Tomo IV  -  Volumen I
Geografía Humana de Colombia 

Región Andina Central
© Derechos Reservados de Autor

5.4 Relaciones sociopolíticas 

Las relaciones sociopoliticas entre los Yanaconas se caracterizan por la autoridad. Es un pueblo para la autoridad, no para el poder, si se entiende que la autoridad encauza la voluntad sin la coacción física. De hecho, los Yanaconas no tienen fuerzas policivas de control social y político. Son enteramente civilistas. Desde las relaciones familiares, pasando por las relaciones interveredales, hasta las intraétnicas, se puede confrontar esta aseveración que se expresa en la autoridad de rango de padres, líderes y gobernadores de cabildo. Tienen sanciones y obligaciones específicas propias de los sistemas de control social de sus comunidades.  

Estas situaciones son propias de sociedades de rango. Ni las actividades y funciones ligadas a los sexos, ni la diferenciación entre propiedad privada y posesión, proporcionan a los Yanaconas la base para que se ejerza el poder o la violencia, o jerarquías claramente establecidas. De allí que su movimiento sea impulsado por el diálogo. (Gr. Documento de Guachicono. Zambrano: 1992). Por eso la base de la toma de decisiones en sus comunidades se da a partir de las relaciones interpersonales, la autoridad patriarcal y los cabildos. Las decisiones de la comunidad se toman a partir de los cabildos.

 

5.4.1.  Status y prestigio  

La noción de “respeto” manifiesta una relación social ante el status y el prestigio de una persona, describiéndola como algo muy distinto de lo que podemos entender como diferenciación social. El status es parte de la estructura social Yanacona, mientras que el prestigio deriva de la acción social del status o de la elevada condición de un individuo dentro de sus actividades. 

En la medida que existen rangos, incluso dentro de las actividades más cotidianas, así éstas no sean evidentes, los Yanaconas son una sociedad de status y prestigio. La caza, los oficios domésticos, la organización para la construcción de casas, el parentesco ritual, la crianza, el Gobierno, etc., son la base que proporciona la diferenciación política y social entre ellos. Las prácticas concernientes a la tierra, la herencia y los rituales confieren status y prestigio a los individuos.

 

5.4.2  Disputas y resolución de conflictos  

El control se ejerce socialmente a través de los cabildos. En la medida en que todos los cabildos de la región, exceptuando tal vez, los de la tierra caliente, tienen conflictos por la superposición de jurisdicciones con la presencia de corregimientos e inspecciones de policía, la potestad de impartir justicia se ha visto relegada en algunos asuntos de estricta competencia legal. Sin embargo, cuentan con una amplia legitimidad entre los Yanaconas quienes prefieren que los gobernadores diriman sus disputas. 

Cartel de la propuesta Yanacona

Un marco como éste promueve la solidaridad, el orden y la cooperación, es decir, funda las bases de la cohesión social. Por eso la unidad Yanacona está siendo posible a través de los gobernadores de cabildo y sólo será posible con ellos. Empero, los rangos, los ascensos sociales, las pugnas por competencia política pueden derivar en agresión física, incluso armada, que puede llegar a causar muerte más por accidente que intención de matar. Una pelea con machete no es para matar y puede ser resuelta con la intervención de una persona con autoridad.   

 

6.0 COSMOVISION  


6.1 Los tres mundos

Así como en la concepción delo mundo occidental hay cielo, tierra e infierno, el cosmos está conformado por tres partes superpuestas llamadas por los Yanaconas “mundos”: el “mundo de abajo” donde viven los “tapucos”; “este mundo” donde viven las personas, plantas y animales; y el “mundo de arriba” lugar que corresponde a Dios y los santos. El “mundo de abajo”, es un mundo subterráneo; allí viven los “tapucos”, seres semejantes a los humanos que se alimentan del vapor de las comidas porque al carecer de ano no pueden excretar los desechos alimenticios. La tradición oral relata que un cazador llegó al mundo de los “tapucos” cuando iba en persecución de un armadillo y fue él quien dio cuenta a los humanos de la existencia de estos seres. Por estar localizado debajo de la tierra se dice que “el mundo de abajo” es “caliente”. (Cfr. López: 1991).  

