Tomo IV  -  Volumen I
Geografía Humana de Colombia 

Región Andina Central
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3.3 El compadrazgo  

Para la gente que hoy vive en el Valle de Atrís, son importantes las relaciones de parentesco ceremonial establecidas a través del compadrazgo como forma para afianzar los vínculos sociales entre núcleos o poblaciones diferentes. 

La celebración de rituales católicos como bautizo, confirmación y matrimonio son las ocasiones en las que se establecen las relaciones de compadrazgo. Los llamados “compadres” son personas que desempeñan el papel de “padrinos” del hijo bautizado o confirmado o los “acompañantes” de la pareja que contrae matrimonio. Pero lejos de tener un sentido puramente religioso, el establecimiento de las relaciones de compadrazgo obedecen el contenido social y económico que subyace en ellas.  

A través del compadrazgo se establecen mecanismos de solidaridad entre las familias que efectúan estas relaciones, reglamentadas por ciertos principios de respeto y ayuda mutua que se objetivizan en el intercambio de regalos que casi siempre son productos agrícolas. 

Las relaciones de compadrazgo se establecen entre familias de una misma localidad, sin embargo, para las comunidades del Valle de Atrís, es importante efectuar este tipo de relaciones con familias del “guaico” o “yunga” por ser el mecanismos a través del cual se garantiza el acceso a productos agrícolas de estas zonas que no es posible cultivar en las tierras frías de “La Sierra”. 

En este sentido, el compadrazgo es el vínculo a través del cual se afianzan las relaciones de reciprocidad entre “Serranos” y “Guaicosos” como forma de apropiación social y económica según el modelo de la micro-verticalidad andina. 

Las relaciones de compdrazgo efectuadas entre dos familias nucleares, cobija también a los miembros de la familia extensa; pues además de la categoría de “comadre” y “compadre”, se distinguen también los de “comadre vieja” y ”compadre viejo”, términos utilizados para referirse a los padres de los “compadres”. 

El contenido social y económico del compadrazgo se percibe en el intercambio de regalos en ocasiones en que se efectúan visitas entre los “compadres”. 

Las relaciones de parentesco consanguíneo y ceremonial entre los habitantes “Guaico” y “la Sierra” posibilitan el fortalecimiento de la dinámica social, económica y territorial en el espacio regional de la microverticalidad andina. 

 

4.  ORGANIZACIÓN POLÍTICA

4.1  La extinción de los resguardos indígenas 

Los primeros resguardos indígenas parcelados en el Departamento de Nariño fueron los del Valle de Atrís. Entre 1944 y 1958 se desestructuraron los resguardos de Pandiaco, Buesaquillo, Genoy, Chachaguí, La Laguna, Obonuco, Pejendino, Puerres, Tescual, Chanchala, Anganoy, Gualmatán, Mocondino, Jongovito, Catambuco, Jamondino, Betanilla (Oficina de Asuntos Indígenas de Nariño).  

El Ministerio de Agricultura fue el que en la aplicación del Decreto-ley 1421 de 1940, se encargó de llevar a cabo las políticas de parcelación de los resguardos, declarando que éstos dejaban de existir “porque sus títulos no se encontraban en la notaría”.  

Las tierras fueron consideradas baldías y los indígenas que las ocupaban fueron catalogados como colonos a quienes se les podía reconocer sus cultivos o mejoras. (Fals Borda 1959:11-12).  

La extinción de los resguardos en el Departamento de Nariño según Fals Borda obedeció a diferentes factores entre los que considera las relaciones de peonaje, terraje y amedrería que la población indígena se vio obligada a establecer con los dueños de las haciendas cercanas a los resguardos, pues la presión sobre la tierra de los resguardos, ya se dejaba sentir como un problema agudo, debiendo recurrir la población indígena a otro tipo de actividades y relaciones económicas para poder subsistir.  

Fals Borda habla de la “Mestización Biológica y Social” como factores que coadyuvaron a la extinción de los resguardos en el Departamento de Nariño. Respecto a la “Mestización Biológica” dice que la población de estos pueblos en el primer cuarto del presente siglo “no eran indígenas puros”, más parecían “mestizos del tipo campesino andino”. Respecto a lo que él denomina “mestización social” señala que quizá como consecuencia de discriminaciones e injusticias, los indígenas de Nariño buscaron identificarse con los valores de los “blancos”, actitud que entra a modificar la forma de vida de los pueblos indígenas. (Fals Borda 1959: 11). Estos planteamientos nos inducen a pensar el proceso de desestructuración de los resguardos desde una perspectiva externa, es decir, a partir de factores que desde “afuera” incidieron en la generación de conflictos políticos, sociales y económicos que contribuyeron a la extinción de los resguardos. 

