Tomo IV  -  Volumen I
Geografía Humana de Colombia 

Región Andina Central
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3. El Origen de los Pastos

Gobernadores indígenas del Gran Cumbal- Colimba, Muellamués, Panan, Chiles, Guachucal y Yapulquer- instalando una asamblea en el resguardo de Panan.

 

Desde tiempos remotos y hasta la actualidad, este pueblo aborigen está constituido por una diversidad de comunidades autónomas que los estudiosos del mundo andino han dado por llamar “cacicazgos autónomos”, “microsocioculturas” o”micro-estados”; de tal manera que, respecto del origen, se sensibiliza y se enfatiza más en lo propio de cada una, que en la real o supuesta unidad mayor denominada Pastos; o como si del origen de cada una nacieran las demás, es decir, que lo particular fuera o se hiciera universal. A su vez, unos se remiten a un “origen de aquí mismo”, otros al de haber llegado. Sin embargo, en esta diversidad de orígenes hay un común denominador, un universal arquetípico.  

Atento a tal diversidad, característica de estas colectividades sociales ancestrales, uno de sus sabios, Don Juan Chiles, en 1700, la remarcaba diciendo que “somos como el agua, la piedra y la espuma, porque mientras el agua dice vámonos, la piedra dice quedémonos y la espuma dice bailemos” (Mamián, 1990), pero a su vez, para contrarrestar cualquier interpretación hacia caracterizaciones de autarquía o behetría, consideraba la relación y la unidad, porque, decía, “somos el río”.  

De los relatos mitológicos es posible interpretar o inferir orígenes generales y los estudiosos de la arqueología, la etnohistoria o la historia han supuesto y pretendido hallar tal origen único del pueblo de los Pastos.  

Consecuentes con dicha diversidad y de acuerdo con el pensar de Don Juan Chiles, veamos algunas muestras de estos orígenes diversos y arquetípicos.  

En la comunidad de Cumbal, hay versiones que relatan cómo los primeros hombres surgieron de la confluencia, o son la confluencia, del matrimonio de las cualidades o de los elementos sustanciales que constituyen el arriba y el abajo, el adentro y el afuera, simétricos o asimétricos. Así por ejemplo, los primeros hombres surgieron del matrimonio del cerro de Cumbal y la laguna de la Bolsa, laguna ubicada al pie, abajo o debajo, del cerro. Dicen que del sitio Piedra de los Guacamullos, espacio que une el pie del cerro con el borde de la laguna, apareció una vasija de barro que era o que contenía los primeros hombres: marido y mujer, de los que surgió toda la descendencia. Algunos relatos manifiestan que la vasija apareció en el centro de la laguna; sin embargo, precisan que en el centro de la laguna existía (en la actualidad en determinados momentos aparece) una piedra, que podemos interpretar como la réplica del cerro. Hay quienes dicen que la primera humanidad nació del matrimonio entre el cerro de Chiles y el cerro de Cumbal. Geográficamente ubicados, en la extensión lineal de la cordillera (occidental colombo-ecuatoriana), el primero hacia arriba (el sur) siguiendo la cardinalidad de este imaginario andino y el segundo hacia abajo. El primero que representa al macho, lo masculino, el más fuerte, el que no se deja penetrar o manosear “de los gringos que andan buscando riquezas por los cerros, porque los mata o los deja mudos”. El segundo representa a la mujer, la hembra, lo femenino; que es más débil, porque se ha dejado manosear permitiendo que los gringos le escarben sus entrañas. También se asegura que nació de la laguna, o del cerro, por separado, de sus entrañas; dicen por ejemplo que nacieron de la tola de Camur que es vientre del cerro de Cumbal, por donde se entra a su seno donde está el cacique padre, el Cumbe.  