El mundo de en medio denominado “este mundo”, es donde viven los humanos, plantas, animales y algunos seres espirituales. Se dice que antes era plano cuando Dios lo creó. Con el diluvio se formaron las montañas. Es en “este mundo” donde se tiene el hogar y se cultivan las parcelas. En las montañas se distinguen varias partes: “lo caliente”, “lo cálido”, “lo frío” y “el páramo”. Estos conceptos están relacionados con el conocimiento y manejo de los pisos térmicos, pero también contribuyen a su definición las especies animales, vegetales y las características socioculturales de los grupos humanos que allí se asientan. 

El otro mundo, es el “mundo de arriba”. En el centro del firmamento se encuentra el cielo, allí es donde está Dios y los santos y más arriba están el sol y la luna. Los indígenas dicen que este mundo es “frío”. El sol se alimenta de agua y cuando se oculta pasa al mundo de abajo, allá donde viven los “tapucos”.  

Los tres mundos son explicados por la gente mediante expresiones como caliente/frío, arriba/abajo, humano/silvestre las cuales constituyen pautas de conocimiento para darle significado y explicación a los acontecimientos sociales y naturales.

 

6.2 Las vírgenes remanecidas  

Las vírgenes del Macizo Colombiano, muchas de ellas Yanaconas, son reconocidas, como las “patronas” de las comunidades donde aparecieron; son motivo de veneración y respeto por sus feligreses quienes generan comportamientos sociales en torno a ellas. Las imágenes o iconos corresponden a la de la Virgen María, no obstante, las comunidades han reapropiado las imágenes y sus significados a pesar de constituir un elemento cultural hispánico.

El término “remanecida”, significa ser nativo de un determinado lugar. Para los Yanaconas, tanto como para los habitantes del Rosal y San Juan, las imágenes “remanecidas” comunican el sentido de pertenecer al territorio, de fundarse en un sitio, de organizarse un espacio en el Macizo Colombiano y los relatos de las apariciones marcan un tiempo histórico (el contacto) y el inicio de otra época en la historia de estas comunidades. 

Las vírgenes remanecidas (cfr. Zambrano: 1992) guardan tres características fundamentales, además de la relación acuática y silvestre que se debe estudiar como fenómeno de larga duración. Son fundadoras de pueblos, resuelven conflictos organizando sociedad y son vírgenes vivas en el sentido literal de la palabra.

 

6.2.1 Fundadoras de pueblos  

Las vírgenes remanecidas instauraron el orden social en un espacio que al inicio se percibe como “silvestre”, relacionado con el medio acuático y la vegetación de montaña. La aparición de las imágenes marca el paso de la “naturaleza” a la cultura.  

Lo silvestre y ajeno se va deteriorando con la llegada del hombre, las lagunas se amansan y se secan, se talan los bosques de la “montaña” para dar paso a la fundación de los poblados.  

Al ser fundadoras de pueblos, las vírgenes, dan sentido al espacio físico, humanizándolo para convertirlo en territorio, escenario de acontecimientos sociales de los pueblos que lo habitan. Las vírgenes “remanecidas” son quienes orientaron la ubicación de los poblados y su creación. Es la figura que orienta el destino de un pueblo, lo organiza y lo unifica en torno a un ideal social. La creación de estos pueblos como centros comunica el establecimiento de un nuevo orden sobre lo natural, silvestre, bravo y encantado; se sobrepone el orden de lo cultural humano, manso y desencantado.  

A través de los relatos míticos se observa la primera característica que nos interesa explorar mediante tres ejemplos: en Caquiona se dice que:  

Era que el pueblo lo iban a hacer en las estrellas por lo que era planito, ancho y amplio. Ese es el nombre de “las estrellas” quesque parecía el juicio ese candelerío arriba, habrán estado para hacerle capilla anta donde la síndica que la encontró y no la dejó la virgen, no permitió porque caían rayos uno encima del otro... Después a cambiar abajo a El Pindio... allí también hicieron las chambas y se emparejó de piedra y barro abajo. No permitió y tuvieron que dejarla aquí, y aquí quedó bien, allí está, allá está yendo y viniendo. (Cfr López: 1991). 

