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Hacia
finales del Siglo XVIII se resquebraja en el territorio granadino el orden y son más
evidentes las actitudes de rechazo al establecimiento en todos los sentidos. Tales
manifestaciones se respaldan en los primeros esbozos de una ideología modernizadora en la
elite criolla neogranadina, que gracias al surgimiento del pensamiento liberal en Europa
se percata del atraso de España y por ende de este territorio. El desarrollo del
mercantilismo por su parte alimenta el fenómeno intelectual denominado "La
Ilustración", según el cual es posible explicar la naturaleza del hombre y del
mundo a través de la razón. Se inicia la secularización de la ciencia debilitando la
ortodoxia religiosa, para pasar lentamente de la era de la teología a la filosofía. En
este proceso los viajes de exploración aportan evidencias empíricas que resquebrajan la
fe en las sagradas escrituras y se practica la lógica razonable que pone en duda el
concepto de monarquía por derecho divino.
El pensamiento
ilustrado aparece en la Nueva Granada con expresiones alentadoras a través de un proyecto
de reforma educativa liderada por Francisco A. Moreno y Escandón y la Expedición
Botánica a cargo del sabio Mutis la primera pretende sustituir la enseñanza basada en
teología, filosofía escolástica y formación en Derecho, por ciencias útiles al
desarrollo mercantilista; la segunda constituye una verdadera revolución que crea los
cimientos de la ciencia nacional moderna, al encaminar a muchos jóvenes granadinos en las
ideas del progreso y la Ilustración liberal. No es casual entonces que Caldas y varios
condiscípulos de la Expedición Botánica terminen fusilados, como consecuencia de una
actitud crítica que combina los idearios de libertad con el estudio de los recursos
naturales como fuente de riqueza. Los dos proyectos llevan implícita la desacralización
de la naturaleza y la necesidad de asumir estudios de botánica, mineralogía, química,
física y matemáticas considerados heréticos. En la enseñanza de las ciencias se ponen
en práctica principios Newtonianos y Copernicanos, así como la verdad derivada de la
observación y la experimentación, método contrario a las verdades dogmáticas
establecidas por revelación (Cerón 1993:24 - 27).
Aunque estas
transformaciones en la alta cultura cuentan al principio con el apoyo oficial de las
autoridades de España y virreyes, su desarrollo se limita a ciertas áreas restringidas y
algunos círculos. De otra parte las reformas son atacadas por la reacción conservadora
que lleva a Mutis al tribunal de la Inquisición. El proyecto también se frena debido a
que solo burócratas, abogados y el clero leen textos escritos, ya que solo el 10% de la
población es alfabeta. Las imprentas de Bogotá y Cartagena que aparecen en 1780 solo
imprimen unas cuantas novenas y algunas instrucciones públicas. El "Papel Periódico
Ilustrado" apenas se establece en 1791 y no pasa de 100 suscriptores (Melo 1992: 73 -
76).
Significa que la
cultura Neogranadina se trasmite principalmente en forma oral a través de la familia, el
cura y la Iglesia, en tanto que escuelas, bibliotecas, libros y periódicos son
prácticamente inexistentes. Si a esto se agrega el carácter clerical de la sociedad, se
concluye que no hay posibilidades de una cultura basada en la Ilustración. Los pocos
laicos con formación superior; no cuentan en sus bibliotecas con Buffon, Rouseau, Feijoo,
Diderot y otros por considerarlas lecturas proscritas. Precisamente una carta de Feijoo
fechada en 1745, al explicar el atraso de España en las ciencia naturales dice que,
"los profesores
españoles estaban enseñados a saber poco porque pensaban que no hay más que aprender..
y su tendencia a considerar sospechosa toda verdad científica y el temor latente de que
las doctrinas nuevas traigan algún perjuicio a la religión" (Paredes 1986:104).
Pese a estas
limitaciones y el carácter elitista del primer intento de modernización, quedan bases
fundamentales que posteriormente van a desarrollarse en la etapa republicana; entre ellas
la necesidad de crear una práctica científica local, el desplazamiento de los clérigos
por los laicos y el descubrimiento de las contradicciones entre la ciencia moderna y el
saber tradicional. Especialmente la Expedición Botánica contribuye a crear un esbozo de
identidad nacional al contraponer lo americano a lo español; subraya la importancia de la
ciencia aplicable a las necesidades del país y el valor de los recursos naturales para
abrirse a un mundo capitalista y liberal.
