PASTO: ESPACIO, ECONOMÍA Y CULTURA
Benhur Cerón Solarte – Marco Tulio Ramos
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Con relación a la recuperación de la calidad del entorno dentro del proyecto de una nueva cultura ciudadana, el ministerio del medio ambiente sugiere más de 100 recomendaciones tendientes a la convivencia con la naturaleza y generar conductas colectivas de beneficio común; entre ellas son reiterativas estas orientaciones.

EN LA CASA. Ahorrar agua en la ducha, cisternas y riego del jardín. Respecto a la energía es aconsejable no encender el calentador a más de 60 grados, mantener la nevera con temperatura máxima de 5°C. Evitar uso de aerosoles como limpiadores o desodorantes, pues contienen clorofluorocarbonos que dañan la capa de ozono. Debe asumirse como costumbre diaria separar las basuras a fin de contribuir con el reciclaje de elementos recuperables y evitar el uso de elementos no biodegradables como plásticos.

EN EL BARRIO. Teniendo en cuenta que el espacio público comienza en la puerta de la casa, se recomienda mantener aseada y podada la zona verde y jardines; organizar con los vecinos jornadas ambientales para reforestación, poda, pintura, mantenimiento y embellecimiento de áreas recreacionales. En las obras de construcción o remodelación evitar acumulación de materiales en los andenes. Denunciar ante las autoridades ambientales la contaminación visual que produce la sobrecarga de avisos, vallas y pasacalles. Colaborar con la conservación de postes eléctricos, cables, hidrantes, sistemas de conducción de servicios públicos, lo mismo que teléfonos de uso comunitario.

EN PLAZAS Y BOSQUES. Organizar cruzadas de recolección de basura e impulsar campañas para que en las plazas de mercado los alimentos se conserven más higiénicos. Enseñar a los niños el cuidado de columpios, no arrancar flores de los parques y utilizar bolsas para depositar excrementos de mascotas.

EN LOS RIOS. La protección de ríos se logra con la reforestación. Por ello, cuando no se puede sembrar árboles la tarea es convertirse en guardián de los bosques. No utilizar los ríos para botar basuras. La pesca debe realizarse observando las normas de conservación de especies. Es fundamental colocar recolectores de basura para excursionistas a fin de conservar los senderos limpios.

Estas recomendaciones aparentemente repetitivas y elementales que se escuchan a diario, son fundamentales si se practican como parte de la cotidianidad y en forma colectiva, pues ellas no sólo posibilitan mejor salud, sino que constituyen base para que el logro de la ciudad ideal deje de ser utopía.

La segunda reflexión se refiere a la inquietante anarquización de la cultura urbana. Se observa que en todas las ciudades es usual la presencia desagradable de huecos, ruido, vallas, basura, espacios privatizados y resguardados por legiones de celadores, vigilantes y "guachimanes". Busetas desbocadas con racimos humanos colgando de puertas y ventanas, arrogantes buses que violan las normas de tránsito con radios a todo volumen en los que rancheras, vallenato; tangos y música de carrilera se imponen a los pasajeros. Se agrega la anarquía de los carros particulares, agresividad de los motociclistas y toda suerte de vehículos que hacen de las calles espacios de conflicto. Al parecer esto es resultado de subdesarrollo, miseria, coexistencia de modernidades urbanas y restos de ruralidad, síntesis cultural de una ciudad que en más de un sentido muestra la realidad latinoamericana.

Parodiando el artículo de Camacho (1996: 45) y sin tratar de hacer una teoría sobre la violencia, ni siquiera un ensayo más o menos polémico es pertinente una pregunta con relación a esta cultura. ¿Cuál puede ser el tipo de imaginario que los pastusos tienen de sí mismos y de sus entornos socioculturales? Para hacer Una metáfora dramaturgica, ¿cómo se pueden representar? ¿Es una ciudad de homicidas, asaltantes, atracadores?. No puede haber mucho consuelo al argumentar que no todos son así, o endilgar estas conductas a una minoría de psicópatas desadaptados, o culpar como comúnmente se hace a las condiciones económicas y de pobreza como engendros de ese tipo de comportamientos.

La ciudad ha cambiado y mucho, al punto que los principios religiosos de resignación antaño tan efectivos, ya no constituyen el dique que frena los comportamientos. Lo grave es que la ausencia de resignación cristiana tampoco es reemplazada por una ilustración laica que fundamente una ética civil. Menos aún aparecen elementos de cultura democrática en el uso del espacio público. No encuentran árbitros legítimos que medien con éxito en las querellas y cada uno recurre a su propios medios para resolver sus conflictos. Se carece de mecanismos institucionales de cohesión para enfrentar cualquier problema.

Respecto al espacio privado el panorama también es desalentador. Aquel hogar que supuestamente ofrece la posibilidad de expresar las propias emociones, refugiarse de las agitaciones de la vida urbana, relaciones políticas, tiranías del reloj, salario y autoridad del mundo del trabajo, también está invadido por la intransigencia. Ese espacio hay que reconocerlo, es cuna de autoritarismo, exclusión del otro y su secuela de intolerancia. La violencia de lo privado es casi paroxística como lo revelan las estadísticas del maltrato infantil, violencia contra la mujer, lesiones y muertes por riñas y alcohol.

Si comparamos estos hechos con países donde el desarrollo económico es socialmente significativo, se descubre que estamos bastante lejos de lograr factores de convivencia. No obstante este hecho no puede convertirse en desesperanza. Por el contrario es urgente poner a funcionar un plan educativo para formar el capital humano que produzca una masa critica de ciudadanos, competentes en un saber, pero también portadores de una cultura democrática que hacia posible una vida pacífica al lado de una prosperidad creciente. La responsabilidad prioritaria del sistema educativo se debe a su carácter orientador en la formación de una personalidad democrática y conformación de la sociedad civil. En esa perspectiva, el imaginario del nuevo proyecto de Nación se vitaliza con miras a la construcción de una sociedad basada en la convivencia democrática y un país productivo con equidad interna.

Estos son los dos grandes desafíos a los que debe responder el país, correspondiéndole al gremio de profesores mayor responsabilidad, en tanto son directos responsables de una formación científica, así como de la construcción de una cultura basada en la tolerancia. Su quehacer docente está obligado a recuperar la confianza en un mundo mejor, construido sobre la credibilidad, una ética laica basada en la Ilustración y sobretodo, recuperar la solidaridad, honestidad, responsabilidad y profesionalismo en cualquier trabajo por humilde que sea. Para lograr este objetivo los docentes deben garantizar el aprendizaje y enlazar el proyecto educativo institucional con otros actores comprometidos; es decir, gremios, medios de comunicación, sistema de justicia y todas las instituciones que tienen responsabilidad social. En este proceso deben tener cabida diversas formas de participación ciudadana y veedurías sin caer en el moralismo o el fascismo. El proyecto del nuevo ciudadano y del nuevo país no depende del Estado sino de las personas, quienes deben interiorizar esta responsabilidad para lograr una relación armónica entre los individuos y de estos con la naturaleza.

En Pasto la perspectiva de este nuevo modelo de vida es alentador a juzgar por el llamado "Proyecto Común" del alcalde cívico Antonio Navarro Wolf. En su gestión es evidente una forma distinta de hacer política por la preocupación de recuperar la fe en las instituciones aprovechando los espacios que genera la constitución política de 1991. Se destacan formas efectivas de participación ciudadana, ataque a la corrupción y la impunidad; un agresivo plan de mejoramiento de la calidad educativa, medio ambiente y varias obras de infraestructura física que desde hace tiempo requiere la ciudad.

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