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3.9 Formas de trabajo
Entre los Páez existen diversas formas de trabajo colectivo que, frente a las formas de trabajo individual, gozan de mayor reconocimiento comunitario. Entre éstas, encontramos lo que tradicionalmente se ha denominado minga o convite, término que abarcaría dos procesos diferentes, el Picy-Nasa o convite de la gente, y el CuesNmi o trabajo del Cabildo (Sevilla Casas, 1983, 151).
La Picy-Nasa que realizan los Páez no se diferencia de la minga guambiana o las mingas que se celebran en otras regiones de la América Andina. Hay una fase de preparación, una de invitación, un trabajo colectivo y posteriormente la celebración y fiesta con que se finaliza la actividad. La etapa de preparación es la más dispendiosa de todas y el comunero interesado la inicia con semanas o meses de anterioridad. Debe tener muy claro cuál es el trabajo que se va a desarrollar, los participantes que serán invitados, la comida, bebida y los cigarrillos que se repartirán... Preparar una Picy-Nasa es una tarea costosa y muchas veces el jefe de familia tiene que salir solo o acompañado por otros miembros de la familia a jornalear para poder sufragar los gastos. Después de que se tiene el dinero necesario se puede dar comienzo a la fase de invitación. Esto puede ser algo ocasional al cruzarse en el camino con otro comunero, en el mercado, en el desarrollo de otra minga, o yendo a visitar al amigo para hacer directamente la invitación.
Se invita para ir a ayudar en un determinado trabajo.
Ayudar es un imperativo páez que recibe toda la atención de las gentes y se convierte en uno de los pilares de la vida social. El comunero que ayuda al Cabildo en las obras de beneficio común está demostrando con ello que sí es del resguardo. El que ayuda a su vecino es de buena nasa. Los que no ayudan están demostrando que se han apartado de la costumbre páez y no merecen el nombre de nasa .... (Ibíd., 151).
El día señalado para la Picy-Nasa, se comienza muy temprano la preparación de los alimentos, tarea que está encomendada a las mujeres. La víspera se ha cortado y apilado la leña y el maíz se ha puesto a conservar en ceniza para ablandarlo y poder quitar su cáscara. En grandes ollas se pone a hervir la carne o vísceras, el fríjol, la arracacha, la cebolla y claro está el maíz, para preparar el mote, base de la alimentación durante la Picy-Nasa. Más tarde empiezan a llegar los invitados cada cual con su herramienta y son recibidos con una tasa de café caliente y unas pocas arepas recién asadas.
Después de un rato de conversación y risas, fumarse unos cigarrillos y tomar café, los invitados salen con el anfitrión al lugar donde se va a realizar el trabajo. Generalmente estas mingas se dedican al cultivo del maíz o a la cosecha de la cera de laurel aunque también se pueden hacer para construir casas, abrir chambas o limpiar potreros. En el caso del maíz, las actividades que se hacen son sencillas: tumba del bosque, tejido de los cercados, siembra o limpieza de las plantas y recolección del fruto. Al finalizar las labores, los comuneros se dirigen de nuevo a la vivienda del anfitrión donde los espera un oloroso mote, un pedazo de carne, arepas, cigarrillos, café y chicha o guarapo. Aquellos que mastican coca, generalmente la han traído ellos mismos de sus viviendas.
Sevilla Casas ha mostrado para Tumbichucue cómo la mayoría de las mingas coinciden con los ciclos agrarios y de fiestas propias del resguardo, y cómo muchas veces la minga coincide con el comienzo de la hambruna o escasez de maíz. A fin de subsanar esta deficiencia, los comuneros que tienen que trabajar sus rozas, deben acudir al mercado para conseguir el grano faltante, pero dada la escasez de circulante para comprar el maíz deben muchas veces salir a jornalear una o dos semanas. (Ibíd., 157).
Si se hace un análisis del funcionamiento de una de estas mingas dentro de la racionalidad de la economía capitalista, se deduce fácilmente cómo los costos de ésta sobrepasan lo que sería el pago de los jornales de los trabajadores. Aquí, como entre los guambianos y en otras comunidades andinas y campesinas, la función de la minga va más allá de la esfera puramente económica. No solamente puede servir para lograr una redistribución de bienes acumulados, para cumplir con la obligación tan generalizada en estos medios de compartir y regalar comida sino por encima de todo esto, sirve para fortalecer el prestigio, construir liderazgos y formas germinales de dependencia y dominación (Ibíd., 161) y para fortalecer los lazos de pertenencia a la comunidad.
