que “entierra”, o “huye las aguas” (en la interpretación local) hacia la parte plana de la Sabana, donde su uso se ha generalizado.

El manto vegetal de la formación montañosa de la que hace parte el Manjuy es de rastrojo con manchas de bosque andino (Hettner, 1966). El rastrojo es denominado por los campesinos del lugar “charrasco” o “barrizal”, está compuesto por numerosas plantas y arbustos silvestres de tierra fría: helechos, frailejones raquíticos, pajonales, manzanillos, musgos, líquenes, canelillos, moras silvestres, mirtos, cañas, carrizos, carretones blancos, aguadijas, salvios, apios, cardosantos, quiches, encenillos, lamas, pajas finas, chusques, laureles, cardoncillos, arrayanes, guayas, cubios, malvas, chites (o monte), san gregorios, cucharos, barbas de diablo (o hierba mala), siete cueros, romeros y tunos, son algunos de los nombres comunes con los que se conoce la vegetación del resguardo.  

La vegetación original ha desaparecido casi por completo debido al uso intensivo desde épocas coloniales. En 1555 los indígenas tributaban cuatro cargas de leña diarias a su encomendero y hasta hace 40 años del presente siglo, se usaba en forma generalizada el sistema de tala y recolección con destino a la fabricación de “carbón de palo” (carbón vegetal) para su venta en Bogotá, hoy todavía se continúa con esta práctica para el consumo doméstico. Incendios accidental o intencionalmente producidos en los últimos 16 años han devastado en gran parte el área del resguardo una vez cada dos años en promedio.

La fauna actual se reduce a pájaros de tierra fría, uno que otro armadillo y conejo, y algunos roedores. Lo mismo que en el caso de la vegetación nativa, la fauna primitiva ha desaparecido casi por completo, el empleo de pesticidas en la agricultura, la desecación de la laguna pleistocénica y sus residuos pantanosos, la práctica común de la cacería con escopeta, más los continuos incendios del cerro han contribuido a ello.

 

                                                       DEMOGRAFÍA 

En 1988 la comunidad indígena tenía una población total de 1.482 individuos vivos, que fueron censados en función de su residencia dentro o fuera de los linderos del resguardo, y su unidad de vivienda con vínculos familiares o no (Funcol, 1988). Es posible que la población “comunera” sea más numerosa si se tiene en cuenta un censo adelantado por el Departamento Nacional de Planeación, que arrojó en 1989 un total de 1.859 individuos, agrupados en 308 familias. Entonces, según esta cifra, la comunidad del resguardo representaba el 23% de la población total (8.080 personas) del municipio y el 37% de la población (4.977 personas) asentadas en el área rural (Arango, 1989).

De acuerdo con el censo de 1988, el más confiable realizado hasta el momento, 494 comuneros (33%) habitan dentro de las tierras del resguardo; mientras 898 (61%) viven dispersos en las veredas municipales, 59 (4%) en municipios vecinos de Cota y 31 (2%) en Bogotá. En función del sexo, la distribución de la población comunera es más o menos equitativa: 50.1% son hombres y 49.9% mujeres. De acuerdo con la edad, la pirámide poblacional es de base angosta: el grupo menor de 16 años comprende el 25% de la población, mientras el grupo en edad productiva, entre 16 y 45 años, representa el 58% en el extremo superior, el grupo de edad mayor de 46 años comprende el 16.7%.

La comunidad tiene una baja tasa de reproducción natal, pero el crecimiento bruto de la población total de Cota tiene una gran incidencia sobre un posterior desarrollo del resguardo que se traducirá en una mayor carga económica, el aumento de la presión sobre la tierra y la demanda de ampliación de la infraestructura de servicios. En el año 1973, se estimaba la población comunera en 1.110 personas, sobre la base de 4.827 personas en todo el municipio. De acuerdo con el Departamento Nacional de Estadística, DANE, entre los años 1976-1985, hubo un aumento de población en Cota de 67.4% y, en 1985, la población menor de cinco años fue del 13.1%. Tomando la rata cruda de nacimiento del 18.6%, se confirma la baja participación del grupo 0-4 años (9.3%), inferior respecto al total del municipio (13.1%), que elimina el factor de la presión demográfica dentro de la comunidad. Desde el punto de vista de la fertilidad 74.8% niños por cada 100 mujeres, significa un relativo crecimiento vegetativo en el resguardo.

 

                                                    AFILIACIÓN LINGÜÍSTICA 

Los Muiscas hablaban una lengua de la macrofamilia Chibcha, extendida y dividida en diversas variantes dialectales desde Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, hasta algunas regiones de Colombia, Venezuela y Ecuador.

En el Altiplano Central, la lengua de los Muiscas se diferenció en dos variantes principales separadas geopolíticamente: una al norte, en el departamento de Boyacá, y otra al sur, en el departamento de Cundinamarca. El Muisca del sur, fuera de las diferencias mayores o menores a que hacen referencia los cronistas, se caracterizaba por la presencia en los fitónimos del rasgo dialectológico ch; mientras en el del norte alternaba el rasgo r. (Rodríguez, 1984,2.8). Los muiscas de Cota, por su posición geográfica, hablaban el dialecto del sur.

Hoy no hay hablantes Muisca; el uso de los dialectos nativos fue prohibido en 1770, mediante una Cédula Real por razones económicas, culturales y políticas en favor del español, que desde entonces se impuso como lengua general. En el Altiplano Central sólo sobrevive una variante del Chibcha, al norte de Boyacá, entre los actuales indígenas U’wa (o Tunebos).

Sin embargo, a pesar del sincretismo cultural el vocabulario activo de la región guarda algunos elementos lingüísticos, particularmente referidos a los temas de agricultura, animales, cuerpo humano, enfermedades, construcción, alimentos, vestuario, utensilios domésticos, familia, vida espiritual, instrumentos musicales, accidentes geográficos y apellidos (Rodríguez, 1984).

En Cota y el área aledaña se conservan varios vocablos de claro sabor Muisca, como en los toponímicos: Chipo, Chucua, Churuguaco, Chauta, Chitasuga, Chicú, Chinga, Hichita, Paunchica, Tiguasé, Jarasucá, Guangata, Oigata, Guacos, Guaicata, Cune, Cubita, Cana, Manjuy y Tibabuyes. Así mismo en los apellidos comuneros: Cana, Mórtigo, Guitarrero, Tauta, Fiquitiva, Cao, Tibaquicha, Neuque, Nempó.

 

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