En la unidad y diversidad semántica, relativizada por las circunstancias o el ángulo espacio temporal desde el que se enfoque, pero siempre arquetípica, el pensamiento andino identifica los cerros y las lagunas con las entidades tutelares, contenedoras y promotoras, dioses, de las cualidades o saberes esenciales, poderes, de la vida y de la existencia en su diversidad y totalidad. Asímismo, que cada uno es, contiene o se identifica en el otro, en la alteridad y en su mediación y devenir, que es la presencia, la realización, el producto, el tercero. Así, en un sentido, en el universal macrocosmos, el cerro de Cumbal representa los dioses poderes de arriba, de lo alto, del cielo, mientras que la laguna de abajo, del subsuelo; de cuya oposición-unión, entre ellos, resulta la tierra con sus seres o poderes humanos: la comunidad, que como veremos más adelante, su vida depende de estos poderes supraterrenales y reproduce el arquetipo en su existencia material, espiritual, familiar, social, económica, política, etc., es esta existencia la razón misma de la existencia de los dioses y del arquetipo. En este mismo sentido, en lo terrestre, la tierra, donde o desde donde surge el hombre, la comunidad (o la vasija que lo contiene) es la intersección entre el cerro y la laguna, es el lugar de los guacamullos. En el microcosmos, la misma vasija, como mediación o como resultado, como síntesis-unidad, contiene los poderes del arriba y el abajo, quizá, esta vez, como de adentro y afuera, adentro el agua, afuera el barro tierra. Aquí la tierra, está identificada con el arriba, lo terrestre frente a lo lacustre; de cuya relación de oposición aparece el barro (cocha) del que se hace la vasija, que es o que contiene la tierra y el agua.

En otros sentidos, ya dijimos, el cerro representa la totalidad, la síntesis del poder de lo uno y de lo otro; por eso es él el origen, el creador de la primera humanidad. Allí nació el cacique Cumbe y allí volvió cuando se murió; allí está vigilante y de allí dicen que volverá. Por eso, cuando se quiera hablar con él hay que entrar por el centro de la Tola de Camur, por su cúspide, su base piramidal o su centro vertical. También se concibe que el cacique Cumbe está en el centro interior del volcán (poder del subsuelo, del infierno), sitio al cual se llega por las “Tres Cruces” (base alta del volcán) o por el cráter. Pero esta versión no elimina la presencia o participación de los poderes duales, por el contrario, implica que el cerro de Cumbal los contiene: es tierra y es agua, es agua y es fuego, es fuego y es tierra. Es común, para el pensamiento de estos Andes, considerar que los cerros están llenos de agua o de fuego, así como el interior de la tierra no es más que agua y/o fuego. No es otra la explicación para que los ríos y las quebradas nazcan de la tierra, de las faldas, de los cerros, que por el cráter salga fuego y que del centro de los cerros salga el agua caliente como en los “Baños de Juan Chiles”, “El Salado” o “Simancas”. En el morro de Colimba es patética esta situación, porque en su cúspide está la boca con agua rebosante y los gringos que han querido buscarle sus riquezas han entrado por el Curipollo como buzos; situación que haciéndola extensiva muestra cómo todas las lagunas (agua) son cráteres de volcanes (fuego). Además, recordemos que cuando las cacicas (perdices) poderosas organizaron este período del mundo, ubicaron el mar, lo caliente, hacia abajo, hacia adentro.  

A partir del sentido de esta versión que la tierra es la síntesis-mediación del agua (cielo) y el fuego (subsuelo) o que la tierra (arriba) tiene o contiene su contrario: el agua o el fuego (abajo), que se puede entender mejor la connotación de Mama Pacha (pacha: según Ramiro Condarco [1971] es, precisamente, eso: unidad - síntesis espacio - temporal). Desde luego, Mama Pacha frente a Tata Urco es el abajo, pero en este sentido indica lo bajo como valle o tierra plana que, nuevamente, está asociado con la laguna o el agua. En esta dirección, en estos Andes, el pie de los cerros, hacia el oriente, el occidente o el interior (mesetas y altiplanos) son mar, agua, selva húmeda, lagunas o lechos de las mismas. Volviendo a Cumbal, en la microgeografía, el pie del Cumba es el “Llano de Piedras” que fue pantano - laguna - mar -agua. Con lo cual, si volvemos a la “Loma de Camur”, ésta se encuentra entre el cerro (alto - arriba) y el “Llano de Piedras” (abajo-bajo).  

Lo anterior nos permite entender por qué las tolas suelen captarse y simbolizar a un gran vientre materno y por qué, como en Cumbal, la tola de Camur haya sido y siga siendo el cementerio, por donde se vuelve al lugar original, siga siendo la tumba hábitat del cacique Cumbe.  

Ahora bien, en la mayoría de las comunidades, si no en todas, histórica, sociológica y antropológicamente, el arquetipo cosmológico del origen está representado en el cacique y la cacica primigenios, lo que no podría ser de otra manera en el orden de la humanidad. Por ejemplo, la comunidad de Pastasa (hoy Aldana) surgió del matrimonio entre el cacique Pastás y la cacica Ancayllá que vivía solo en la parte de arriba (del actual Resguardo) y la cacica que vivía en la parte de abajo. Igualmente, la comunidad de Muellamués tuvo su origen en el matrimonio del cacique de arriba, Don Diego Muellamués y la cacica de abajo, Doña Aurora Cervatana. (Mamián, 1990:187-188).    

