(continuación capítulo Política)

Centenario entre FRACCIONAMIENTOS

Las guerras de fin del siglo fueron para el noroccidente menos devastadoras y traumáticas que para otras regiones del país como el Tolima y Cundinamarca. Produjeron, eso sí, cambios significativos en las territorialidades políticas, en la correlación de fuerzas entre los centros de poder y en el balance electoral de los partidos.

CALDAS, UN HIBRIDO.

La creación del departamento de Caldas en 1905 fue el hecho más importante después de las guerras de fin de siglo; era la gran aspiración, de los notables manizaleños de la época quienes mediante la fundación de grandes bancos y casas comerciales, el control de la creciente economía cafetera y el apoyo financiero a los colonos del Quindío y el norte del Cauca, habían logrado zafarse del control de la elite de Medellín y de su influencia política. Expresión de ello es el apoyo que le brindan al sector nacionalista del conservatismo en franca oposición al movimiento de los históricos inicialmente y al republicanismo de Carlos E. Restrepo y Pedro Nel Ospina a principios del siglo XX.

El proyecto de nuevo departamento se presentó desde 1888 con el apoyo del gobierno de don Carlos Holguín. Se logra concretar años después mediante la alianza del presidente Rafael Reyes con el pequeño grupo nacionalista de Medellín, comandado por el señor Abraham García y con la participación muy efectiva del doctor Rafael Uribe Uribe, jefe indiscutible de las nuevos poblados fundados en el Quindío y el norte del Cauca: muchos pobladores habían sido excluidos de Antioquia por los gobiernos conservadores y otros buscaron refugio allí después de la Guerra de los Mil Días; es el caso de El Tigrero, fundador de Armenia. Uribe proponía como capital a Pereira pero finalmente se decidió que fuese Manizales.

Políticamente, el nuevo departamento recoge la oposición en ambos partidos, al notablato liberal-conservador de Medellín, y constituye el contrapunto y la confrontación económica y política a viejas lealtades parentales, financieras y partidistas consolidadas o fragmentadas por las guerras y los conflictos del siglo anterior; sin embargo, la geografía electoral, regional y cultural del nuevo departamento, llevaba desde sus inicios, todas las tensiones y las divergencias que lo conducirían a su fraccionamiento a finales de la década del 60.

El departamento de Caldas se forma de la provincia del sur de Antioquia (Manizales, Aguadas, Salamina, Neira) y de tres provincias del Cauca: Supía, Robledo (Pereira) y el Quindio; además se reúnen formalmente dos pueblos históricos distintos, Antioquia y el Cauca, cuyos ethos socio-culturales no sólo eran diferentes sino también opuestos. Los imaginarios y estereotipos que cada uno de ellos tenía sobre el otro cubría toda la gama de la diferencia: caucano= negro, descreído, anticlerical, libertino perezoso; antioqueño= tramposo, mentiroso, racista, ultracatólico y pendenciero. Para cerrar el círculo, el territorio del nuevo departamento estaba cruzado por las fronteras del conflicto regional-político del siglo XIX.

UN MAPA DE DOS COLORES

Otro elemento de conflicto tenía que ver con la geografía electoral de Caldas; el conservador y heredero de la mejor tradición paisa; el centro y el sur, liberales, con influencia caucana y la presencia de pobladores tolimenses y boyacences de arraigo conservador en el Quindío, rodeados por fundaciones de liberales antioqueños en el territorio limítrofe del Tolima como los del cañón del Anaime y Cajamarca.

Fronteras de conflicto Liberal-Conservador a finales del siglo XIX.

En el occidente de Caldas y del actual Risaralda se configura una geografía electoral y polarizada pues hacia allí confluyen dos olas migratorias políticamente divergentes: localidades como Apía, Santuario y Belalcázar, fundadas por migrantes conservadores del suroeste antioqueño, tradicionalistas y católicos, perseguidos por los gobiernos liberales de Antioquia entre 1877-1885 u hostigados por las guerrillas de Cándido Tolosa durante la Guerra de los Mil Días, se encuentran con pobladores de Pereira y el Quindío ligados con la apertura de haciendas ganaderas y cafeteras en la orilla izquierda del río Risaralda y que fundan poblados liberales como La Celia y la Virginia. hacia los límites con el Chocó, había venido concentrándose una población de origen indígena sacada de la zona central que se define por su apoyo al liberalismo.