En el caso de Pancitará la gente del lugar afirma que: 

“Se vino de la zanja y le acomodó bien y le hizo rezo y todo... tal vez ella no se va. El día blanqueadito iban a descubrir el sagrario y nada... El señor bota carrera pa’allá abajo, llegaba y ella paradita en el tronco del chaquilulo... le hizo revelar a toda la vereda de la Zanja que como allí en Pancitará ha sido montaña que si querían que ella plantara, le hicieran casita allí, donde estaba ella, que de no, ella se iba, que allí todo tenía ellita, allá debajo de la laguna”. (Cfr. Cerón: 1990). 

Un relato similar escuchamos en El Rosal en boca de Raquelita Muñoz, y de otras personas que antes de iniciar la procesión de la fiesta de la Virgen del Rosario, se encargaban de acicalar la imagen del barrio Independencia: 

“Entonces ella dijo que le organizaran la Iglesia. Pero la gente quería abajo y la llevaban y ella amanecía aquí arriba. Y lo mismo y la patrona se volvía y se subía... (risas).., hasta que se apaciguó cuando se le hizo el templo aquí. Dice el libro que de 1700, dice  ...”. (Cfr. Zambrano: 1992).

 

6.2.2       Solucionadoras de confictos

El contenido del mito no es imaginación. Su simbología transmite un sentido que se percibe cuando se conoce el pensamiento político del pueblo Yanacona. La yanaconidad se crea en torno a una filosofía de concertación, como estrategia para resolver los conflictos en forma negociada y pacífica. Así lo manifiesta la metáfora, en donde la Virgen de Caquiona y la de San Juan prefieren quedarse con las visitas como expresión de apertura a las relaciones sociales y que en el contexto ritual se traduce en el acto de las romerías realizadas en los días de fiesta patronal, ritual donde se intensifica el nivel de cohesión social de los pueblos Yanaconas. (Cfr. López: 1991).  

Las vírgenes son temidas. Son bravas. Las anécdotas que se cuentan son múltiples no sólo las que renuevan la fe a partir de los milagros, sino las que aparecen “ejemplificando”, es decir, con represión que infunde temor. Como las vírgenes circulan permanentemente, muchas veces son utilizadas para resolver peleas y conflictos personales e incluso problemas de agua. La Virgen, según ellos si se pone brava es capaz de hacer secar los pozos, y “lo ha hecho”, sentencian atemorizándolo a uno. La fuerza vital de las imágenes “remanecidas” en el Macizo Colombiano se exterioriza en su condición de ser “bravas” característica asociada a la categoría de lo “silvestre”. Con su Bravera”, las vírgenes expresan el descontento por las acciones humanas que amenazan la tranquilidad de su territorio. Las vírgenes expresan su “bravura” a través de fenómenos naturales, ejerciendo un control sobre los acontecimientos sociales. 

“Cuando llega esa gente forastera, así como esa gente del monte (guerrilla) la Virgen de Caquiona hace llover, o cuando llega una persona que no sea conveniente para ella”. La Bravera de las vírgenes del Macizo, surge cuando hay confrontación, respondiendo a la violencia social con la violencia de la naturaleza. Con su bravera expresa la defensa de su territorio y de su gente, cuando su integridad y su autonomía se ven amenazados por fuerzas extrañas a sus intereses como pueblo.

 

6.2.3      Vírgenes vivas  

Para los Yanaconas las vírgenes “remanecidas” en el Macizo Colombiano son imágenes vivas y están profundamente ligadas a la historia, la vida, la cotidianidad y el pensamiento de estos pueblos, como dijimos anteriormente.  

