(continuación capítulo Poblamiento)

LA OLA FUNDACIONAL

En el siglo XVIII se presenta una explosión fundacional como resultado de una recuperación demográfica que corre por cuenta de la población mestiza de zambos, de blancos pobres y de negros cimarrones que huían de la esclavitud. Esta situación motivó a la Corona a impulsar varios procesos fundacionales, buscando que las gentes vivieran en policía, es decir en sociedad, dentro de los controles sociales y morales que se establecían con la vida urbana.

En las cercanías de Mompox la situación del nuevo poblamiento tenía visos de guerra interna y por ello fue nombrado De Mier y Guerra para que se dedicara a recoger vagos y familias que vivían dispersos por los montes, sin cultivo de gobierno y política, faltos de doctrina. En 10 años organizó la creación de más de una docena de ciudades y poblados. Con estas fundaciones se esperaba controlar a la ‘belicosa y bárbara nación chimila”, que con sus frecuentes incursiones bloqueaban el comerció entre la región ganadera y los mercados de consumo de Cartagena y Santa Marta y la principal ruta de contrabando, el llamado camino de Jerusalén.

En el territorio de la provincia de Cartagena la labor fundadora fue encomendada a Antonio de la Torre y Miranda, quien organizó 43 poblaciones: Los habitantes eran reunidos y concentrados en centros urbanos, debido a su total dispersión:

“Unos eran negros cimarrones, que permanecían atrincherados en sus palenques; otros, blancos fugitivos de la justicia o indios supérstites de viejas culturas casi extinguidas. Y, en fin, mestizos y mulatos de distintos grados, todos los cuales vivían arrochelados como entonces se decía, o sea apartados y escondidos en caseríos dispersos por todo el ámbito de la extensa gobernación” (Salcedo J).

En 1772 fue nombrado el ingeniero Antonio de Arévalo como comandante pacificador del territorio de La Guajira, para consolidar el dominio de la Corona en la península. Diseñó entonces un plan básico de poblamiento en sitios estratégicos de la península: San José de Bahía Honda (1772), Santa Ana de Savana del Valle (1776), y Pedraza y San Bartolomé de Sinamaica (1774). Con excepción de Sinamaica, todas las poblaciones desaparecieron por las rebeliones indígenas.

Con la reconformación poblacional y económica de la región caribe, la hacienda y a su alrededor las poblaciones de mestizos interactuaron en una nueva relación de explotación que asumió formas como el terraje, el concierto y el colonaje, pero que posibilitó un relativo acercamiento cultural entre los grupos sociales, fortaleciendo una institución de profunda raigambre caribeña: el compadrazgo. Ello dio a señores y peones ciertas formas de acercamiento que facilitaron las empresas militares que se propusieron los primeros y donde participaron los segundos, especialmente en el siglo XIX.

La identidad POBLADA

Ocaso de la organización colonial y nacimiento de la identidad regional. El fenómeno de la relación centro-región.

C omo en ninguna otra región del país, las guerras de independencia en el Caribe causaron la ruina de varias ciudades y villas, Tenerife y Cartagena por ejemplo, cuyas destrucciones provocaron la huida de sus habitantes .

El nacimiento de la república, entonces, significó para la costa un violento proceso de ruralización de la población que vivía en los centros urbanos, en momentos en que en las regiones andinas se acrecentaba la ocupación del tono.

Con la independencia se inicia un proceso histórico capital en el ordenamiento el espacio del Caribe colombiano. El costo de ser república fue la perdida del ordenamiento que España había introducido durante trescientos años de dominan en la Nueva Granada.

En primer lugar, se disipó la concepción global que existía sobre el territorio. La desaparición del Estado colonial significó la pérdida de la unidad política imperial y esto distensionó los lazos que unían el Caribe colombiano con las regiones vecinas y con el interior del país. Se extinguió además la primacía urbana cartagenera, eje de la organización espacial de la costa caribe neogranadina.

A la pérdida de concepción global del territorio, la acompañó el despoblamiento de numerosas ciudades por las guerras y el repliegue de la población hacia las subregiones del interior. Se perdió la red urbana colonial heredada.

En segundo lugar, la dependencia colonial en cierta medida fue reemplazada por economías exportadoras. La geografía republicana continuaba con el principio del ordenamiento de zonas de producción, itinerarios de transporte y puertos de embarque, que era el que funcionaba durante la Colonia. En efecto, se continuó con el eje norte-sur, el eje meridional, como lógica fundamental del ordenamiento del espacio.

La novedad en el siglo XIX fue la introducción de la navegación a vapor por el río Magdalena que progresivamente sustituyó la boga. Las actividades de leñateo, además, variaron los itinerarios y aparecieron nuevos puertos en el río, pero la estructura continuaba siendo la misma.

Una semejanza con la Colonia es el de la permanencia de los caminos de contrabando, que seguían los ejes transversales.

 

Flujos poblacionales. Siglo XIX

DEMOGRAFÍA DISLOCADA

Lo más notable del siglo XIX es la aparición del sentimiento de pertenencia regional: se pasa de una concepción geográfica a una concepción política. El surgimiento de la identidad regional fue el resultado de las luchas por el poder y de las rivalidades que surgieron entre las diferentes elites locales.

