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(continuación capítulo
Poblamiento)
FLORECIMIENTO DE TÉCNICA
Los grupos humanos se
distribuyeron en todo el espacio del Caribe colombiano, con lo que produjeron un lento
proceso de intercambio de técnicas y productos. Lograron una sutil adaptación a unos muy
delicados y complejos ecosistemas. La abundancia de recursos significó para muchos grupos
una exitosa supervivencia sin la introducción de nuevas técnicas o productos, como es el
caso de las zonas de abundante pesca a lo largo de el río Magdalena, el complejo de
ciénagas y las áreas estuarinas en las desembocaduras de los ríos. Aquí hay que
destacar que las culturas del litoral se beneficiaron
del manejo del transporte fluvial y marítimo.
Por supuesto que con la navegación se iban creando
corredores de comunicación intercambio transversales y meridianos que fueron más
intensos en los siglos que precedieron a la conquista española. El resultado fue un
sensible incremento de producción agrícola y del desarrollo de las técnicas cerámicas.
Y esto permitió el aumento de la población de los diferentes grupos indígenas. Con los
excedentes la producción agrícola y artesanal, se alimentaron varias corrientes de
intercambio entre los diversos grupos regionales y en algunos casos del mar Caribe y la
zona andina.
La costa Caribe jugó un
papel precursor en el desarrollo de las civilizaciones de Suramérica, como lo atestigua
la aparición en San Jacinto de la cerámica más temprana del Nuevo Mundo (5.000 A.C).
Los intercambios comerciales, basados en el trueque, fueron dejando sus huellas en los
restos de cerámicas halladas. por ejemplo, se ha encontrado cerámica tairona en la
región de San Agustín y en el Alto Magdalena. Aunque no se puede medir la amplitud de
intercambios, se trataba de metales y piedras preciosas (oro, esmeraldas), materias primas
(algodón), productos artesanales (tejidos, cerámicas), algunos productos alimenticios y
sal.
La orientación geográfica de estos intercambios estaba determinada por el
transporte acuático, que permitió establecer una compleja red de vías transversales y
longitudinales, en el interior de la gran región del Caribe.
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Familias
lingüisticas y corrientes del poblamiento prehispánico
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Evidencias hay que demuestran
que la costa había estado sometida a intervención humana desde épocas precolombinas y
aún existen huellas de áreas degradadas por acciones antropogénicas en el río
Ranchería. El resto del área de la costa en el siglo XVI estaba prácticamente cubierta
de sabanas y bosques llenos de variados frutos y una exuberante vida salvaje.
CULTURAS PREHISPÁNICAS
A la llegada de los
conquistadores en el siglo XVI la costa se encontraba habitada por diversos grupos
indígenas, entre los cuales se destacan, por su cohesión e interacción con los
españoles, los tairona, sinú, chimila, motilones, guajiros y caribes.
Los tairona y los sinú
eran los únicos grupos sedentarios de marcada influencia mesoamericana. Habían comenzado
una sistemática explotación de los recursos naturales cuya evidencia permanece hoy día.
Desarrollaron sofisticados sistemas de manejo ambiental para la explotación agrícola de
las zonas que habitaron. Los excedentes económicos permitieron a ambos grupos el
surgimiento de especialistas, de una compleja jerarquía socio-política y de
asentamientos con características urbanas que, como en el caso tairona, conglomeraron a
la mayoría de la población.
Los guajiros, en la región
más septentrional del actual territorio colombiano, fueron cazadores, recolectores,
pescadores y comerciaron con perlas y con la sal de Manaure. Era una organización
sociopolítica de castas cuyos símbolos fueron animales y llamaba la atención sus
elaborados ritos funerarios. Los cocinas, un grupo también guajiro en el sur de la
península, eran llamados los tiznados por usar
jagua como pintura facial.
L
a cultura Aruaco,
en las laderas sur orientales de la Sierra Nevada de Santa Marta, se alimentaba de
caracoles, conchas, pescados, maíz, yuca, batata y arracacha. Los hombres mascaban coca
mezclada con cal. Tejían chinchorros y mochilas.
El grupo Guanebucán
habitó la región comprendida entre el río Ranchería, el mar y la Sierra Nevada. Los
datos de cronistas y archivos, indican qué su indumentaria era enteramente de oro:
collares, narigueras, orejeras y brazaletes. No usaban vestidos y los hombres utilizaban
portapene de caracol o a veces de oro. Su principal actividad fue la construcción de
canoas: ahuecaban los troncos de los árboles con hachas de piedra.