Es difícil saber hasta
que punto encuentran eco estos principios de renovación política en Pasto, lo cierto es
que en las últimas décadas del S. XVIII se respira un innegable clima de irreverencia a
la autoridad, manifiesto en diversos movimientos indígenas que rechazan las excesivas
cargas tributarias. También los criollos se preparan para defender sus intereses, muchas
veces con un claro acento anticlerical, debido a la injerencia de la Iglesia en asuntos
que no es incumbe. Las autoridades civiles y eclesiásticas antes veneradas y acatadas sin
objeción, ahora enfrentan una oposición más consistente. Este fenómeno es nuevo en
Pasto, pues al mismo tiempo de los levantamientos comuneros, surgen también folletos
subversivos inspirados en el pensamiento liberal francés, contra las monarquías y en
favor de los derechos del hombre. La monarquía intenta reprimir por todos los medios
estas manifestaciones y expide la Real Cédula que prohíbe la lectura de libros
proscritos, entre ellos la obra "Año dos mil cuatrocientos cuarenta", escrito
en lengua francesa en 1776. Según las autoridades, no solo
"se combate en
él la religión católica, y lo más sagrado de ella, sino también se tira a destruir el
orden del buen gobierno... promoviendo la libertad e independencia de los súbditos a sus
monarcas y señores legítimos: He resuelto, que además de prohibirse por el Santo Oficio
este perverso libro, se quemen públicamente por el verdugo todos los ejemplares que se
encuentren".
Lo mismo ocurre con la
publicación de los "Derechos del Hombre" en 1790, cuyos ejemplares se mandan a
quemar por orden de Carlos IV (Pérez 1994: 5).
Contribuye a la
agitación social de la ciudad el sentido de castas que se reafirma en los censos al final
del período colonial en medio de pleitos de honor y pureza de sangre. Los matrimonios de
la nobleza son cada vez más vigilados, se acrecienta la compra de títulos mobiliarios y
aparecen más abogados en la medida que crece la burocracia y el papeleo. Por la crisis de
autoridad se relajan las costumbres y al menos en parte cambia el ambiente conventual del
antaño. De todas maneras
"...hay más
vicios, más aguardiente de anís, de canela y sin aroma, hay mucho más tabaco, más
naipes y dados y más carne en el sentido alimenticio y en el moral, más ganado incluso
al alcance de mestizos y esclavos y más sexo... más relaciones extraconyugales, más
hilos naturales entre las familias blancas, más esfuerzos de mestizos y mulatos por
meterse en todas partes, entrar en las universidades, al ejército, hay mulatos que tienen
sus propios regimientos armados... hay más pleitos por asuntos raciales y por el uso de
ciertas fórmulas de tratamiento público. Y es evidente: hay mas racismo..." (Melo
1992: 78).
Pasto no es ajeno a
esta forma de descomposición social, al punto que la Iglesia y el Cabildo actúan de
acuerdo para enfrentar lo que denominan, problemas morales de la ciudad; entre ellos
relata Sañudo, la permanente falta de oficiales para el trabajo y la ociosidad de la
juventud. Según el Procurador Don Ramón Tinajero,
"... no se
reconoce otro ejército ni aplicación que a la embriaguez y al juego de gallos, naipes,
dados y cruces; de modo que no hay por lo general casa alguna, donde no se vean gallos a
la estaca, ni muchacho que no tenga los instrumentos de los tres juegos... De aquí es la
repetición de robos que se experimentan no habiendo seguridad en las casas ni de día
para dejar alguna cosa fuera de llave".
Por consiguiente
propone al Cabildo que
"este año se
remediará prohibiendo... absolutamente el juego de gallos, con apercibimiento de las
penas que se juzguen bastantes a los jugadores, y a los padres de familia que no
consientan la crianza de estos en sus casas... y que se mande a los Alcaldes de barrio que
dentro de quince días presenten lista de todos los muchachos de edad de ocho año en
adelante, con expresión de la calidad de la familia, para que en vista de ella, se
repartan entre los labradores con obligación de hacerlos trabajar, corregirles los
excesos que notaren y enseñarles los respectivos oficios... Ordena que los maestros hagan
matricula de sus oficiales y que cuiden y asistan puntualmente a su oficio, que estén
aseados y en sus palabras y acciones con la debida moderación"
Para tener información
y mayor control de la población en 1796 se reglamentan los gremios de músicos, silleros,
escultores, tejero; herreros, carpinteros, plateros, sastres, pintores al óleo y al
barniz. La vigilancia de las "buenas costumbres" también se desplaza a los
comerciantes, a quienes periódicamente revisan los aparatos de pesas y medidas y se
controlan los precios; también confiscan armas a los particulares para evitar excesos de
conducta (1940:132 - 133).
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