Simultáneamente se presenta una recomposición de las primacías regionales. La costa atlántica ve reducir su participación en el total de la población nacional: de cerca de un veinte por ciento del total nacional en 1777 pasa a un doce por ciento en 1848, según los censos respectivos. Además era lenta la recuperación del comercio internacional, se habían contraído deudas en la Guerra Independencia que no eran absorbidas por un Estado alcabalero y, especialmente, se tenía un sistema semi-feudal que, en la costa, fue medianamente ablandado por una incipiente burguesía comercial.

No obstante, el proceso fundacional continúa a un ritmo moderado en el siglo XIX, que se acelera a medida que entra el siglo XX. Esto se refleja en la participación de los habitantes de la costa en el total de la población nacional, que pasa del doce por ciento señalado, a un catorce en 1918 ya un veintiuno en 1985. Paradójicamente, se necesitaron doscientos años de evolución demográfica para lograr los niveles poblacionales de fines de la Colonia.

Las dislocaciones demográficas estuvieron acompañadas de cambios profundos en las primacías urbanas que existían a comienzos del siglo XIX, cuando el mapa de la costa se organizaba alrededor de dos puertos marítimos dominantes, Cartagena y Santa Marta, y uno fluvial, Mompox. Los cambios políticos eliminaron a Cartagena como la ciudad más importante de la costa y del país y luego el cambio del curso del río Magdalena fue causa de la crisis de Mompox.

Con la desaparición de Cartagena como la metrópoli regional y la subsecuente crisis de Mompox a mediados del siglo XIX, surgieron Barranquilla y Magangué como los nuevos epicentros urbanos. El sentimiento de pertenencia es el resultado de estos cambios y modificaciones: aparece cuando una elite local impone su proyecto a nivel regional y lo centra en Barranquilla.

Desde mediados del siglo XIX, las zonas de la región caribe cubiertas, por bosque fueron transformadas a raíz de importantes inversiones extranjeras para la explotación de banano, maderas, añil, cacao, quina y tabaco. En esta época fueron talados los mejores bosques de la Sierra Nevada. Entre 1870 y 1890 se fundaron Marocaso y el Rosario en la Sierra Nevada. Se establecieron plantaciones de caña de azúcar y un comercio ilícito de ron y tabaco que afectó la zona de Atanquez. La población indígena fue nuevamente sometida de forma violenta y privada de sus territorios.

RELACION CENTRO-REGIÓN

La situación que desde finales del siglo XIX comienzan a vivir las regiones, produce una tendencia de fragmentación que Palacios explica como "la expresión desnuda y más visible de la ausencia de una auténtica clase hegemónica capaz de unificar políticamente la nación e integrar —representándolas— a las demás funciones de la clase dominante dentro del marco de un estado moderno y unitario. En el caso del Caribe colombiano, en forma reiterada han aparecido en iguales e similares términos las preocupaciones de sus habitantes por este problema de la relación centro-región. El 11 de octubre de 1840 se inicia en Ciénaga, Magdalena, la revolución que intenta cambiar la forma central de gobierno por la forma federal. (Alarcón 1963) y que alcanza su clímax cuando Carmona asume el mando como Supremo de los Estados de la Costa y que perdería a manos del poder central en febrero de 1842. Dos décadas después la costa participaría activamente en la federalización del país a través de los decisivos pactos de Cartagena (1860) y de La Unión (1861), sobre los cuales se edificaron las estructuras políticas y jurídicas de la Convención (de Rionegro) que debía organizar a la República.

A lo largo de este proceso se van afinando, cada vez con más claridad, las aspiraciones comunes y los intereses políticos que identifican de manera unificada a la región. Posada Carbó las resume así: el río Magdalena como punto de partida para la navegación pues ahí estaban los intereses de los comerciantes vinculados al comercio exterior pero con mayores deseos de incrementar sus vínculos a un mercado nacional en expansión; los intereses de un grupo empresarial que los ramificaba en distintos sectores de la economía regional, con una visión del crecimiento que eventualmente chocaría con los proyectos del interior del país; la conformación de una elite con gran movilidad geográfica regional; y el desarrollo de Barranquilla como foco de crecimiento regional vinculado a ambas márgenes del río.

LA LIGA COSTEÑA

Los migrantes motivados por las guerras de independencia y por las luchas civiles, buscaron los centros urbanos donde se vislumbraban perspectivas de progreso, preferentemente aquellos ubicados en zonas de cultivos de exportación (banano, tabaco, caña y algodón) o en los caminos de mayor circulación y en las regiones ganaderas.

Los grandes desafíos derivados de la aspiración de convertir a Barranquilla en puerto fluvial y marítimo a través de la canalización de Bocas de Ceniza y la construcción del terminal, fueron el móvil más importante en la aglutinación de costa como bloque político. Se reconocía que el progreso de la región estaba ligado a estas obras.

Durante el decenio 1920-1930 el problema de la navegación por el Magdalena convirtió en un debate contra el centro y occidente del país que comenzaban a buscar vías de comunicación con el Pacífico. A partir de este enfrentamiento se constituyó la Liga Costeña y se realizaron la manifestación del 6 de Mayo de 1925 y el paro cívico de 1931, expresiones de la confluencia de todos intereses ciudadanos de la región. Tal vez este es el momento donde se crea conciencia del costeño frente al resto del país cachaco.


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