La Cues-Nmi o minga convocada por el Cabildo es otra de las formas colectivas de trabajo encontrada entre los Páez. Su dimensión es mucho mayor que la descrita anteriormente ya que se supone que todas las unidades domésticas tienen que participar obligatoriamente. Cualquier necesidad física que se le presente a la comunidad, puede y debe ser solucionada mediante la realización de una Cues-Nmi: los arreglos de las vías, la construcción o refacción de las escuelas, el mantenimiento de la manga del padre o los trabajos en la roza del santo, entre otras.
Sevilla Casas plantea este tipo de minga como una derivación o supervivencia de instituciones coloniales de dominación, estrechamente relacionadas con la exacción de tributo. El tono compulsivo de la invitación, la cual es más una orden que una invitación propiamente dicha, el que la autoridad que convoque sea el Cabildo en medio de un ceremonioso ritual en el cual las varas de mando, símbolos del poder y la autoridad, siempre están presentes, sustentan esta afirmación y muestran cómo se trataría de un tributo pagado en trabajo que hace pensar en las haciendas de los encomenderos y de los curatos de la época colonial (Ibíd., 169).
Otras formas de trabajo colectivo encontrado es el Nmicambio, o cambio de mano que se observa con frecuencia en el trabajo cotidiano de las parcelas y donde el jefe de una unidad doméstica solicita la ayuda de otros con el compromiso de ayudarles posteriormente cuando éstos así lo requieran. Es una forma de cooperación interdoméstica que se usa para realizar tareas agrícolas.
3.10 División del trabajo
Los Páez son grandes trabajadores y resistentes caminantes. A las 4:00 a.m. acostumbran estar levantados y por los estrechos senderos que surcan su territorio caminan largas jornadas hasta llegar a los lugares de trabajo, muchas veces muy distantes de sus viviendas. El hombre, seguido de su mujer, sus hijos y un perro, camina ágil, rápido y silenciosamente a cumplir pesadas jornadas de trabajo. La mujer y los hijos trabajan en los campos y cumplen múltiples tareas domésticas, siendo el padre, indiscutiblemente quien establece la tarea que cada uno debe desempeñar.
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Mujeres y niños del resguardo Páez de Munchique-Los Tigres, Municipio de Santander de Quilichao
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Dentro de la división del trabajo existente, la mujer, además de cumplir con sus funciones de reproducción y mantenimiento del hogar, trabaja en las faenas productivas tan intensamente como lo hace el hombre. Suele levantarse más temprano que él, ya que a las 3:00 a.m. debe prender o avivar la hoguera, posteriormente moler el maíz y alistar el desayuno para su marido y sus hijos. Toda la preparación de alimentos, mantenimiento de la vivienda y hogar, cuidado de los niños, hechura de jigras, manas, chumbes y ropa para los pequeños son labores femeninas. La huerta casera generalmente es mantenida por ella y en los períodos de trabajo en las rozas y sementeras ella participa en igualdad de condiciones a los hombres. Ella está presente en las labores de rocería, quema, elaboración de cercados, limpieza y cosecha.
Toda la labor artesanal que desarrollan las familias páez se encuentra en manos de las mujeres. Con el fique preparan la fibra y tejen las mochilas; con la lana de sus ovejas, que cariñosamente han cuidado, la hilan, la tiñen y tejen sus ruanas, chumbes, jigras y otras prendas pequeñas para los niños. Cada mujer tiene su propio telar, que desde muy niña aprende con destreza a manejar. Todas las labores domésticas y artesanales se superponen al trabajo productivo agrícola, de manera tal que la mujer páez no dispone nunca de momentos de descanso. A los pocos días del parto, está trabajando como de costumbre, con su bebé amarrado a la espalda, deja sus brazos libres y disponibles para cualquier actividad necesaria para la reproducción familiar.
4. ORGANIZACIÓN SOCIAL
4.1 La vivienda
Los Páez viven en sencillas chozas o rústicas casas dispersas en su territorio. Ubicadas a lo largo de los caminos, en pequeños poblados o dentro de los cultivos en las faldas de la cordillera. Aunque las viviendas varían según se encuentren en clima frío o cálido y según la situación económica de la familia, la vivienda páez se puede caracterizar por ser de planta rectangular, con paredes de caña, techo de 2 o 4 aguas construido con hojas de caña de azúcar, maíz o palmas del monte - La armazón se hace con madera de chonta, guadua, encenillo, chusque u otras maderas cordilleranas. Con diversos bejucos se hacen los amarres. El suelo es de tierra pisada y al interior de la vivienda existe un solo espacio al centro del cual se encuentra el fogón donde se cocinan los alimentos puestos en ollas sobre las tulpas o colgados sobre la candela en garabatos de madera. También se encuentran casas de bahareque o adobe con puertas y ventanas de madera, piso de tabla o cemento y techo de 2 o 4 aguas pero en zinc, eternit o teja de barro. Una que otra casa de ladrillo similar a la de los mestizos de la región se puede encontrar habitada por indígenas.
