PASTO: ESPACIO, ECONOMÍA Y CULTURA
Benhur Cerón Solarte – Marco Tulio Ramos
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Figura 45.

"Banco del Sur, 1909", (Pasto a través de la Fotografía.

Banco de la República, 199).

La movilización popular contra la administración de los licores por particulares, demuestra la sentida carencia de presupuesto oficial que tiene la economía totalmente paralizada. La crisis se agudiza desde 1918 hasta 1922 debido a la ausencia de rentas propias y auxilios procedentes del gobierno central. Como resultado de la contracción monetaria decae el comercio, se estanca la construcción de la vital carretera al norte y son licenciados los trabajadores. También se detienen las edificaciones de gobierno incluyendo servicios vitales como hospitales y escuelas (Verdugo 1996: 412).

Sin mercado y recursos propios Pasto paulatinamente pierde espacio en la economía nacional y desde el punto de vista espacial es marginado del flujo de mercancías y personas que transitan entre áreas de producción y los puertos. Los antiguos centros coloniales como Pasto, Tunja, Santafé de Antioquia, Popayán, Cartagena, Santa Marta, Girón, Socorro y San Gil, se marginan del modelo exportador y por tanto se quedan al margen del desarrollo capital nacional.

Como se sabe, las nuevas vías son generadas por la economía cafetera que introduce cambios importantes en el ordenamiento territorial, entre ellos el desplazamiento poblacional de la cordillera oriental a la central, la creación del puerto de Barranquilla que ya es ciudad importante desde fines del S. XIX y la inauguración del ferrocarril del Pacífico en 1915 para beneficiar la producción cafetera de Caldas y el norte del Valle. Este hecho favorece el crecimiento de Cali que opera como "puerto seco", en tanto que Buenaventura ofrece dificultades climáticas que le impiden un desarrollo similar al de Barranquilla (Zambrano, Bernan 1993: 68).

Además del café merecen mencionarse otros productos como caña, algodón, banano y petróleo, que irrumpen en la economía internacional creando nuevas áreas estratégicas para la expansión de mercados y extensión de vías de comunicación. En consecuencia es notoria también la inversión de capital en Santander y Magdalena cuyos productos fluyen hacia el caribe para reafirmar su condición exportadora. El río Magdalena y los ferrocarriles hacia las puertas del Atlántico reafirman las posibilidades de desarrollo de los territorios aledaños donde se instaura la hacienda agroindustrial y ganadera. No obstante, el café es responsable de las mayores transformaciones nacionales. La exportación pasa de 14 millones de dólares en 1905 a 120 millones en 1925 de este modo, la economía del país como su aparato burocrático y proyectos de desarrollo giran alrededor de este producto, beneficiando de paso a las regiones productoras.

Figura 46.

"Canalización del río Chapal, diagonal iglesia de la Panadería".

(Revista Progreso Nariñense, 1938).

A lo largo de estos corredores de comercialización se fortalece una creciente economía monetaria que amplía el mercado interno para productos industriales y refuerza la constitución de una red comercial amplia. Al crecimiento del mercado interno se suma un mayor desarrollo urbano, que permite afianzar en las ciudades principales la industria de cervezas, productos alimenticios, botellas, cigarrillos, fósforos y productos químicos simples como jabón y las primeras fábricas modernas de textiles que gozan de una política proteccionista.

El proceso se reafirma en la década del 20 cuando Colombia amplía la capacidad de gasto, tanto por la vía de una considerable deuda externa, como por los 25.000.000 de dólares con que USA indemniza al país por el despojo de Panamá. Esta inmensa cantidad de dinero denominada en la historia colombiana DANZA DE LOS MILLONES, se invierte en la modernización de la capacidad productiva, navegación por el río Magdalena y ferrocarriles, considerados en ese entonces el medio de transporte más moderno para ligar la economía nacional al mercado internacional. Como es obvio, una vez más se benefician de estos servicios e infraestructura las regiones cafeteras por ser el producto de exportación más importante junto con el oro. A su vez el incremento de las actividades propiamente urbanas y la inmigración, consolidan la "cuadricefalia urbana" de Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla como ciudades de mayor crecimiento económico y demográfico. En las primeras décadas del Siglo XX, Bogotá multiplica por cinco su población, Medellín por ocho, Barranquilla y Cali cuatro veces y Bucaramanga la duplica.