El Valle de Upar y el río
Cesar estaban habitados por un gran número de tribus Burede, Bubure, Caonan, Coronudos, Dubey, Guiriguano, Pacabuy,
Sainirua, Sondagua, Tupé, Acanayutos,
Alcoholados, Caribes, Pampanillas, Tomoco. Entre los más notables estaban los
orfebres de Pacabuy que trabajaban el oro con yunques y martillos de piedra dura y
sopladores de caña y los coronudos que para el cultivo de sus tierras emplearon la
irrigación artificial por medio de zanjas.
Las culturas del sur de Santa
Marta entre la Sierra Nevada y la Ciénaga Grande aparecen mencionadas por Reichel con los
nombres de agrias, argollas, orejones y
caribes.
La cultura Chimila con una
población muy densa de 10 mil individuos en 1758 eran cultivadores de ñame, yuca, maíz
y batata. Habitaban entre los ríos Magdalena, Cesar y Ariguaní. La cultura Malibú
en las riberas del Magdalena y a la orilla de las lagunas entre Tamalameque y Tenerife,
fue cultivadora de yuca amarga y yuca dulce, tejían esteras. Ocuparon la zona de Mompox y
posiblemente se movieron hacia el norte hasta Cartagena.
Los mocaná
de lengua Karib, que surcaban el mar en piraguas enormes, fueron magníficos navegantes,
tenían una población abundante. Buenos cazadores con lazos y trampas. Entre sus presas
comían la icotea. Pero principalmente eran agricultores. Su base alimenticia era el
maíz. Con la yuca preparaban casabe. En Tubará construyeron terrazas artificiales para
evitar la erosión y conservar la humedad en los suelos. Además, domesticaron la abeja:
degustaron su miel y utilizaron la cera para la manufactura de la gaita, uno de sus
instrumentos musicales.
Con el nombre de cultura
Tairona se conoce arqueológicamente a los diferente grupos que poblaron la esquina
noroccidental de la Sierra Nevada. Tuvieron un desarrollo tecnológico asombroso: en
agricultura utilizaron el terraceo; los métodos de la cera perdida y falsa filigrana en
orfebrería; avanzados trabajos textiles un magnífico manejo de la alfarería; vivían en
ciudades con infraestructura lítica interconectadas con caminos de piedra y sus
principales asentamientos eran Bonda, Pocigueica y Taironaca.
La cultura
Sinú alcanzó un nivel de desarrollo semejante al de los tairona. Habitaron las tierras
bajas que bañan los ríos Sinú y San Jorge. Construyeron un sistema de canales y
camellones de cultivo en un área de más de 100 mil hectáreas y pueblos con trazados
articulados. Se les debe destacar el uso del adobe, elemento que ningún otro grupo
precolombino tuvo en Colombia
Capitulaciones EN LA COSTA
La fundación de ciudades,
villas y poblados que realizaron los españoles, se facilitó por la existencia de
núcleos de población indígena con altos niveles culturales
La conquista española
produjo la dislocación de la manera como estaba organizado el espacio en el Caribe. La
primera forma de poblamiento y fundación fue a través de las llamadas capitulaciones que eran unas escrituras públicas
donde se establecían los términos mediante los cuales el rey otorgaba el privilegio a un
particular de conquistar y gobernar un territorio, la obligación de fundar ciudades,
villas y lugares, es decir, poblar, repartir recomiendas y aplicar la justicia civil, todo
a nombre del Rey. En Urabá desembarcó la expedición de Alonso de Ojeda, donde fundó,
gracias a la capitulación que había pactado, San Sebastián de Urabá,
en 1509.
Abandonada
y destruida fue reemplazada por la ciudad de Santa María la Antigua del Darién,
fundada en 1510 por Martín Fernández de Enciso y Vasco Núñez de Balboa: asiento del
primer gobierno español en tierra firme y d primer obispado con iglesia catedral. A los
cuatro años de fundada contaba y con 515 españoles residentes, entre quienes estaban
Balboa, Pizarro y Belálcazar. En ese año se nombró a Pedrarias Dávila como gobernador,
quien llegó acompañado de dos mil colonos. Pero las enfermedades y el descubrimiento del
Pacífico inclinaron a Pedrarias a fundar Panamá en 1519 y a abandonar Santa María la
Antigua, la cual se despobló rápidamente.