Lo “viviente” de las vírgenes está presente en los actos más cotidianos de la vida de las comunidades yanaconas. La Virgen de Caquiona viste como una mujer de la comunidad: vestido ancho, faja a la cintura, enaguas, trenzas y sombrero y, como cualquier comunero de Caquiona, la Virgen posee tierras, casas y ganado, bienes que son administrados por el síndico y cuidados por la comunidad a través del trabajo colectivo. “Sale a ganar para lo caliente” como cualquier habitante de la comunidad; es cuando el síndico la lleva por los territorios aledaños, por fuera de los límites del resguardo en largos recorridos llamados “comisiones”. En la cotidianidad de los Yanaconas, el manejo de los diferentes pisos términos o “microverticalidad andina” es una característica fundamental del manejo del territorio como se indicó anteriormente; cada familia procura tener una parcela en lo “frío” y otra “en lo caliente” que generalmente está por fuera del resguardo y adonde van los Yanaconas a emplearse como jornaleros; en forma metafórica lo hacen las vírgenes en las comisiones, recorriendo extensos territorios, llegando a otras comunidades vecinas, en un intercambio simbólico y de reconocimiento mutuo.  

La “alumbranza” es el tiempo ritual en que se expresa un sentimiento de gratitud a las vírgenes por los milagros que han realizado, pero es además el espacio donde se intensifica el sentido de cohesión social y de solidaridad entre los participantes. Realizar la alumbranza es “darle el pan a la Virgen”, concepto que involucra el principio de reciprocidad, “se paga a la Virgen los milagros que ella hace”, además de darle de comer, como a cualquier vivo.  

La Virgen se autofinancia; “ella mismita va a conseguir la platica de su fiesta”. Es decir, todo el año está circulando a través de complejas redes veredales, en aras de conseguir los recursos para su manutención, demostrando la renovación de los lazos de solidaridad de la comunidad. El territorio está todo el año presidido por su virgencita a la vez que es un tiempo de preparación ritual. A ella la visten, le hablan, le cuentan, le inventan, como el caso de “mama concia”, la Virgen de Caquiona a quien siempre la ven “embarradita” cuando llega de romería.

 

6.3 Creencias  

6.3.1 Los orígenes  (11)  

C uentan que antes del diluvio, la tierra fue plana. Los habitantes de antes eran seres diferentes, se alimentaban de vapor, se llamaban “tapanos”, porque no tenían ano; todavía hay una cueva con una puerta grande que conduce a donde viven estos seres. El diluvio luego formó las cresamentas; se hicieron los huecos y montañas, los cerros y las peñas. El agua debajo de la tierra formó los ríos. La que contienen las nubes y cae llovida en invierno, más las que brotan de las peñas y de otros lugares, sale toda debajo de la tierra, pues eso es lo que hay allá; por eso, cuando se hace un aljibe, sale agua.  

De los viejos indios, antiguos o antepasados, cuentan que eran gigantes y adoraban el sol, la luna y las estrellas; éstos no tenían al principio vivienda fija, tenían que vivir huyendo de los antropófagos caribes, que vivían en el valle de las Papas, por ello su vivienda fue transitoria. Otros dicen que esos caribes salían de la montaña de Santa Rosa, en ciertas épocas y atacaban a los del Valle de las Papas, a los Guachiconos y a todos los que allí vivían; cuando llegaban los Caribes, los indios se tenían que esconder cordillera adentro, hacia lo más frío. Eran guerreros los antiguos pero también debieron ser artesanos. 

Un día empezó a llegar una gente incivilizada que se llevaban a la fuerza, para el páramo, a media noche, a los naturales que en ese entonces vivían en las montañas; los ponían a cocer el maíz y a cocinar el trigo para toda la gente que traían (traían negros del Africa), embarazaban a las mujeres; por eso es que hay algunos indios descendientes de esos negros de antes, unos que tienen el pelo churimbo (crespo).  

La población empezó a defenderse de las colonizaciones. Los indígenas que ocupaban los terrenos construyeron una fortaleza, un amurallado de piedra con puertas de madera a la entrada y salida del pueblo. Las mujeres que se casaban con los blancos (o sea los ya mestizados), eran rechazadas. Los mestizos estaban ocupando ya las tierras desde la fortaleza hacia abajo.  

