PASTO: ESPACIO, ECONOMÍA Y CULTURA
Benhur Cerón Solarte – Marco Tulio Ramos
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"la vivienda en tiendas para la gente pobre que hace de Pasto, y de otros pueblos de Nariño ciudades imposibles de higienizar... las casas sin pintar; la plaza un potrero, en cuyo centro se llevaba la más andrajosa pila española.. la catedral, horrible edificio descuidado y sucio; las acequias corriendo sobre las calles y a toda hora arrastrando inmundicias, completa la falta le arte en los edificios (Pereira 1919:228).

Un aspecto importante que denota estancamiento de la ciudad es la ausencia de expansión urbana. El plano elaborado por J. Rivera en 1906 poco se diferencia del periodo colonial y del Siglo XIX. El autor comenta que la nomenclatura comprende diez carreras y trece calles que encierran sesenta y cuatro manzanas. "Las calles están empedradas sin hierba y los andenes regularmente enladrillados. Los edificios son en su mayor parte de dos pisos, de tapia y teja; hay dos casas de tres pisos". Adornan la ciudad tres plazas principales: la Constitución, Independencia y Santander; las plazuelas en correspondencia a la ubicación frente a sus Iglesias se denominan respectivamente Santo Domingo, San Francisco, San Andrés, San Felipe, La Merced y La Panadería.

Las edificaciones en general destacan el proverbial acento donde salen tres parroquias: San Agustín, San Sebastián y la Catedral. Complementan este panorama diez y seis iglesias, Palacio Episcopal; los colegios Seminario, Liceo de la Inmaculada Concepción, San Felipe Neri, Bethlemitas, Hermanos Maristas; Casa Cural de la Catedral, Asilo San José, Hospital de la Caridad, convento de Capuchinos, convento de monjas Concepcionistas y el cementerio católico. Las construcciones del Estado se reducen a la casa de Gobierno, Universidad de Nariño, cárcel, tres escuelas para niños y nocturna para artesanos.

Sin posibilidades de inversión significativa la economía urbana firma en las artesanías de madera y cuero, que gracias a los costos de producción y calidad mantienen demanda en los mercados externos; se agregan otros oficios que atienden las necesidades locales.

Figura 42.

Plano Topográfico de la ciudad. Pasto. (Rivera 1906: 234).

Figura 43.

"Calle de San Felipe empedrada con su acequia al centro. 1910".

(Revista Pasto. Año 1 No. 2 Febrero, 1940).

TABLA 14.

ESTABLECIMIENTOS COMERCIALES DE PASTO CENSO DE 1906 (RIVERA 1906: 228)

Un inventario de las "industrias libres" de Pasto en 1909 destaca los establecimientos de talabarterías, tenerías con amplio mercado de pieles, carpinterías, herrerías, telares de lana y algodón, fábricas de empaques de fíque y barniz de Pasto (Rodríguez 1961:169 – 170). En las "industrias monopolizadas" sobresalen únicamente los licores comercializados en arrendamiento, ya que la producción aún se hace en alambiques particulares en los pueblos de clima Cuido. Por su parte, el tabaco se cultiva libremente pero la producción y consumo son controlados por los resguardos (Rodríguez 1961: 207).

Los establecimientos comerciales permiten deducir el énfasis en una producción de autoconsumo. El número tan elevado de carpinterías; panaderías, sastrerías, zapaterías, talabarterías, etc., reafirma la continuidad de las descripciones del siglo pasado, cuando se dice que Pasto se viste, calza y alimenta sola. Se mantiene en la práctica el aislamiento que genera un mercado proteccionista alimentado por una demanda local sui generis. Por ejemplo, la sobreprodución de trigo genera numerosos molinos y abundantes panaderías, las que a su vez demandan alto suministro de leña procedente de las montañas vecinas. La abundancia de herrerías se justifica por las recuas, único medio de transporte en la región y hacia Popayán. Con estas limitaciones la elaboración artesanal se constituye apenas de talleres domiciliarios con fuerza de trabajo familiar que congregan en el mejor de los casos media docena de aprendices en torno a un maestro. Los locales comerciales principales expenden artículos exóticos, unos de uso obligado que corresponden a agencias de distribución como la sal y otras mercancías procedente de Tumaco, Ecuador y Popayán. Hay además algunas misceláneas con variados surtidos y pulperías; en cambio las tiendas se dispersan por toda la ciudad para atender las demandas populares.

Túquerres por su posición estratégica cerca a las áreas mineras y al comercio del puerto de Barbacoas, también mantiene depósitos de distribución de mercancías de importación y es asiento de agencias de exportación, destacándose el tabaco que se envía en forma de bolas a las fábricas de cigarrillos de Tumaco y Barbacoas. En los pueblos de la Exprovincia de Obando se mantienen con vigor los telares y elaboración de alfombras de lana.

Figura 44.

Pasto: Carrera 24, Calle 19 esquina - Parque Nariño (Revista Pasto, Año 1 No. 2. Febrero,
1940).

