(continuación capítulo Economía)

En la primera mitad del siglo XX la Frontino Gold Mines, la Pato Consolidated, empresas norteamericanas, y numerosos mineros independientes colombianos que introdujeron dragas y motores eléctricos en las minas de aluvión, hicieron importantes inversiones de capital. Promediando el siglo, la producción minera de oro comenzó a declinar disminuyendo hasta una tercera parte en 1971. Y, salvo ligeras oscilaciones, no se volvió a recuperar hasta comienzos de los noventa.

RASGOS COMUNES

El proceso de conformación económica es común a todas las zonas del noroccidente colombiano: lo componen la colonización, la minería del oro, la agricultura parcelaria, el café y las redes comerciales. Ese curso tuvo tres períodos: el inicial que se extiende hasta la primera fase industrial; el segundo que cubre toda esa fase de los comienzos de la industrialización (comprendido entre finales del siglo XIX y la gran crisis de 1929); y uno último de consolidacíón de la industria y desarrollo de la producción cafetera (que abarca desde los años treinta hasta hoy).

La primacía del oro se remonta a la Colonia y junto a su explotación estaban el comercio y la agricultura de autosubsistencia. Era una región de colonos, mineros y comerciantes.

 

LA SOCIEDAD DEL ZANCUDO

Fue organizada a principios de la década de 1820-1830 como una sociedad de negocios para la explotación de minas de veta y la producción agrícola en Titiribí y para la exportación de oro a Europa.

Sus primeros socios fueron Antonio Mendoza, Francisco Mendoza, Sinforoso García y José Manuel Restrepo (el intelectual de la Independencia en Antioquia).

En los primeros años la explotación, la mina fue tan poco rentable que los socios decidieron vender la empresa. En 1844 pasó a manos de una sociedad conformada por José Maria Uribe Restrepo y Carlos Coroliano Amador. Ambos socios con múltiples acciones y participaciones en casas de negocios en toda la región; especialmente el señor Amador, quien gozó del prestigio de ser el hombre más rico de Medellín.

A partir de esta época la empresa se modernizó en su organización y en la técnica de la explotación de las minas. Los conocimientos técnicos de Tyrrell Moore y la capacidad empresarial y financiera de los nuevos socios hicieron de El Zancudo la empresa más grande de la región, organizada con un altísimo grado de integración como consecuencia de la gran variedad de actividades o negocios que realizaban sociedades de negocios de la época. Gabriel Poveda dice que El Zancudo tenía, en los últimos años del siglo XIX, cinco molinos, hornos, taller de maquinaria, fundición de hierro y forjas, amalgamación y ganado; contaba, por esos años con mil trabajadores; lo cual la “constituía en la más grande empresa que hubiera existido hasta entonces en nuestro país’. Además, la Sociedad de El Zancudo tenía explotaciones agrícolas como complemento de la explotación minera, exportaba el oro extraído y para 1887 organizó el Banco del Zancudo, emitió sus propios billetes y vendió letras sobre el exterior.

El motor de la RIQUEZA

Si el oro fue la fuente, el comercio fue el dínamo. De él surgirían otras fuentes de riqueza.

La minería dominó la actividad de los pobladores de la antigua provincia de Antioquia, durante la Colonia. La agricultura, de escaso desarrollo, fue labor complementaria, débil era la artesanía y sólo hasta después de comenzado el siglo XX se conoció la industria. El comercio tuvo entonces un campo muy amplio de posibilidades y fue la ocupación de quienes hicieron las fortunas más grandes.

Los comerciantes introducían mercancías de Europa, del Reino (Santa Fe de Bogotá y Santander) y de Popayán o Quito. Fueron introducidas primero desde Mompós por el río Cauca hasta Cáceres y de ahí por camino hasta Santa Fe de Antioquia; luego desde Cartagena por el río Magdalena hasta las bodegas de San Bartolomé o más arriba hasta Nare y de ahí por camino hasta Rionegro, Medellín y Santa Fe de Antioquia; por Honda, por el camino de Herveo hasta Arma y de ahí a Rionegro y Medellín; y desde Quito y Popayán, por el camino de Supía a empalmar con el camino de Herveo en Arma.

Entre tanto, las transacciones con productos locales se limitaban a bienes agrícolas (principalmente maíz), a sal y ganado, dado el predominio del autoabastecimiento de los alimentos básicos de origen agrícola (maíz, fríjol, plátano, yuca, panela, leche y sus derivados, ganado y aves de corral). En los mercados locales se intercambiaban, entonces, los excedentes agrícolas, aquellos bienes que no se producían internamente (cacao, tabaco, artesanías de cuero y lana, mulas, cerdos) y las mercancías importadas del exterior (telas, productos para la minería, licores, loza, artículos suntuarios).

