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(continuación capítulo
Vida Cotidiana)
POR QUÉ somos así
Antes del encontrón de los
dos mundos, la costa fue paso obligado de las migraciones que desde el norte del
continente se desplazaron hacia el sur, y hábitat natural para comunidades anónimas que
crearon allí un modo específico de ser y vivir.
L
os testimonios
más antiguos del desarrollo cultural de los paleoindios se encuentran en la costa Caribe:
cerámicas en Puerto Hormiga cerca al Canal del Dique, y la cultura Malambo próxima a la
actual Barranquilla y escenario de los primeros ensayos de horticultura en Colombia.
La costa prehispánica ya se
caracterizaba entonces por la tolerancia con otros modos de ser, la creatividad y el
trabajo. Se sumaron luego rasgos llegados con los conquistadores y los africanos.
Sobre este trípode étnico y cultural, representado por el indio, el negro y el
español, la población costeña ha elaborado un conjunto de valores culturales que a
pesar de las modificaciones que impone el devenir de las sociedades humanas, conserva
muchas de las virtudes y defectos heredados de esta amalgama de la biología y la
cultura (Angulo Valdés).
CARIBE SOY
Hay un
modo de ser y un temperamento típicos del costeño, atribuibles a todas las gentes de
esta región.
El enraizamiento del
costeño se materializa en su arraigo a la patria chica y su satisfacción con el azar de
su nacimiento. No quiere otra cosa que ser caribe y no padece nostalgia de otras patrias.
Su signo no es la trashumancia.
El mestizaje, el paisaje
caribeño, lleno de coloridos, de mar y luz, han construido un temperamento extrovertido
que busca el gozo, la compañía, el diálogo, la ventilación, las alegrías compartidas.
Rara vez el costeño es solitario y casi siempre habla en voz alta y en primera persona.
Como buen caribe y latino es machista, pero paradójicamente siente profundo respeto y
admiración por la madre a quien toma como ejemplo a la hora de decidir compañera
permanente. La mujer, por eso, conserva rasgos de su posición ancestral matrifocal
alrededor de la cual se cohesiona la familia. La solidaridad costeña se extiende a los
compadres, considerados hasta hace poco como padres sustitutos.
OTRAS FRONTERAS
Los grupos humanos con sus
distintas cosmovisiones y formas de interacción con su entorno también manifiestan gran
diversidad.
Tienen una pluralidad temperamental íntimamente ligada a la fusión, en el
pasado, de indios, negros y españoles. De allí provenimos, de esa mezcla de razas
y culturas nació la Costa Caribe. De esa pluralidad y mutuo influjo se originó el modo
de ser costeño. Este concubinato de razas es único en la Costa Atlántica (Ferro
Bayona).
La diversidad es evidente y
tiene como fundamento además de las múltiples cosmovisiones, la imagen que cada grupo
tiene de sí mismo. Esto se puede ilustrar con las diferencias por ejemplo en la
concepción del honor que tiene un guajiro y que tiene un cordobés o con los matices del
habla entre un barranquillero y un sampuesano.
La relación de los grupos
raciales y sus mezclas con entornos ecológicos específicos, determinaron diferencias en
el sentir, ver y vivir la vida, que rompieron con fronteras artificiales impuestas por las
divisiones político-administrativas del Estado colonial y republicano.
La Momposina o la Mojana es un espacio compuesto por municipios y
corregimientos de varios departamentos. Sus habitantes no se identifican con un terminado
departamento, sino con costumbres, gustos y modos de ser de la región.
HOMBRES Y LUGARES
El hombre de sabana.
Tiene como hábitat natural las tierras planas o sabanas de Bolívar, Sucre y Córdoba.
Desarrolla una fuerza increíble, es portador de cantos de vaquería y en las noches
ofrece a sus hijos y su mujer versos y décimas de su vida diaria. El porro sintetiza su
vida musical y es María Barilla el símbolo de una estirpe de mujeres bailadoras por
tradición, expresión de la autonomía femenina.
Los cantos de vaquería y las
fiestas en corralejas son elementos intrínsecos al sabanero cordobés y al de algunas
áreas de Sucre y Bolívar que influyen también en el Cesar y Magdalena y
surgieron con la presencia de la gran hacienda y la ganadería extensiva. En las
celebraciones patronales se unen los fandangos en las noches después de una tarde de
toros.