Jigras colgadas en las paredes sirven para guardar la ropa, la comida, la coca y otros artículos de consumo. Uno o más machetes se cuelgan cuidadosamente de las paredes. En todas las viviendas páez siempre está presente una piedra de moler que sirve para el maíz y el café. El ajuar de la vivienda es austero. Los muebles son escasos: unos pequeños bancos de madera que sirven tanto para sentarse como para poner la cabeza y descansar o dormir. Elementales barbacoas donde con cueros, ropas viejas o una que otra cobija pasan la noche. En las viviendas prósperas suele encontrarse una mesa con sus bancas, la cual es usada para recibir las visitas. Todo en las viviendas es perecedero.
En algunas viviendas ubicadas dentro de los resguardos más tradicionales, suele encontrarse junto a la vivienda una pequeña choza donde se recluye a la mujer menstruante y dan a luz las madres atendidas por las parteras de la región.
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Mujer Páez tejiendo una jigra sin agujas. Resguardo de San Andrés de Pisimbalá, Inzá, Tierradentro.
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En la mayoría de las viviendas ubicadas en clima cálido se encuentra una canoa o tronco hueco donde se pone el jugo de la caña de azúcar a fermentar. Es común observar en su parte externa los telares apoyados sobre una de las paredes, donde tejen las ruanas, las faldas, cobijas, chumbes en lana y jigras. Otro caedizo de la vivienda se utiliza para guardar la leña, empollar las gallinas, dormir los marranos y arrumar los utensilios de trabajo.
Las viviendas se hallan conectadas por una red de estrechos caminos transitables únicamente a pie y en época de verano. Tratan de construir sus casas cerca a los caminos reales, caminos de a caballo que conectan unas comunidades con otras. La principal consideración para la ubicación de la vivienda es la cercanía a la plantación de la familia y la proximidad a una fuente de agua.
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Trapiche para miel en el resguardo de San Andrés de Pisimbalá, Inzá, Tierradentro.
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4.2 La familia
La vivienda páez se encuentra habitada generalmente por una familia nuclear, es decir, el padre, la madre y los hijos solteros. Esta familia nuclear es la unidad social y económica básica; sus miembros no solamente comparten una habitación, sino que juntos trabajan la misma parcela. En algunos casos conviven en la misma vivienda más de una familia nuclear; se trata generalmente de un hijo con un hogar recién conformado. En estos casos los dos hogares se comportan como dos unidades domésticas independientes, con sus tierras, presupuesto y fogón aparte.
El tamaño de las unidades domésticas encontradas entre la población indígena de Tierradentro no es muy grande. A pesar que la vida reproductiva de la mujer se caracteriza por las concepciones continuas, 5.5 miembros por hogar es el promedio establecido. Los altos índices de mortalidad infantil - 36% para Tumbichucue- hace que de 8 hijos en promedio nacidos vivos por madre, sólo tres sobrevivan y alcancen la adultez. Sin embargo, el ideal de los padres es tener una familia numerosa. Si recordamos las características de su economía y la alta cantidad de energía y fuerza de trabajo que requieren sus actividades productivas, entendemos la gran importancia que los Páez le dan a sus hijos. Los niños constituyen la razón de ser de la familia y una mujer que no los pueda concebir, es una mujer repudiada. Se dice que las personas que mueren sin ellos se van al Nevado del Huila y que la mujer célibe se convierte en bruja (Bernal, 1955, 179). Los niños se integran a la producción desde edad muy temprana, su trabajo es altamente valorado y los padres son celosos en el aprendizaje de los oficios que ellos deben desempeñar.
Los hijos crecen bajo la autoridad indiscutible del padre. A medida que entran en la adolescencia van logrando alguna independencia, la que se obtiene finalmente cuando tienen el permiso de casarse, conformar su propia familia y más tarde construir su vivienda y poder tener su parcela. Los hombres esperan levantar su casa, casarse, tener una mujer que les dé muchos hijos, poder criar animales, tener suficiente coca y caña para la chicha.
Las leyes de matrimonio consuetudinario establecen una endogamia étnica, siendo la prohibición de casarse con blancos una regla muy fuelle, aún vigente y respaldada por ser uno de los mandatos de su legendario cacique Juan Tama. De esta manera el hombre escoge su mujer generalmente dentro de su propia parcialidad, estando prohibido el matrimonio entre primos de primer grado ya sea por línea paterna o materna y entre aquellos que llevan su mismo apellido, aunque vivan en diferentes parcialidades. Ocasionalmente se dan matrimonios entre miembros de resguardos lejanos y muy de vez en cuando entre Páez y Guambiano.
