Geografía Humana de Colombia
Región Andina Central
TOMO IV VOLUMEN II
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6.3 La coca, planta sagrada 

A pesar de las campañas de erradicación de la coca, que desde hace varios años se vienen haciendo en el Departamento del Cauca, ésta continúa utilizándose en las regiones y resguardos más apartados de la región. Su cultivo se encuentra circunscrito a los climas comprendidos entre los 1.000 y 2.000 metros sobre el nivel del mar y a pesar de ser una planta muy resistente a los cambios de temperatura no crece en las partes altas de la cordillera, donde las heladas y los vientos fríos del páramo la queman. Generalmente las familias que tienen sembrada coca, no la mezclan con ningún otro producto y ésta es objeto de cuidados especiales. Es una planta de vida relativamente larga que alcanza a durar en plena producción entre 30 y 40 años.

Por ser los Páez experimentados en el uso de la coca, su idioma se ha especializado y poseen múltiples conceptos para establecer las variedades de hoja de coca existentes. De esta manera diferencian la hoja de la coca cultivada en la sombra, de la hoja de la planta cultivada al sol. También tienen términos para clasificar la coca según su estado de madurez: existe un término para denominar a la coca madura, la inmadura y la coca, “sobremadura”. Otra clasificación se refiere a la coca recién cogida, recién secada o secada por segunda vez. 

Dentro de la división del trabajo establecido tradicionalmente, la recolección de la coca es considerada, al igual que el hilar  o el tejer, como una actividad eminentemente femenina, a la que también se pueden dedicar los niños. Esta es una tarea dispendiosa que no requiere fuerza sino por el contrario paciencia y suavidad. Hoja por hoja debe ser cuidadosamente arrancada y depositada en bolsas o canastas especiales y son las mujeres las especialistas en detectar el cambio de verdor en sus hojas y el ligero encrespamiento de sus bordes, síntomas éstos que les indican, que las hojas están listas para ser recolectadas. Las hojas cosechadas se guardan en grandes “jigras” de cabuya en las que se transportan y se dejan fermentar durante unas horas antes de iniciar su secado.

El proceso de tostado de la coca se hace en grandes ollas de barro sobre las brasas de la leña. El fuego fuerte no es recomendado ya que puede quemar las preciadas hojas. Mientras se están tostando las hojas deben ser permanentemente volteadas para que todas tuesten de manera pareja.

Se considera que entre los Páez el proceso verdaderamente esotérico del uso de la coca no se encuentra en el manejo de sus hojas, sino en la preparación del reactivo alcalino, la cal o el “mambe”. En el Cauca este “mambe” se debe extraer de la piedra caliza, la cual se encuentra en diversos lugares del departamento. En grandes bloques se calienta al rojo vivo y luego se le esparce una pequeña cantidad de agua que hace que la piedra se quiebre y se produzca el ansiado polvo blanco que permitirá el uso de las hojas de coca.

“Los Páez tienen dos técnicas diferentes... determinadas por el tamaño de sus requerimientos. Pequeñas cantidades se hacen en un fuego ordinario de leña, preferiblemente de alguna madera dura... los pedazos de piedra caliza.., se colocan en el fuego para ser calentados. Después de una hora más o menos, se traen dos canecas huecas de bambú. Estas miden un metro de largo y poseen aberturas en los dos extremos; sirven para soplar y se conocen con el nombre de flautas o “yuta” en páez. Usualmente soplan el fuego conjuntamente, pero en rápida alternación, y después de una o dos horas las piedras son finalmente llevadas a una temperatura suficientemente alta, volteándose cada 15 minutos de modo que sean calentadas por todos los lados. Este proceso se denomina “soplar el mambe” “kuéetan yutia” y exige un ritmo de inhalaciones y exhalaciones que  permita soplido pequeño, rápido y repetido indefinidamente sobre las piedras. Cada uno de los participantes de vez en cuando da un soplido largo y sostenido en su flauta y luego descansa uno o dos minutos mientras rellena su boca de hojas de coca y cal. ...este es un ejemplo perfecto del tipo de comportamiento social en el que se basa la solidaridad íntima de los Páez, y aunque en el nivel explícito no sea más que una faena doméstica extremadamente tediosa, contiene dentro de sus confines toda una compleja serie de emociones compartidas e implica la concienzuda transformación de la piedra... en polvo de cal, obviamente uno de los productos culturales más importantes de una sociedad que usa la coca... (Henman, op. cit. 163).