LA LEY DEL COMERCIANTE

Casi todo el oro fue a parar al bolsillo de los comerciantes. A ellos se les cobraban los quintos que debían pagar los mineros a la Corona, la alcabala —principal contribución, pagada de contado— y la sisa, además de algunos impuestos de tránsito —peajes, pasajes, pontazgos, recibidos en Santa Fe de Antioquia hasta 1763 cuando se autorizó pagarlos en Medellín y Rionegro.

Inicialmente, el gran comerciante introdujo las mercancías que necesitaba para su familia, haciendas y minas y para venderle a otros mineros y a comerciantes locales que las llevaban hasta las zonas mineras. Estos últimos fueron los rescatantes, muchos de los que cuales se convertirían en ricos comerciantes de la región.

El crédito fue fundamental. El introductor entregaba las mercancías a crédito a los comerciantes locales y a los rescatantes quienes las fiaban a los mazamorreros recargándoles el precio hasta en un 100%; estos tenían en alta estima los créditos: según Mon y Velarde preferían pagar “[...] ordinariamente aquel mayor precio por la compra con tal de que se lo fíen”. El sistema de relaciones mercantiles se sustentó en la solidaridad, modelándose una ética particular antioqueña: la honradez, el respeto a la palabra, el parentesco, el compadrazgo y el padrinazgo; y fue él la base del desarrollo comercial del siglo XIX, extendiéndose como una vasta red de casas de negocios, prestamistas y comerciantes.

A CAMBIO DE ORO

Las transacciones comerciales solo se realizaban con la colonias españolas y la Madre Patria en la época anterior a la independencia. Por eso los comerciantes criollos no establecieron negocios con otros países. El sitio más próximo donde llegaban las mercancías de Inglaterra, vanguardia de la revolución industrial, de Francia, de Alemania, y de Holanda era Jamaica, y de allí salían las balandras inglesas y holandesas con mercancías para los contrabandistas: a cambio de oro.

Según el Virrey Antonio Caballero y Góngora (Relación de mando 1778-1789) en 1730 estuvieron ancladas seis meses en la bahía de la Candelaria del Darién, cuatro embarcaciones holandesas haciendo comercio clandestino con el Chocó y Antioquia, y sacaron doce arrobas y media de oro. El contrabando por el Atrato era tan importante, que desde 1698 estuvo prohibida su navegación, llegándose a castigar con penas tan rigurosas como la de último suplicio.

A principios del siglo XIX, cuenta el Barón de Humboldt que las bocas del Sinú eran sitio de paso de contrabandistas que sacaban el oro en polvo del Chocó, Barbacoas, Antioquia y Popayán. Según Gabriel Poveda Ramos se calcula que entre el 20% y el 30% del oro producido no era declarado ante las autoridades españolas.

Urabá siguió siendo una ruta para el contrabando. Los altos impuestos que gravaron la importación, la exportación de oro y las diferentes contribuciones cobradas a los productos estancados (el licor y el tabaco) fueron motivo para que el contrabando siempre estuviera presente en los negocios durante todo el siglo XIX, como se ve en los informes oficiales y en los periódicos de la época: según el prefecto del Departamento del Sur en 1859 se introducía cacao de contrabando desde el Cauca por Chinchiná, hasta Manizales, (El Constitucional de Antioquia, Nº 230, septiembre 24 de 1859, Medellín).

GRANDES, INTERNOS Y RESCATANTES

Después de la Independencia el comercio de importación y exportación fue dominado por los jamaiquinos. Eran grandes importadores, que constituyeron sus sociedades para comerciar con Jamaica y con el interior del país. Pero rápidamente (1825) las transacciones empezaron a realizarse directamente con Europa: especialmente con Inglaterra (Liverpool) en un principio y poco después con Francia, Alemania y Holanda.

La primera mitad del siglo XIX contó con tres grupos de comerciantes: los grandes, dedicados a la importación de mercancías, la exportación de oro y en algunos casos de tabaco, la explotación de minas, la compra de oro; poseían compañías de transporte, y hacían préstamos al Estado y a los particulares. Estaban vinculados, además, a la empresa de la colonización rematando tierras baldías para construir caminos y puentes o explotarlas, valorizándolas para venderlas; y controlaban el denuncio y explotación de minas así como su comercio interno.