 

La comunidad del pueblo principal de Males insiste en los caciques Chapueles (hombre y mujer) como los primeros dueños del Resguardo, de los que emana incuestionable el derecho mayor.  

Como es evidente, en uno y en otro ejemplo, aunque la historia de cada uno tiene sus particularidades, el origen responde al modelo eje original espacio temporal y de poder. La cacica Aycaylla vivía, precisamente, en el espacio agua, laguna (hoy conocido como vereda La Laguna). Aurora Cervatana vivía por los lados de Simancas, que por aquellos tiempos era laguna-mar; aun se conserva “la piedra de la cacica”, donde ella salía a peinarse (hoy convertida en símbolo mojónico o límite con el Resguardo de Guachucal). Igualmente, su poder y sacralización han sido legitimados de acuerdo con los códigos de la dominación, así, el cacique Diego Muellamués sigue legítimo como San Diego Muellamués (antes San Sebastián) y la cacica como Santa Rosa; entre otras cosas, la santa de las parteras.  

Ahora bien, la fusión - matrimonio de dos poderes no elimina la diferencia-oposición. En Muellamués, aunque es una sola comunidad, una identidad; aunque se identifican como hijos del matrimonio primero, persiste como de arriba, hijos del cacique y de abajo, hijos de la cacica, inclusive con un nivel de identidad comunal: la comunidad de arriba y la comunidad de abajo, Parcialidad de arriba y la Parcialidad de abajo, la sección de arriba y la sección de abajo. (Mamián, 1990; Gómez, 1985).

Pero hay versiones en las que la matriz dual representada en el matrimonio parece desaparecer, es decir, hay comunidades que se identifican en su origen con un cacique, mientras que otras lo hacen con una cacica, por ejemplo, Cumbal con el cacique Cumbe, Panan con María Panana, Ipiales con el cacique Ipial, Mayasquer con el cacique Maiker, etc. Sin embargo, vuelve y aparece en las relaciones intercomunales, ya que, mientras una comunidad representa lo femenino, otra es lo masculino, constituyendo así u originando unidades mayores. Aunque cabe también la hipótesis de que estos caciques y cacicas constituyeron en tiempos primigenios, al igual que en Pastaza y Muellamués, unidades matrimoniales-origen, desarticuladas posteriormente. Unas comunidades madres se desarticularon o fueron generando comunidades hijas. Esto podría sustentarse hoy con el hecho de que en Muellamués, si bien en conjunto se identifican como hijos del matrimonio de dos caciques, cada sección (una que se llama de arriba y otra que se llama de abajo) se identifica como hija del cacique o la cacica, respectivamente.  

Hasta aquí la visión del origen como “nacidos de aquí mismo”. Veamos ahora la posibilidad de haber llegado, de haber venido.  

Los Pastos, como otros pueblos indígenas de los Andes del sur de Colombia, paradójicamente, a la vez que enfatizan el ser nacidos de aquí mismo, no dudan en expresar su “origen exterior”: el haber venido. El cacique Pastaza de Aldana que se casó con la cacica Ancaylla, vino solo, de arriba; algunos relatos dicen que había enviudado y andaba buscando compañía. La cacica sí era originaria. Situación similar se da en algunos relatos sobre el cacique Diego Muellamués, a tal punto que hay quienes lo identifican como hijo del rey de España. (Mamián, 1990).  

Y si bien se argumenta que la originaria era la cacica, también se sabe que ésta venía de los lados de Barbacoas y Tumaco. Es decir, que el cacique venía de afuera-arriba (como del Ecuador) y la cacica de adentroabajo, el noroeste (como de los Awa­ Cuaquier).  

Los cuetiales, una comunidad-vereda de Cumbal, dicen que su nombre Cuetial se debe al chillido de una perdiz. La perdiz era la encargada de señalar el sitio donde esta comunidad sin nombre, en su errancia, debía fundar su territorio. Y fue allí, donde hoy están asentados, que chilló y nombró: “cuetial, cuetial, cuetial”, tres veces. (Mamián, 1990). Los de Males dicen que era una comunidad que venía del oriente, por el río Guamuez, por el camino del Guamuez, venían con San Bartolo, una perdiz o un gallo, y como en Cuetial, estaba designado, que donde cantara el gallo-perdiz, allí se asentaría y fundarían su pueblo, y así sucedió.  