Para la selección de la futura mujer, las recomendaciones de las madres son muy tenidas en cuenta, al igual que los consejos de los padrinos y ocasionalmente los del Cabildo. El aguardiente y la chicha, además de un pequeño obsequio de comida son elementos indispensables con los cuales la familia del novio solicita la mano de la novia. Después de una pequeña fiesta con baile y borrachera, los padres del novio regresan a su vivienda trayendo a la muchacha. Aquí bajo el techo paterno, la joven pareja construirá su propio hogar, acomodándose en algún rincón de la vivienda y separando su fogón individual. Después de un período de compartir la vivienda, que coincide generalmente con el período de amañe durante el cual el marido comprueba la laboriosidad de su mujer y especialmente su capacidad reproductora, la joven pareja decide construir su propia habitación.
El amaño o amañe es una institución muy antigua dentro de la cultura Páez. Desde épocas inmemoriales la atestiguaba el Licenciado Castillo y Orosco:
...que usaban la corruptela de hacer por mucho tiempo experiencia de la mujer con que se avían de cassar, y así después de casada no tenía prole, la dejaban y buscaban otra que fuera fecunda... (Archivo Nacional de Bogotá, Cartas de Contrabando. Folio 228).
Hoy en día, a pesar de las transformaciones introducidas por los procesos de evangelización, se continúa considerando que el hombre debe probar a la mujer: es necesario cerciorarse de su capacidad de trabajo, de su obediencia, honradez, fidelidad y sobre todo su capacidad reproductiva. Cuando el hombre está seguro que la mujer escogida posee todos estos atributos suele celebrarse el matrimonio, el cual puede hacerse donde el cura del pueblo más próximo.
El patrón de residencia páez es viri-neolocal ya que los nuevos hogares se asientan dentro de la comunidad del esposo, inicialmente compartiendo el mismo techo de los padres de él y posteriormente construyendo una nueva vivienda en tierra cedida por éstos.
La duración del ciclo de las unidades domésticas no es muy largo. Se ha calculado que éste puede durar entre 20 y 30 años, durante el cual los padres generalmente han muerto y los hijos han constituido sus nuevas familias; este lapso coincide con el tiempo justo para que los perecederos materiales de la vivienda se empiecen a destruir (Ortis, 1973, 55).
Estudios sobre el parentesco páez, como los de Rappapport, consideran que su terminología se asemeja a los sistemas dravidianos, encontrados en la Amazonia colombiana y los cuales establecen diferencias entre los parientes consanguíneos y los afines. Así, en la generación del EGO, existen dos pares de términos yaktje y pesh que sirven para tos hermanos y los primos, según su sexo, y tsum y suuwa para los afines. En la primera generación ascendente, sin embargo, se diferencia entre los tíos paternos y matemos. En el sistema páez, el tío materno llevaba el mismo término que el esposo de la tía paterna y el suegro del EGO. De manera similar, el tío paterno y el esposo de la tía materna utilizaban el mismo concepto (Bernal, 1953).
Entre los Páez, sin embargo, no existe el matrimonio preferencial entre los primos cruzados (hija del hermano de la madre con el hijo de la hermana del padre, por ejemplo), a pesar que la terminología de la primera generación ascendente refleja un sistema terminológico basado en este tipo de matrimonio, puesto que kaka significa a la vez el hermano de la madre y el padre de la esposa.
Para las segundas generaciones ascendentes y descendentes igualmente rige el sistema dravidiano, de manera que en la generación de los abuelos, todos son te, sean mujeres u hombres. Te, significa también chamán o médico y es muy similar a la palabra ta que significa montaña. Rappapport estima importante esta semejanza, ya que los Páez consideran a las montañas altas como sus ancestros.
4.3 Sociabilidad
Dentro de la cotidianidad de la vida, las relaciones sociales de los Páez se circunscriben por lo general al grupo doméstico. El contacto con personas diferentes es escaso; el patrón de poblamiento disperso, las distancias entre las viviendas y los malos caminos que las unen, no facilitan una vida social más activa. De esta manera las visitas a familiares o amigos se hacen muy ocasionalmente y situaciones en las que las relaciones sociales trascienden las del estrecho marco de las unidades domésticas se presentan muy ocasionalmente: durante las mingas, las desgracias, los días de hambruna y de abundancia y obviamente durante las escasas festividades. Mientras no se den estas ocasiones, el panorama rutinario de la parcialidad sólo ofrece la imagen superficial de la atomización doméstica... (Sevilla Casas, op. cit., 141). Esta imagen del indio aislado y solitario se rompe cuando uno se adentra en la vida étnica y percibe la vitalidad que conservan los trabajos comunitarios, la minga y el sentimiento de una comunidad étnica unificada por su lengua, su tradición, sus costumbres y su territorio.
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