(continuación capítulo Vida Cotidiana)

CUERDAS DELICIOSAS

El tiple no puede faltar en ninguna casa labriega, en el taller aldeana, en las cantinas del pueblo, en las fondas de los caminos reales...
                                                                                                         Bernardo Arias

El trío tradicional andino-colombiano está conformado por bandola, tiple y guitarra. En Santander la bandola se reemplaza por un tiple melódico o uno requinto —más agudo que el tiple corriente, debido al pequeño tamaño de la caja acústica y a la utilización de cuerdas de acero exclusivamente. Así, la configuración instrumental de la región es diferente a la tradicional.

El tiple melódico suele presentarse también como solista, acompañado de un segundo tiple dando origen al dueto instrumental santandereano. El trío y el dueto hacen interpretaciones, ellas sí, muy tradicionales: no tienen cabida las armonizaciones disonantes que se abren paso en otras regiones de Colombia.

La ejecución, en síntesis, se reparte de manera tajante entre un tiple solista melódico, un tiple acompañante rítmico y una guitarra marcante, sin someterse al arreglo armónico, preconcebido.

ASÍ ES EL NUESTRO

La afinación y la técnica de ejecución distinguen el tiple de la región santandereana, si bien es el instrumento emblemático de la música de toda la región andina de Colombia.

Solamente en Santander el tiple se afina en Si bemol, mientras que en otros lugares se hace igual que el piano, es decir, en Do. Dicho de otra manera, el tiple santandereano se afina una tonalidad más abajo de la afinación universal y la consecuencia es un timbre mucho menos agudo y más aterciopelado, aunque con menos capacidad sonora. Además se tiene la ventaja de producir un vibrato muy amplio, algo que caracteriza siempre la ejecución regional de tiple.

En la técnica también hay diferencias. Mientras corrientemente el tiple melódico se ejecuta a mano, abierta, utilizando todos los dedos de la mano —la misma técnica de la guitarra— en Santander se usa el plectro, denominado aquí pluma, fabricado con cacho, material sintético o una cuchilla de afeitar. El tiple acompañante realiza un surrungueo muy propio y muy suave, a mano cerrada, El tiple solista individual, tan difundido en el resto del país, es prácticamente inexistente en la región santandereana.

EN EL ESCENARIO

Notables ejecutantes han enaltecido el instrumento, empezando por el maestro veleño Pacho Benavides, nacido con el siglo. En sus manos adquirió jerarquía de tiple concertino (melódico) y como tal llegó al acetato por primera vez. Recorrió las salas de concierto de varios lugares del mundo y encontró al primer compositor de música hecha exclusivamente para él.

Una tradición de virtuosos tipleros santandereanos comenzó con el maestro Benavides. Fue enriquecida por el maestro Mario Martínez Jiménez —uno de los integrante del afamado Dueto de los Hermanos Martínez— y con él se configuró lo que podría llamarse la Escuela del tiple santandereano, pues de alguna manera son discípulos suyos todos los intérpretes consagrados: Pedro Nel Martínez, José Luis Martínez y Jairo Arenas, todos ellos ganadores sucesivos de los tres concursos nacionales de tiplistas realizados en Ibagué durante los años de 1973, 1975 y 1978. Esta escuela es continuada hoy por tiplistas destacados como Luis Alfonso Medina, Evaristo y Domingo López, Alfonso Oviedo, Henry Mora y otros.

En el género de la composición de la música tradicional santandereana hay una nómina de grandes representantes: Luis A. Calvo, José A. Morales, Lelio Olarte, José de Jesús Vargas, Oriol Rangel, Víctor M. Guerrero, Leonardo Gómez Silva, Gustavo Gómez Ardila, Miguel Durán López, Bonifacio Bautista, Fausto Pérez, Mario Martínez, Pedro Nel Martínez, Rafael Aponte, Alfonso Guerrero, Carlos Serrano, Severo Mantilla, Rodrigo Mantilla, Oriel Mantilla, José Rozo Contreras, Pacho Benavides y otros que se nos escapan.