Reiteramos que ningún relato alude a un origen del conjunto de los Pastos, pero si volvemos sobre el origen primero en la estructura macro, en el que las fuerzas en oposición y encuentro (jaguares o perdices) eran caciques que venían uno por el camino - río Telembí (noroccidente) y otro por el camino - río Guamuez (suroriente), podemos inferir la condición de venideros; y quedaría por sustentar, empíricamente, si el camino del Telembí quiere decir de los pueblos selváticos del Pacífico, quiere decir el camino del Pacífico hacia el norte (Mesoamérica) y hacia el sur (Andes centrales) e incluso más allá hacia el oriente, ¿o quiere decir hacia el norte colombiano? A su vez, ¿el camino - río Guamuez, quiere decir los pueblos amazónicos, hacia el norte, el occidente y el sur, o quiere decir hacia el Ecuador y los Andes centrales?  

En la mitología panandina se afirma que las grandes culturas de Suramérica florecieron en la región del Títicaca, desde donde se dispersaron por todos los confines de Suramérica. (Harris/ Otros, 1987). Según tal mitología, desde la piedra Qala, piedra madre, unos siguieron por el oriente y otros por el occidente; unos por encima, por arriba, por los Andes y otros por adentro, por la Amazonia o por la Costa Pacífica; del mismo modo, que unos se dirigieron enantes por encima, arriba, por los Andes y otros por abajo - el subterráneo; y estaba previsto que donde se encontrasen, allí fundarían sus huacas y pueblos definitivos. Se supone que se encontraron donde confluye el oriente con el occidente, el arriba y el abajo, el adentro y el afuera, el encima y el debajo, los caminos, ríos, cordilleras y valles, los espacios y los tiempos, aquel centro - origen - nudo que para estos pueblos no es otro que el sur de Colombia (nudo de Almaguer - nudo de los Pastos). O donde se encuentra el arriba: los Andes, y el adentro: la Amazonia o la Selva del Pacífico, es decir, el piedemonte de los flancos oriental y occidental, y los guaicos, valles y altiplanos interandinos. En este sentido la unidad Ingas (guechuas) y Kamsá (selváticos) del valle de Sibundoy, de los Quillacingas (selváticos - Kamsás) y quechuas en el altiplano central, o de los quechuas con los selváticos del Pacífico (Sindaguas, Awa) en el altiplano y pie de monte occidentaL no será ningún despropósito.

Las ya numerosas investigaciones y trabajos que desde diversas disciplinas vienen realizándose en los Andes y selvas del norte del Ecuador y el sur de Colombia, traducen y aclaran cada vez mejor, con y para los códigos científico-racionales, esta historia y este saber de estos pueblos indígenas originales. 

Udo Oberem (1980), Hartman (1988), Salomón (1980), J. Murra (1975), G. Ramón (1990), Landázuri (1990), entre otros, han enfatizado en la fluida relación de las comunidades serranas con las ubicadas en los flancos exteriores del oriente y el occidente, conjugando el acceso a los diversos pisos y nichos ecológicos propios, de los Andes Centrales y el intercambio, propio de mesoamérica. El arqueólogo Willey (1960) considera estos Andes septentrionales como un área intermedia entre las esferas mesoamericana y surandina. Luis Lumbreras (1981), como uno de los 5 grandes conjuntos andinoamericanos de peculiares cualidades ambientales, superestructurales y arqueológicas. Uno y otro resaltando los enlaces fisiográficos y ecoculturales cuya proximidad facilita el intercambio y todas las relaciones sociales e interculturales. O complejo dominio fisionómico y ecocultural que cumple la doble función de emisor y receptor de los mensajes de las civilizaciones, del contacto y la difusión de las culturas. Deler (1987) dice que este contexto ecogeográfico permitió constituir largos períodos de continuos y profundos vínculos de solidaridad y complementariedad. Horacio Barros Larrain (1980) sospecha importantes períodos de dependencia, tanto económica como política, de las comunidades del litoral respecto de los cacicazgos y señoríos étnicos interandinos o serranos, e inclusive la penetración de éstos a la manera de “colonias enantes”, transportadas ex profeso por los cacicazgos de la sierra al medio geográfico del bosque tropical, con fines patentes  de complementariedad económica y de control eficiente de acceso a las mismas. Según este mismo investigador, al igual que los errantes del Amazonas, los grupos tropicales occidentales se acercaron a la sierra siguiendo el curso de los ríos, porque, dice: “los grupos propiamente tropicales occidentales como los Lachas, los Niquas, los Barbacoas, los Cayapas y Cuaiquer y su contacto con los serranos puede atribuirse a una migración forzada de comunidades costeras, aguas arriba, como resultado de la temprana implantación de grupos más numerosos y poderosos en la zona del litoral” (H. Barrios L. 1980:26). Oswaldo Calero va mucho más allá al plantear que aunque las evidencias y excavaciones arqueológicas en los Andes colombianos aún son iniciales, cada vez se demuestra más que estos Andes fueron un paso obvio, corredor migratorio o área de asentamientos de los grupos que viajaban hacia el sur o hacia la Amazonia y viceversa; así puede afirmar: 