Existen, sin temor a dudas, factores de carácter interno, motivados por el pensamiento y aspiraciones propios de la gente que habitaban los resguardos, los cuales es necesario explorar. En la población de La Laguna, al oriente de la ciudad de Pasto, se comentó que fue un grupo de mujeres quienes apoyaron en forma decidida la posibilidad de parcelación del resguardo; ellas decidieron impulsar este proceso porque las disposiciones internas que regían dentro de la figura jurídica del resguardo, les negaba el derecho a heredar. Si las posibilidades de resguardo no eran suficientes para las aspiraciones de las colectividades en transformación, podía percibirse esta figura como un límite que debía ser trascendido. 

La desintegración de los resguardos indígenas en Nariño ocasionó transformaciones socioculturales dentro del estilo de vida de las comunidades implicadas. Fals Borda señala la proliferación del minifundio, la pérdida del sentido de colectividad de la tierra como las consecuencias negativas, aunque también se evidencian aspectos positivos como la finalización de conflictos entre familias por posesión de tierras, disminuyeron también las relaciones de peonaje.  

Señala también que después de la parcelación de los resguardos se dio una apertura a la innovación tecnológica en la agricultura y la utilización de abonos se hace necesaria para la producción agrícola con fines comerciales. (Fals Borda 1959: 12 y 13).

 

4.2 Actuales formas de autoridad y liderazgo  

Desde la época en que se declararon inexistentes los resguardos indígenas del Valle de Atrís, catalogados como pertenecientes a la etnia Quillacinga, entre 1944 y 1958, estas comunidades pasaron a ser parte integrante de la administración municipal siendo catalogadas como corregimientos, veredas y áreas suburbanas del Municipio de Pasto.  

Sin duda, el nuevo régimen político-administrativo al que por decisiones estatales debieron sumarse estas comunidades, ha generado transformaciones en la estructura política de estos pueblos. No obstante, han continuado desarrollando su dimensión sociocultural de acuerdo con sus posibilidades y expectativas. 

El reconocimiento de la autoridad del “corregidor” en los corregimientos de Catambuco, Genoy, La Laguna, Obonuco, Chachaguí, Santa Bárbara, Nariño, y El Encano, como también el reconocimiento de la Junta de Acción Comunal en cada una de las veredas que conforman dichas jurisdicciones, son las actuales formas de autoridad existentes en las comunidades del Valle de Atrís. 

El “corregidor” como representante de la autoridad dentro del corregimiento asume las funciones de velar por el bienestar social de la comunidad que tiene a su cargo, agenciando programas específicos sobre salud, educación, servicios públicos, el corregidor es el representante de poder jurídico y asume también las funciones notariales como registro de nacimientos y defunciones. 

La reglamentación del cargo de corregidor se rige por el Código Nacional de Policía, y éstos son nombrados por decreto según las disposiciones del Alcalde Municipal. 

En las veredas que conforman los corregimientos, la Junta de Acción Comunal es el órgano representante de autoridad. 

Hasta hace algunos años existió el cargo de “Comisario” pero ya fue suspendido. La Junta de Acción Comunal es elegida por votación popular en cada tina de las veredas, para un período de 4 años. 

La función que compete a las juntas es la organización de trabajos comunales para la realización de obras civiles en las veredas. 

La autoridad de la Juntas de Acción Comunal no se basa en el ejercicio del poder sino en la capacidad de convocar la acción social con el fin de realizar tareas para suplir las necesidades inmediatas en cada localidad. 

Además de los cargos “Corregidor” y Juntas de Acción Comunal, en cada Vereda o Poblado se reconocen otros líderes, que generalmente son personas que se destacan por su espíritu de trabajo en beneficio de la comunidad, o que quizá tengan una solvente situación económica y sean colaboradores en las actividades sociales que se realizan. 

No se percibe en estas comunidades la existencia de una escala de estratificación social diferenciada. Al parecer todos se incluyen dentro del mismo nivel social reconociendo los vínculos por parentesco consanguíneo entre la mayor parte de las familias de cada localidad, factor que contribuye al fortalecimiento de la cohesión social de estos pueblos. 

“Aquí nos hemos llevado bien, alguna gente sí tiene más comodidad que otra pero aquí no diferenciamos por eso, aquí todos somos una misma familia, no hay más de 3 o 4 apellidos, todos venimos a ser una familia”. (Carlos Achicanoy).  

El reconocimiento de cierta diferenciación se hace en términos económicos, tomando como base para tal efecto la cantidad de tierra de que se disponga: “Aquí no hay ricos, pero hay unos más acomodados que otros, son pocos, son dos o tres personas las que tienen fincas de 3 o 4 hectáreas, son de aquí propiamente nativos, vinieron forasteros a adueñarse de las tierras, así con el dinero”.  