LAS FORTALEZAS CONQUISTADAS
Pasados quince años de la
fundación de La Antigua, Rodrigo de Bastidas fundó a Santa Marta en
1525. Las capitulaciones firmadas con Bastidas le daban facultades para levantar un
pueblo en que a lo menos haya en él al presente cincuenta vecinos, que los quince de
ellos sean casados y tengan consigo a sus mujeres (...) repartirlos solares y aguas y
tierras de la dicha tierra a los vecinos y pobladores de ella, y licencia para hacer
una fortaleza.
La consolidación del
asentamiento no fue fácil, a pesar de la benevolencia del clima de la abrigada bahía.
Las divisiones internas, motivadas por el reparto del botín del saqueo, provocaron
motines y asonadas que causaron la expulsión de Bastidas y la desbandada de muchos
vecinos.
El frecuente saqueo de las
poblaciones indígenas vecinas, fue causa de prolongados enfrentamientos entre españoles
y nativos, lo que provocó grandes dificultades para el establecimiento de la explotación
agraria y, por ende, para el abastecimiento de la ciudad. Esta es la causa de la tardía
fundación de Tenerife en 1543 y de La Ciudad de los Reyes del
Valle de Upar, en 1551.
En 1533, Pedro de Heredia,
soldado de Badillo, fundó Cartagena. La capitulación que le autorizaba
decía: Vos doy licencia y facultad para que podáis hacer hagáis en la dicha
provincia una fortaleza cual convenga para la defensa del españoles que en ella
residiesen, en la parte que mejor os pareciese. En la isla Calamarí, donde había
un poblado indígena, asentó Heredia su cuartel y procedió a nombrar el Cabildo y trazar
la ciudad.
Al año siguiente, la iglesia
fue elevada a obispado y se nombraron a los regidor de la ciudad. Cuatro años después,
en 1538, la Corona autorizó el repartimiento
general de indios
entre los vecinos, y tasó los tributos, constituyéndose Cartagena en una sociedad
colonial de encomenderos. El puerto fue ganando importancia gracias a su bahía protegida
y a su cercanía a Panamá. Además, su carácter puerto estratégico demandó la
construcción de defensas para lograr la total protección de la ciudad contra los ataques
de los piratas.
La Península de La Guajira
presentó un poblamiento un tanto diferente. Por su
riqueza
perlífera las gobernaciones de Santa Marta y Venezuela se disputaban su jurisdicción. En
1526 se le otorgó permiso al bachiller Enciso de poblar esa costa. La bautizó con el
nombre de Nuestra Señora Santa María de los Remedios del Cabo de la Vela
y luego, en 1544, fue trasladada al sitio de Río de la Hacha, lugar más
apropiado que el Cabo de la Vela.
Definidas las
gobernaciones en la costa Atlántica y establecidas las ciudades bases de la penetración
al continente, el proceso de conquista continuó. Pero, a pesar de esta temprana
ocupación del territorio, estos centros no conformaban una red urbana integrada y con
grandes intercambios económicos. Muchas de ellas no pasaban de ser enclaves militares,
puntos de entrada para la conquista del interior, rodeados de comunidades indígenas
hostiles a la conquista.
LA LENTA OCUPACIÓN DEL XVII
El empuje inicial de
creación de ciudades y villas se detiene en el siglo XVII, en gran parte a causa de la
crisis demográfica originada en la extinción de las poblaciones aborígenes por el
exterminio y la sobreexplotación.
Las 14 fundaciones del siglo XVII no fueron propiamente
núcleos urbanos organizados con todas las ceremonias que exigía el acto fundacional,
sino que se trató de la creación de poblamientos indígenas o de poblaciones de libres, en correspondencia con los cambios en la
legislación sobre la fuerza de trabajo. Como la población indígena se había reducido a
un diez por ciento de su tamaño original, se esperaba readecuar espacios y replantear las
relaciones de dominación, más acordes a la nueva realidad. Con estos propósitos se
organizaron los resguardos, áreas asignadas a una comunidad bajo el
mando de un cacique. De hecho, esto significó la finalización de la conquista como
acción militar. El proceso de concentración privada de la propiedad llegó a acabar en
poco tiempo las tierras de los resguardos y con ello las condiciones de existencia de los
grupos indígenas.
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