Los trozos de piedra caliza se colocan en un recipiente y con el borde de una cuchara, o con la mano se dejan escurrir unas gotas de agua lentamente sobre la piedra al rojo vivo. Se oye entonces un siseo, las piedras se hinchan y se quiebran hasta quedar totalmente desmenuzadas y convertidas en blanco polvo.

Al igual que con las hojas de coca, los Páez diferencian entre los diversos tipos de “mambe” producto de diferentes tipos de piedras calizas.

Los indígenas de Tierradentro utilizan un pequeño calabazo en forma de pera como recipiente para guardar la cal pulverizada o “mambe”. Este calabazo o “mambero” junto con la porción diaria de hoja de coca se lleva en una “jigra” especial terciada al pecho o amarrada a la cintura. Son bolsas hechas en lana por las mujeres y que sirven para conservar la frescura de la hoja y evitar que se seque y se haga quebradiza.

Aprender a usar la coca no es una tarea fácil. El uso del reactivo alcalino es delicado y si no se tiene el cuidado necesario o si no se usa en las cantidades establecidas produce serias quemaduras en las encías, la boca, la lengua o la garganta. Henman describe cómo las madres, cuidadosamente, inician a sus hijos en el hábito de la coca, transfiriendo su propia mascada a la boca del pequeño con la cantidad correcta de cal. Los mambeadores experimentados suelen utilizar el “mambe” en dosis pequeñas pero en repetidas oportunidades. Es muy importante conocer la técnica que permita mezclar el “mambe” y las hojas de coca para lograr una “mambeada” homogénea.

“Los Páez simplemente vierten una dosis de cal de su calabazo en la palma de la mano o en la muñeca y luego la lanzan al aire de manera que descienda suavemente en medio de la mascada de coca en su boca...” (Ibíd., 126).

Además de saber mezclar las hojas y el “mambe”, es importante en la correcta utilización de la coca, el aprender a controlar el flujo de la saliva. Esta debe ser usada para humedecer inicialmente las hojas secas. Antes de añadir el “mambe” las hojas deben ser mascadas hasta formar una masa compacta. La destreza del coquero experimentado se manifiesta en evitar la salivación permanente y la extracción rápida de la droga de las hojas. Una “mambeada” para un buen coquero debe durar hasta dos horas, según establecen los expertos.

Los indígenas que continúan utilizando la coca, la tratan con gran respeto y ésta, por ejemplo, nunca es escupida directamente al suelo, sino que se coloca en la mano y luego se arroja a un campo cultivado o se unta con cuidado en el tronco de un árbol. Para los Páez, la coca no es sólo una planta que les ayuda a realizar sus faenas agrícolas y una planta que desde tiempos inmemoriales consumen. La coca es un elemento fundamental de su compleja actividad ritual. Los chamanes por ejemplo, son expertos “mambeadores” y para ciertos rituales requieren la masticación constante durante una noche entera. La coca los ayuda a mantenerse en estado de vigilia y cuando por una reacción específica frente al consumo en exceso de esta planta, empiezan sus músculos a sufrir unos sacudimientos involuntarios, ellos realizan el complejo proceso de “adivinación” o lectura de las señas. Un buen curandero debe aprender a controlar sus “señas” ya sea mediante la suspensión del uso de la cal en la mascada o añadiendo otro elemento que contrarreste la excitación nerviosa producida por la coca. El tabaco es un elemento utilizado en estos casos, y de esta manera, grandes cigarros hacen parte del equipo de un curandero experimentado. Estos pueden ser fumados o mascados junto con las hojas de coca y ellos dicen que el tabaco les “calienta el cuerpo” y les “aclara la cabeza” (Ibíd., 142-3)

De esta manera, la coca está presente en toda la vida ritual de los Páez y los chamanes no podrían ejercer su función si no dispusieran de esta planta sagrada. La limpieza de las varas o el “voltiar el sucio” que se hace antes de que un nuevo cabildo comience a dirigir los destinos de su comunidad, la limpieza después de la muerte de una persona, o de la menstruación de las mujeres, los procesos de sanción o restitución del equilibrio de los enfermos, la lucha contra la hechicería y muchos otros aspectos de la vida cotidiana de los Páez, requieren de la preciada hoja de Coca.

