PASTO: ESPACIO, ECONOMÍA Y CULTURA
Benhur Cerón Solarte – Marco Tulio Ramos
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Boussingault hace referencia también el procesamiento textil de la lana y la calidad de los productos:

"Las telas confeccionadas en Pasto no dejan nada que desear. Poseo un poncho de una gran belleza, que fue regalado a Manuelita, quién me lo botó sobre los hombros como un recuerda el día que montaba a caballo para dirigirme al sur" (1985: 59).

Las excelentes anotaciones sobre el barniz de Pasto reflejan el método experimental y explicativo para entender la tecnología de este procedimiento ancestral:

"Visite en Pasto las raras industrias que todavía están en actividad: tinturas y textiles; una de ellas me intereso vivamente; el barniz de las obras de madera con el sistema conocido como el de Pasto. La substancia conocida como "barniz" es traía por los indios de Mocoa, es verde y tiene la apariencia de una goma que dicen ser producida por la ELAEGA UTILIZ, de la familia de las rubiáceas. No se puede pulverizar y para poderla analizar tuve que rasparla con cuchilla. Esta goma no se ve en alcohol ni siquiera en éter; pero se infla enormemente como si fuera caucho. Tiene una característica específica curiosa: pierde la dureza con el calor; pero no se disuelve y la aplican aprovechando esta plasticidad que permite estirarla en una membrana delgada transparente, cuando esta caliente... He aquí la forma como operan los indios para barnizar: los objetos en madera como calabaza; cajas y recipientes delicados guardar vino o aguardiente, se pintan de diversos colores. El barniz, tal como viene de Mocoa, se somete a la acción del agua hirviendo; al cabo de un instante está lo suficientemente blando para su estirado en una lámina delgada que se aplica cuando todavía está caliente, teniendo cuidado de afirmarlo con un trapo para que adhiera a la madera; luego, con un carbón al rojo, sostenido con una tenaza, que se pasa muy cerca del objeto decorado, se hacen desaparecer las burbujas: en esa forma se obtiene una superficie unida, brillante y transparente, a través de la cual aparecen las pinturas con toda la vivacidad de sus colores, mejorados con oro y plata algunas veces. Este barniz es de una solidez notable, ya que es resistente agua, al alcohol y a los aceites fijos y volátiles, lo que lo distingue del caucho. Las soluciones alcalinas son las únicas que lo atacan. El análisis elemental que hice de este barniz, arrojó como resultados

                    Carbono          71.4%

                    hidrógeno        9,6%

                    oxígeno           19.0%
                                        100.0%

Los operarios que conocí de raza india y los procedimientos de aplicación del barniz, lo mismo que el arte de hilar la lana, de tejerla y de teñirla, seguramente son anteriores a la conquista".

Otras lecturas análogas permiten establecer que Pasto se atiene a la producción artesanal como mejor alternativa de comercio. Su rentabilidad y competitividad se mantiene por ser pequeñas industrias desarrolladas a domicilio, materias primas de la localidad, bajos costos de producción, fuerza de trabajo familiar y alta calidad.

Complementa la oferta de Pasto el comercio agrícola que se sostiene por la demanda de Popayán y el Valle que acaparan la producción de harina. Como se trata del único producto agrícola rentable, las políticas de manejo comercial afectan la ciudad y la economía campesina en las áreas de producción. A veces toda la cosecha se dirige al mercado, dejando sin abastecimiento a la ciudad tal como ocurre en 1811. En ocasiones el cultivo se pierde por las plagas y otras catástrofes que disminuyen las cosechas, entre ellas el "tizón del trigo" y periódicas invasiones de langostas como la ocurrida en 1806, que obliga a las autoridades a controlar en forma policiva el suministro de harina (Narváez 1992:47,59). Boussingault acredita el dinamismo comercial de este producto, cuando referiere que antes de arribar a Pasto, "perdimos una hora mientras desfilaba un convoy de mulas que llevaban a Popayán harina de trigo y de maíz" (1985: 56). El ganado y especialmente mulas también hacen parte de la oferta mercantil que sale de la región de Pasto, por la alta demanda que exige el transporte en recua entre Popayán y Quito.

