PASTO: ESPACIO, ECONOMÍA Y CULTURA
Benhur Cerón Solarte – Marco Tulio Ramos
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CAPITULO IV

PASTO: ESPACIO, ECONOMIA Y CULTURA.

SIGLO XIX

1. ECONOMIA Y ESPACIO

A comienzos del siglo, Pasto constituye una parte del archipiélago desarticulado de regiones de Colombia, cuyas economías se reducen al ámbito y extensión del mercado local. El aislamiento es general como resultado de una evolución histórica atípica, en el sentido de constituirse primero el estado republicano con anterioridad a la nacionalidad. La sociedad colombiana se compone de grupos de población que coexisten con vínculos débiles, economías diferentes y grandes contrastes culturales. En esa medida, el naciente país no tiene capacidad para asumir un papel integrador a través del desarrollo socioeconómico y mediador entre sectores sociales y razones heterogéneas.

En un país cuyo único producto de exportación importante es el oro, de modo que se carece de estructura productiva que fomente un desarrollo comercial interno y externo; en proporción a esto, es escaso el grado de especialización de la mano de obra y por tanto también son reducidos los niveles de ingresos percápita. Los grupos y empresas de mayores ingresos en el país son pobres internacionalmente (Urrutia 1979: 41).

El caso particular de Pasto es de mayores necesidades debido a los estragos de la guerra de independencia, que en esta región son más devastadores y prolongados, con el consecuente deterioro de la producción y drástica reducción de la población. Son abundantes los testimonios sobre las desgracias recaídas por la guerra y numerosos los casos de sementeras taladas o quemadas, ganado saqueado para alimentar las tropas, bestias confiscadas para el transporte, campesinos y obreros reclutados a la fuerza para los ejércitos. Se estanca la economía en todas sus formas y hasta las escuelas permanecen cerradas para convertirse en alojamiento de soldados.

Guerrero dice que las tropas que entran bien sea a "nombre del rey" o a "nombre de la libertad", cometen todo tipo de abusos y saqueos en la ciudad y campos aledaños. Se agregan confiscaciones de las cajas reales que dejan sin fondos al erario público y las contribuciones obligatorias de la población que paulatinamente es sometida a la mayor desolación y pobreza. Entre 1809 y 1822 la economía se agrava por la inseguridad y cierre de caminos, privándose de sal, ropa y alimentos procedentes de Quito, así como del intercambio con Popayán que está bajo el dominio de los republicanos.

Son indolentes los decretos de guerra que realistas y patriotas imponen a Pasto. Boves en noviembre de 1822 recolecta 11.400 pesos que impone como contribución a unos pocos ricos que no acolitan sus aventuras, so pena de ser acusados de traición al rey y embargados sus bienes. En enero de 1823 Bolívar y Salom basados en los decretos sobre la expropiación de bienes" que dicta el congreso de Cúcuta en 1821, confiscan grandes haciendas a propietarios de Pasto y del sur que han apoyado el levantamiento de A. Agualongo y se han declarado fieles al rey. Impone además como sanción a la ciudad 30.000 pesos y obliga a reunir más de mil reses y trescientos caballos para llevarlos a Quito. Se añaden otras contribuciones individuales y 13.700 pesos recolectados únicamente entre doce ciudadanos. Esta persecución contrasta con las prerrogativas recibidas por las regiones que reconocen la Constitución de la Gran Colombia, estimuladas por el estado con la construcción de escuelas, inversiones para rehabilitar la economía y organización administrativa (1996:210 – 213).

Pasto además es víctima de las políticas nacionales que en el marco del nuevo orden republicano imprimen un reordenamiento del espacio y cambios profundos en la urbanización. Aunque estas modificaciones proceden desde el siglo XVIII, es en este período cuando desaparecen las reglas de exclusión espacial colonial y se acelera la invasión del espacio urbano por mestizos, negros e indígenas, al tiempo que los blancos pobres se vuelven campesinos.

Al eliminarse el orden jerárquico urbano-regional colonial, cambian los ejes de poblamiento desbaratándose para Pasto el privilegio de "ciudad" establecido por la Corona. la ley del 25 de Junio de 1924 dispone la división política de Colombia en departamentos, provincias y cantones, aboliendo el antiguo sistema y promueve automáticamente a muchas poblaciones al rango de municipio, lo cual conduce al replanteamiento de las primacías urbanas.