Con el aislamiento de la cocaína y la demanda a nivel mundial de esta droga, el cultivo de la coca y su mercadeo adquirieron en este siglo unas dimensiones inesperadas y ante este gran auge se desarrollaron amplias campañas de erradicación de las plantas y de represión de su uso, siendo las comunidades indígenas el elemento más vulnerable y golpeado con esta situación. Para las autoridades nacionales y locales resulta muy difícil diferenciar cuando se trata de un sembradío tendiente a “satisfacer una necesidad cultural” o cuando es con fines comerciales y se arrasan por igual los dos tipos de sembrados.

Ante esta difícil situación, a finales de 1983 se reunieron en Caloto, ante funcionarios gubernamentales, los Gobernadores Indígenas del norte del Cauca, y acordaron combatir el narcotráfico siempre y cuando el Estado les permitiera la siembra de entre 10 y 50 matas por familia. Con base en esta posición, llamada “Declaración de Huallas” el Consejo Nacional de Estupefacientes reglamentó los cultivos de plantas que producen sustancias estupefacientes y su consumo por parte de las poblaciones indígenas.

El haber logrado esta excepción dentro del estatuto de Estupefacientes es un avance significativo de reconocimiento respeto hacia las comunidades indígenas del país y de forma especial hacia las del Cauca. A pesar de esto, las campañas de erradicación de la coca y en los últimos años de la amapola, en todo el territorio del Departamento del Cauca han incidido en los sembradíos y consumo tradicional de esta planta milenaria.

 

                           7. TRANSFORMACIONES SOCIALES  

7.1  Los Páez a la llegada de españoles 

Sobre las características de la cultura de los Páez a la llegada de los españoles es muy poco lo que sabemos, excepto que cultivaban maíz, coca y yuca, que su poblamiento era disperso y que abandonaban sus viviendas cuando uno de los habitantes moría o nacía un niño en el hogar. ¿Cuántos indígenas Páez había a la llegada de los españoles? Cieza de León estima que debieron existir entre 6.000 y 7.000 guerreros, dato que permite pensar en unas 20.000 a 28.000 personas según la relación entre guerrero y población que se quiera aplicar (Rappapport 1986)- Juan Velasco arroja la suma de 7000 almas y Sevilla Casas considera que la población debió ascender a unas 10.000 personas (1976).

Habitaban una extensa región comprendida entre las estribaciones orientales y occidentales de la cordillera Central, demarcadas al norte por el Nevado del Huila y al sur por el Río de la Plata. Los habitantes de esta última región eran menos “rústicos” que los de Tierradentro, dato que ha llevado a investigadores como Rappapport a inferir que la comunidad de La Plata era más antigua y mejor establecida y que la de Tierradentro adquiría en la época un carácter de puesto fronterizo o de avanzada de una colonización páez en la cordillera (Rappapport, op. cit.).

La zona de Tierradentro, por su carácter fronterizo, tenía la característica de ser una zona multiétnica en donde convivían indígenas de diferentes etnias, entre ellas Páez, Pijaos y Guanacas quienes se relacionaban a través de alianzas militares e intercambio económico. La colaboración de los Guambianos con los españoles para entrar a conquistar Tierradentro, ha sugerido la hipótesis de una larga relación hostil entre estas dos etnias, mientras que las frecuentes alianzas guerreras documentadas por los cronistas, entre los Páez y los Yalcón y sobre todo entre Páez y los Pijao, se ha tomado como elemento de apoyo a la hipótesis sobre su origen Karib.

Políticamente, en su territorio existían tres grandes cacicazgos: uno en el sur, aguas abajo del río Páez, denominado como el Cacicazgo de Avirama; otro en el norte, aguas arriba del río Páez y denominado como el Cacicazgo de Páez y finalmente el de Suyn, en la cuenca del Río Moras. Estos caciques dirigían a otros líderes de menor importancia y fueron ellos, como jefes militares, quienes enfrentaron a los a españoles a su llegada al territorio. El hecho que estos caciques no aparezcan en las crónicas históricas realizadas en tiempos de paz, ha llevado a Rappapport a sugerir que estos líderes debieron tener un poder político restringido exclusivamente a los tiempos de guerra. 