Como resultado de esta política oficial, en 1930 el país cuenta con 2.710 kilómetros de ferrocarriles, un desarrollo preponderante de carreteras y establecimiento de servicios básicos, pero con una distribución inequitativa que reitera el desarrollo regional desigual. Mientras Pasto no cuenta con una vía carreteable al norte como salida al mercado nacional, el servicio automotor es ininterrumpido entre Cúcuta, Bogotá y Villavicencio; al tiempo que todo el interior del país está conectado con la Costa del Caribe a través del río Magdalena que se convierte en el eje de integración nacional.

La infraestructura mencionada permite a Colombia superar la crisis del año 29 y fortalecer la incorporación económica al mercado mundial, para enrumbarse hacia un crecimiento acelerado del sector industrial moderno. La red de transporte establecida une los principales centros productores que consolidan el mercado interno; el estado por su parte estimula el proceso mediante una política sólida de proteccionismo a la producción nacional.

El cambio hacia una sociedad capitalista es espacialmente bien delimitado; las inversiones y el modelo exportador aprovechan las ventajas comparativas de áreas estratégicas, quedando regiones como Pasto aisladas del proceso nacional. Como resultado, se mantienen formas arcaicas en el orden económico, social y político. La mayor limitación radica en el predominio de una economía minifundista y de autoconsumo que reduce las posibilidades de un mercado regional. El porcentaje de población urbana promedia el 25% solamente, reflejándose el fuerte acento agrario de una sociedad señorial, rodeada de campesinos e indígenas pauperizados cuya economía gira en torno así mismos.

Hacia finales de la década del 20 el desarrollo económico de Pasto empeora por el tratado de libre comercio firmado con Ecuador. Los talleres que representan el escaso desarrollo industrial sufren menoscabo con el consecuente dominio en el comercio de artículos importados; entre ellos, sal, cerveza, cigarrillos fósforos, espermas, jabones, grasas, vidrio manufacturado, loza, cemento y gasolina. Incluso en 1932 Nariño aún importa de este país tejidos por cerca de medio millón de pesos, lo cual puede considerarse inaudito, teniendo en cuenta que este territorio ha sido tradicionalmente fuerte en dicha producción.

Al comenzar la década del 30 el aislamiento de Pasto no solo afecta el intercambio comercial y estanca la economía local sino que afecta todas las manifestaciones de la formación social. La carencia de rentas propias y capital en todas sus expresiones explica la ausencia de infraestructura y servicios mínimos, así como la permanencia de costumbres retrasadas y un ambiente provincial aislado de las presiones de la modernidad. Se cultiva en este medio una cultura de pobreza y hábitos de vida que sorprenden a los foráneos, pero que al interior de la propia sociedad no son censurados por considerarse parte de la cotidianidad.

Zalamea anota como algo curioso que en Pasto no existen todavía en el comercio Sociedades Anónimas, ni siquiera la asociación de dos capitales o de dos firmas; no obstante destaca la honradez y honorabilidad de los comerciantes, quienes mantienen sistemática negativa a establecer relaciones de crédito, por temor de quebrantar su tradición de puntualidad (1936: 35). Esta actitud conservadora frente al riesgo significa sacrificar progreso por seguridad lo cual implica no asumir operaciones propiamente capitalistas, razón por la cual la actividad bancaria y circulación de capital financiera es prácticamente inexistente.

El comercio local también sufre las consecuencias del cambio de modelo económico por la protección de la industria nacional. El gobierno de Enrique Olaya Herrera grava tremendamente los productos extranjeros que como consecuencia empiezan a escasear; por tanto, se elevan los precios y aparece la especulación de productos foráneos como drogas y cemento. A esto se suma la dificultad del transporte de donde se deduce que en el mercado de Pasto la oferta prácticamente se anula. El hecho permite a las manufacturas locales operar sin competencia; no obstante su baja calidad no promueve mayor demanda y mucho menos en otros mercados.

Como reflejo de las relaciones económicas simples, el establecimiento comercial más abundante y popular de la ciudad es "la tienda", cuya supervivencia denota una forma de comercio que se vuelve representativa del contexto popular urbano de Pasto. Zalamea a comienzos de la década del treinta describe el negocio de la siguiente manera:

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