Otro grupo se iba configurando apoyado en el comercio interno (tabaco de Ambalema, mulas del Cauca, ganado, cacao del sur y manufacturas de Santa Fe de Bogotá, Santander, Pasto y Quito), la empresa de colonización y la distribución de mercancías importadas: eran los comerciantes internos. Estos también fundaron sus casas comerciales, construyeron caminos, prestaron dinero, compraron oro y explotaron minas; después del medio siglo se vincularon directamente a la importación y exportación.

La tercera clase eran los comerciantes locales y los rescantantes, negociantes periféricos que comenzaban a hacer fortuna distribuyendo las mercancías del exterior y del país que los importadores y comerciantes intermedios introducían. La relación de estos negociantes con los introductores se basó en el compadrazgo, padrinazgo y en la solidaridad ya mencionados. En la tienda del pueblo y la fonda caminera convergieron esas relaciones de control social. Los comerciantes locales se constituyeron posteriormente en la base de la acumulación periférica que desde finales del siglo XIX adquirió importancia en centros como Sonsón, Yarumal, Santa Rosa, Jericó, Salamina y Riosucio.

LOS CAMINOS DEL INDIO, DEL ARRIERO Y DEL COLONO

Una red de caminos se construyó durante el siglo XIX, los cuales heredaron de la Colonia varias rutas principales de entrada y salida de la región y trochas hechas por los indígenas. El carguero o silletero y las mulas eran los medios de transporte de modo que las carreteras y el ferrocarril tuvieron que esperar

La red de caminos del siglo XIX convergía en los puertos de entrada y salida de la región: Honda, Nare y San Bartolomé en el río Magdalena; Cartago y la Virginia en la ruta hacia Popayán y Chocó; y Santa Fe de Antioquia y Cáceres en la salida hacia Urabá y Mompós.

Con el proceso de poblamiento y colonización los nuevos centros de importancia regional se localizaron como colonias agrícolas sobre los caminos ya establecidos (Aguadas, Manizales, Salamina, Pácora, Aranzazu, Santa Rosa, Pereira). Otros siguieron la ruta de los guaqueros y buscadores de minas de oro (Apia, Calarcá), algunos caminos y fundaciones fueron obra de los empresarios de la colonización para atraer los colonos y valorizar las tierras (suroeste de Antioquia y zonas de colonización tardía).

La arriería fue una de las actividades más importantes para la economía del siglo XIX y aun de buena parte de este siglo en las zonas más apartadas. Todo lo que entraba y salía de la región dependía del cuidado, la vigilancia, la diligencia y la honradez del arriero.

La mayor proporción de los altos precios de las mercancías introducidas en la región se debía a los altos costos del transporte. Muchos negociantes hicieron fortuna con la venta de mulas, especialmente en Manizales y con la administración de recuas manejadas directamente o por arrieros contratados. Al final del siglo empezarían a ser desplazados por las carreteras y el ferrocarril.

LAS CASAS DE BANCA

Las reformas del medio siglo liberaron la exportación del oro, desestancaron el tabaco, y dieron un gran impulso a la actividad comercial en el país, especialmente desde la guerra civil de 1861-1863 cuando se instaura el federalismo en Colombia

Los comerciantes del Estado de Antioquia, uno de los nueve Estados Soberanos que constituían los Estados Unidos de Colombia, expandieron aceleradamente sus negocios comerciales. Medellín y Manizales surgieron como los, dos grandes centros de la región y la estructura de su comercio cambió radicalmente. Los grandes comerciantes importadores y exportadores tenían sus cuentas en los bancos europeos, disponían de crédito y habían consolidado sus vínculos con las casas europeas. Estos márgenes de crédito y las divisas generadas por las exportaciones, especialmente las de tabaco, indujeron a un gran aumento en las importaciones.

La crisis comercial y la escasez de moneda. El auge importador repercutió sobre la economía regional: crisis comercial a finales de la década de 1860 a 1870, aumento de las existencias de mercancías importadas y escasez de numerario metálico. Además, los comerciantes estaban endeudados, pues parte de sus importaciones eran a crédito.

La moneda. La moneda en circulación en el siglo XIX era la metálica de oro y plata, cuyos patrones fueron el peso de plata y la onza de oro, aunque en 1886 presidente Rafael Núñez decretó la circulación legal y forzosa del papel monede emitido por el Banco Nacional fundado por el mismo Núñez en 1880. Este billete nacional circuló con muchas dificultades, pues siempre se pensó que estaba muy mal respaldado como consecuencia de las malas condiciones financieras de los gobiernos de la época. Sólo desde la fundación del Banco de la República (1923 recomendación hecha por la Misión Kemmerer en 1922, se organizó el sistema monetario colombiano.