 

7. 2 Llegan los españoles 

Ante la llegada de los europeos, los Páez resistieron con fiereza a la conquista e implantación de su dominio, haciendo que su imagen de indios guerreros e indómitos persistiera hasta nuestros días. Vanos fueron los múltiples intentos de los conquistadores por penetrar en su territorio, y su invencibilidad por las armas fue la razón para que se acudiera a los misioneros con el fin de conquistar sus almas. En 1536 Sebastián de Belalcázar funda la ciudad de Popayán y comienza el asedio contra los habitantes de Tierradentro: era necesario transmontar la cordillera, cruzar el Valle del Magdalena y llegar al reino de los Muiscas. En 1562 se funda San Vicente de Páez en pleno corazón de Tierradentro, destruida nueve años más tarde. Juan de Castellanos describió así los hechos: 

“Quedándose los páez
con su honra,
libres de vasallaje
y servidumbre,
y en franca libertad,
sin que consientan
extraño morador
en su provincia".
(Castellanos, 1847, 505).

Más tarde los Páez destruyeron San Sebastián de la Plata y Caloto. Ante la braveza de los indígenas los españoles tuvieron que ceder e iniciar una estrategia nueva: la evangelización. A los Jesuitas, enviados por Don Juan de Borja, se encomendó en 1613 la labor de su apaciguamiento. Los Jesuitas fueron seguidos por misioneros seglares y más tarde llegaron los Franciscanos. Los primeros resultados se obtuvieron hacia el año de 1640, cuando, a pesar de que se declaraba aún la existencia de “indios de mala paz”, se inició la dominación española, e instituciones coloniales como la encomienda, la mita y la doctrina empezaron a florecer en el territorio de Tierradentro. Una década más tarde, aunque se reconocía que “ahora se entra y sale de su nación”, los logros obtenidos seguían dejando mucho que desear a los misioneros, quienes afirmaban que aunque los indígenas ya estaban pacificados, “todavía no están reducidos a doctrina” (Sevilla, 1983, 30).

 

7.3      Los Páez bajo el dominio español 

Si bien en los primeros años de contacto, la guerra y las enfermedades fueron diezmando al grupo étnico, en esta nueva época la encomienda y la mita continuaron la labor devastadora. Las excesivas exigencias tributarias explican las migraciones de indígenas Páez que huían a lugares lejanos. Otros fueron sacados masivamente de Tierradentro para la construcción de la ciudad de Popayán y como fuerza de trabajo en las haciendas colindantes. Pero Tierradentro parece haber sido una región de refugio, a donde llegaron indígenas pertenecientes a otras etnias como Yalcón, Pijao, Andakí, Tamas, etc., quienes huyendo de sus encomenderos y de las nuevas condiciones que la Colonia les había impuesto, se recluyen en esta región e inician lentamente con los indígenas de Tierradentro un proceso de unificación cultural y política, conformando las bases del actual idioma y nacionalidad Páez.

La difusión de algunas herramientas y utensilios de metal, del caballo, la oveja y otros animales domésticos traídos por los europeos, al igual que el cultivo de nuevas especies como trigo (Bonilla, 1982, 13), indudablemente contribuyeron a la transformación de lo que fuera la antigua comunidad.

A principios del siglo XVIII la lengua española parece haber logrado permear ciertas capas de la población aborigen y para esa época surgieron los caciques coloniales o “caciques nuevos”, caracterizados por buscar alternativas novedosas ante su falta de autonomía frente a los invasores europeos. El cacicazgo y el resguardo son las instituciones que permitieron alcanzar esta meta (Findji y Rojas, op. cit.). Don Juan Tama, el cacique de Vitoncó, los caciques Guayamuses de la región Togoima, al igual que el cacique Quilo y Sicos de los pueblos de Toribío, Tacueyó y San Francisco, emprendieron la tarea de delimitar espacialmente sus territorios. Tama junto con Quilo y Sicos viajan a Quito. Directamente ante las autoridades reales hacen que se les reconozcan sus territorios y les otorguen títulos escritos. Buscan de esta manera legitimar su poder político como “caciques principales”. Las referencias míticas e históricas les ayudan igualmente para legitimar su autoridad y el origen sagrado de los títulos de sus tierras.