Buena parte de la música de Santander reposa en el repertorio de la agrupación de intérpretes con mayor trayectoria: la Rondalla Bumanguesa. Su configuración instrumental está dada por un violín, dos flautas, piano, tiple, guitarra y contrabajo. Don Juan Guerrero fue su fundador en el año 1948 y la dirige actualmente su hijo Alfonso Guerrero.

LO DIVINO Y LO HUMANO, VAN DE LA MANO

C onstituyen las creencias populares la expresión más ínfima, tradicional y vigorosa de un pueblo (...). Las fuentes que nutren el origen de las creencias de nuestras clases populares son en Santander, como en cualquiera de los otros departamentos y regiones de Colombia, la nativa indígena y la católica de procedencia española.

De la aportación indígena aún superviven las referencias a lagunas encantadas cuyas aguas hierven, “bujan” y “se ponen bravas”, todo lo cual tiene un remoto origen en los cultos chibchas de la idolatría. Procedencia autóctona tiene el mito forestal de la “Mancarita”, especie de cuadrumano que rapta a las mujeres y las conduce a los bosques, y el Tunjo de oro o niño dorado que habita junto a las fuentes y lagunas; es, a este propósito, curioso observar cómo en algunos relatos tradicionales de municipios del sur del departamento como Suaita, Guadalupe, Charalá, Güepsa y Oiba, abundan las asociaciones de elementos áureos y acuáticos, circunstancia en la cual existe un evidente origen indígena de genuina procedencia chibcha; este mismo origen tienen las creencias en trasgos o “espantos”, en aparecidos, brujas, luces nocturnas que indican “guacas” o tesoros escondidos, y en personas dotadas de dones sobrenaturales de adivinación, de curación de ubicación y otros semejantes, habidos gracias a pactos diabólicos. También español de origen es el empleo de algunos amuletos, como los que se llevan contra el mal de ojo; y el uso de bebedizos amorosos, como el polvo obtenido de la raspadura del “hueso de guache” o del fruto del ‘borrachero” (datura arbórea) que es lo mismo que en Cundinamarca llaman cacao sabanero”, más parecen de origen autóctono que importado.

Entre las devociones mayormente difundidas en el pueblo, y de modo muy especial entre gentes campesinas, podemos anotar las siguientes:

A San Roque, para la curación de las llagas, enconos y erisipela.
A Santa Lucía, para alcanzar el remedio en las afecciones de los ojos.
A San Emigdio, en los temblores de tierra.
A Santa Apolonia, abogada de los que sufren dolores de muela.
A San Isidro, para obtener abundantes cosechas.
A Santa Elena, para encontrar lo que se ha perdido.
A Santa Bárbara, invocada contra rayos, centellas y tormentas.
A Santa Rita de Casia, “vencedora de imposibles”.
A San José, para alcanzar la buena muerte.
A San Antonio, para obtener un matrimonio feliz.
Al Arcángel San Rafael, para conseguir una venturosa travesía.

A algunos de estos santos se les dirigen oraciones folclóricas, las que, como es obvio, no están autorizadas por la iglesia, siendo conservadas por la tradición, como la a continuación transcrita, recogida por el autor de esta reseña de labios de una anciana campesina en las cercanías del pueblo de San Benito en la provincia de Vélez:

San Simón del Monte Mayor
libra mi casa y todo su alrededor
de brujas y de hechiceros
y del hombre malhechor

Chiqui qui chiqui, el evangelista,
Chiqui qui chiqui, el evangelista!
(...)

Luis Alberto Acuña. Las creencias y prácticas religiosas. Tomado de: Santander y su folklore, 1991

Y al hablar del poder curativo de las plantas tocamos uno de los temas de mayor amplitud y fundamental interés que ofrece el folcklore santandereano: la medicina y la farmacopea populares. En efecto, en esta región del territorio colombiano en que la nativa población indígena que antaño integraban los guanes, agataes, citareros y caribes adaptados al medio, cuenta hoy con apenas muy escasos exponentes y en que los fuertes núcleos raciales de blancos y mestizos en proceso de adaptación a las circunstancias mesológicas y ecológicas tan por extremo complejas y difíciles, en medio de la fragosa topografía, atraviesan por un largo y doloroso período de adaptación al medio, se han hecho necesarias las epítimas y panaceas, que el pueblo busca en forma intuitiva y consagra empíricamente. A este propósito nos parece oportuno consignar aquí las frases del doctor Letamendi, referentes a la importancia de la medicina folklórica: “Después de cuatro siglos de investigación terapéutica metódica, todavía debemos más a los salvajes que a los sabios: tal es en la medicina el poder de la experiencia acumulada, aunque la acumule la ignorancia”.