Reafirma la vocación agrícola de Pasto Cordovez (1962: 501-504) quien en 1845 dice,

"Al llegar al alto de Aranda se goza de un bellísimo panorama: la ciudad de Pasto al pie de la serranía, circundada de terrenos cultivados en pequeñas extensiones, presenta el aspecto de un tablero de ajedrez de diversos matices; al oriente el histórico Ejido... Valle encantador de inagotable fertilidad, surcado por varios riachuelos de aguas purismas. Allí contemplamos el método de laboreo de las tierras, superior en mucho a la rutina e imperfección de los sistemas usados en la altiplanicie de Bogotá. La desyerba y aporque de las papas se hacia con arado tirado por bueyes con una reja en forma de cuchara, de modo que en un día hacia el gañan y su yunta de bueyes, más que cien peones con el azadón".

Los productos que importa Pasto unos proceden del Ecuador, entre los que se cuenta la sal, textiles (bayetas, sayales), sombreros azúcar. Por la vía de Popayán llegan vinos españoles, vidrios, cera, aceites, miel, aguardiente y pescado (Guerrero 1988**). La mayor parte de este comercio se hace a la espalda de cargueros o utilizando recuas de mulas, lo cual limita el volumen de transporte y daña las mercancías debido al maltrato y distancia. Se deduce que las mercancías procedentes de Europa son escasas en proporción al reducido mercado y así mismo es poca la participación de Pasto en el comercio exterior.

Se aprecia entonces que por las dificultades de comunicación el mercado regional interno permanece estancado. No hay capacidad de compra ya que el grueso de la población campesina e indígena produce para el autoconsumo y se viste con su propia industria. Eh esas condiciones la circulación de mercancías es reducida y limitada a artículos de consumo inmediato que en ocasiones no representan circulación de dinero.

Prueba de la ausencia de un proceso de modernización es la carencia de desarrollo urbano propiamente dicho pese a que Pasto es centro regional, cabecera de provincia y desarrolla funciones administrativas. Sigue en jerarquía Túquerres como cabecera provincial y cantón y funciona como centro de la red comercial que sustenta a las zonas mineras de Barbacoas. En este sentido opera como puerto seco al ser punto nodal de distribución de manufacturas de importación y exportación en las relaciones establecidas especialmente con los ingleses. A excepción de Ipiales que es cabecera de cantón, el resto de centros poblacionales por carecer de mercado son insignificantes en la estructura urbano regional. Los pueblos se comunican por caminos de herradura mal conservados incluyendo los denominados "caminos reales", que en sentido longitudinal de los Andes conectan a Pasto con Popayán y Quito.

TABLA 13

JERARQUIA DE LOS CENTROS URBANOS DEL SUR DE NARIÑO.

1843 (NÚMERO DE HABITANTES) (IGAC 1982: 133 - 134).

PROVINCIA DE PASTO

Las notas de los viajeros de ese entonces, sin excepción revelan el pésimo estado de los caminos. Contribuye a visualizar esta situación el abogado Cordovez Maure quien arriba a la ciudad en 1845, precisamente como apoderado para cobrar una deuda comercial de 5.000 que alguien se niega a pagar.

"las veredas y caminos que debíamos transitar se hallaban en el mismo mal estado en que las dejaron los españoles, con el aditamento de la carencia de víveres y demás recursos indispensables al viajero. Del salto del Mayo hacia el sur había que pastar al borde de precipicios, en que una mala pisada de la mula, traería como consecuencia la caída en aquellas simas profundas, a que solo pueden llegar los gallinazos; pero lo más grave de aquel trayecto, era el paso del río Juanambú por medio de las inolvidables tarabitas, que medían cerca de sesenta brazas de extensión en posiciones inversas e inclinadas a fin de acelerar el paso de tan peligrosa maroma tanto a la ida como a la vuelta.

Al acongojado viajero se le amarraba sólidamente a un garabato, se le ataba a un rejo para que le sirviera de cuerda como a las cometas, y se empujaba hacia el abismo, sobre el cual bajaba como exhalación, echando humo producido por el violento frote del garabato sobre los rejos que sostenían aquellas tramoyas. Una brusca sacudida indicaba al aéreo transeúnte que había llegado al término de su vertiginoso camino, y que podía abrir los ojos pues los "pasajeros" aconsejaban tenerlos cerrados y contener la respiración durante el descenso, para evitar el mal de San Vito, que solía atacar a los amedrentados pasajeros.

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