El hombre vallenato.
Su espacio es el Valle de Upar y no estrictamente la ciudad de Valledupar,
convertido por la presencia temprana de conquistadores en un amplio campo de batalla ante
la heroica resistencia de la alianza indígena Tupe-Chimila.
El negro llegó tempranamente
al Valle, tierra poblada de aborígenes, y aportó diversas lenguas, costumbres y métodos
de trabajo, tanto como se lo permitió el cimarronaje. Con el aislamiento que soportó por
varios siglos, este territorio se constituyó en una especie de gigantesco laboratorio
humano de donde, a la postre, salió confeccionado el hombre vallenato, ser sincero,
alegre, musical y valiente.
El hombre anfibio.
Habita en las orillas de las ciénagas y de los ríos que circundan la geografía
regional. A partir de ese hermoso paisaje ha ido forjando su modo de ser y su cultura,
denominada anfibia o de agua. Es el ribereño y
cienaguero un hombre fiestero, parrandero, indisciplinado, gozón, bailador, mamador de
gallo, es decir, dejao. Fruto de esa relación con la naturaleza.
La
guajiridad. Los Wayuú son el eje central de la comunidad guajira y su guajiridad
se caracteriza por una familia extensa, con fuertes lazos de solidaridad entre sus
miembros, el nexo comercial con el Caribe y la preservación de una relativa autonomía
política y cultural, de su territorio y su lengua.
El hombre montañero.
Habita en la montaña, en tierras incultas, sin cultivar y cubiertas de selvas. Su vida
cotidiana es muy sencilla y descomplicada y se reduce a tumbar monte, sembrar y de vez en
cuando ir al pueblo. Por su ingenuidad ha sido víctima fácil de la viveza del citadino.
Su contacto con el monte lo hace portador de mitos y leyendas como la madremonte y la patasola.
El cachaco en la
costa. Su aparición masiva en la región es producto de la violencia del pasado
y del presente. Buscando la posesión de un terreno donde asentarse, se ubicó en las
serranías del Perijá y San lucas y en la Sierra Nevada de Santa Marta. proviene de los
Santanderes, Boyacá, Tolima y Antioquia y ha sido portador de una mentalidad que valora
grandemente la propiedad de la tierra, la organización doméstica de la producción y el
progreso.
El isleño.
Sus raíces angloafricanas le imprimen rasgos diferentes al colombiano continental. No obstante las
imposiciones españolas, habla inglés y patua, un dialecto propio y su religión por
excelencia es la protestante.
QUÉ
HUBO HERMANO
La estructura familiar es
uno de los aspectos diferenciadores más importantes entre los habitantes de la costa
atlántica y los del Interior del país.
B
uen anfitrión,
generoso y hospitalario, el hombre de la costa refleja los lazos de unidad que se dan al
interior de su familia. Y es la mujer quien los genera. A su alrededor se ha nucleado y
cohesionado el hogar y con ello conserva aún los rasgos de su posición matrifocal.
DESTELLOS DE LA UNIÓN LIBRE
Hombre y mujer se unen
libremente en la mayoría de los casos y es más bien el matrimonio católico la
excepción. Hay por lo tanto altos niveles de ilegitimidad en la formación de la pareja.
El hijo ilegítimo, producto de uniones libres, no se asume
sin embargo, peyorativamente, gracias a la importancia de la mujer. El consenso de
la comunidad indica que un hijo siempre honra a la madre, no importa de qué tipo de
relación que provenga (Gutierrez de Piñeres). Es corriente, pues, en la costa que las
mujeres consideren que mientras sus brazos sean capaces de trabajar para proporcionarles a
sus hijos todo lo necesario, hay que hacerlo, pues no se sabe cual le ellos honrará sus
canas, guardará su memoria y la enterrará.
La protección de los niños
es una de las preocupaciones básicas de la familia costeña. No obstante las rupturas
frecuentes de las uniones libres, un niño casi nunca queda desamparado. Por el contrario,
se le incorpora a una unidad familiar de la extensa parentela.