Es importante notar que este reordenamiento poblacional obedece a la condición de país independiente, que ahora busca en forma autónoma insertarse en la economía internacional a través de la exportación de materias primas. En este proyecto eminentemente criollo la única alternativa de sobrevivencia económica es participar de la revolución industrial como proveedores de productos tropicales que no se pueden obtener en Europa.

Esta perspectiva abre las puertas a las exportaciones de resinas vegetales, caucho, añil, tagua, tabaco, anís y otros. La consecución de estos artículos genera masiva movilización y colonización de tierras de vertiente durante toda la primera mitad del Siglo XIX, favoreciendo de paso a las ciudades que por su ubicación se benefician del comercio. La participación de Pasto en este proceso es muy limitada ya que todos los cultivos de clima frío se producen en Europa, las selvas que poseen productos de extracción son de difícil acceso y cultivos promisorios como tabaco tienen escasa perspectiva por la carencia de vías y distancia a los puertos. Tal situación contrasta con el surgimiento de ciudades antes desconocidas como Ambalema y otras poblaciones de la Costa Caribe como Carmen de Bolívar que emergen por su cercanía a los puertos, con un producción ligadas directamente a la exportación.

Como consecuencia lógica aparecen nuevas rivalidades entre ciudades que reacomodan los lazos de influencia con otros centros, o pelean por mantener anexas áreas mineras o proveedoras de productos exportables. En estas circunstancias Pasto afronta drásticas modificaciones de su antiguo status para convertirse en ciudad común y corriente, afectada por la guerra, menospreciada por su resistencia antirepublicana y aislada de los centros de poder y de mercado por la distancia, ausencia de vías y dinero. Pasto en particular reordena su relación con Popayán y Quito, que también entran en crisis como centros de poder tradicional en favor de ciudades emergentes de formación social heterogénea, que ahora se encuentran en condiciones de igualdad teórica, aunque todavía sin muchos efectos prácticos.

Figura 25.

"Plano de la ciudad de San Juan de Pasto: 1816".

(Manual de Historia de Pasto, 1996)

Figura 26.

"Casa del prócer de la Independencia Coronel Custodio Rivera", Siglo XVIII.

Ilustración Augusto Rivera Garcés. (Ortiz, 1948).

Como evidencias de este proceso están las descripciones de viajeros que cruzan el territorio nacional en el marco del desarrollo expansionista de las potencias comerciales europeas. Las incursiones cuentan con la anuencia de la clase dirigente nacional, partidaria de consolidar la economía de exportación y establecer un balance de los recursos naturales y productos locales con posibilidades de demanda en Europa. La validez de estos relatos radica en que los naturalistas establecen un modelo de descripción basado en la observación detallada, verificación de datos, empirismo inductivo y uso de diversos aparatos de medición para precisar la descripción de fenómenos y recursos de la naturaleza, concebidos en ese entonces como fuente esencial de riqueza. No obstante, debe tenerse en cuenta que sus caracterizaciones socioculturales están cargadas de subjetivismo eurocentrista.

En 1831 arriba a la ciudad Boussingault, quien en sus escritos hace alusión a las condiciones de Pasto, que para esta época aún no se recupera de los estragos causados por la guerra, principalmente en la producción artesanal.

A las tres llegamos al alto de Aranda (altitud 3076m., temperatura 15,5º C) una bella vista sobre una vasta extensión de praderas desde donde se puede ver a Pasto... después de una bajada tan penosa como lo había sido la subida, hace mi entrada a la ciudad. Eran las 4.30, las ciudades de las regiones frías siempre me han parecido tristes. Pasto estaba entonces en un estado lamentable. La población estimada en 20.000 almas en la época de su esplendor había quedado reducida a 8.000. Por todas partes las mismas ruinas que yo había visto en una época anterior en lo más fuerte de la guerra; las casas tienen sinembargo una bella apariencia y la mayoría de ellas están deshabitadas. La industria del tejido de las telas de lana, la confección de sombreros de paja de antaño tan activas estaban lejos de ser prosperas" 1985: 56).

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