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Con
relación a la recuperación de la calidad del entorno dentro del proyecto de una nueva
cultura ciudadana, el ministerio del medio ambiente sugiere más de 100 recomendaciones
tendientes a la convivencia con la naturaleza y generar conductas colectivas de beneficio
común; entre ellas son reiterativas estas orientaciones.
EN LA CASA. Ahorrar
agua en la ducha, cisternas y riego del jardín. Respecto a la energía es aconsejable no
encender el calentador a más de 60 grados, mantener la nevera con temperatura máxima de
5°C. Evitar uso de aerosoles como limpiadores o desodorantes, pues contienen
clorofluorocarbonos que dañan la capa de ozono. Debe asumirse como costumbre diaria
separar las basuras a fin de contribuir con el reciclaje de elementos recuperables y
evitar el uso de elementos no biodegradables como plásticos.
EN EL BARRIO. Teniendo
en cuenta que el espacio público comienza en la puerta de la casa, se recomienda mantener
aseada y podada la zona verde y jardines; organizar con los vecinos jornadas ambientales
para reforestación, poda, pintura, mantenimiento y embellecimiento de áreas
recreacionales. En las obras de construcción o remodelación evitar acumulación de
materiales en los andenes. Denunciar ante las autoridades ambientales la contaminación
visual que produce la sobrecarga de avisos, vallas y pasacalles. Colaborar con la
conservación de postes eléctricos, cables, hidrantes, sistemas de conducción de
servicios públicos, lo mismo que teléfonos de uso comunitario.
EN PLAZAS Y
BOSQUES.
Organizar cruzadas de recolección de basura e impulsar campañas para que en las plazas
de mercado los alimentos se conserven más higiénicos. Enseñar a los niños el cuidado
de columpios, no arrancar flores de los parques y utilizar bolsas para depositar
excrementos de mascotas.
EN LOS RIOS. La
protección de ríos se logra con la reforestación. Por ello, cuando no se puede sembrar
árboles la tarea es convertirse en guardián de los bosques. No utilizar los ríos para
botar basuras. La pesca debe realizarse observando las normas de conservación de
especies. Es fundamental colocar recolectores de basura para excursionistas a fin de
conservar los senderos limpios.
Estas recomendaciones
aparentemente repetitivas y elementales que se escuchan a diario, son fundamentales si se
practican como parte de la cotidianidad y en forma colectiva, pues ellas no sólo
posibilitan mejor salud, sino que constituyen base para que el logro de la ciudad ideal
deje de ser utopía.
La segunda reflexión se
refiere a la inquietante anarquización de la cultura urbana. Se observa que en todas las
ciudades es usual la presencia desagradable de huecos, ruido, vallas, basura, espacios
privatizados y resguardados por legiones de celadores, vigilantes y
"guachimanes". Busetas desbocadas con racimos humanos colgando de puertas y
ventanas, arrogantes buses que violan las normas de tránsito con radios a todo volumen en
los que rancheras, vallenato; tangos y música de carrilera se imponen a los pasajeros. Se
agrega la anarquía de los carros particulares, agresividad de los motociclistas y toda
suerte de vehículos que hacen de las calles espacios de conflicto. Al parecer esto es
resultado de subdesarrollo, miseria, coexistencia de modernidades urbanas y restos de
ruralidad, síntesis cultural de una ciudad que en más de un sentido muestra la realidad
latinoamericana.
Parodiando el artículo
de Camacho (1996: 45) y sin tratar de hacer una teoría sobre la violencia, ni siquiera un
ensayo más o menos polémico es pertinente una pregunta con relación a esta cultura.
¿Cuál puede ser el tipo de imaginario que los pastusos tienen de sí mismos y de sus
entornos socioculturales? Para hacer Una metáfora dramaturgica, ¿cómo se pueden
representar? ¿Es una ciudad de homicidas, asaltantes, atracadores?. No puede haber mucho
consuelo al argumentar que no todos son así, o endilgar estas conductas a una minoría de
psicópatas desadaptados, o culpar como comúnmente se hace a las condiciones económicas
y de pobreza como engendros de ese tipo de comportamientos.