En la Nueva Granada el resguardo se originó durante la administración colonial como una institución tendiente a asegurar, además de un tributo indígena, la reproducción de una fuerza de trabajo concentrada entre unos límites muy bien definidos. Entre los Páez, los resguardos se crearon para proteger los derechos indígenas y permitió la protección de sus dominios y la consolidación de un territorio y una autoridad política. Los títulos de los resguardos muestran cómo los caciques coloniales legitimaron su poder a través de referencias míticas e históricas. Don Juan Tama decía ser el “hijo de estrella”.

Finalizando la época colonial, los cacicazgos se fueron descomponiendo. Demográficamente su población se había recuperado notablemente sin que la tierra disponible les permitiera su supervivencia. Fueron muchos los indígenas que abandonaron sus resguardos.

 

7.4     Los Páez bajo la República 

Los cambios producidos por la independencia produjeron transformaciones importantes que determinaron que las comunidades indígenas se enfrentaran a un nuevo sistema político que les negaba su autonomía. Los caciques republicanos colaboraron en el debilitamiento de sus resguardos y se convirtieron en jefes militares que regían pequeñas unidades militares durante las guerras civiles. Permitieron la explotación minera de sus resguardos y sus bosques quineros. Es una nueva etapa política, económica y social que ha sido analizada y descrita por los sociólogos Findji y Rojas.

Años más tarde, el desmembramiento del gran Estado del Cauca, con la consecuente pérdida de las minas de oro y de las fértiles tierras de Nariño y del Valle, determina un proceso de ruralización dentro de la élite caucana que acrecienta la explotación de la población campesina e indígena del territorio. Las haciendas se expanden a costa de los resguardos y se consolida el “terraje”. Grandes masas de indios desposeídos quedan con la obligación de pagar un determinado número de días de trabajo en la hacienda del nuevo patrón, por el derecho a vivir y usufructuar un pequeño pedazo de tierra que antes le pertenecía a su comunidad.

En este contexto surge en la segunda década de este siglo, el movimiento de insurgencia encabezado por Manuel Quintín Lame Chantre, el indio terrajero de Polindara, quien junto con José Gonzalo Sánchez, indígena Totoró, conforma un movimiento denominado “La Quintinada” que involucró a terrajeros y cabildos indígenas Páez, Guambianos y Coconuco, extendiéndose posteriormente a los indígenas del Huila y del Tolima. Como banderas de lucha el movimiento planteaba: a) la defensa de las parcialidades y el rechazo a las leyes de extinción de los resguardos; b) la negativa a pagar terraje o cumplir con obligaciones personales; c) la afirmación de los cabildos como centros de autoridad; d) la recuperación de las tierras usurpadas por los terratenientes y el “desconocimiento de todos los títulos que no se basaran en cédulas reales”; y e) la condena y rechazo de la discriminación racial a que están sometidos los indios colombianos.

Si bien la violencia oficial no permitió que el movimiento de Lame Chantre lograra sobrepasar el año de 1920, sus ideas y reivindicaciones sí le sobrevivieron y la lucha de los Páez contra el terraje, la explotación y la reivindicación de sus resguardos, cabildos y cultura se ha mantenido desde entonces, y bajo diversas formas, en todo el territorio. En los años 30 y 40 participan con el Partido Comunista en la lucha contra el terraje, y posteriormente tenemos el caso del CRIC -Consejo Regional Indígena del Cauca-, organización surgida en el año 1971 y que recogiendo y depurando las experiencias políticas y las reivindicaciones de Manuel Quintín Lame y su movimiento, ha buscado recuperar la autonomía política, económica y cultural de los indígenas. De esta manera el no pago del terraje, la recuperación de las tierras de los resguardos, el fortalecimiento de los cabildos, la defensa de su historia, su lengua y costumbres figuran entre las más amplias metas propuestas por esta organización. Hoy día, después de más de 20 años de trabajo, sus objetivos apuntan, además, hacia la solución de problemas más específicos, como el impulso y fortalecimiento de las organizaciones económicas comunitarias, la conservación ecológica de los resguardos y la creación de programas de producción en las tierras recuperadas.

 

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