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(continuación capítulo
Economía)
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Control y
explotación del territorio colonial
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SERVILIDAD
MESTIZA
Se inicia ya el siglo XVIII.
En las haciendas habitaban los negros esclavos mientras los
mestizos vivían dispersos y
sin control en las rochelas, pequeñas parcelas que explotaban y que dieron origen a lo
que se llamó el arrochelamiento.
Los hacendados arremeten
entonces para sujetar y controlar la fuerza de trabajo de los numerosos parcelarios
arrochelados que habían comenzado a tributar excedentes en dinero o especies. De esta
forma se logra la expansión de la hacienda ganadera costeña en la segunda mitad del
siglo y se anuncia la decadencia del esclavismo en las haciendas.
A lo anterior se agregan el
crecimiento de la población mestiza y el aumento de zonas de intercambio, con lo cual
desde las ciudades y villas se incrementó la demanda por alimentos. Los hacendados
señoriales debieron responder con mayor producción y la hacienda entonces se expande en
todas las direcciones combinando servilización del trabajo mestizo y la esclavitud.
En síntesis, el siglo XVIII
es de grandes cambios en la estructura agraria de la Costa Atlántica. El antiguo régimen
de las haciendas esclavistas va dando paso a la
información de otras basadas en el
trabajo servil de los mestizos. Pero al mismo tiempo, otro tipo de evolución se da en
esas últimas haciendas: se convierten en sitio
de vecinos libres, es decir, acceden, centro de la jerarquía urbana colonial, a
categoría de parroquia o vice-parroquia. Este proceso se vivió en el
Partido de adentro hoy departamento del Atlántico y ha sido descrito por
José Agustín Blanco en la formación de tres poblaciones (Barranquilla, Santo Tomás y
Soledad) que comenzaron como estancias o haciendas orilleras o ribereñas (San Nicolás,
Santo Tomás y San Antonio). Otras dos estancias mediterráneas, San Luis Beltrán y
Sabanagrande, pasaron a la condición urbana y hoy constituyen las cabeceras municipales
de Polonuevo y Sabanagrande.
BAL
DÍOS QUE ENGRANDECEN
En
el
siglo XIX irrumpen en el área nuevas fuerzas productivas que afectan la estructura de la
hacienda señorial esclavista. Se introducen avances tecnológicos: el pasto pará, la
intensificación del cultivo de la caña para la producción de azúcar y panela, la
explotación a máquina de manteca de corozo, la destilación técnica de aguardiente y la
hechura de drenajes y diques para intensificar la siembras.
El pasto
pará, particularmente, revolucionó la producción ganadera que pudo racionalizarse. Se
levantaron cercas de alambre de púa para consolidar la posesión individual y los hatos
ganaderos se liberaron de la trashumancia tradicional y obligada según la estación de
lluvias o sequías.
Igualmente la hacienda costeña se benefició con el
proceso de apropiación de baldíos que tuvo lugar entre 1880 y 1930, pues la mayoría de
concesiones estuvo directamente vinculada al sector ganadero. En casos como el de La
Guajira, la ampliación del hato ganadero estuvo acompañada de violencia y en el de las
sabanas de Bolívar, condicionada por la apertura del mercado antioqueño, abastecido
anteriormente desde el sur, y por la exportación de ganado en pie y cueros hacía el
mercado centroamericano y antillano.
En las fronteras entre los baldíos y las haciendas en
expansión y en tierras de resguardo dejadas por las comunidades indígenas tras su
descomposición, se generaron aldeas con núcleos campesinos. Y es básicamente en las
haciendas donde se conforman los arrendatarios quienes dieron pie a un tipo de
explotación servil que en la segunda mitad del siglo XX va a constituir el campesinado
costeño.
HORIZONTES DE CONFLICTO
Las grandes haciendas han
buscado ampliar su frontera y al mismo tiempo se presenta un movimiento colonizador de
gran envergadura. Los empresarios antioqueños, se establecieron y originaron
grandes hatos, haciendas especializadas en el engorde de ganado para su comercialización
como Marta Magdalena, Cuba, Mundo Nuevo, San Salvador y Betanci. El departamento del
Magdalena y más recientemente el Cesar también reciben colonos provenientes de los
santanderes y sus hacendados miran hacia el sur para ampliarse. Colonos y campesinos
pobres toman parte de ese movimiento. La región entonces se torna conflictiva y se
convierte, como toda área de colonización en el siglo XX, en sinónimo de conflicto
crónico y violencia en alto grado.
BEMOLES DE LA TRADICIÓN
GANADERA
A través de este proceso se consolidó el latifundio
ganadero utilizando tecnología rudimentaria y poca mano de obra, limitado así el
desarrollo rural de las llanuras del Caribe colombiano.
Una consecuencia de ello es el divorcio entre la
economía rural y los centros urbanos y de paso el acento del carácter comercial de las
ciudades costeras que han quedado reducidas por su condición portuaria a
intermediar de los productos que entran y salen del país.
Los intentos de estímulo a la ganadería no han
funcionado adecuadamente. A principios de siglo el Congreso aprobó leyes que promovieron
el montaje del frigorífico Packing House de Coveñas fundado con capital nacional y
norteamericano pero sus propietarios fueron incapaces de competir con Argentina en este
mercado. Entonces decidieron seguir exportando ganado en pie que era más rentable, ahora
por un puerto nuevo y propio: Coveñas.
Extrañas BONANZAS
La actividad agrícola de la
región ha sido tradicional y, ocasionalmente, de exportación.
Tabaco, banano, algodón y marihuana, productos que no reflejan bienestar ni desarrollo.
Es alta la
concentración de la tenencia de la tierra en la región y predominan las grandes
haciendas ganaderas. Correlativamente los campesinos se han acostumbrado a la siembra de
pancoger, de especies como yuca, ñame, plátano, maíz y sorgo, cuyo ciclo de
reproducción no supera los seis meses.
El consumo alimenticio se refuerza en algunas
zonas son el pescado, alimento que forma parte de la dieta ordinaria de la población y
que sirve como producto comercial.
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