La ciudad ha cambiado
y mucho, al punto que los principios religiosos de resignación antaño tan efectivos, ya
no constituyen el dique que frena los comportamientos. Lo grave es que la ausencia de
resignación cristiana tampoco es reemplazada por una ilustración laica que fundamente
una ética civil. Menos aún aparecen elementos de cultura democrática en el uso del
espacio público. No encuentran árbitros legítimos que medien con éxito en las
querellas y cada uno recurre a su propios medios para resolver sus conflictos. Se carece
de mecanismos institucionales de cohesión para enfrentar cualquier problema.
Respecto al espacio
privado el panorama también es desalentador. Aquel hogar que supuestamente ofrece la
posibilidad de expresar las propias emociones, refugiarse de las agitaciones de la vida
urbana, relaciones políticas, tiranías del reloj, salario y autoridad del mundo del
trabajo, también está invadido por la intransigencia. Ese espacio hay que reconocerlo,
es cuna de autoritarismo, exclusión del otro y su secuela de intolerancia. La violencia
de lo privado es casi paroxística como lo revelan las estadísticas del maltrato
infantil, violencia contra la mujer, lesiones y muertes por riñas y alcohol.
Si comparamos estos
hechos con países donde el desarrollo económico es socialmente significativo, se
descubre que estamos bastante lejos de lograr factores de convivencia. No obstante este
hecho no puede convertirse en desesperanza. Por el contrario es urgente poner a funcionar
un plan educativo para formar el capital humano que produzca una masa critica de
ciudadanos, competentes en un saber, pero también portadores de una cultura democrática
que hacia posible una vida pacífica al lado de una prosperidad creciente. La
responsabilidad prioritaria del sistema educativo se debe a su carácter orientador en la
formación de una personalidad democrática y conformación de la sociedad civil. En esa
perspectiva, el imaginario del nuevo proyecto de Nación se vitaliza con miras a la
construcción de una sociedad basada en la convivencia democrática y un país productivo
con equidad interna.
Estos son los dos
grandes desafíos a los que debe responder el país, correspondiéndole al gremio de
profesores mayor responsabilidad, en tanto son directos responsables de una formación
científica, así como de la construcción de una cultura basada en la tolerancia. Su
quehacer docente está obligado a recuperar la confianza en un mundo mejor, construido
sobre la credibilidad, una ética laica basada en la Ilustración y sobretodo, recuperar
la solidaridad, honestidad, responsabilidad y profesionalismo en cualquier trabajo por
humilde que sea. Para lograr este objetivo los docentes deben garantizar el aprendizaje y
enlazar el proyecto educativo institucional con otros actores comprometidos; es decir,
gremios, medios de comunicación, sistema de justicia y todas las instituciones que tienen
responsabilidad social. En este proceso deben tener cabida diversas formas de
participación ciudadana y veedurías sin caer en el moralismo o el fascismo. El proyecto
del nuevo ciudadano y del nuevo país no depende del Estado sino de las personas, quienes
deben interiorizar esta responsabilidad para lograr una relación armónica entre los
individuos y de estos con la naturaleza.
En Pasto la
perspectiva de este nuevo modelo de vida es alentador a juzgar por el llamado
"Proyecto Común" del alcalde cívico Antonio Navarro Wolf. En su gestión es
evidente una forma distinta de hacer política por la preocupación de recuperar la fe en
las instituciones aprovechando los espacios que genera la constitución política de 1991.
Se destacan formas efectivas de participación ciudadana, ataque a la corrupción y la
impunidad; un agresivo plan de mejoramiento de la calidad educativa, medio ambiente y
varias obras de infraestructura física que desde hace tiempo requiere la ciudad.
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