Los antiguos al ver que era inevitable la entrada de los blancos, considerando la magnitud de la invasión, decidieron enterrarse, se metieron debajo de la tierra, con todo, con sus instrumentos de trabajo, con el oro... por eso se encuentran entierros. Los vieron perderse por el cerro de la Quinquina, pelaos y pintados de blanco. Estos antepasados a veces se aparecen, otras veces sólo dejan salir sus voces de entre las montañas (las que tienen cuevas) y a veces espantan.  

Los entierros guardan secretos: dentro de ollas que hacían los antepasados, han encontrado una arena grisácea, esa es la guaca; se tiene que guardar por un año, luego se saca y sale una culebra andando, a la que hay que escupir o echarle sangre de la nariz reventada, para que se transforme en culebra de oro. El oro abunda pero es esquivo, a veces se ha aparecido en el camino en forma de piedras chiquitas, como pepitas o granitos; pero se les esconde a las personas ambiciosas.  

A veces, trabajando sobre la tierra, se han visto entierros; se encuentran esos indios con argollas, aretes y pulseras de oro, pero cuando los van a alcanzar, a coger, se trasponen a otro lugar perdiéndose en la vista del ambicioso. Al oro no le gusta tampoco la sal. Un señor que era yerbatero, hechicero y médico, echó en una mina de oro, tres agujas capoteras untadas de sal para que se perdiera esa mina, porque él adivinó que más tarde iba a traer problemas, iba a traer gente de otras partes que pondrían en peligro la estabilidad de la cultura.  

Los antepasados a veces espantan, porque entre ellos también hubo gente mala, que mataba o hacía brujerías. Se han oído celebraciones dentro de las montañas como fiestas de guerra, con música y voces que vivían (gritan vivas)... es la memoria, lo que se oye, el recuerdo de los antepasados. El cerro de Quinquina parece ser un edificio encantado por los antepasados, tiene una puerta por donde todos los años, el día Viernes Santo a la medianoche, sale hasta la planada de enfrente del cerro una gallina de color amarillo, porque es de oro, sale, se pasea y se vuelve a entrar por la misma puerta.  

Desde el cerro de la Quinquina se observa gran parte de las tierras de la parcialidad. Este cerro es para los antiguos el pilar del pueblo, si alguna vez se derribara se acabaría el pueblo. En su fondo hay una laguna. Ahora la vegetación del cerro es diferente, es puro monte y rastrojo. Junto con la Sabana indican determinado tipo de vegetación y por lo tanto bichos que les caen. No se dan los mismos en el rastrojo o en la Sabana. 

El cerro de nombre más antiguo es Punturco. En la punta de este cerro hay una pequeña laguna que bota agua para todos los lados. Punturco es la venadera, y también la casa del búho (ave que no se puede cazar pues se arriesga a perder la puntería). Este cerro es un sitio de mucho peligro para adquirir un mal viento y hasta puede enloquecerse la persona que se adentre mucho; por allá casi nadie camina, es muy difícil de andar y fácilmente uno se puede perder. Punturco a veces brama.  

A veces hay que acercársele para pedirle permiso de cazar, es él quien sabe cuántos animales puede matar cada cazador. El castiga cuando los cazadores se exceden, cuando la caza se convierte en vicio; una manera de castigar es haciéndole perder la puntería al cazador, otra es asustándolo. El jucas se la pasa por las cuevas de la Cordillera. Tiene su compañera de sexo femenino, una mujer mona, la puma.

 

Regresar al índice                  Continuar con los Yanaconas

 

(11) Tomado como basa la reconstrucción oral de Carolina Hern¿indez Salazar "Memoria en las Montañas. Tradición oral Yanacona". En Zambrano, Carlos Vladímir Hombres de Páramo y Montaña. Los Yanaconas del Macizo Colombiano.  (Regresar a 11)

 

 
Comentarios (0) | Comente | Comparta c