Sin ser sociedades estratificadas, existe el reconocimiento de prestigio social fundamentado en el acceso a la educación o en la participación dentro de la vida política como líderes de movimientos electorales “Aquí gente para respeto sí hay gente capacitada, licenciados, hay gente que se va por la parte política”.

Las personas que gozan de este tipo de prestigio son las que potencialmente están en capacidad de agenciar procesos sociales en las comunidades. Su opinión cuenta mucho en la toma de decisiones para elegir el destino de estos pueblos.

 

4.3 Conflictos y expectativas sociales  

Desde hace muchos años, el principal factor que ha suscitado conflictos entre las comunidad es rurales y semiurbanas en el Valle de Atrís es la tenencia de la tierra.  

Como ya se ha establecido, el minifundio acarrea graves problemas sociopolíticos que inciden en la desestructuración social de estas comunidades:

“Había un pleito por tierras, y nos pusimos a pelear Mocondino y Jomondino, peleamos 14 años por esas tierras. Vino un empleado de Pasto y acabó con eso, lo declaró baldío... y la pelea sigue porque solución parece no haber, se necesita la tierra pero no vemos camino para solucionar eso, los lotecitos de tierra son muy pequeños que no alcanzaría a sobrevivir la persona”. (José Francisco Naspirán). 

En la actualidad se puede percibir que los habitantes de las comunidades del Valle de Atrís han aprendido a sobrellevar los conflictos que por dentro abriga la pintoresca “Colcha de retazos”, los problemas entre familias por repartición de herencias y delimitación de linderos han disminuido notoriamente.  

Si bien, en el presente año no se siente la gravedad del problema, sí se prevé como uno de los mayores conflictos en un futuro no muy lejano, al cual es necesario comenzar a buscarle soluciones: “se avecina el problema de las tierras, es un problema grave, la falta de tierras es lo que perjudica, se le hizo una petición al Incora para que parcelara la tierra y se le va pagando. Esa sería una de las posibles soluciones al problema que se avecina”.  

Para estas comunidades en donde el vínculo con la tierra a través del trabajo agrícola es el eje que sostiene su sentido de vida, una de las situaciones que se perciben como factor de conflictos en el desarraigo cultural que sufren los jóvenes cuando van a prestar servicio militar o se ven en la necesidad de buscar otras formas de subsistir en las grandes ciudades a donde migran, adquiriendo otro estilo de vida y entrando a crear conflictos en la cotidianidad, pensamiento y aspiraciones socio­ políticas de sus comunidades de origen. 

“El punto más delicado es llevar a los hijos, a los jóvenes al ejército donde reciben un entrenamiento para manejar un fusil y matar, después el Gobierno los deja a mitad de camino. Esa gente no va a regresar al campo, a su parcela a trabajar porque ha adquirido otro ambiente. Si el Gobierno quiere ayudar al campesino debe darle capacitación profesional, la guerrilla también está a la expectativa de esta gente que al encontrar un sitio allí, se va...”.  

Las comunidades del Valle de Atrís hoy se enfrentan a un doble juego de factores que coadyuvan al resquebrajamiento de su unidad como pueblos: en primer lugar, los conflictos internos llevan a sus miembros a buscar otras opciones de vida por fuera de su contexto local. Pero al enfrentarse a estas situaciones, son muchas las posibilidades de que el nuevo medio los adsorba, quedando desarraigados de sus lugares de origen, de su gente, sus aspiraciones y su cultura.  

La capacidad de gestión político-organizativa de los líderes que representan la autoridad o tiene una importancia significativa en la toma de decisiones, se mantiene en el nivel de organizar la población en torno a la solución de necesidades inmediatas. No se percibe, en estas comunidades, un proyecto político y social definido que trace los lineamientos de un proceso organizativo y donde se manifiesten las aspiraciones e ideales sociales de estos pueblos. Esta es una lectura que un “Mocondino” hace de su pueblo.

“Hemos sido individualistas, tenemos esa ley. Aquí sufren los de la Junta, el otro cree que él no más puede hacer las cosas solo, yo también fui de la junta y sé bastante de tolerancia de la gente... en Nariño con 400 personas se hace un millón de votos... No es que sea hablar del terruño de uno, hay que decir la franqueza y todavía no tenemos remedio para nada”.  

Buscando alternativas políticas que aglutinen los intereses de las comunidades rurales del Municipio de Pasto, han surgido movimientos electorales campesinos que tratan de crear espacios de participación en la vida política del municipio. Igualmente, se busca la integración de los 8 corregimientos del Municipio de Pasto: Santa Bárbara, Catambuco, La Laguna, Chachagui, Nariño y El Encano, Genoy, Obonuco. 