Antes del billete nacional circuló papel moneda emitido por los bancos particulares, especialmente en Antioquia desde 1873. Estos billetes no tuvieron el carácter de moneda legal y circularon en el marco de las operaciones de los bancos que los emitieron; a partir de 1887 se suspendió su emisión y los billetes en circulación fueron paulatinamente recogidos durante los años que quedaban del siglo XIX.

El nuevo negocio. La crisis comercial y la escasez de numerario metálico fortalecieron la posición de los comerciantes exportadores. El control de las exportaciones de oro, los márgenes de crédito que habían logrado consolidar en los bancos y las casas comerciales europeas, les permitieron especializarse en exportación y Venta de letras sobre el exterior es decir, de divisas, a otros comerciantes importadores para saldar sus cuentas con el exterior y otras plazas del país (Bogotá, Cali, Cartagena, Barranquilla, Cúcuta). Así se desarrolló la actividad especulativa en la cual se especializaron las casas comerciales de los exportadores. Estas se convertirían en Bancos (Vicente B. Villa e hijos, Botero Arango e hijos y Restrepo y compañía).

EL ESPÍRITU BANCARIO

Desde 1865 se autorizó la creación de bancos particulares en Colombia con derecho a emitir billetes. Ya en Antioquia existía esa posibilidad desde 1859 (ley 14). El  único antecedente en la región fue la Caja de Ahorros fundada en 1844 y liquidada en 1874 por mal manejo de fondos.

El primero que se creó en la región fue el Banco de Antioquia (1871), segundo banco emisor en Colombia después del de Bogotá (1870).

En 1883 había 9 bancos, ubicados casi todos en Medellín hasta la fundación del  Banco de la República en 1923 se habían fundado 25 bancos en la región. Los fundados después de 1890 no tuvieron el privilegio de emitir billetes, pero algunos  como el Banco del Ruiz y el Banco de Caldas en Manizales, emitieron cédulas hipotecarias que circularon como moneda.

Entrado el siglo XX, estas entidades centraron sus operaciones en las relacionadas con el comercio de exportación de café —especialmente en el caso de los bancos de Manizales. La operación más rentable de los bancos y Casas de Banca fue la emisión, pues pusieron a circular sus billetes en vez de las monedas de oro y plata, liberando así estos metales de su función de dinero para exportarlos y girar letras sobre el exterior sobre sus saldos en los bancos extranjeros. Los billetes salieron a circulación mediante las operaciones bancarias, afianzados en el prestigio personal, la fortuna y las relaciones de solidaridad que asegura la lealtad de la clientela.

La fundación de estos bancos y la distribución de sus créditos muestran, según María Mercedes Botero, las diferencias en el proceso de acumulación regional y sugieren territorios de control diferentes y procesos de acumulación periféricos a los centros tradicionales (Medellín y Manizales).

La prohibición de emitir billetes (1887) y la obligación de recoger los que estaban en circulación a partir de 1892 llevaron a la quiebra a varios de estos bancos. Sobrevivieron los más vinculados al mercado de letras sobre el exterior y a la especulación con billetes nacionales cuya depreciación les significó altas tasas de cambio. Esta especulación quebró a varios bancos y casas comerciales en 1904.

BANCOS DEL NOROCCIDENTE COLOMBIANO

Banco de Antioquia
Banco Mercantil de Medellín
Banco de Medellín
Banco Popular de Medellín
Banco del Progreso
Banco de Oriente
Restrepo y Cía.
Botero Arango e Hijos
Vicente B. Villa e Hijos
Banco de Sopetrán
Banco del Zancudo
Banco Industrial *
Chaves, Vásquez y Cia
Banco de Sonsón
Banco del Comercio
Banco de Manizales
Banco Central Minero
Banco del At
lántico* *
Banco de Yarumal
Banco de Sucre
Banco Alemán Antioqueño
Banco de Caldas
Banco del Ruiz
Banco de Fredonia
Banco Hipotecario de Medellín
Banco de Pereira
Banco de Salamina

Medellín
Medellín
Medellín
Medellín
Medellín
Rionegro
Medellín
Medellín
Medellín
Sopetrán
Titibití
Manizales
Supia
Sonsón
Medellín
Manizales
Medellín
Medellín
Yarumal
Medellín
Medellín
Manizales
Manizales
Fredonia
Medellín
Pereira
Salamina

1871  (Año de Fundación)
1874
1881
1882
1883
1883



1883
1883
1883
1890
1894
1896
1901
1901
1901
1901
1905
1912
1915
1916
1919
1920
1926
1926

   * Fundado en Medellín pero funcionó en Barranquilla
* Sucursal del Banco de Antioquia en Manizales


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