En la primera década del siglo es fundamental la gestión de primer gobernador Julián Bucheli, cuyo espíritu perspicaz y emprendedor intenta impulsar modificaciones sustanciales que favorezcan el desarrollo de Nariño. Aunque la ausencia de presupuesto frena los proyectos de mayor envergadura, pone en funcionamiento la imprenta departamental y servicio de salud; transforma la plaza de Mercado en parque y revitaliza la industria artesanal de sombreros cuya demanda crece por la construcción del canal de Panamá. Su principal proyecto, la Universidad de Nariño y la facultad de Ingeniería, obedecen a su percepción según la cual no hay progreso sin vías de comunicación. La Facultad es dotada de laboratorios de ensayo de minerales y química analítica, al tiempo que no se desdeña la preparación de otros recursos humanos, mediante las facultades de Derecho y Comercio, convertidas en pioneras de la naciente Universidad. Al finalizar su período de gobernante se establece en Pasto el Banco del Sur, primera entidad financiera del Departamento.

Una vez instalada la Facultad, Bucheli coloca al personal de la Universidad a trabajar en proyectos de vías, pues según Pereira "En Nariño no hay caminos, sendas intransitables unían las poblaciones entre sí" (1919: 232). El ingeniero Pablo Lucio es encargado de trazar el camino Pasto-Buesaco-Juanambú y construye el puente de ladrillo sobre este río. Belisario Ruiz Wilches, Julio Thomas y Pablo Lucio diseñan la carretera Pasto-Túquerres. Jeremías Bucheli el carreteable de San Juan y la vía a Ancuya; el ingeniero Víctor Triana traza las vías del oriente (Chaves 1963: 261).

Como en el modelo económico nacional las vías constituyen una prioridad, Rafael Uribe Uribe y Santiago Pérez Triana, desde 1907 con especial interés la necesidad de establecer la vía al Bajo el Putumayo y la Amazonia. El fin es asegurar posesión efectiva del territorio y sus recursos, cuya disputa advierte desde ese entonces la posibilidad de un conflicto con el Perú. En sus referencias tendientes a promover la iniciativa, citan el caso de colonos nariñenses que más de 30 años han poblado el Valle de Sibundoy sin obtener ayuda alguna por parte del gobierno (Rincón 1940: 71 - 72).

El empeño por el desarrollo vial continúa hasta que en 1912 y el congresista nariñense Samuel J. Delgado logra la expedición de la ley 65 de 6 de noviembre, sobre el ferrocarril que uniría a Tumaco, Pasto y Putumayo. Como Nariño no es un Departamento exportador las obras se retrasan por ausencia de presupuesto; en cambio la inversión vial se concentra en las vías hacía el caribe que constituyen una prioridad para el gobierno nacional. Se agrega el desgreño administrativo y poca inteligencia de clase política local que no elabora planes de desarrollo regional. En cambio se entretiene con intrigas de todo orden para mantenerse en el poder con base en el clientelismo. Los conservadores que dominan los hilos de autoridad anteponen intereses personales en las prioridades del desarrollo vial regional; unos sostienen que es fundamental la salida al mar a través de un carreteable, otros creen más importante la salida al norte. Así mismo hay grupos que defienden el monopolio del aguardiente para las rentas del departamento los contrarios son partidarios de la libertad de producirlo. En fin, el proyecto del ferrocarril se empantana y el tema todavía se discute airadamente a comienzos de la década del veinte desperdiciándose muchos años de progreso.

El Doctor Alberto Quijano Guerrero en forma magistral describe la frustración de las expectativas planteadas al crearse el nuevo departamento.

"Inconformidad y politiquería: dos valores fijos a lo largo de la encrucijada de la raza... Patriotismo, resignación y pobreza: tres constantes históricas que pesan inevitablemente sobre los destinos de este pueblo... expectación de una nueva víspera, porque lo que con tanto afan se anhelaba, no se realizó o se realizó a medias" (1996: Prólogo).

Ciertamente la torpeza de la clase politiquera tiene mucho que ver en la postración de la economía regional, pues no es capaz de crear condiciones de articulación al mercado nacional o exterior. Es irónico observar que mientras otras regiones del país discuten su inserción en el mercado mundial y nacional, en Pasto el centro de la polémica se desarrolla alrededor del monopolio de aguardiente, única fuente importante como recurso del erario público. De esta suerte, progresivamente se entra en un déficit acumulativo, pues sin comercio no hay dinero y las únicas entradas parten de la venta de aguardiente e impuestos irrisorios procedentes del tabaco, registro, papel sellado, degüello de ganado y cerveza. Incluso el monopolio de licores aparece apenas en 1918 después de escandalosos enfrentamientos, con lo cual el departamento compra los desfiladeros y adecuada un poco más de un millón de pesos anuales, cifra bastante alta comparada con las cifras percibidas anteriormente cuando las bebidas son controlados por una compañía particular (Rodríguez 1961: 207).

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