Esta geografía electoral condiciona la formación de un eje de conflictos entre las tres ciudades más grandes del nuevo departamento (Manizales, Pereira y Armenia), pero también una pluralidad de confrontaciones entre pequeños núcleos vecinos de diferente bandera partidista. En esos enfrentamientos por el control territorial y la representación ante los poderes públicos, se encuentran muchas claves para interpretar la violencia de los años cincuenta.

CARA AL PAÍS

En el departamento de Antioquia también se redefinen las fuerzas electorales. La pérdida de la provincia del sur resarció al departamento: devuelta la zona de Urabá, empieza a dirigirse hacia ella una intensa acción colonizadora en la búsqueda de su salida al mar; este territorio tradicionalmente excluido y poco integrado, recibe pobladores del Chocó, Bolívar (Córdoba) y el Caribe, de claro arraigo liberal como se demostrará a partir de 1930.

Las nuevas territorialidades y fuerzas electorales coinciden en el tiempo con el triunfo electoral del conservatismo antioqueño en el contexto nacional, que se concreta en la llegada de cuatro de los suyos al solio de Bolívar: Carlos E. Restrepo, M. Fidel Suárez, Pedro Nel Ospina y Mariano Ospina Pérez; y en la presencia permanente de ministros de hacienda antioqueños o caldenses.

La elite antioqueña abandona su encierro decimonónico y sale de sus fronteras presentando ante el país su proyecto político con raíces en los inicios de la república, pero cristalizado en las propuestas de los históricos y luego de los republicanos quienes ganan el favor electoral de la nación en 1910.

De espíritu conciliador, antiguerrerista y amigo de compartir el gobierno con sectores liberales, el republicanismo recoge también las tesis descentralistas del siglo anterior que tendrán su continuador en don Román Gómez durante los años treintas, en los movimientos cívicos del oriente (años setenta) y en la gran vitalidad de las alcaldías por elección popular en el presente. Logra además flexibilizar la rígida Constitución del 86 mediante la reforma de 1910.

Los republicanos instauraron una práctica de gobierno de clara tradición paisa. Anteponía la administración a la política, lo pragmático a lo ideológico, era modernizante en la gestión y la inversión públicas pero profundamente tradicionalista en la relación con los sectores populares. Su proyecto fue exitoso en algunos aspectos pero resultó desbordado por los antagonismos partidistas y por la presencia de las masas en la política. Estas exigían manejos menos excluyentes y mas modernistas desde el Estado.

Durante la hegemonía coservadora (1886-1930) el Partido Liberal del noroccidente se hacía fuerte en el centro y el sur de Caldas. Allí se formó una elite liberal bastante activa al igual que en las zonas de exclusión de Antioquia: Urabá, bajo Cauca y Magdalena medio (incluida la Dorada y la zona oriental de Caldas), cuyos pobladores estaban escasamente articulados a los notables del partido en Medellín y mostraron sus preferencias electorales por los grupos izquierdistas y populistas surgidos después del treinta.

Por su parte, la elite liberal de Medellín mantuvo su alianza tácita con los conservadores, ayudó a elegir a Carlos E. Restrepo, a Pedro Nel Ospina y a Mariano Ospina Pérez. Jugó además un papel protagónico en la candidatura del doctor Olaya Herrera y en su gobierno de concentración nacional con el cual se inicia la hegemonía liberal del medio siglo en Colombia.

ENTRAN LAS MASAS

El mapa bipartidista del noroccidente se mantuvo constante desde los años veintes hasta el hoy. Cambios significativos provendrán de la entrada de las masas en el escenario de lo público. Con sus demandas económico-sociales y de auto representación algunos sectores populares y microregiones se deslizan hacia los tercerismos y los partidos de izquierda y hacen un deslinde al interior de las agrupaciones tradicionales que inician su tránsito hacia una crisis de legitimidad y representación de la cual no logran aún reponerse.

La presencia política de las masas, surgida del desarrollo industrial y urbano durante las tres primeras décadas del presente siglo, asume una doble expresión: la formación de partidos de orientación socialista y comunista y la redefinición ideológica del Partido Liberal integrando a su proyecto la llamada cuestión social.


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