(continuación capítulo Economía)

Siglo XIX  
NI AMAGUE NI DESPEGUE, TODO LO CONTRARIO

 

Con la política económica volcada hacia el comercio internacional, el aperturismo radical decimonónico no sólo afectó los sectores manufactureros, sino sobre todo la producción de materias primas de origen vegetal.

Con el triunfo del libre comercio, amplios sectores de la economía santandereana debieron orientarse, de buena o de mala gana, hacia la explotación y comercialización de aquellos productos agrícolas y silvestres de mayor demanda en el mercado internacional.  

En el siglo XIX las exportaciones regionales se inclinaron hacia el tabaco primero y hacia la quina y el café más tarde, según lo exigieron las circunstancias del mercado. Los ciclos de bonanza de cada uno de estos productos se podrían sintetizar así:

1848-1875: auge del tabaco
1860-1882: auge de la quina
1865-1930: auge del café.

Aunque las fechas de iniciación de las bonanzas son sucesivas, no obstante en su mejor momento llegaron a coincidir, tal como ocurrió entre 1865 y 1875, un decenio afortunado que, por desgracia, no volvería a repetirse.

DEL TABACO EL HUMO

El auge tabacalero tiene una clara y directa relación con las medidas reformistas del medio siglo. La abolición del vetusto estanco del tabaco, el incremento en la demanda externa y la inversión de capitales foráneos en la producción de la hoja, facilitaron la consolidación de algunos enclaves tabacaleros como Ambalema y Carmen de Bolívar.

Esta región, con una larguísima tradición en el ramo, siguió, sin embargo, produciendo el tabaco a su manera: en las mismas parcelas, con la misma tecnología y con la misma mano de obra campesina de siempre. No se dio aquí la economía de plantación que prevaleció en los otros centros de producción directamente vinculados al mercado internacional.

Aparte de ello, la calidad natural del tabaco gironés y sus primitivas técnicas de beneficio lo hacían poco apetecible en el mercado exterior. En realidad la mayor parte de la producción regional estaba destinada a abastecer los modestos fabriquines artesanales de cigarros que se encargaban, a su vez, de suplir las necesidades de buena parte del mercado nacional. Como había sido habitual en la región, la agricultura tabacalera y la producción artesanal de cigarros se conjugaban para suplir las modestas necesidades y exigencias del mercado interno. Hubo, sin embargo, un brevísimo período de auge exportador entre 1863 y 1866. En el mejor año, 1864, se exportaron a Bremen unas 600 toneladas de tabaco, equivalentes a la mitad de la producción regional. Pero la irregular calidad del tabaco santandereano, producido, procesado y empacado en las dispersas parcelas campesinas, no satisfizo los requisitos del exigente mercado externo y tuvo que contentarse con seguir supliendo parte de la demanda nacional, menos exigente y más estable.

Hacia 1875, debido a la tecnificada competencia del Lejano Oriente, la totalidad de la producción tabacalera colombiana entró en una profunda crisis. En Santander, sin embargo, el cultivo logró mantenerse precariamente debido a su mayor vinculación con la producción de cigarros para el consumo local.

DE LA EFIMERA QUINA AL ESTABLE CAFÉ

Mucho más efímera y traumática fue la fiebre de las quinas que asoló las inexploradas selvas del valle del Magdalena entre 1860 y 1882. Y aunque Santander se vinculó tardíamente a la explotación quinera, hacia 1880 ya producía el 60% de las exportaciones nacionales: unas 15 mil toneladas de cascarilla.

Sin embargo, para entonces ya la época de oro de la quina colombiana (1850-1882) tenía sus días contados. Como había ocurrido con el tabaco, las plantaciones tecnificadas de las colonias inglesas la borrarían muy pronto de las estadísticas del comercio mundial. Pero entre tanto en su corta bonanza la quina santandereana llegó a movilizar hasta 7 mil trabajadores que devastaron las selvas, enriquecieron a los exportadores afincados en Bucaramanga, auparon el crecimiento comercial de la ciudad e iniciaron la colonización del insalubre valle magdalenense.

Mucho más estable y benéfica resultó en cambio la difusión y consolidación del cultivo y exportación del café en la región. Introducido por la frontera venezolana, En poco tiempo la producción cafetera adquirió tal importancia que, al menos entre 1863 y 1915, Santander figuró como el primer productor nacional del grano. Baste decir que entre esos años la producción creció de 60 mil a más de 300 mil sacos.

Debido a ello el ciclo cafetero se constituyó en un sólido puntal del desarrollo económico regional santandereano estimulando el comercio, la construcción de vías y la consolidación de Cúcuta y Bucaramanga como centros urbanos directamente asociados al acopio y exportación del grano. Pero desafortunadamente las guerras civiles y la carencia de vías más expeditas privaron a Santander a comienzos del presente siglo de su lugar de privilegio en la producción cafetera nacional.

LA ESPECULACIÓN COMERCIAL Y FINANCIERA

E n lugar a dudas los sectores más claramente beneficiados por el librecambismo decimonónico fueron aquellos vinculados al sector no productivo: los intermediarios del comercio y las finanzas.

No fue, pues, casual que en la segunda mitad del siglo XIX prosperaran como nunca antes las casas comerciales de Cúcuta y Bucaramanga que se ocupaban en especular con los productos de exportación e importación. Hábiles negociantes nativos y extranjeros amasaron cuantiosas fortunas en el tráfago de las fugaces bonanzas. Esa acelerada acumulación de capital fue la que hizo posible, a su vez, el surgimiento del sector financiero, el primer intento serio de modernización económica en la región. Fruto de ello fueron los bancos fundados en Bucaramanga y Cúcuta y los frustrados intentos de industrialización en la producción de bebidas y alimentos (cerveza y pastas alimenticias, por ejemplo) que agenciaron audaces empresarios extranjeros.

Pero las restricciones del mercado y la propia lógica de los ciclos económicos frustraron los intentos industriales, fortaleciendo en cambio la engañosa impresión de que sólo especulando era posible hacer fortuna. Cabe anotar también que otro importante sector de especulación y enriquecimiento por parte de los flamantes magnates santandereanos fue la contratación de vías de comunicación reclamadas con urgencia por la economía regional.

Entre los proyectos más notables en ese sentido figuran: el camino de Cañaverales (Bucaramanga-Girón-río Lebrija); el camino de Sogamoso (Girón-río Sogamoso); el camino del Carare (Vélez-río Carare); el camino de Barranca (Zapatoca-Barrancabenneja); el camino de Paturia (Bucaramanga-Girón-Ciénaga de Paturia); y los ferrocarriles de Wilches (Bucaramanga-Puerto Wilches) y del Zulia (Cúcuta-río Zulia), todos en busca de los puertos del comercio internacional.

LA NUEVA ÉPOCA ITINERANTE

 

El siglo XX marca el despegue de un nuevo rumbo económico. Las migraciones hacia el Magdalena y los enclaves petroleros definitivamente le cambian el rostro a la región.

El auge comercial y la consiguiente construcción de vías en el siglo XIX facilitaron el avance de las oleadas migratorias que, expulsadas de sus tierras por las quiebras o las bonanzas, habían comenzado a colonizar las hasta entonces despobladas vertientes y valles de Santander.

 

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