Pero este tipo de acciones, al parecer están mediatizadas por intereses partidistas que entran a disminuir la eficacia política de tales intentos. Todavía no se vislumbra un proyecto político y social con pensamiento propio que conduzca a la autodeterminación de estos pueblos.

 

5.  COSMOVISION  

El sistema de representaciones colectivas de los grupos humanos, es el conjunto de conocimientos, creencias y actitudes sobre el medio ambiente y los acontecimientos histórico-sociales, elementos que forman parte de la manera particular como cada grupo humano piensa su mundo, lo conoce y los transforma.  

Como sucede con todos los aspectos de la cultura de un pueblo, la cosmovisión está sujeta a la dinámica de supervivencia de tradiciones antiguas, reapropiaciones de elementos culturales externos, reelaboraciones simbólicas y transformaciones, fenómenos que son el resultado de los mismos cambios socio-culturales de las colectividades humanas.  

El sistema de representaciones colectivas de las comunidades del Valle de Atrís muestra una conjugación de elementos cosmogónicos de tradición andina y formas religiosas Católicas de tradición Hispana. Estos dos factores hoy estructuran un sistema de pensamiento a través del cual los pueblos del Valle de Atrís conocen y transforman su propio mundo.

 

5.1  Lo que cuenta la tradición oral  

Los elementos de la naturaleza, el pasado histórico, el paisaje, la vida cotidiana son para las comunidades del Valle de Atrís objetos de construcciones mentales, de pensamientos donde se evidencia la continuidad de elementos mítico-religiosos de tradición andina y la reapropiación de elementos católicos que llegaron con los españoles en la época del contacto y hoy constituyen el fundamento del pensamiento religioso nacional. 

La tradición oral de estos pueblos es un aspecto que se transforma al ritmo de sus propios artífices, si bien está presente en el pensamiento de los ancianos y personas mayores de dichas comunidades, hoy se percibe que entre los jóvenes está perdiendo su vigencia y lo que antes fue una forma de control social y ecológico, hoy no son más que historias, relatos o leyendas de la “gente antigua”.

Cuentan los “antiguos” que “Debajo de esta tierra, también vive gente, es gente distintísima. Debajo de este mundo hay otro mundo. Son tres Mundos, abajo éste y arriba”. 

Esta división cosmogónica es una concepción presente en muchos pueblos de los Andes. Garcilaso de la Vega Inca (1895: 75) Lo menciona al hablar del pensamiento de los Incas en sus “Comentarios Reales”. 

También está presente en las comunidades yanaconas del Macizo Colombiano, al sur del Departamento del Cauca. (López 1991: 29). 

Los elementos del paisaje Nariñense también son objeto de apropiaciones mentales. Dentro de la tradición oral de estos pueblos tiene mucha importancia la laguna de la Cocha o Lago Guamués, la gente habla de su origen, sus misterios y sus encantos: 

“Eran dos señores, dos casados, que habían estado peleándose, el Marido que se iba a trabajar y ella había estado peinándose y se le ha regado el agua y se formó la cocha. Que el marido ha tirado como a pegarle y la mujer le ha dicho que ella se quedaba allí, entonces él le ha dicho yo te veo de aquí, yo te voy a vigilar de esta parte. Ese es el cerro del Tábano, él quedó allí con los tres hijos, por eso el cerro tiene tres picos y la mujer es la Cocha. Se hizo la tremenda cocha hasta el sol de hoy... Allí que era un pueblo grande, allí disque vive gente, es un pueblo allá”.  

Concepciones similares existen sobre cerros, volcanes, páramos, etc., que hasta hace algún tiempo y quizá en la actualidad generan actitudes entre la gente, optando por asumir una posición de respeto hacia los elementos de la naturaleza de tal manera que inciden en las formas de control ecológico que tiene estos pueblos. 

El control ejercido a través de formas específicas de pensamientos también se aplica a la sociedad, generando prácticas y actitudes de control entre los individuos que la conforman.  

Se habla de cómo “turumama” y “la viuda” controlan a los hombres embriagados y enamorados. El “duende” y el “chuzalongo” son hermanos y viven en las quebradas, el “cuscungo” es un pájaro que se aparece a los cazadores. Según cuentan las “antiguas”, estos espíritus “son ángeles rebeldes dejados por Dios”. Se percibe entonces que este tipo de concepciones son reelaboraciones sincréticas de elementos cosmogónicos andinos y católicos que hoy hacen parte de su cotidianidad; en torno a este tipo de concepciones se generan actitudes como el hecho de que en la fiesta del “enteje” se coloque una cruz en el techo de la nueva casa con el fin de protegerla de los espíritus “cocos” y “demonios” que “andan en el viento”.    

 

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