No es precisamente en la medicina preventiva, ni menos aún en la higiene, cuya práctica anda tan descuidada entre nuestras clases populares, en la que se hallan la mejor parte de las fórmulas trascritas, sino en la puramente curativa... los “rezanderos”, los cuales suelen formar discípulos, a razón de uno por año, según pudimos averiguarlo entre campesinos de la provincia de Socorro.

Luis Alberto Acuña. El saber popular, ciencias puras y aplicadas. Tomado de: Santander y su folklore, 1991.

Los árboles que llaman cañafístula igualan en sus remedios y eficacia a los tamarindos; es muy medicinal y se halla con abundancia en muchas tierras cálidas, como en los llanos y en las jurisdicciones de Vélez y San Gil, y en muchas otras. El salsifraz es muy eficaz para quebrantar y deshacer las piedras de vejiga que ocasionan el mal de orina. Los árboles que llaman de la canela, cuya corteza es semejante a la canela y en su olor y sabor, se hallan muchos en los llanos de San Juan y en otras partes, y en estos territorios donde soy cura. También se hallan en los llanos, en particular los de San Juan, los árboles que destilan un humor que llaman lacre. Prodúcense en muchas partes templadas y cálidas los árboles que resudan el humor o resma que llaman incienso, la que este nombre le daban los indios a dichos árboles y con él daban sahumerio a sus ídolos, por lo que debía desterrarse de los templos, y por su fastidioso olor. En las partes que he sido cura, en particular en San Gil, Guane y Mogotes, lo usaban para incensar el altar, y lo he desterrado. También usaban los indios gentiles para el mismo efecto del sahumerio de sus ídolos, de la goma que llaman anime, del árbol del mismo nombre, y es oloroso y medicinal y conforta la cabeza en los que padecen vahidos.(...)

Otras muchas (hierbas) hay que son antídoto o triaca contra el veneno de muchas culebras y otros animales ponzoñosos que abundan en aquellas tierras; y en éstas donde esto escribo y en todos los lugares circunvecinos, hay un arbolito de que abunda mucho el terreno, unos le llaman la amargosa, porque lo es mucho; otros varilla negra; otros orejita de ratón, que es admirable, de que tengo mucha experiencia, que bebiendo el zumo de ella estregada o mojada con agua caliente, o aunque sea sólo cocida, luego se quitan las lepras y sarnas que salen en el cuerpo. (...)

Es admirable hierba medicinal el cardosanto, el toronjil (éstos cálidos), la pimpinela (esta es fresca), la hierba de Santa Lucía, que se le dio este nombre por ser muy medicinal para el mal de ojos; el llantén es una de las más admirables hierbas; con su cocimiento se desinflaman las llagas y heridas, y con su hoja puesta sanan. Para eso mismo sirven las lechuguillas que hay de dos especies: la que llaman acedera, que es una cerecita de menudas hojitas, cuando se inflama la boca o da un mal que llaman sana en los dientes, mascándola luego sana, y es tan eficaz para esto como el alumbre.

La sábila, que es un penca que la cortan de la mata y la tienen colgada mucho tiempo en las casas sin que se seque; dicen es muy medicinal, que es contra el achaque que llaman dolor de costado, rescoldada y abierta, y puesta sobre aquella parte donde apunta el dolor; y que cocido el cristal de ella, que llaman, que es la parte blanca interior, es contra la ictericia, y que también es contra otras enfermedades. También es eficaz medicina para el achaque que da en la garganta que llaman esquitiencia o esquilencia; soasada al rescoldo y abierta y puestas dos telillas en la garganta, sana y presenta de que repita dicho achaque.  

Don Basilio Vicente de Oviedo, cura de Mogotes en el momento de escribir su obra, por el año de 1750. Cualidades y riquezas del Nuevo Reino de Granada.


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