“Cuando los españoles llegaron desde Quito, el área era un punto de confluencia de varias fuerzas culturales: La Inca desde el sur, los Chibchas y las unidades culturales independientes desde el norte, los grupos amazónicos desde el oriente y las tribus de las tierras bajas del Pacífico en el occidente. Esta posición geográfica única le dio al distrito de Pasto un carácter especial como zona de convergencia transcultural y como área limítrofe”. (Oswaldo Calero: 1991-38). 

Entre los Pastos y demás pueblos de suroccidente colombiano es evidente la presencia de características culturales de los Andes centrales, especialmente Quechua y Aymará. Las investigaciones han acentuado sobre todo en la presencia del idioma quechua. Hasta hace poco, suponiendo la condición de behetrías de estos pueblos, se consideraba que la influencia quechua era el resultado bien de la invasión incásica, bien de la implantación del quechua por los españoles para facilitar la evangelización o bien por uno u otro motivo. Se insistió mucho en el papel transmisor de los Yanaconas y de los Mitimaes. Sin embargo, las últimas investigaciones encuentran cada vez más argumentos que demuestran la presencia idiomática y cultural de las etnias del sur mucho antes de los dominios inca y español. Romoli (1977) descarta cualquier influencia importante por parte de los Yanaconas, porque fueron pocos y no se integraron a las etnias locales o murieron muy rápidamente. Ramírez de Jara (1992) plantea como alternativa, que la presencia del idioma quechua y su dialecto el quechua ecuatoriano lleva a pensar en migraciones escalonadas de grupos que se trasladaban desde el Perú, permanecen en el Ecuador y desde allí llegan al suroccidente de Colombia; como migrantes estacionales, del tipo comerciantes, o definitivos, que huían del imperio incaico. Así mismo, valorando el recuerdo que los Ingas de Santiago (Valle de Sibundoy) tienen sobre su venida del Ecuador y la procedencia de San Andrés, sus vecinos congéneres, de las tierras bajas del Putumayo (Triana, 1950), particularmente del río Sucumbíos (Hooykas, Groot: 1991), Ramírez dejara manifiesta enfáticamente:

“Esta procedencia oriental del grupo de San Andrés nos lleva a considerar la estrecha relación del Piedemonte con la región de selva, y nos confirma que no podemos entenderla de forma aislada. El piedemonte se constituye además en corredor o paso obligado para el desarrollo de una relación Andes-selva, permanente durante épocas prehispánicas, plasmada en flujos migratorios e influencias culturales desde la región Amazónica hacia la zona Andina. Esta relación es muy antigua y ha sido demostrada en Ecuador, a partir de las excavaciones arqueológicas realizadas en el piedemonte, que no existen para el lado colombiano; el Alto Amazonas ha sido, durante el período formativo temprano, un foco muy importante de influencias culturales, difundidas de este a oeste a lo largo de los Valles! (Taylor, 1988-32). (Ramírez de jara, 1992-42). 

También enfatiza la importancia, hipotética, del piedemonte oriental para esclarecer el origen, composición y relaciones de los grupos originarios interandinos, de lo importante que sería reconstruir las rutas de los caminos y señalar las bocas de montaña que permitieron establecer este contacto. Con Taylor resalta que: 

“la existencia precoz de grandes redes de intercambio y de importantes movimientos de población tanto de la sierra hacia las tierras bajas como de abajo hacia arriba está claramente evidenciada”. (Taylor, 1988-34)

 Las excavaciones arqueológicas de María Victoria Uribe (1980-81), las de Felipe Cárdenas (1988-89-90), Gilberto y Hernán Ordóñez (1992) entre Pastos y Quillacingas, muestran características de las cerámicas similares desde San Agustín (en Colombia), hasta el Ucayali en el Amazonas peruano.

 

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