PARENTELAS
En general, abuelos y
hermanos juegan un papel importante en la crianza de nietos y sobrinos cuando la madre o
la familia no tiene las condiciones óptimas. Son los llamados hijos de crianza de muchas familias quienes
respetan y quieren a sus abuelos y tíos tanto como a sus padres y que establecen con sus
primos relaciones de afecto comparables a las que se originan entre hermanos. Este tipo de
solidaridad no sólo es ejercido por los familiares cercanos. Incluso amigos y compadres
se consideran, especialmente los últimos, como padres sustitutos.
Otro aspecto importante de la
unidad familiar costeña, lo constituye la relación de compadrazgo. Se estableció en
esta región desde el período colonial a través del sacramento bautismal y con ella los
padres aspiraban a que los padrinos pudieran suplir sus ausencias velando por el bienestar
de los hijos. Su inspiración es entonces la de la supervivencia de la familia para
lo cual los mayores contaban con un vínculo en el cual se ponía como garante a los
dioses. El compadrazgo no encuentra barreras en las diferencias sociales o étnicas. La
palabra empeñada está por encima de las circunstancias.
Los compadres pasan a ser
así elementos integrantes de la familia que junto con queridas, hermanos, primos, hijos
de crianza, tíos políticos y medio hermanos conforman la gran parentela costeña, en
donde todos son asumidos como parientes entre sí. Este sistema amplio de solidaridad y
apoyo que se encuentra en la estructura de la familia, el compadrazgo y la parentela en
general, hunden sus raíces en las relaciones de unidad que el mismo medio agreste les
impuso a los arrochelados (ver fascículo 6)
como condición única para poder subsistir.
La
solidaridad y la unión familiar han detenido factores disociadores de la estructura
familiar como son la prostitución y el gaminismo. Sólo en los últimos años ante el
acelerado deterioro económico que sufre la región y la violencia del interior del país,
han aparecido gamines en las principales ciudades de la costa.
VENTAJAS Y PARADOJAS
Hasta hace poco tiempo en
algunas comunidades rurales costeñas existía la costumbre que hombres pudientes
compraran mujeres jóvenes casi adolescentes, generalmente de bajos recursos. Con dinero o
especies compraban su virginidad o embarazo y ellas, después de recibir la dote el
pago, eran abandonadas por sus maridos circunstanciales recuperando nuevamente su
libertad.
Era una forma de esa paradoja
en la que vive el hombre costeño: al tiempo que acepta en la mujer su posición de
importancia, es profundamente machista. Al niño se le estimulan desde muy pequeño sus
funciones sexuales creándose en él la falsa idea de que su status se dignifica con el
mayor número de mujeres que tenga.
Puede tener queridas y sus vínculos con ellas son manifiestos
y de público conocimiento, forman parte de su sistema de valores. En verdad el código
moral es muy, generoso con el varón. Todo esto demuestra de paso que han sobrevivido las
prácticas poligínicas de indígenas y negros.
BRILLA
EL AFRICANO
La familia negra ha impreso
muchos de sus rasgos a la familia costeña a pesar de que durante el período colonial
sólo vivió en los palenques y rochelas. La matrifocalidad es uno de ellos.
En la mayoría de los casos
fue la madre negra la que asumió la responsabilidad de la -crianza de los hijos producto
de las uniones libres, comunes entre los esclavos. Muchas esclavas siguieron ligadas a sus
hijos en la etapa postesclavista por tener sus hijos
menos de 18 años en virtud de la primera ley de manumisión. Además, investigaciones
recientes han demostrado cómo en la mayoría de comunidades negras, al frente de la
estructura familiar laboral de la sociedad estuvo la mujer o gran madre, cabeza de una
familia numerosa producto de varias uniones y maridos, lo cual le dio, -un toque de
matrifocalidad y matrilinealidad a estas comunidades.
La unión libre y el concubinato han sido también
costumbres arraigadas -en la familia negra. De los 63 hijos de esclavas bautizados
en la iglesia de San Miguel Arcángel de Santa Marta en 1843 sólo 3 eran legítimos
(Archivo Departamental Santa Marta). En esto tuvieron mucho que ver los arrochelados pues
al no vivir en policía en autoridad podían imponer patrones culturales. No
controlados por el blanco, incubaron prácticas sociales, que subsisten, mal vistas por el
español.
El africano
es un denominador étnico dominante en la familia costeña. Constituye el substrato racial
básico, diluido en algunas zonas por el mulataje o el zamba
o cohexiste con minorías
blancas e indias.
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